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Daniel Consuegra Batista


Es la historia de una jóven estudiante, que pasa por algunos inconvenientes pero logra superarlos con la presencia de algunas personas importantes en su vida


Historias de vida Todo público.

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Un día normal


(Un día normal)


Era invierno en Oslo, ciudad capital de Noruega, eran apenas las siete de la mañana, las calles cubiertas por una fina capa de nieve, los árboles sin una sola hoja, las ventanas de las casas y edificios permanecían cerradas y empañadas por el aire congelado que azotaba, no habían muchas personas transitando como de costumbre, incluso se podía advertir menos tráfico del habitual, Jenny Wessel era una muchacha de 15 años, alta, delgada, de pelo rubio y rizado, ojos azules, piel muy blanca y sus delicados labios rosas de daban un toque perfecto a su rostro, regresaba a su casa apresuradamente con una bolsa en su mano derecha luego de salir de la panadería más cercana a su residencia y dejar al señor que la había atendido con el cambio en la mano, caminaba por la acera dejando sus huellas en la nieve con sus zapatos de invierno, vestía un grueso pantalón, un abrigo de pieles, un gorro, una bufanda y unos guantes de color gris plateado que les había regalado su madre en su último cumpleaños, era una chica muy dulce e inteligente

_ No recuerdo el invierno pasado tan frío como este, mañana ya es lunes, tengo que hacer mis deberes de Matemáticas o el profesor Mornay me sacará de clases _ pensaba, cuando de repente frenó su paso al casi impactar contra una gata de color blanca y negra que se paró frente a ella agitada y con unos enormes ojos amarillos. A Jenny no le agradaban mucho los gatos, le lanzó un trozo de pan para que se fuera, pero esta ni lo miró, desvió su camino cruzando la calle corriendo. Jenny siguió su camino y al doblar la esquina casi choca nuevamente, esta vez con un señor de unos 40 años aproximadamente, llevaba mucha prisa, vestía un abrigo de piel de oso y un sombrero negro, se saludaron con la vista y continuaron su camino, al llegar Jenny a su casa, su hermano le abrió la puerta, Matthews era un pequeño de nueve años, de cabello rubio y lacio, piel blanca, ojos café, con una cicatriz en la barbilla que le recordaba una caída en monopatín a los seis años _ Pasa hermanita_ le dijo con rapidez. Jenny entró en casa dejando la bolsa con el pan encima de la mesa del comedor _ ¿Dónde está nuestra madre?_ le preguntó a su hermano, pero frunció el seño al dar la vuelta y ver que Matthews ya na estaba detrás de ella.

Los Wessel vivían en el número 7 de un importante condominio de la ciudad donde vivían personas distinguidas y de buena familia, hasta entonces la familia de Jenny mantenía una excelente reputación, requisito fundamental para tener una vida estable por esos contornos _ Mamá, papá, ya he llegado _ decía Jenny en voz alta mientras subía la escalera de doce escalones hacia la segunda planta. La señora Gladys Wessel, madre de Jenny y Matthews tenía 39 años, pelo rubio y lacio que le caía sobre los hombros, ojos menos azules que los de Jenny, alta y con un humor sobresaliente así como sentimental en ocasiones, el señor Eduardo Wessel, el más alto de la familia, de cabello rubio oscuro y rizado, ojos castaños y con bigotes, director de una compañía de seguros de autos muy reconocida_ Aquí están_ dijo Jenny al encontrar a su madre ajustando la corbata de rayas blancas, azules y negras de su padre en el pasillo que daba a las cuatro habitaciones_ Date prisa cariño, llegaré tarde a la reunión_ Ya está_ dijo Gladys sonriendo y golpeando suavemente a su esposo en el hombro derecho_ ¿Quieres algo hija?_ preguntó Gladys_ Nada, estaré en mi habitación estudiando_ respondió Jenny acercándose a la puerta de su habitación _ Espera, ¿ No piensas darle un beso a tu padre antes de que me marche al trabajo_ Claro que sí_ dijo Jenny caminando hacia él y sonriendo, le dio un beso en cada mejilla y entró rn su habitación que era la segunda a la izquierda.

La habitación de Jenny era de color rosa pálido, muy amplia, a un lado estaba su cama con una mesita al lado y una lámpara, al otro lado un armario y una mesa con su computadora, al frente una gran ventana con vista a la calle, con unas gruesas cortinas rosadas más intensas que el color de las paredes, a Jenny le gustaban los recuerdos, por eso tenía en la pared detrás de su cama unas cuantas fotografías de su familia, de un perro que había tenido, de cuando estaba en la primaria, de actuales amigos del instituto, de su mejor amiga Paulina Magnus y de su cantante favorita Celine Dion.

Jenny observaba a través del cristal ligeramente empañado de su ventana a su madre y hermano despidiendo a su padre ya dentro de su auto Mercedes-Benz de color rojo, luego de desaparecer de vista entraron en casa _ LLegó la hora de estudio_ dijo Jenny sacando de su bolso dos libros y un cuaderno de Matemáticas, los dejó sobre la cama y se sentó frente a ellos con las piernas cruzadas, el profesor Mornay había dejado una serie de ejercicios muy larga que debía resolver si no quería ser requerida _ No puedo creerlo, no se cansa de dejar tantos deberes_ luego de veinte minutos estaba resolviendo el ejercicio seis, en eso entró la señora Gladys Wessel con un vaso de jugo de manzanas en la mano_ Hija, te traje un jugo, debes tener sed con tanto estudio_ lo deja en la mesita junto a la cama _ Gracias mamá _ supe que tu profesor de Química se mudó a Suecia ¿Es cierto? _ Ah sí, el nuevo profesor comienza mañana, extrañaremos al profesor Samuel, era muy amable con nosotros _ bueno tal vez el otro sea mejor _ dijo Gladys_ Ojalá _ dijo Jenny con cara de preocupación_ No te molestaré más, voy a preparar el almuerzo_ dijo Gladys y salió cerrando la puerta trás de sí.

Jenny continuó con su ardua tarea por una hora más y finalmente terminó al dar con la solución del ejercicio 36, Jenny ya estaba exausta de resolver tantas ecuaciones y problemas_ Ahh, ya era hora _ dijo bostezando y estirándose lentamente _ Dormiré un rato para reponer mis fuerzas _ se acostó en el lado izquierdo dela cama, se cubrió con su gruesa manta y se quedó dormida olvidándose completamente del jugo.

Después de un largo tiempo abrió los ojos muy despacio y se percató de su molesto mareo, una leve migraña, sintió debilidad al sentarse en el borde de su cama y cuando se ponía sus zapatos mostró en su rostro un gesto de sorpresa al contemplar el rojizo color de sus ojos en el espejo incrustado en la madera de la puerta del guardarropas; se puso de pie desequilibradamente y observó el panorama por la ventana, al parecer había nevado, la capa de nieve antes fina ahora se veía gruesa y compacta, las ramas largas de los árboles de abedul que permanecían inertes a cada lado del pasillo que dividía al jardín parecían de piedra, casi sin vida; frunció las cejas al advertir por la curva cercana a su casa el auto de su padre. Jenny salió de inmediato de su habitación y abrió la boca ligeramente al ver el relój dorado en la pared de la sala marcando las cuatro de la tarde, sonó el timbre, Jenny le abrió la puera a su padre y este le plantó un beso en la frente _ ¿Cómo has pasado el día?_ preguntó Eduardo _ Bien, se me ha ido muy rápido_ A mi me ha perecido eterno, voy a subir_ dijo el señor Wessel mientras se desataba la corbata y subía las escaleras _ sale Gladys de la cocina con curiosidad_ ¿Era tu padre?_ Sí, subió a la habitación, madre, ¿Por qué no me despertaste ni siquiera para almorzar?_ ah, es que en realidad iba a hacerlo, pero cuando te vi durmiendo como un ángel me dije: pobre niña mía, debe estar muy cansada, voy a dejarla dormir un poco más, y como hoy es el día libre de Silvia estuve tan ocupada durante todo el día que se me ha olvidado_ Sí, claro_ dijo Jenny en tono burlón y se dirijió a su habitación.

27 de Agosto de 2021 a las 14:40 0 Reporte Insertar Seguir historia
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