gomuhystories Bell G.

Nakamura Yuudai es un universitario común y corriente de dieciocho años. En una noche de invierno camino a su casa, una grieta bajo sus pies lo transporta a un mundo de fantasía, donde se encuentra con un dialecto diferente y un clima mucho más caluroso que el de Hakone. Un joven de aspecto infantil, le explica que a partir de ahora él será su guía y lo obligan a pertenecer a un posible conflicto externo. Muchos como él han sido invocados antes y cada uno formó su historia con sus propias decisiones. Esta es la travesía de Nakamura Yuudai, uno de tantos miles de invocados que han ido a ese mundo.


Aventura No para niños menores de 13.
0
28 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los días
tiempo de lectura
AA Compartir

Capítulo 1

Usando un abrigo amarillo con borde negro, una bufanda cuadriculada color gris y negro alrededor de su cuello, Nakamura Yuudai, sujetaba su celular en un semáforo en alto.


Era de noche y estaban en épocas navideñas, por lo que, la ciudad de Hakone, situada en Japón, estaba cubierta de nieve. Sutilmente sujetó su bufanda y sopló en el interior de ella expulsando vapor de su boca para calentarse.


—Que frío.


Su cabello negro estaba protegido por un gorro amarillo y sus manos por guantes negros. El reflejo de sus ojos azules se iluminó frente a la pantalla de su celular. Su mirada estaba nostálgica y casi distante. En una conversación, un mensaje de su compañera de clase le pedía la tarea del siguiente día.


«Solo por ser la chica bonita pretende tener todo fácilmente. Quisiera decirle que no, pero mi absurdo pensamiento de ser excluido y no tener amigos hasta el fin de la universidad es más grande».


Dejó un mensaje con la afirmación "sí" y soltó un suspiro que brotó vapor.


«Que difícil es tratar con la chica popular del salón y que todos los hombres estén de su lado. Di que no una sola vez, y todo cambia para ti».


Miró al cielo donde estaba la luna llena y habló para si mismo.


—¿Qué habrá hecho mamá para cenar hoy? Espero que ya se haya acabado la comida de hace tres días, estoy algo asqueado de ella. ¿Uh?


Su boca se abrió ligeramente al notar una pequeña luciérnaga volar a su alrededor. Su luz era sutil, de un color verdoso.


—¿Qué haces fuera de tu refugio, amiguita?


Con su dedo intentó tocarla, pero pronto llegó una segunda y luego una tercera.


—¿Um? ¿Hay más de una?


Luego una cuarta, quinta, octava, décima. De pronto las pequeñas luces comenzaron a rodearlo de forma tranquila, pero eran tantas que Yuudai se alarmó y comenzó a voltear a su alrededor.


—¿Q-qué pasa? ¿Por qué me están rodeando?


Debajo de él se creó una grieta como si el suelo se estuviera partiendo. Yuudai dilató sus pupilas e intentó correr, pero su cuerpo quedó estático, no pudo mover un solo músculo.


«¡¿Qué me está pasando?! ¡¿No puedo moverme?! ¡¿Un temblor?! ¡¿El suelo se va a partir a la mitad?!».


El suelo se abrió y una brillante luz esmeralda surgió del interior que se elevó a los lados de su cuerpo. Se asustó, pero no podía huir, ni siquiera gritar. Las luces verdes a su alrededor que aparentaban ser luciérnagas, lo rodearon como un remolino con velocidad y su cuerpo cayó por el agujero. Entonces su voz y movimiento regresaron, dejándolo expresar su pánico con un grito.


Todo a su alrededor se convirtió en un abismo sin fondo donde múltiples voces comenzaron a escucharse. Eran como murmullos, pero muy altos. La diferencia fue, que no entendía su dialecto. Era tan extraña su forma de hablar, que pensó estar cayendo al infierno.


Sólo pudo gritar tapando sus oídos.


—¡¡Kami-sama, perdóname por favor!! ¡¡Prometo que cambiaré, pero sácame de este lugar, todavía no quiero irme al infierno!!


Su terror lo hizo sacar su lado más temeroso y vulnerable en el punto entre la vida y la muerte. Entonces, el final de la caída llegó y Yuudai cayó de costado con fuerza, pero no sintió dolor alguno, ya que había sido una sensación de impacto, pero no pudo entenderla.


Sus ojos se abrieron de pánico, se levantó gritando y retrocediendo de toda la muchedumbre que murmuraba. Eran ancianos vestidos con túnicas blancas y bufandas color rojo, que intentaron acercarse pero entre más se acercaban, más retrocedía del miedo.


«¡¿Qué demonios es este sitio?! ¡¿Dónde estoy?! ¡¿Quienes son estas personas?! ¡¿Por qué de pronto todo está tan claro e iluminado?!».


La habitación era gigante, habían dos pisos y una elegante alfombra roja en un piso de azulejo tan pulido como un espejo. Al lado de los hombres en túnica, habían hombres con armaduras y lanzas y protegían a un rey delante de un trono. El rey estaba de pie también.


Todos estaban hablando, pero no entendía nada. Uno de ellos se acercó lo más que pudo y le dijo algo, que ni siquiera entendió como una pregunta. Yuudai se levantó y corrió lejos de ellos, pero fue detenido por los hombres en armadura de la entrada principal.


No lo lastimaron, pero si lo detuvieron.


—¡¡Por favor perdónenme!! ¡Yo no he hecho nada y tampoco se que es este sitio suéltenme por favor!


Los hombres le dijeron algo. Fue entonces cuando los hombres en túnica hablaron entre ellos, y en un momento se acercó a Yuudai un pequeño joven, como un niño, pero estaba vestido con un sombrero redondo con un listón y una túnica dorada con muchos símbolos. El sombrero y listón eran del mismo color.


Alrededor de su pecho tenía un segundo listón con un montón de símbolos escritos en él. Este joven, que parecía ser un niño, miró a Yuudai y le dirigió la palabra.


—Umm... An dtuigeann tú mé?


El niño esperó un momento y volvió a hablar.


—forstår du meg?


Tampoco hubo reacción.


—Вы понимаете меня?


Apretó sus labios y llevó sus dedos a su barbilla. Meditó un momento y analizó de arriba hacia abajo su cuerpo. Yuudai estaba en silencio, solo siendo sujetado.


—¿Me entiendes? —preguntó el joven inclinando su cabeza a un lado con curiosidad.


—¿Uh? ¿Perdón?


—¡Oh! ¿Es este tu idioma? ¿He acertado? —sonrió dando un paso al frente.


Se sorprendió. Aún no procesaba lo que estaba pasando, pero al menos pudo comenzar a comunicarse.


—¿Do-dónde estoy?


—¡Ajá! ¡He logrado descubrir tu idioma! Sabes, al principio fue muy difícil, eres muy blanco y creí que serías de zonas de Europa, pero después he visto tus ojos y me recuerdas a personas del continente asiático.


Una sutil risita amable lo acompañó. Yuudai hizo temblar sus pupilas, ni siquiera empatizaba con su risa.


—¿Qué demonios es este lugar? ¿De dónde salieron ustedes?


El niño le sonrió, acomodó su sombrero y ajustó su listón alrededor de su pecho.


—Me presento, mi nombre es Irdhruågner Vargregt Oncregtener X. Sé que para ti es difícil de pronunciar, así que solo puedes dirigirte a mi por Ird, no tengo ningún inconveniente en que el aspirante a héroe me llame de esa forma. Yo soy el duque de este castillo y sirvo al gran rey Refugtragner... ah, lo siento, olvidé que será difícil e innecesario decírtelos ahora mismo. Lo siento, me disculpo.


Hizo una sutil inclinación de la cabeza con una mano con un tono torpe e inmaduro. Para este punto, la voz del rey en el trono levantó su voz haciendo que el niño llamado Ird, volteara y le respondiera en otro lenguaje. Yuudai en este punto fue soltado por los hombres en armadura y posteriormente Ird se giró a él.


—Sé que es muy repentino todo esto, pero el rey te pregunta, ¿Cuál es tu nombre? y ¿Qué asignación tenías antes de venir aquí? —Se inclinó un poco buscando su mirada y le sonrió—. ¿Podrías responder primero, por favor?


Yuudai se limitó a hacerlo, pero seguía incómodo.


—M-mi nombre es Nakamura Yuudai y solo soy un universitario.


Entonces Ird se giró y levantó la voz en su idioma. El rey hizo un gesto extraño, casi como confundido o decepcionado. Aunque no supo interpretarlo correctamente. Entonces hablaron y compartieron palabras por un momento, hasta que los guardias a su espalda se apartaron de la puerta espantando a Yuudai. Al ver la puerta libre, se tentó.


Ird giró a él y apenas iniciando una conversación, Yuudai salió corriendo de la gran sala. Todos entraron en sorpresa e Ird salió corriendo solo fuera de la puerta y se detuvo.


—¡Nakamura Yuudai, por favor vuelve, déjame explicarte todo!


Detrás de él corrieron los guardias en armaduras blancas; auténticos caballeros blancos. Aún así, no se detuvo. Corrió por el azulejo limpio en pánico completo.


—¡¿Dónde diablos estoy?! ¡¿Cómo he sido traído a este lugar?!


Por las enormes ventanas donde entraba la luz, se detuvo y sujetó el cristal con sus dedos, impresionado por la vista. Sus ojos azules temblaron al ver todo tan diferente.


—¿Es de día? ¿Cómo es de día si hasta hace un momento...? Es una ciudad completamente diferente, y la arquitectura de este lugar... ¿Qué diablos ha pasado?


Una exclamación a su espalda lo alertó pegando su espalda contra la ventana. Los guardias lo encerraron apuntando sus lanzas a él.


—¡¿Qué quieren de mi?!


Ird llegó apresurado con él y se interpuso entre las lanzas con los brazos al frente hablando con ellos. Entonces, los guardias bajaron su ofensiva y levantaron sus lanzas. Ird soltó un suspiro y miró hacia Yuudai.


—Lo siento mucho, solo están evitando que causes algo peligroso, te lo prometo. Se ponen así cuando alguien está cerca del rey.


—Niño, explícame dónde estoy, ¿qué quieren de mi?


Su voz tembló ante sus preguntas. Ird le respondió sin poner excusa.


—En primer lugar, por favor no me llames niño. Sé que solo tengo setenta y ocho años, pero ya estoy fuera de la etapa de niñez. En segundo lugar, yo seré tu guía a partir de ahora, así que me gustaría que al menos me llamaras Ird-sama. ¿Creo que así es, no?


—¿Setenta y ocho años? ¿Es una broma acaso? Pareces un niño de doce años.


—Lo sé, lo sé, pero aquí las reglas son diferentes. Sé que vienes de Japón, porque ya hemos tenido a muchos otros de tu mundo aquí. De diferentes partes del mundo, tantos que ya hemos aprendido muchos idiomas.


Se llevó su mano al pecho y habló con orgullo de su nombre.


—Es mi trabajo como guía del invocado, aprender todos esos idiomas para esperar a quien sea compatible con la invocación. Es el trabajo de mi familia y lo hemos hecho por más de mil años en tu mundo. La responsabilidad pasa de generación en generación hasta que encontremos al elegido que llegara en el tiempo de la guerra. Hasta el día de hoy, ya han pasado seis generaciones de mi familia y hemos invocado a más personas como tú de las que se pueden contar. Tú eres uno más en esa lista y solo nos queda prepararte para una posible guerra. Si no es en tu tiempo, entonces seguirá otro en el futuro cuando tú mueras y el linaje así seguirá hasta que se cumpla la guerra.


Yuudai negó con la cabeza, y se recargó contra la ventana.


—¿De qué estás hablando? ¿Morir? ¿Quieren mandarme a una guerra? Yo solo soy un universitario común y corriente, ¿cómo quieren que yo sirva para algo en una guerra?


Ird sonrió y le respondió:


—Le ruego que se tranquilice y no tema. El rey y sus sirvientes se encargarán de prepararte para que puedas pelear en el frente. Aunque claro, primero habrá que saber en qué eres bueno, Yuudai.


—No te tomes tanta confianza conmigo. No somos amigos ni cercanos. No me llames por mi nombre.


—Oh. Entonces, ¿te parece Nakamura-san? ¿O debería ser Nakamura-kun?


Yuudai se lo quedó viendo. Más que ofensa o sentirse tranquilo, se lo tomó a chiste. Ese niño y su personalidad le hacía tener un aire de que no se estaba preocupando nada por él. Entonces, decidió decirlo.


—¿Esto es un juego para ustedes?


—¿Oh? ¿Un juego?


—¿Me hablas como si fueras mi amigo o quisieras serlo? ¿No comprendes que acabas de robarme de mi vida y me estás obligando a pertenecer a una posible guerra? ¿Qué hay de mis padres? ¿Mi universidad? ¿Mis estudios? ¿Qué diablos pretendes al decirme que vaya a una guerra? Deja de joderme y regrésame a dónde estaba.


Ird hizo un breve silencio.


—Me temo que una vez invocado, ya no existe un conjuro para regresarte a tu lugar de origen. Hasta donde sabemos, la única liberación que tenemos de ustedes es la muerte. Mientras sigas vivo, no podemos invocar a alguien más sino hasta que mueras. Y aún así, desconocemos cuál sea el futuro después de su muerte. Lamento no tener la respuesta a si podrás volver a tu hogar o no.


Esa noticia la tomó como una broma. Tanto fue el shock que comenzó a reír un poco, y posteriormente todo se empezó a volver borroso.


—¿Qué no pueden regresarme? ¿En serio?


Pequeñas carcajadas en un cuerpo desequilibrado salieron. Ird se preocupó y habló.


—Nakamura-san, ¿te encuentras bien?


—Me siento… muy acalorado, es todo. Aquí, hace más calor que en mi, ciu...


—¡Nakamura-san!


Y así, su cuerpo cayó de boca al suelo inconsciente. Ird levantó la voz ordenándole algo a los guardias y ellos cargaron el cuerpo de Yuudai. Se lo llevaron lejos de ahí, con Ird mirando su marcha. A diferencia de ellos, él tuvo que volver a la habitación donde el rey estaba.


◇◆◇


—U-umm... Me duele la cabeza —dijo al despertar.


Había pasado algún tiempo cuando despertó en una gran habitación de lujo, con una cama amplia de hasta cinco personas y velos alrededor de ella para dar privacidad. Aunque solo podía ver un poco por los velos, notó las paredes y muebles completamente exóticos.


Su cama era de sábanas blancas tan suaves que sentía como si fuera algodón puro. Su cuerpo estaba más cómodo de lo que nunca pudo estar.


—¿Dónde estoy? —susurró.


—¿Te encuentras mejor, Nakamura-san?


Una voz conocida llegó a sus oídos. La voz de ese niño lo hizo voltear a un lado de su cama al otro lado del velo.


—Lamento si te molesta que esté tan cerca cuando duermes, pero es mi trabajo mantenerme contigo, ya que solo yo puedo traducir las palabras. Si lo necesitas, puedes seguir durmiendo Nakamura-san.


Yuudai se levantó de golpe y retrocedió.


—¡¿No soñé nada de lo que sucedió?! ¡¿Realmente estoy aquí?!


—¡Nakamura-san ten cuidado podrías volver a desmayarte!


Saltó de su cama y corrió a una ventana. El pánico de Ird lo hizo perseguirlo, solo para golpear las ventanas y salir a un enorme balcón de mármol blanco por el que se asomó. El viento agitó su cabello oscuro hacia un lado cuando contempló el sol radiante iluminando todo.


—N-no... No puede ser real esto.


Frente a él, un inmenso reino de arquitectura de mármol y ladrillo blanco estaba construido a mucha distancia hacia abajo. El lugar donde estaba, era un castillo elevado en una cumbre en el centro del reino. Las montañas en la gran lejanía, incluso un océano pudo ver en el paisaje.


Fuera de estar impresionado por lo hermoso que era todo, Yuudai hizo temblar sus pupilas y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas.


—¿Y-ya no podré volver a mi hogar?


Ird lo escuchó, y aunque la pregunta no fue para él, la respondió.


—Lo lamento, pero no. Ahora vivirás aquí.


—¿Qué hay de mis padres? Mi mamá, mi papá. Qué hay de... ¿Qué hay de la cena de esta noche?


Perdió la fuerza en sus piernas y cayó de rodillas sujetando su cuerpo con sus palmas en el suelo. Su cabello cubrió su rostro y con su tono tembloroso, hizo una petición.


—Por favor, regrésame a mi hogar.


Ird apretó sus labios y desvío su mirada agachando sus párpados.


—Lo siento. Eso es imposible ahora.






9 de Septiembre de 2021 a las 08:15 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo Capítulo 2

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 12 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión