eliana-firpo1610837272 Eliana Firpo

que sientes al convertirte en vampiro? . Precuela de mi cuento ERIC , que relata el pasado oscuro de su hermano Lestat.


Cuento Todo público.
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Metamorfosis

La luna pálida dedicaba toda su mística luz a aquel apartado cementerio. Había sido fiel testigo de aquellos amantes durante los últimos meses. Eran increíbles, envueltos en la elegancia del negro y privilegiados de lo oscuro.

Emanaba su luz, la emanaba con todas sus fuerzas, solo a ellos, el único espectáculo que valía la pena. Su luz blanca y platinada cual velo de novia contrastaba con el vestido negro de la chica quien, sobre la fría loza de una tapia gris, iba muriendo.

Sus ojos la miraban con un brillo que poco distaba a su esencia. Lagrimas corrían como cristales.

- Por favor, Lestat - dijo con esfuerzo, dirigiéndose a la figura que a su lado se movia con desenfreno.

De no ser por sus movimientos desesperados de indecisión lo hubiera confundido con una hermosa escultura del camposanto.

El viento soplaba suavemente y acariciaba su rostro cual porcelana, empapado en lagrimas al igual que el de su amada que yacia enla loza.

Los altos arboles poseian abundantes ramas finas que se dividian como venas y, moviles por el viento, parecian querer hacerse paso entre los demas para ser testigos del lugubre espectaculo.

-Lestat por favor- aulló Elizabeth con sus últimas fuerzas y quedo desvanecida, contemplando la luna con mirada estatica.

-te adoro demaciado para hacerte esto, ya te lo dije- repuso él con voz aterciopelada pero acelerada.

Sus ojos color verde oscuro eran dos casacadas decontroladas. Miro el puñal que comprimia el vientre de su amada.

Ella giro lentamente la cabeza. De la luna su mirada se pose en su sol lugubre y frio.

-no te dejaré solo en la eternidad- repuso. Al mismo tiempo, extendia su brazo dejando al descubierto su vascularizada piel, y las exquisitas venas de la muñeca. Ho! tan apetecibles, con gusto a cobre y sal. Esos placeres efimeros y pequeños de la vida, que no sasían por completo.

El contemplo su brazo, con esa piel tiesa y perfumada que tanto habia amado. Se acercó, y sus ojos centellaron de lujuria sangruienta.

Se aparto bruscamente de la tapia. Se mordio la mano con fuerza mientras su rostro se empapaba con lagrimas de pena y enojo.

-no te hare esto-

La chica dejo caer su brazo del que se escapaba el ultimo suspiro de vida. Sentia su corazon enlentecerce y su sangre espesarse, corriendo cada vez mas pesada sobre sus venas.

La cabeza le punzaba y la vista se le nublaba. Miró por ultima vez a su angel oscuro con una mirada de amor eterno e inquebrantable, a continuación... nada.

-Elizabeth! - gritó endemoniadamente mientras el corazon detenido hacía siglos parecia latir de nuevo solo para volverse a detener.

La agarro entre sus palidas manos y con un mar de sentimientos inconclusos recorriendole el rostro, mostro sus afilados caninos y los clavo con desesperación en el cuello de la chica.

Elizabeth de pronto abrio sus ojos y su boca en toda su plenitud. Siempre penso estar preparada para ese momento pero se equivocaba.

Un dolor punzante le desgarraba el cuello, que de a poco, se tornaba en un ardor como el que desprende un acido corrosivo.

Queria respirar pero no podia, el dolor era insoportable.

Miraba fijamente el firmamento donde todas las estrellas le devolvían la mirada. Su vision era mucho mas nitida, le parecio poder distinguir cualquier astro. Sentia ahora su sangre emerger con furia de su cuello y de los orificios que la presionaban.

Su sangre ya no era espesa, corria furiosamente por sus venas congeladas al ritmo de un corazon que parecia querer estallar en su pecho. Otro grito pretendio salir de sus labios secos, en vano.

Agarró con fuerza el largo y oscuro cabello de Lestat, quien no se desprendia de su cuello entumecido. Todo transcurrio en segundos que en ella se tornarian eternos.

El ardor aminoraba y los colmillos pulsantes ya no la perforaban con tanto fervor. Pudo exalar y dejar escapar un suspiro de alivio. Sus ojos volvian a sus orbitas.

Lestat seguia aferrado a su cuello y con una mano, ahora le apretaba calidamente un hombro. El ardor disminuía y se tornaba en una sensación vacía y gélida. Se congelaba, como si cada vena de su su cuerpo se tornara en hielo y congelara su sangre.

Su cuerpo era como una masa helada y dura, incapaz de moverse.

Lestat se aparto de su cuerpo entumecido, no podía moverse, su mirada seguía fija en el firmamento, pero aun así se percato de su figura mirándola con ternura, limpiándose con sus manos pálidas los restos de sangre.

La levantó suavemente. Ella se sentía como un iceberg inmóvil pero aun así noto que su cuerpo respondía al movimiento natural. Se coloco detrás de ella y la abrazo, sentándola en su regazo.

La metamorfosis era el oxímoron mismo de sensaciones extremas e inimaginables. La gélidas de su cuerpo se torno en un calor abrupto, como si una flamante llamarada pretendiera consumir su corazón inmóvil.

Pronto noto que su cuerpo le pertenecía nuevamente. Comenzó a moverse. En su autentico control quiso huir, correr y destruir todo a su paso. Una ira inconclusa la carcomía. Los brazos de Lestat la contuvieron, como si pudiera leer sus intenciones.

Pudo ver sus ojos mas nítidamente que nunca, cada fina raya coloreada y verdusca que constituían su iris. Agarro con furia su pelo cual ébano nocturno y sintió su corazón detrás de su pecho como una entidad marchita. Quería destrozarlo entre sus manos y comérselo.

Dio un salto y se alejo mas metros de los que esperaba. Lo contemplo desde un árbol con una mescla homogenizada de ira y lujuria. El la contemplaba con una sonrisa y semblante divertido.

Lo recordó. parte de su alma volvió a su cuerpo. La única parte de su alma que importaba, la que lo recordaba.

Tomo un largo respiro y pudo sentir a la perfección el olor a ciprés y eucaliptus. Sonrió, mas completa que nunca y a paso lento se dirigió a abrazarlo.

Ya entre sus brazos, se escabullo en su esencia que ahora compartían, pretendiendo homogenizarse eternamente con su piel.

Lestat le corrió el pelo, besó su cuello helado donde ya no habían cicatrices y susurro a su oído - cuando dije para siempre, lo decía en serio - .

8 de Septiembre de 2021 a las 22:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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