eliana-firpo1610837272 Eliana Firpo

Se trata de una historia gótica de una chica que muere en circunstancias misteriosas... pero se transforma en un ser supernatural cuya naturaleza irá descubriendo y perfeccionando día a día, con la ayuda de un extraño ser.


Paranormal Vampiros Todo público.
1
30 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Eric

Nunca imagine que los caprichos de la vida fueran sellados tan rápidamente por la muerte. Sin embargo, mi muerte, no fue como la de todos.

No me limitare a explicar los detalles de la misma, ya que en el estado en que me encuentro actualmente carece de toda importancia. La concibo como una etapa lejana cuyos sentimientos y pensamientos guiados por la debilidad de lo absurdo escapa de mi condición actual.

Solo diré que fue rápida, y cruel. Un líquido frio y ácido punzaba en mi cuello, para posteriormente transitar por cada vénula de mi ser, congelándolo, y haciéndome cada vez más insensible. Finalmente, el frio más absoluto se apodero de mí, la palidez cubrió mis mejillas sonrojadas por algún amor ingenuo. había algo diferente en mí, pues podía moverme, pensar y sentir de una forma anestesiada ajena al sentir humano.

La concepción del mundo se tornó en una intensidad no imaginada. Mi alma (o como se llamará ese estado de conciencia amorfo que perduraba dentro mío) estaba extasiada por las diversas percepciones que inundaban mis sentidos.

Podía ver cada ramificación que vertebraba cada hoja otoñal. Caían danzarinas a una velocidad nunca antes comprendida, enlentecidas. Los árboles se alzaban soberbios a mi alrededor, conformando un imponente bosque en cuyas entrañas se asomaba una oscuridad en incremento, que, por algún motivo, me dio inspiración en vez de miedo. No me estremecí, sabía que podía alcanzar la copa de los imponentes arboles con tan solo un salto, con una ligereza imperceptible hasta para el mismo viento. La noche era mi aliada y mi camuflaje. La luna asomaba tímida, al ser la única testigo temeraria de mis ojos carmesí mirándola intensamente, con una expresión neutra, pero que si tuviera que describirla se asemejaría a una mescla homogénea de odio y admiración.

Mis latidos aun perduraban en mi pecho, pero con un ritmo totalmente en disincronía con mi alrededor. Se habían espaciado en su esencia, enlentecidos, pero la sangre seguía corriendo dentro mío, con una pesadez más notoria de lo acostumbrado. No me importo, de hecho, todo comenzaba a perder importancia.

Un búho me observaba expectante desde lo alto de una rama. Parecía que ni la sabiduría del bosque ennegrecido había contemplado nunca una criatura como yo. Quería estar sola, su presencia me molestaba, así que, con la intención oculta de probarme a mí misma, lance un salto veloz y fugaz hacia la rama más alta de aquel árbol, y de un zarpazo lo único que quedo del desgraciado animal fueron gotas de sangre mojando rítmicamente la tierra mojada.

Al fin. Al fin mi interior marchito roseado por los encantos de una noche mística pudo sentir como un fuego candente recorría mis venas llenándolas de un furor que hizo agrandar mis pupilas y mi mirar, un cosquilleo intenso por todo mi cuerpo me hizo dibujar una amplia sonrisa, cuya exagerada palidez filosa hizo enlentecer el viento nocturno, y el espíritu de todo ser viviente se estremeció.

Quede pues, envuelta en la más absoluta soledad, con un único deseo rondando mi mente con aire de delirante obsesión: sangre.

Recuerdo mirar el campamento de aquellos seres que se hacen llamar hombres. Los observaba como un depredador que aguarda sigiloso por una presa jugosa. Estaba agazapada en lo alto de un monte, con los ojos fijos y entornados, cuyo brillo rojo zafiro me delataba si mirabas el horizonte oscuro con verdadera atención.

Sonreí nuevamente con unos dientes exagerados y los ojos desorbitados. Podía escuchar sus latidos desde allí. Era como un concierto armonioso de corazones inertes, deseosos de perecer en mis dientes. El jugo salado y rojo que recorría sus entrañas hacia agitar mi respiración.

Observaba esa tela rosácea que separaba el exterior de su interior, móvil y vivo y rítmico y rojo y dulce en las partes duras y salado en su fluir ...

Me acerque mas

Me extasiaba la naturaleza de su fragilidad, y con paso lento me acercaba a ellos como una bestia cautelosa y sedienta.

El tronar metálico de sus armas hizo detener el paso. Un pensamiento fugaz eclipso mi estado y nublo mi razón en una perdición en incremento. Los recordé: los seres sintientes. Recuerdos fugaces recorrieron mis entrañas, recuerdos de cuando era como ellos, de algo llamado dolor, de algo llamado conciencia.

Se esfumaron esos pensamientos como cenizas volátiles, y por primera vez desde mi renacimiento me sentí satisfecha con mi estado hipnótico de analgesia y carmesí. Lo único desfavorable era el hambre. Se sentía como una especie de fierro caliente carcomiéndome el esófago.

Ya me encontraba a escasos metros de su campamento, y los últimos pasos los recorrí con una velocidad y una ira en incremento.

Algunos estaban en las tiendas, otros hablaban alrededor de una fogata cuya luz ilumino mi rostro por un segundo. Mi paso veloz, prácticamente imperceptible para ellos, hizo menguar la fogata, dejándolos en la oscuridad más absoluta. Así los quería.

Algunos se estremecieron, otros se aferraron con fuerza a sus armas. Espere, los mantuve por unos instantes en el silencio mas absoluto, sabiendo que no hay sonido mas desesperanzador para un hombre, y que no hay nada mas grato que la expectativa de una muerte segura.

El aire se colmo de un aura densa, la luna fue mi leal aliada escondiéndose temerosa atrás de unos espesos nubarrones, como si no quisiera observar lo que estaba apunto de acontecer. Todo se oscureció aun mas.

Ya cuando mis impulsos no toleraban más paz, tome a uno de los soldados por el cuello con la misma facilidad que un niño toma una hoja seca del piso. Con mis garras filosas lo mantuve unos instantes en el aire, observando su expresión exhausta y sus ojos sin brillo. Clave mis dientes en su cuello, mientras sentía como su liquido tibio y reconfortante iba bañando mi interior reseco, llenándolo de energía.

A continuación proseguí con el hombrecillo de baja estatura que había observado todo el espectáculo y dejo caer su arma. Sabia decisión, no le iba a servir para mucho, y me ahorraría el trabajo de apartarla de mi camino con un ligero movimiento. Me molesto su cuerpo tembloroso, en ese momento quería la quietud mas absoluta. Me dedico unos comentarios implorativos, lo que hizo incrementar aun mas mi ira. Además de quietud ansiaba silencio. A este no me moleste en observarlo, simplemente le arranque la cabeza de un zarpazo, y bebí de la cavidad de la que emergía cascadas furiosas color pasión.

Deje caer el cuerpo inerte a la tierra, mientras me daba vuelta velozmente para detener una fecha y un par de espadas que habían lanzado un grupo de hombres uniformados. Nuca fallan estos especímenes, siempre te apuñalan por la espada.

Mi enfado se agiganto, y con una velocidad imperceptible iba arrancándoles las extremidades y los lanzaba hacia arriba, acumulando sus cuerpos aun burbujeantes en un rincón apartado. La sangre seguía corriendo de sus cuerpos apilados, ''que desperdicio'', pensé.

Si me dejaba controlar por mis impulsos no podría disfrutar completamente de las delicias de este campamento.

Respire hondo mientras el rocío de la noche me refrescaba. Camine a paso lento hacia una tienda. Contemple mi reflejo en un pedazo de vidrio roto. Mis ojos eran como dos zafiros brillando en lo profundo de una noche muda, mi rostro estaba cubierto de sangre, especialmente mi mentón. Mi larga cabellera de terciopelo amarronado danzaba suavemente a mis espaldas con el viento. Sonreí, y contemple mi dentadura rojiza.

Entre finalmente a la tienda donde había niños y mujeres cautivos, atados de las manos. Los niños daban gritos mientras las madres los consolaban en un vago intento de contener sus lagrimas y su pánico al verme. Me tome un momento para contemplar el panorama. Finalmente, con un movimiento preciso y veloz arranque un niño de cabello rubio y ojos grandes de los brazos de su madre. Ambos gritaron desesperadamente. Por algún motivo esos gritos no me disgustaron tanto como la de los hombres que ya había matado.

Lo abalance en el aire y lo contemple fijamente, viendo como su semblante inocente era corrompido por el miedo. ''debe ser la sangre en mi cara'' pensé, mientras con mis dientes punzantes le abría la piel sobre la región de la clavícula. Gritos ahogados emergieron de aquella tienda. Al contemplar aquellos seres, algunos recuerdos volátiles convergieron en mi pecho. Por un segundo creí sentir algo parecido a la nostalgia, a la inocencia... yo también había sido niña alguna vez, pero las circunstancias de una tierra sin nombre me habían convertido en lo que soy, y el accionar de aquella especia marchita había transformado mi interior en fuegos faustos y cenizas frívolas. Yo también había sido como esos niños, pero de nada me sirvió su inocencia. Yo también estuve amarrada como esas mujeres, sollozantes en lamentos sordos... pero nadie escucho mis suplicas. Corrompieron mi interior como yo lo haría con ellas, aunque de manera diferente, claro. Espero que consideren mi accionar como un favor mas que como una tragedia.

Al final todo fue silencio. Una profunda oscuridad rodeaba aquellas tiendas ya mudas, mientras del bosque provenía un fresco olor a pino bañado en rocío. No estaba menos hambrienta, era como si de cada vida que tomaba, una sed aun mas intensa carcomiera mi interior. Pero si me sentía de alguna manera... satisfecha. Quizás era por el silencio, o que el rojo siempre me había gustado como decoración.

De repente, escuche el latir de un ultimo hombre. Percibí su calor a unos cuantos metros de mi posición, agazapado bajo una hilera de hojas y ramas secas. Culmine mi ritual aferrándolo de un brazo y alzándolo en el aire, para posteriormente perforar su carótida. Vi sus ojos suplicantes apagarse paulatinamente, era de las mejores partes.

Note como el grosor y elasticidad de esa arteria me permitía succionar por completo el fluido, y con una pequeña incisión la intensidad de eyección de la sangre era perfecta. Casi pudo llenarme. Comprendí donde debía de perforar para aprovechar la sangre, sin embargo, un poco se esparcía por afuera de los orificios, por todo el cuello, la ropa y el aire.

Lo deje caer al piso y mire con semblante sonriente y rojo la luna llena, que ahora se dejaba ver en su máximo esplendor.

Al volver la mirada hacia el horizonte arboleado, pude percibir con la agudeza infalible de mi vista, como una figura oscura y encapuchada se alejaba y se adentraba deprisa en el inmenso bosque.

Fui atrás de el, como quien persigue un capricho delirante y vil. Me adentraba cada vez mas en las profundidades del bosque, haciéndose cada vez mas nítida la oscuridad que parecía vestirse de un frio viento blanco. Me sorprendió aun no haber alcanzado a la misteriosa figura, me movía a una velocidad que superaba la de cualquiera. Sin embargo, con cada movimiento que daba, la figura parecía adelantarse a mi accionar. Comencé a frustrarme y a moverme mas deprisa al no comprender por qué aún no lo había alcanzado.

De repente, no lo vi más. Quede parada en la inmensidad de la noche mientras oía el canto de un búho lejano. Las estrellas tintineaban nerviosas en lo alto del firmamento.

Mire con mis ojos agudizados hacia todas las direcciones mientras comencé a cuestionarme si lo que había visto era real. Deje escapar un suspiro imperceptible mientras mi alma expectante se excitaba nuevamente al oír el paso de una carreta lejana.

Pude sentir el calor y deleitarme con el aroma de la sangre de una niña de unos 5 – 6 años, acompañada de su madre de cuyo cuello emanaba un aroma a perfume delicado y dulce, no tan dulce como su sangre claro. El conductor olía como sangre vieja y oxidada, en cuyo espesor había disuelto tabaco, alcohol y angustias del pasar de los años.

Me escondí atrás de un grueso tronco, mientras sentía todo ese copel de sensaciones acercarse a mi. Ya cuando estaba a unos pocos metros, tome impulso para abalanzarme hacia ellos, y enmudecer por completo el camino del bosque.

Pero un movimiento violento y brusco me detuvo el paso. Mi espalda choca violentamente contra la rama de otro árbol a una distancia considerable del que me encontraba. Mi nuca se golpeo al igual que mis hombros, mientras notaba como mis piernas quedaban suspendidas en el aire y una intensa fuerza me oprimía la garganta. No podía moverme. Mis ojos no podían focalizar la mirada debido a la rapidez de los hechos acontecidos. Mis oídos zumbaban.

Ya cuando comenzaba a volver a mi misma lance movimientos fuertes y violentos en contra de la figura encapuchada que me oprimía la garganta y me mantenía suspendida en el aire. Furiosa intente gritar, pero no había sonido factible que saliera de mi garganta oprimida. Si se pudiera morir de nuevo, lo habría hecho.

Finalmente mis músculos cedieron hacia la innegable superioridad de mi contrincante. Deje de luchar al percatarme de que ningún movimiento que ejerciera, tendría el mas mínimo efecto sobre la esbelta figura que frente a mi, me inmovilizaba.

Al percatarse de esto, me bajo suavemente y descomprimió mi pecho. Mis pies tocaron tierra nuevamente. Mire con semblante alucinado a aquella figura oscura mientras se quitaba la capucha.

Una piel pálida se asomo bajo los negros tules. Contemple el rostro de un hombre con rasgos delicados y calmados, cuya serenidad no concordaba para nada con la brutalidad de su accionar anterior. Su cabello de ébano se extendía hasta sus hombros, danzando suavemente con la brisa de la noche. Esa oscuridad contrastaba con su piel exageradamente pálida y uniforme. Su mirar era profundo. Dos grandes cejas firmes enmaraban unos ojos verdes y oscurecidos. Penetrantes me observaban como faros en aquella noche cada mes mas densa . De su piel tercia emanaba un aroma como un elixir adictivo, procedente de algún tiempo olvidado. Bajo su piel, no percibí latido alguno, ni fluir, ni sentir. Su presencia no despertaba en mi impulsos de salvaje devastación, sino que inspiraba el respeto mas absoluto.

Se adelanto unos pasos hacia el borde de una colina que dejaba ver el campamento en donde había estado hace un par de minutos. Contemple hipnotizada sus ojos de perfil. Miraban fijamente aquel escenario con mirada indescifrable. Se mantuvo asi por unos instantes.

A continuación, poso su |estática mirada verdosa y profunda sobre mis ojos, gesto que hizo helar mi sangre mas de lo que creía remotamente posible. Mi interior quedo estático, hipnotizada por aquellos grandes ojos fijos que parecían resumir la esencia de miles de noches.

-Así no- se limitó a decirme con voz profunda y con gesto de reproche.

Asi fue como conocí a Eric, el Lord que me enseño a danzar al ritmo de los fuegos faustos, aun en las noches mas oscuras.

9 de Septiembre de 2021 a las 01:54 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo El castillo

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 8 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión