B
Beyond Autores


Todo empezó con una visita inesperada del espacio exterior, ahora en este primer gran crossover tendrás tus primeros atisbos a la gran mitología del UNIVERSO GOD SPARKS y el universo se expandirá con el surgimiento de nuevos héroes y villanos. *NOTA: Esta historia se sitúa después de MULTISTAR #5 (https://getinkspired.com/es/story/162389/multistar/).


Ciencia ficción Futurista No para niños menores de 13.

#superhéroes #ciencia-ficción
1
23 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

#1. Nieve y fuego

POR: MAGEGG


*NOTA: Esta historia transcurre después de MULTISTAR #5 (https://getinkspired.com/es/story/162389/multistar/).


En un lugar en un punto indeterminado del Océano Atlántico, la isla bullía en actividad aquel día.


Han pasado unos meses desde que Max se encontró con el Star-Mant, primera prueba de seres provenientes del espacio, y desde aquel día no había parado de analizar sus hallazgos, para lo cual tenía perpetuamente atareado a su equipo de jóvenes científicos:


—Magnesio, mercurio, azufre… —repasó Tabatha, entrando a la oficina de Max con un largo listado—… principalmente, y en grandes cantidades.


—Fascinante —respondió Max, dando vueltas en su silla con los pies apoyados sobre el escritorio. Su mente parecía ocupada en pensar en todas las posibilidades—. Se manejaba mucho la idea del silicio, pero no esperaba a un ser conformado de esos elementos. Increíble trabajo, Tabatha.


—Gracias —respondió la joven, sonrojándose un poco.


—Necesitamos las pruebas de genoma para antes del viernes, si es posible— añadió Max, abruptamente.


—Pero, señ… pero Max —se interrumpió a sí misma—. Ya le explicamos que nuestros nanoscopios no han podido atravesar las capas celulares de…


—Eso me lo dijiste el fin de semana —Max insistió—. Pensé que a estas alturas ya tendrían detalles. Recuérdale a Jed que no me ha entregado con su presupuesto para el microscopio cuántico que dice necesitar.


—Está bien —respondió Tabatha, y salió de la oficina.


Max suspiró y volvió a sentarse, mientras jugaba con la stress ball entre sus manos. Su gran descubrimiento no había sido lo que esperaba. Como la pelota que ahora apretaba con tanta fuerza, lo había tenido entre las manos y se le había escurrido.


El joven de 23 años quedó con muchas más dudas que certezas y ahora debía intentar resolverlo en un laboratorio que -pese a que contaba con todo el presupuesto del mundo- no estaba equipado aún para la media docena de ciencias nuevas que debían crearse para tan solo desentrañar la superficie de la naturaleza de esa cosa.


Durante toda su vida se había acostumbrado a tener todo lo que quería en el instante en que lo pedía. Pensó que en esta ocasión iba a ser así también, y un respiro lo separaba de la fama y gloria que ansiaba. Ahora, estaría más ocupado buscando una forma de dar explicaciones que disfrutando de las mieles del éxito. Y el avance hasta ese momento había sido tan poco, que se preguntaba a cada hora si aquello valdría la pena. Después de todo, había sobrevivido al encuentro con tan solo un puñado de polvo (literalmente) cuya naturaleza quizás tardaría 5 años en descifrar. Un desastre.


Max suspiró, se irguió en su silla y siguió masajeando la pelota, intentando, por una vez en el día, poner su mente en blanco.


Tras unos segundos, su mente decidió volver al lugar donde estaba más cómodo: la rutina. Se encaminó a la consola donde había estado monitoreando la actividad estratosférica durante más de tres años y la encendió.


La imagen de la interfaz a la que tanto tiempo estuvo acostumbrado le trajo un patético alivio. Permaneció mirando las mediciones y gráficas por un par de minutos, tratando de no pensar en nada más, hasta que de repente sonó una alerta.


—¿Mmmh? —exclamó audiblemente, intrigado.


La interfaz cambió, siendo sustituida por una gráfica de onda a pantalla completa.


—Zzzaludozzz… —arrojó la bocina, en una voz distorsionada pero lo bastante clara para distinguir la palabra.


—¡¿Qué rayos?! —Max dio un paso atrás, alarmado.


¿Sería otro alienígena? ¿Un nuevo Star-Mant comunicándose? ¿Cómo había logrado intervenir su tecnología de punta?


—Hola, Max. Estoy seguro de que me está escuchando —habló la voz.


Max se recuperó del shock inicial: era claro, por la emoción con que su interlocutor paladeaba las palabras, que no se trataba de un Star-Mant. La voz tenía un acento extraño, probablemente de Europa del Este, pero era inconfundiblemente humano.


Solo quedaba resolver el cómo había podido intervenir su sistema supersecreto de monitoreo…


—¿Quién ere…? —comenzó.


No.


En un instinto, Max simplemente apagó la consola. Se tratara de quien se tratara, mantener al canal abierto era demasiado riesgoso. El misterioso remitente ya sabía cómo funcionaba su sistema… probablemente también dónde se encontraba ubicada su isla… pero probablemente no. No le daría la oportunidad de enterarse de nada más.


No tardó Max medio minuto para poner su consola en modo offline y volverla a encender. Revisó los registros de la última sesión así como los metadatos, tratando de averiguar de dónde había llegado aquella sorpresiva transmisión. El aparato le arrojó coordenadas de un satélite únicamente, pero era obvio (¿o no?) que la comunicación no podía venir del espacio. Quien sea que fuera, debía estar usando un proxy y enmascarando su ubicación lo bastante bien, lo cual era esperable.


Max salió de inmediato de su oficina y corrió al ala Este del complejo. Salió del edificio, sintiendo los gentiles rayos del amanecer atlántico de aquella isla de ensueño, y volvió a internarse en las oscuras entrañas de otro laboratorio. En esta otra central de monitoreo podría revisar los datos del satélite y sus recepciones de onda recientes. Tras veinte minutos de repasar con los ojos toda la información posible, y otros veinte de correr programas de desencriptado con ayuda de sus técnicos… no hubo resultado alguno.


Los ojos de Max bailaban frente al monitor, en completa desesperación. Alguien lo había derrotado en su juego. Era para ese punto ya demasiado claro quién tenía la sartén por el mango. Su contrincante contaba con una tecnología de enmascarado muy superior a la suya, y seguramente lo tenía ubicado por completo.


Entonces, ¿por qué se molestó en comunicarse? Si se tratara de un enemigo, en cualquier momento un cuerpo de asalto podría haber arribado a la isla, tomándolo por sorpresa. Max ya imaginaba una flotilla de aviones supersónicos con soldados desembarcando para capturarlo a él y a sus científicos y llevarlos a la justicia por actividades no reportadas.


En todo eso pensaba al dar ese largo paseo por la playa. Le tomó 1 hora llegar a la conclusión de que, fuera lo que fuera, no podría dar con esas respuestas él mismo. Así que lentamente regresó al complejo, subió las escaleras hasta su oficina, se encerró, volvió a poner la consola en línea y la encendió.


La transmisión tardó otro minuto en reanudarse.


—Ah, señor Max… —saludó de nuevo la voz aflautada, con ese extraño acento—. Le ruego que me disculpe. No era mi intención asustarlo. De hecho, todo lo contrario… le traigo buenas noticias, considero.


Max no contestó. El sujeto lo ponía de nervios. Parecía definitivamente la voz de un villano de James Bond, saboreando cada palabra como si de una amenaza velada se tratara.


—¿Cómo pudiste entrar a mi sistema? —preguntó Max—. ¿Quién eres?


—Oh, vamos yendo poco a poco —dijo la voz, calmada—. Podría decirle quién soy, o podría decirle una mentira. De lo único que estoy seguro es de que usted no me creerá del todo. Es un escéptico, y eso lo sé bien.


Max tragó saliva.


Quienquiera que fuera, lo conocía bastante bien, o tenía buenas habilidades deductivas. Max había pasado su vida prácticamente escondido de la sociedad. El que supiera su alias, y -obviamente- que contara con un laboratorio secreto, era demasiado sorprendente.


—Respecto a la segundo, el tuyo no es el único laboratorio avanzado del mundo… aunque imaginé que eso ya lo sospechabas —respondió la voz—. Pero no te preocupes. No estoy del lado de nadie, sino del mío únicamente. Puedes llamarme… Loroz. Lord Loroz, si gustas.


Vaya nombre raro. A Max solo le quedaba escuchar.


—En fin. Entiendo que no quieras revelar más —dijo calmadamente “Loroz”—. Y nuevamente, no me creerás en esto, pero yo soy la única persona que conozco que sabe de la existencia de tu pequeño proyecto, je je je je.


Efectivamente, Max no creía y no podía estar seguro de nada.


—¿Aún callado? Dime, ¿qué piensas al respecto? —insistió Loroz, aburrido de ser el único en hablar.


—¿Qué quieres? —preguntó Max, luego de una tensa pausa.


—¿Qué quiero? Exactamente lo mismo que tú —contestó Loroz, con resolución—. La diferencia es que yo cuento con un poco más de información de lo que tú tenías… hasta hace unos meses.


¿Cuánto tiempo llevaría ese siniestro sujeto interviniendo sus comunicaciones?


—Perdón, soy nuevo en este negocio. Llevo apenas un año… trabajando por mi cuenta —añadió Loroz—. Me hecho de algunos… enemigos. O eso me gusta creer. La verdad es que creo que a mis antiguos jefes les tengo sin cuidado.


—¿Jefes? ¿Para quién trabajas? —preguntó Max, tajante.


Desde luego, eso podría aclarar varias cosas. Si es que Loroz no mentía mucho.


—¿Te suena… Nuevo Génesis?


Desde luego que le sonaba. Una de las organizaciones más notables del mundo. Responsables de investigación, acciones ambientalistas y labor humanitaria. Obviamente, Max siempre había sospechado cosas turbias de ellos, aunque jamás había encontrado pruebas.


Culpar a Nuevo Génesis de esto podía ser o demasiado inteligente, o demasiado tonto. “Ruso”. Ese era el acento de “Loroz” y el hombre no intentaba ocultarlo. O lo fingía. Aunque realmente no tenía importancia; Nuevo Génesis tenía presencia en todo el mundo.


—Trabajé durante cuarenta años para ellos. Siempre mantuve un perfil bajo, muy bajo. Pero no soy tan tonto como ellos pensaban que eran. Me ofrecieron… ciertas ayudas —explicó Loroz—. Esos idiotas no sospechaban que todo el tiempo estuve prestando demasiada atención a lo que hacían… hasta que hace un par de años, decidí que era el momento.


Max no entendía exactamente a qué se refería. Pero había conseguido captar su curiosidad. Revelarse a sí mismo como un traidor no era un movimiento inteligente de Loroz, para lograr… lo que fuera que quisiera lograr. Así que solo pudo concluir que era un demente, o demasiado idealista. Probablemente las dos cosas. Y eso era peligroso, ¿pero no lo era también Max?


—Mira, Max, tú y yo no somos diferentes. Ambos queremos una misma cosa: saber la verdad—. Loroz parecía saber exactamente qué pensamientos pasaban por su cabeza—. Yo siempre he sido muy listo. Nunca pregunté nada. Para ellos yo era un simple conserje. Pero me enteré de cosas. Y como te digo, creo que buscamos lo mismo.


—¿Qué cosas? —preguntó Max de inmediato, incapaz de contener la curiosidad. Si algo sacaría de toda esta charada, al menos se enteraría de algo que estimulara su imaginación.


—Vida extraterrestre —respondió Loroz, también de inmediato.


Max guardó silencio, procesándolo. Desde luego, sabía que debía esperar que Loroz dijera eso. Pero no de la forma en que lo dijo.


—Tu pequeño descubrimiento hace unos meses… no fuiste el único que lo hizo —contestó Loroz—. Pero para tu alivio, deberás saber que, hasta donde sé (y sé mucho), solo tú y yo tenemos sistemas de detección tan avanzados. Pero a diferencia de ti, yo no cuento con una súper nave capaz de recorrer el planeta en unos minutos.


—¿Nuevo Génesis sabe de Star-Mant? —preguntó Max, imprudente.


—De saberlo, no habrías estado solo en el Polo Norte aquel día —respondió Loroz, con convicción.


—Pero no lo est… —Max interrumpió, antes de morderse la lengua.


—Sí, sí… el loco de la gabardina —Loroz se anticipó—. Él no es Nuevo Génesis, pero supongo que ya lo sabías.


Max se quedó azorado. Loroz definitivamente lo sabía todo sobre él. El bastardo llevaba un buen tiempo espiándolo bajo sus narices, sin decir nada.


—¿Qué pretendes? —preguntó Max, con auténtica agresividad.


—Cierto. Perdón, perdón, joven Max… je je je —Loroz se rio nerviosamente—. Permítame.


En un par de segundos, la pantalla de Max se iluminó, mostrando un mapa iluminado en colores varios. La mirada de Max bamboleó por la pantalla, y no le tomó un par de segundos reconocer los datos.


—Así es. ¿Notas algo?


La pantalla monitoreaba radiación en el planeta a tiempo real. Las estadísticas se extendían por un año. Y en algún punto de Rusia, un punto oscuro que palpitaba, de manera completamente alarmante.


—¿Qué demonios…?


—Lo sabes bien —señaló Loroz, amablemente—. Es la sede de Nuevo Génesis. Su laboratorio principal. ¿Te parece seguro?


A Max le corrió un sudor frío por las sienes. Lo que fuera que estuviera ocurriendo ahí, estaba generando suficiente energía para causar un Armagedón en cualquier momento.


—Lo que sea que esté pasando en el laboratorio, es muy sospechoso. Demasiado —dijo Loroz, con una calma que denotaba sabiduría—. Todo a puertas cerradas. La verdad, no tengo idea de lo que es, pero estoy seguro de que tiene que ver con…


—Mencionaste alienígenas —cortó Max, intentando unir los puntos.


Sigh… no precisamente —admitió Loroz—. He visto cosas. No puedo estar seguro de dónde vienen pero definitivamente no son humanas. Mira… quiero llegar al fondo de esto. Pero no puedo hacerlo solo. ¿Sería posible que…?


Max desconectó la consola de inmediato. Arrancó los aparatos que le había conectado antes de iniciar, y los conectó a una computadora, asegurándose que estuviera offline. Cotejó los datos de radiación que él mismo recolectaba con los que Loroz transmitió hacia su pantalla. Coincidían en su mayoría, salvo el punto oscuro en Rusia. ¿Una simulación? Algo le decía que no.


Analizó las estadísticas de Rusia en su simulación propia y encontró algunas fluctuaciones sospechosas a las que de otro modo no habría puesto atención. Muy probablemente, un indicio de lo que Loroz le había comentado. Claro, tendría que correr estudios adicionales para confirmarlo, pero… demonios.


Su otro aparato había establecido, gracias a la larga conversación, el punto exacto de donde provino la transmisión de Loroz: una pequeña cabaña aislada en un lugar de Rusia.



--O--


Los golpes en la puerta de madera sonaban insistentes.


Una mano envejecida abrió la puerta sin titubear. El rostro de Max fue bienvenido por la pálida y arrugada cara de un viejo, sus ojos cubiertos por gafas de sol y estas a su vez por un largo y lacio cabello cano.


—Ah. Max… ya llegaste —dijo Loroz, sonriendo con sus pocos dientes.


Había pasado menos de una hora desde su última comunicación. Ahora Max, enmascarado y armado hasta los dientes, con el guante de calor para protegerse del frío clima ruso, y otro electro-magnético, estaba a su puerta.


—Lord Loroz —dijo, con el distorsionador de voz.


—Pasa, pasa —el viejo abrió su puerta.


—Eso no va a ocurrir. Hablemos aquí, en tu porche.


En ese paisaje invernal, no se veía a nadie en millas a la redonda.


—Muy bien —dijo Loroz, sin tardarse—. ¿Quieres hablar de aliens?


—Quiero saber lo que planeas.


—Investigar. Solamente— Loroz dijo, sorprendiéndolo.


Max se detuvo a contemplar al sujeto. Su apariencia era de lo más extravagante, como una bruja rusa de los cuentos de Grimm combinada con Tommy Wiseau. Si aquello era una trampa, habían elegido a la peor persona posible para inspirar confianza. Eso le decía que las cosas iban bien.


—Llevo toda mi vida intentando conocerlos —señaló Loroz, con un dejo de melancolía—. Pero como te dije, para Petroskiv yo era solo un conserje.


Se refería a Ivan Petroskiv, fundador de Nuevo Génesis. ¿Había “Loroz” trabajado con él? ¿Había estado pensando en la fundación de su empresa?


—Fue un arma de doble filo. Como sirviente de la familia Petroskiv logré ganarme su confianza —explicó el viejo, con cierto gusto—. Cuando Bladimir ascendió a la Presidencia, no se cuidaba mucho de mí. Hasta que, incluso, me ocupó para algo más…


Loroz se bajó las gafas de sol, mostrando que bajo sus párpados no había ojos ni nada semejante a ellos. Sino una especie de módulos electrónicos parecidos a Estrellas de la Muerte en miniatura. Con “Bladimir” se refería obviamente a Bladimir Petroskiv, hijo de Ivan y Presidente de la compañía durante los últimos veinte años.


—Mi vista estaba fallando. Bladimir me ofreció estas… prótesis. Como puedes ver, no son normales —las señaló—. Si pudieras ver a través de ellas te sorprenderías. A cambio, el señorito Petroskiv me pidió le ayudara en ciertas investigaciones. Pero no me necesitó por mucho tiempo. Estos son solo un prototipo, ya tiene modelos más avanzados. De hecho, yo creo que esperaba que la implantación de estas cosas licuara mi cerebro…


En esta última frase iba algo de tristeza. Era obvio que Loroz no le tenía mucha estima al actual Presidente.


—Pero bueno, con o sin ellos, vi y oí muchas cosas esos últimos años. No puedo explicarte con mucho detalle, pero sé que hay algo muy turbio ahí dentro. Bladimir no es el verdadero presidente. Tampoco Ivan lo fue. Hay… rituales… ceremonias… experimentos… cosas que… no son humanas…


Loroz se calló. Se dio cuenta de que no tenía mucho para ofrecerle a Max.


—¿Y qué quieres que haga yo? —preguntó al fin Max.


—Pude detectar esas… radiaciones provenientes de la sede. Quiero saber de qué se trata. Pero no cuento con la tecnología…


—Pudiste intervenir mis comunicaciones. Tengo el sistema más avanzado del mundo —señaló Max, con la fuerza de un yunque de una tonelada.


—Así es. Y te lo repito, no te preocupes —lo tranquilizó Loroz—. Renuncié a la empresa apenas hace un par de años. No iba a llegar más lejos ahí, me faltaba otro par de años para jubilarme. Lo que no sabe ese pelmazo de Bladimir es que los ojos que me dieron me permitían ver más de lo que ellos creían… copié su tecnología. Y armé la mía propia. La mejoré…


—¿Quién demonios eres? — preguntó Max.


Loroz se detuvo en seco, alzando las cejas.


—¿Eres ingeniero?


Loroz se relajó.


—No lo soy. Pero tuve medio siglo para aprender algunas cosas. Y tengo algunos contactos.


La mirada de Max hurgó en él.


—Te garantizo que Nuevo Génesis no está al tanto de tus investigaciones —recalcó Loroz, un poco nervioso—. De haberlo sabido, quizás ya habrían ido por ti. Por… Star-Mant…


Max se tranquilizó pero por muy poco.


—Te lo juro. No tienen una máquina como la mía… —agregó Loroz, abriendo la puerta de su choza—. ¿Quieres que te la muestre…?


—Más al rato —convino Max, sin muchas ganas.


Loroz sonrió, aún un tanto nervioso. Max lo contempló: era solo un viejo loco, por sí mismo inofensivo; estaba convencido.


—Mira, Max… Nuevo Génesis no tiene puesta su vista en los cielos. Ellos… van más allá… —empezó Loroz su perorata—. Toda esta radiación… todo lo que he visto… estos… rituales… he llegado a la conclusión de que buscan abrir… portales.


Max recordó, muy a su pesar, aquellos rumores del CERN. La extraña estatua de Shiva, el dios hindú, que se instaló en el complejo. Y, tratando de quitarse la imagen de la mente, aquellos videos amateur de supuestos rituales que encapuchados llevaban a cabo en el sitio.


—Bueno. Qué importa —admitió al final Max, con un dejo de risa. No había llegado tan lejos para nada—. En fin, ¿qué propones?


—Necesito tu apoyo. Seguro tienes… medidores. Hay que averiguar exactamente qué es esa radiación con la que trabajan —propuso Loroz—. Solo quiero… confirmar mis sospechas.


Max se encogió de hombros y aceptó. Ya le había quedado que se trataba solo de un viejo loco, pero desde luego tenía algo de curiosidad.


—Bien. Pondré a mis técnicos a monitorear el lugar. Ya tengo tus coordenadas —sentenció Max—. Vendré a buscarte yo mismo cuando tenga algo relevante.


Loroz asintió, con una expresión inexplicable.


—Ah, y otra cosa… — añadió Max.


De repente, el joven levantó la mano y apuntó a la choza. Su guante se calentó con energía térmica y una bola de fuego salió disparado hacia esta. La centella se introdujo directamente por la puerta abierta del lugar, y dentro se escuchó una fuerte explosión. A los pocos segundos, la cabaña estaba completamente en llamas.


—No te metas en mis asuntos —Max solicitó ante un Loroz que apenas y reaccionó—. Vuelve a intervenir mis comunicaciones, y el que arderá serás tú.


CONTINUARÁ…


CRÉDITOS

Escrito por: Magegg

Max basado en "MULTI", personaje creado por: Dark Reed

Lord Loroz creado por: Jorge Ivan

14 de Septiembre de 2021 a las 14:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Leer el siguiente capítulo #2. La intrusión

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 2 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión