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Frutos de un vil acto lleno de impureza ellos deberán continuar con un legado dictado por generaciones, encontrar la verdad sobre cual es su origen será la misión para evitar caer en la depravación. Sin embargo el tiempo es corto y aquellos, quienes cometieron el error buscarán remediarlo a como de lugar. ¿Lograrán cumplir su objetivo?


Ficción adolescente Todo público.

#sobrenatural #drama #sliceoflife #escolar #256 #301
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Capítulo 1: Un nuevo día


Esas fueron las últimas palabras que mi abuela me dedicó en su diario antes de fallecer…

Desde pequeño siempre he sabido que el motivo de mi existencia se debería a cumplir las expectativas de grandeza que mis padres tendrían hacia mí. Después de haber desheredado a tu hijo mayor, es lógico que el siguiente en la línea deba ocuparse de llenar los zapatos de alguien más. A veces siento que jamás estaré listo para cargar con semejante responsabilidad sobre mis hombros.

Mi mano izquierda no ha parado de temblar desde entonces, cuando ella me confió su legado, Mis padres se mantienen alerta, pues no es muy usual que una persona de tan solo 15 años de edad tenga temblores tan similares a los de un anciano…

—Señorito Adriano— Exclamó la voz de una joven criada tocando a su puerta.

Secando el plumín con un paño se disponía a dejar su pluma a un costado del tintero, El muchacho dejaba de escribir en su diario dejándolo abierto para que la tinta se secara de la manera adecuada, se levantó de su asiento en su pupitre generando un pequeño y ensordecedor chirrido en el suelo al arrastrar las patas de la silla sobre la superficie de los mosaicos del piso. Una vez de pie caminó hacia la gran puerta negra que marcaba la entrada de su elegante habitación de paredes grises oscuros, el techo y el piso, tan oscuros como la noche, con los muebles que combinaban a la perfección. Escuchando el sonido de las suelas de sus zapatos al caminar, la sirvienta retrocedió solo unos pocos pasos de distancia. La perilla de la puerta se giró unos cuantos centímetros a la derecha y la puerta se abrió hacia el lado de adentro. Al otro lado de la habitación se encontraba un adolescente de cabello negro azabache, pálido semblante y ojos color verde esmeralda que deslumbraban a través del cuadrado marco de marco oscuro vestido con el uniforma de la escuela.



—Genevieve—exclamó él con una sonrisa dibujada en su rosto. —¿Ya está todo listo? —Añadió. Ella ascendió con la cabeza ante la pregunta del señorito. Ante la positiva él descolgó su morral del perchero. Acto seguido ella se apartó del camino permitiéndole el paso a su señor. Habiendo comenzado su andanza y abandonado la sala la mucama apagó la luz del cuarto y cerró la puerta. Ambos bajaron las escaleras del tercer piso al primer piso hacia la sala del comedor en donde lo esperaba una charola de plata con un abundante desayuno listo para degustarlo. Una vez terminado de desayunar se dirigió hacia a puerta de la mansión, en donde al final de las escaleras lo esperaba un auto. Una vez a bordo el chófer encendió el motor del vehículo y partió rumbo hacia su destino, la escuela.


«¿Por qué quieres comenzar tus estudios en una escuela pública? Eso será más que un obstáculo en tu futuro» decía una voz gruesa llena de frialdad mientras observaba el jardín desde la ventana dándole la espalda a su hijo con los brazos colocados a los costados de su torso. «Espero que no se traten de simples trucos para evadir tus responsabilidades»

—Ya lo verás padre. —Espetó mientras en su faz una sonrisa de satisfacción hacía acto de presencia. —Lograré mi objetivo. —Añadió con cierta seguridad en sus palabras que dejaban entrever cierto atisbo de soberbia.

—No… No es nada Víctor. —Respondió mientras se quitaba los lentes, acto seguido de los pliegues de sus bolsillos sacó un estuche del cual extrajo un paño blanco con el que comenzó a limpiar los cristales. El espejo retrovisor mostraba como los labios del conductor se curvaban hasta formar una sonrisa que dejó escapar una breve carcajada. El coche continuó avanzando por la extensa carretera, el hermoso paisaje primaveral con el transcurso del viaje se fue transformando en una zona rural. Edificios de colosales tamaños que parecieran ser capaces de tocar el cielo, los hermosos paisajes naturales que se observaban a la distancia, que de apoco se fueron encogiendo hasta el tamaño de una hormiga.


El viaje continuó su andanza por la carretera nuevos edificios aparecían y desaparecían mientras el pasajero prestaba con atención como los edificios iban cambiando de tamaño, desde los más grandes, de más de 20 pisos, hasta llegar a los más pequeños que solo variaban entre los dos a tres plantas como máximo. Así mismo por la calle se encontraba una variedad de medios de transporte. Puestos locales, vendedores ambulantes y artistas callejeros ofreciendo espectáculos en la calle cuando la luz roja de los semáforos obligaba a los conductores a detener el avance de sus vehículos. Un centenar de personas de todas las edades caminando por las veredas de la ciudad, tiendas con letreros llamativos que llevaban dibujos o alguna frase inscripta. Desde el espejo situado en el asiento del conductor el pasajero pudo observar con toda claridad el disgusto que le provocaba a su chófer encontrarse en ese lugar, sobre todo cuando una motocicleta que llevaba a dos jóvenes pasó a toda velocidad ignorando por completo la señal de alto que indicaba la luz roja, cosa que hizo que por poco fueran arrollados por los autos, semejante acto de imprudencia no pudo ser ignorado por la gente, quienes muy molestos escupían una horda de quejas, e insultos.

—Wow—exclamó el chico de ojos color esmeralda lleno de asombro, el cual tan veloz como un rayo se desvaneció cuando una picazón se hizo presente en el dorso de su mano izquierda. Esbozando un pequeño jadeo de dolor colocó su otra mano. «Que extraño» pensó el chico mientras deslizaba sus dedos sobre el dorso de su mano hábil con detenimiento, pero para su sorpresa todo rastro de dolor había desaparecido de un momento a otro, como si solo se tratara algo que podría haberse imaginado, no obstante ese pequeño dolor, aunque breve, consiguió despertar en él la incertidumbre. Una vez que la luz del semáforo se puso en verde todos los vehículos que se encontraban detenidos comenzaron a moverse de nuevo pasando por un gran número de edificios hasta llegar a su destino, un gran establecimiento de dos pisos de alto de paredes blancas con grandes letras verdes que marcaba la palabra “Escuela” inscriptas en el. Entusiasmado tomó su morral colocándolo de forma cruzada encima de su hombro derecho. Acto seguido y sin esperar al chófer se dispuso a salir del auto.

—¡Que tenga buen día señor! —dijo el conductor rebosante de ánimo.

—Víctor. No debes ser tan cordial conmigo—respondió el chico—Puedes llamarme por mi nombre, tranquilo Padre jamás va a enterarse. —Añadió con una sonrisa.

El timbre sonó indicando la hora de entrada de los estudiantes, lleno de emoción dio sus primeros pasos para adentrarse en el edificio, todos los presentes debían reunirse en el gran salón lleno de asientos a su disposición. Murmullos se escuchaban en todos lados mientras tomaban asiento, de pronto la voz de una mujer llamando a silencio consiguió callarlos todos los miembros del consejo directivo se encontraban allí frente a la gran horda de alumnos para dar el discurso de bienvenida. Un hombre de mediana edad de cabello negro con algunos mechones canosos peinado hacia atrás, vestido con un traje negro confeccionado a la medida se acercaba al podio. Con una mirada tranquila y en completa calma se acercó al micrófono y con una voz gruesa que lo hacía lucir imponente comenzó a hablar.

“Sean todos bien venidos bienvenidos… Es un verdadero placer para nosotros contar con su apoyo este año, Para los nuevos ingresantes, como así mismo aquellos que nos acompañan desde años anteriores. Esperemos que este año, al igual que el anterior, sea uno de provecho, próspero y sin conflictos. Quisiera también recordarles que aquellos que deseen formar parte del club estudiantil pueden enlistarse en la primera mesa del pasillo ubicada justo al lado de la oficina principal.

Sin más que decir recibamos con un fuerte aplauso a la generación de graduados número 3, y a su representante Stefano Ferrari.”



Los alumnos se levantaron de sus sillas y un concierto de aplausos que reventaban como truenos inundó por completo el lugar mientras recibían a un chico robusto de estatura media vestido de manera formal con su uniforme de cabello corto y de color marrón oscuro con su cara repleta de pecas y deslumbrantes ojos color amarillo, quien se acercó al atril aclaró de manera ligera su garganta para luego acercarse al micrófono mientras sacaba una pequeño pergamino que fue desenrollando.

Las personas comenzaron a hablar entre ellas en voz baja, para nada parecía importarles lo que el representante de la clase tenía para decirles. De manera educada el chico intentó callarlos por unos breves instantes para oír al joven en el podio, pero todo lo que recibía eran miradas duras y repletas de extrañeza. «¿En realidad era algo tan extraño que alguien se interesara en lo que una persona tuviera que decir» pensó un poco con desaliento. Apenas escucharon que el delegado terminó de hablar concluyendo con un firme “Gracias” todos se levantaron de sus asientos y de nuevo comenzaron a aplaudir. Con eso el discurso de bienvenida finalizó, por la expresión de las personas a su alrededor pareciera que todo fue nada, ni nada menos que un mero “Circo monótono”. Todos los estudiantes se dirigieron a sus salones excepto el nuevo, quien se dirigió a la mesa de inscripciones.

«Si voy a permitir que hagas eso, deberás demostrarme que puedes ser capaz de estar a cargo, aun estando en una institución mediocre como lo es esa… Quiero que te hagas cargo de convertir ese enjambre de ratas en una escuela de alto calibre.»

«Como desees padre» divagaba en sus pensamientos mientras se situaba frente a la mesa para inscribirse.

—Quisiera postularme para miembro del consejo estudiantil—dijo esbozando una sonrisa. Sorprendidos las personas que atendían la mesa se miraban de forma mutua con los ojos abiertos como platos, como si fuese algo atípico, cosa que por unos segundos lo dejó extrañado, transcurrido unos pocos segundos uno de ellos le dio un bolígrafo para llevar a cabo su cometido.

Luego de haber llenado el formulario de inscripción se dirigió a la oficina con la palabra “Principal escrita en el cristal de la puerta con el formulario en mano, coloco su mano solo a una corta distancia entre él y la firma superficie de madera rustica. Tras dar un breve suspiro el joven acercó su puño cerrado a ella con suma delicadeza, estando listo y completamente decidido a proseguir tocó la puerta tres veces consecutivas. Acto seguido y casi como de inmediato la perrilla redonda del picaporte se giró unos pocos centímetros a la derecha logrando que esta se abriera permitiéndole el acceso —¡Adelante!— Exclamó una voz gruesa y firme. Al entrar se encontró con un lugar amplio, el sitio de paredes color azul oscuro y pisos grises, pulcro. Con muebles de acero pintados de negro, algunos de ellos estaban llenos de libros y carpetas de diferentes colores. Una isla que distancia el gran escritorio de madera tallado a la antigua, y bien conservado, con seis sillas de escritorio a su alrededor. Parado en medio de la habitación se encontraba aquel sujeto recto y serio de voz gruesa, e imponente imagen que había dado ofrecido el discurso de bienvenida, quien le dio una cordial bienvenida con un serio apretón de manos.

—Debo admitir que nos honra con su presencia señorito Ricci, es una verdadera sorpresa y un placer—Dijo el director mientras con un gesto de amabilidad con la mano invitaba al chico a sentarse. Una vez que este tomo asiento el hombre volvió a hablar —Dígame señor Ricci ¿Por qué pudiendo escoger entre todas las instituciones de alto prestigio usted decidió terminar aquí? —La pregunta del principal a cargo logró dejarlo perplejo y sin habla ¿Qué podría decirle? ¿En todo caso de que le revelara sus verdaderas intenciones que probabilidades habría de que le creyera? Las milésimas de segundos parecían convertirse en interminables horas dentro de su cabeza mientras que meditaba su respuesta

—Será interesante aprender aquí señor—respondió sin más con una genuina sonrisa plasmada en su rostro lleno de optimismo.

Al escuchar su respuesta el sujeto dejó escapar una extensa y larga risa, él que era tan serio y frio de sentimientos parecía otra persona. —Oh señor Ricci—Respondió el recomponiéndose. —Esta es por mucho, la peor escuela en la que usted podría estar. Este, podría decirse, es un refugio para pobres diablos… El edificio se ve bien por dentro y fuera, pero no es más que una simple fachada, solo el 7% se gradúa de aquí, la mayoría de los estudiantes terminan abandonando sus estudios para vivir en el vandalismo, escogiendo caer en la drogadicción, delincuencia, prostitución… o peor, la muerte. El individuo de cabello casi cano se levantó de su asiento. —Esta escuela es un agujero negro donde todo lo que entra acabará peor. —Añadió mientras miraba por la ventana que daba a la calle con las manos en la espalda.

—Yo no estoy seguro—respondió el chico sin perder su positivismo —Con su permiso quisiera convertirme en el presidente del centro estudiantil. —Alegó mientras le hacía entrega de su formulario de inscripción completo, dejándolo sobre la mesa. Dando un exhaustivo suspiro este se dio la media vuelta encontrándose con la hoja llena con la información correspondiente en el formulario llevándolo a tener un gran asombro de por medio.

—¿Usted enserio cree que podrá conseguirlo? —dijo asombrado por tanto optimismo. —le deseo suerte con eso.

Habiendo terminado la charla el muchacho se retiró de la sala rumbo a su nueva aula de clases con un sabor agridulce en la boca las palabras del director emitidas con tanta crudeza aun lo desconcertaban ¿Cómo podría alguien hablar mal de su propia institución? ¿A caso él era una persona que perdió su fe por completo? Muchas preguntas rondaban por su consciencia y ni siquiera había comenzado el día.

Al llegar sus ojos se abrieron tan grandes como platos al ver con detenimiento. Una habitación de paredes grises oscuro y el piso blanco bien lustrado y encerado que por poco podía notarse el reflejo de quienes caminaban pupitres de aluminio color acero con algunas personas sentadas en él, unos tenían las manos en la barbilla mirando por la ventana, otros daban la media vuelta sus sillas para hablar con sus compañeros de atrás. Otros se juntaban entre ellos en un pequeño grupo de personas formando un pequeño círculo, La gran mayoría de ellos ni siquiera se molestaba en seguir de forma correcta el código de vestimenta que dictaba el reglamento que especificaba el uso del uniforme, muchos de ellos no se molestaban en utilizar la corbata, o el saco de forma correcta, algunas de las mujeres llevaban el sweater anudado a la cintura o en la espalda. Las chicas llegaban con el rostro lleno de maquillaje con varios pendientes, uñas largas esculpidas. Pero en lo que todos concordaban era que cada quien portaba consigo un accesorio distintivo.

La profesora fue la última en llegar, dando inicio así a la clase, la mujer se acercó al escritorio y sacó un pequeño cuaderno, una pluma y acto seguido comenzó a pasar lista a los alumnos. Siendo 12 presentes de 27 en total. —15 ausentes— dijo la profesora con tono rebosante de monotonía. Murmullos se oían durante la explicación de la profesora. El chico de ojos esmeralda estaba perplejo «¿Cómo es que alguien pudiese hablar mal de su propia institución?» Pensaba el joven mientras escribía en su carpeta lo mismo que estaba redactado en pizarrón. La maestra Irina Collodi de literatura luego de un rato y que todos hayan terminado de copiar sacó un libro de su bolso, todos hicieron silencio y solo entonces ella comenzó a leer.


Érase una vez un joven que caminaba por las calles de Venecia observando con sumo detenimiento el ocaso aquellas hermosas pinceladas anaranjadas, rojas, y amarillas que parecían estar hechas al óleo que transmitían una cálida sensación de sosiego que arropaba su alma. Las pequeñas hojas de los árboles eran trasladadas por las frescas corrientes de viento de otoño que indicaban la hora de regresar a casa. Tarareando una canción emprendió su viaje cuando la luz de la luna y las estrellas iluminaban la oscuridad del cielo nocturno creando una cautivadora y a la vez tenebrosa atmosfera. Sin siquiera pensar que alguien pudiese estar tras sus pasos, con sus pensamientos calmos este se encogía de hombros abrigándose contra el frio con sus propios brazos a la par que con la mirada baja observaba su andanza sin percatar por donde iba, llevándose por delante una suave textura de lo que parecía seda, una de la más fina calidad, pero también chocando con una persona que pudo haber evitado de no ser tan distraído. Avergonzado el dio unos cuantos pasos atrás. —¡Como lo siento!— Soltó con un pequeño alarido. Sin embargo no respuesta desde el otro lado, el viento soplaba con más intensidad, pareciendo por breves momentos que este sería capaz de levantarlo y arrastrarlo lo más lejos posible, al igual que un feroz tornado con temor el joven intentó huir, pero tomando otro camino, la relajante canción que despedía desde sus labios se había convertido en fuertes jadeos causados de correr tanto. No obstante, y sin importar cuanto lo intentara jamás podría huir, pues aquella extraña figura se encontraba de nuevo frente a él. Los nervios si apoderaron de él con La mayor intensidad posible, Que por momentos pareciera ser que su corazón iba a estallar. —¿Quién eres?— Preguntó con voz quebrada mientras miraba de forma centrada a esa extraña figura, pero su sorpresa fue aún mayor cuando se percató de que aquella extraña silueta no, hablaba, ni siquiera emitía ningún sonido conocido ¿Acaso era humano? Espantado trató de escapar, pero su suerte otra presencia apareció frente a él. Viéndose acorralado solo fue capaz de exclamar unas últimas palabras —¿Qué es lo que desean?

Nadie jamás supo por qué las personas se hicieron la interrogante de dejar a un chico solo caminando en la plaza, O si es que en realidad si lo buscaron pero no fueron capaces de encontrarlo. El lado oeste era iluminado por los rayos del sol, los gritos de horror en la plaza no se hicieron esperar, arrojado en el centro del lugar como si fuese basura el cuerpo desmembrado del joven se encontraba rodeado por la multitud.

Mientras escuchaba atención no paraba de sentirse extraño, un escalofrío espantoso comenzó a trepar por todo su cuerpo, como si la muerte estuviese acariciándolo en la espalda. «Qué es esta extraña sensación» los temblores en su mano habían regresado y para ocultarlo sujetó su muñeca izquierda con su otra mano. Para acto seguido esconderla entre sus piernas procurando ser discreto «¿Estaría bien mentir para salir del salón?» su cabeza divagaba sumergida entre su desesperación. «Eres el hijo de la prestigiosa familia Ricci ¿No es cierto? Piensa en algo»

—Señor Casucelli— Exclamó la profesora dirigiendo su mirada hacia el chico de ojos verdes. El chico para evitar ser reconocido pidió al directivo en su carta de presentación que se lo llamara por el apellido de soltera de su madre.—encorvándose apenas unos centímetros, nervioso y con los ojos tan abiertos como platos.

—Dígame— respondió manteniendo un tono cortes.

—Eso se hace en los baños—respondió.

Perplejo y sonrojado no pudo evitar bajar la cabeza cuando todas las voces de sus compañeros lanzaron y concierto de carcajadas tras escuchar con atención las palabras de la docente, bullicio que se detuvo de forma abrupta cuando el timbre del receso resonó por todos los pasillos logrando que todos salieran disparados hacia la puerta. Nero se levantó de su asiento y enseñó su mano temblorosa sin decir nada.

Una vez todos salieron al recreo comenzaron a reunirse y hablar entre sí, un fuerte y nauseabundo olor a tabaco comenzó a sentirse desde los pasillos, baños y la azotea, e incluso también llegaba a sentirse desde la sala de profesores, sin duda ese lugar durante los recesos seria la cámara de torturas ideal para alguien que padece problema pulmonares. Tratando de escapar del odioso aroma a cigarrillos se encerró en la biblioteca con un diario en sus manos, pues las páginas que contenían la caligrafía de su abuela eran toda la compañía que necesitaba, seria vergonzoso que el masturbador descubierto por la profesora quisiera dialogar con ellos, pasarían días, e incluso semanas antes de que pudiera intentar tener otro acercamiento, solo sería un hazmerreir.

Luego de unos 20 minutos el timbre volvió a sonar marcando el fin del recreo, todas las ventanas se abrieron con el fin de que el aroma del humo se disipara dando paso al aire fresco El guardó sus pertenencias en el morral y caminó de regreso al salón de clases con la cabeza baja. Finalizando la clase de Literatura comenzó la de historia. Este se sentó al fondo de todo, ubicado justo a la derecha de un banco viejo sucio y desgastado. La base de madera tenía insultos tallada en ella, Entre los cuales destacaban “Fenómeno” “Drogadicta” “Zorra” “Zombi”, como así mismo dibujos hechos de forma mediocre y de temáticas obscenas realizados con marcador permanente negro, bolígrafos, y lápiz corrector de tinta.

Alguien sin duda no gozaba de una buena reputación. Por culpa de la lejanía, astigmatismo y miopía se le dificultaba a la hora de intentar leer con claridad. Los murmullos de sus compañeros riéndose de él a causa del “descubrimiento” que la profesora había hecho en la clase anterior, las miradas burlonas y, poco discretas, se posaban en el como un ave que se abalanzaba sobre su presa. Su plan para convertirse en el nuevo presidente del consejo estudiantil marchaba cuesta abajo y apenas podía ser capaz de pensar un plan para remontar su situación, su mano izquierda no para de temblarle, algo que hacía imposible concentrarse; Sin importar cuantas veces leyó y releyó su diario no encontró nada que su pudiese explicar el origen de aquellos molestos temblores. Entre todos los pensamientos que pasaron por su cabeza arrancarse la mano pareciera ser la más fiable, sin embargo su reputación ya se encontraba dañada y jamás estuvo en sus planes generar desde el principio una mala impresión a su nuevo entorno.

Manteniendo un perfil bajo se dispuso a proseguir con sus estudios de la manera en la que más le fuese posible, tratando de evitar pensar en eso que tanto le causaba incomodidad, mientras copiaba las notas de la profesora. —Oigan miren ese es el masturbador— susurró uno de sus compañeros de al lado entre pequeñas carcajadas— Su día no podía empeorar aún más, los minutos marcados por la gran aguja del reloj colgado en la pared parecían ser eternos y su vergüenza jamás terminaría. ¿Acaso podría explicar lo que en realidad sucedió, o a pesar de que lo hiciera no habría garantía de que fuesen a creerle? Sin duda alguna su primer día en la escuela había sido un completo desastre “Mañana será otro día” pensaba mientras se refugiaba en sí mismo como una perla encerrada en una ostra.

El docente comenzó a tomar asistencia con voz calma y tono monótono, definitivamente el que hubiera tantas inasistencias era algo demasiado habitual. Sumergido en sus pensamientos este comenzó a sentir un ambiente tan desolado como si fuera de muerte sentado en su pupitre mientras oía los obscenos comentarios de sus compañeros acerca de que tan sensual era la profesora, ella al parecer no podía escucharlos o solo optaba por ignorarlos. Su entusiasmo poco a poco se desvanecía y su único consuelo era mirar por la ventana. Haciendo caso omiso a los que se reían, o de los molestos ronquidos, sin que el maestro se diera cuenta de que algunos se habían quedado dormidos.

El timbre sonó marcando el segundo, y el último, receso, aquellos que se quedaron abatidos por el sueño se levantaron por el estruendoso resonar, intentando no llamar la atención. Así se mantuvo durante el resto del día escolar siendo la víctima de un molesto malentendido. Al continuar con la actividad escolar tocaba la clase de arte, una de las pocas asignaturas en las sus semejantes si demostraban tener interés.

El profesor se acercó a su pupitre, tomó su cuaderno y comenzó a tomar asistencia. Llevándose una gran sorpresa al percatarse de la ausencia de alguien en específico. —Esposito no ha asistido—musitó con los ojos tan abiertos como platos de la sorpresa. El profesor comenzó a anotar su nombre, los horarios de clase en su asignatura y los materiales que se requerirían para el uso de la misma.

El timbre sonó por última vez luego de sesenta minutos luego de que el profesor de clases les hiciera pasar a todos al frente para presentarse. Aunque por supuesto y juntando todo el valor dentro de sí Nero Casuscelli pasó al frente a todos preparándose para lo peor, pero para su sorpresa nadie dijo nada a lo mejor ya se habían olvidado de él. Pues al parecer nadie le prestaba atención.

A la salida el auto de su chofer estaba esperándolo a la salida, Desanimado pensó que su primer día no fue más que un rotundo fracaso, el cual intentaba disimular con cara seria e indiferente pues si decidía ocultarla tras una modesta sonrisa ellos se percatarían de todo. Por fin podía volver a ser él mismo. — Definitivamente mañana será otro día.

19 de Septiembre de 2021 a las 21:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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