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Una antología de 10 novelettes donde las emociones las sentirás a flor de piel. No te animarás a leer de noche, ni a solas. Ni un mínimo pestañeo de tus ojos querrás producir para que nada te pase con los ojos cerrados. Suspenso. Drama. Romance son los géneros que rondan en cada una de las novelettes. ¿Te animas a cerrar los ojos? Portada cortesía de: Steph Bonhomia


Paranormal Vampiros Sólo para mayores de 18.

#romance #misterio #drama #pesadillas #hibridos #vampiros #evos
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Tinte Rojo [I]

Tamara tenía veinticuatro años cuando decidió mudarse a un lugar más tranquilo para desarrollar mejor su profesión, era artista, pintaba cuadros al óleo, el tema que más le apasionaba era sobre los seres nocturnos que se alimentaban de sangre humana o algún animal mamífero, los vampiros; generalmente los retrataba en el momento de la caza, y además se dedicaba al diseño gráfico.

Solía decir que su inspiración la obtenía de profundos sueños que al despertar somnolienta lograba plasmar, no era hasta que culminaba su obra que se daba cuenta lo que había pintado, como si estuviera absorta en el sueño aún, como si el tiempo fuera su peor enemigo.

Su aspecto era angelical completamente contrario a su obra, tenía cabellos largos y rizados que generalmente lo ataba en una cola o agarraba con broches de colores, sus ojos color miel le daban a su rostro una dulzura que acompañaba a la perfección con su tersa y rozagante piel.

Llevaba dos días en su nuevo lugar y debía desempacar todo lo que traía consigo, incluso la ropa; luego de la ruptura con su novio de largo tiempo decidió continuar su vida en el norte del país.

Tamara estaba desempacando algunos utensilios de cocina de las cajas que se encontraban en la cocina cuando llamaron con golpes secos a la puerta, alarmada soltó lo que cargaba en la mano sobre la mesa, produciendo un ruido que la ensordeció y por el cual tardó en reaccionar, los golpes en la puerta volvieron a repetirse.

Era evidente que el sol ya se había ocultado porque las primeras estrellas ya se encontraban haciendo brillar el cielo, ella caminó en grandes zancadas hacia la puerta, la casa no era grande pero si muy acogedora.

Al abrir la puerta se encontró con un sujeto algo extraño en su vestimenta, tenía alrededor de veinte y tantos años, el traje elegante que llevaba puesto no era vestimenta típica de los lugareños, era tan oscuro como la noche o quizás su tez blanca hacía que se viera así, el clima era cálido porque aquel hombre vestía de una forma invernal, parecía venir de un lugar de temperaturas bajas, puesto que encima del traje llevaba un sobre todo gris topo abierto.

La mirada de Tamara se clavó en él por unos largos segundos sin soltar la puerta.

—¿Puedo ayudarle en algo?, —inquirió sonriente.

—Quizás un poco de agua estaría bien —respondió aquel extraño que se encontraba en la puerta, amablemente. Ella asintió y caminó hacia la cocina dejando la puerta abierta— ¿Eres nueva por aquí verdad?

—Así es —se volteó para llevarle el agua y se percató de que estaba justo detrás de ella, la distancia entre la voz y él no concordaba, decidió no darle importancia— me he mudado hace dos días, estaba desempacando algunos utensilios de cocina que necesito —ambos pasaron a la sala y él se sentó cómodamente en el sofá luego de que ella lo invitase.

—Me he percatado de ello —sonrió ampliamente dejando ver unos dientes casi perfectos, mientras observaba el entorno— está algo desordenado —tomó un sorbo del agua.

—¡Claro!, —respondió sarcástica— le dije eso hace unos minutos. ¿Usted es de la zona?

—Si, y no —ella elevó sus cejas— le explicaré —dejó el vaso de agua sobre una mesa de roble que había a un lado del sofá— no he nacido aquí, aunque si hace mucho tiempo que vivo aquí.

—¡Que bien!, —intentó parecer entusiasta— eso significa que nos veremos seguido.

—Me temo que sí —su voz se tornó lúgubre— gracias por el agua —se paró— debo irme, tengo que descansar.

—¡Por supuesto!, —ella se paró también— lo acompañó a la salida.

—No te molestes —la detuvo alzando una mano— conozco la salida —hizo una pequeña reverencia como si se tratara de un caballero de la edad de hierro— ¡Adiós! —se marchó.

Tamara quedó perpleja por el comportamiento de aquel extraño, visitar a una desconocida a esas horas de la noche, interrumpir su actividad, solicitar agua y luego irse sin más. La situación le parecía misteriosa y turbia, sin embargo, no dejaría que su aparición arruinase su mudanza.

La noche y su oscuridad era algo que estaba presente en los cuadros de ella, aunque le temía demasiado a lo real, lo oculto, lo nocturno era un tema recurrente en su vida, era como si la vida intentase que su fobia se fuera. A pesar de que sus pinturas relataban imágenes de vampiros y sus víctimas, no consideraba ni remotamente que fuese algo que pudiera existir de verdad.

Le dio un vistazo a las cajas que se encontraban en la sala, era suficiente por un día, estaba muy cansada para continuar, prefirió subir a darse una ducha y luego acostarse, apagó las luces de la cocina, la sala y el zaguán, dejando la luz del pórtico encendida. Subió con pesar las escaleras, casi arrastraba los pies al subir por los escalones, su mano se deslizaba con cansancio sobre el barandal de hierro.

Al llegar al piso superior ingreso a su habitación, la planta de arriba tenía dos habitaciones y un baño principal; el ventanal de su habitación daba al hermoso parque que estaba en la parte posterior de la casa, había elegido ese porque tenía un pequeño balcón donde podía relajarse en las tardes de otoño, el ventanal estaba cubierto con finas y traslúcidas cortinas de color hueso que permitían observar el exterior, las corrió despejando el ventanal para que entrara aire, buscó la ropa de dormir que se encontraba debajo de la almohada, apagó la luz de la habitación y caminó hacía el baño.

Encendió la luz al entrar, abrió las canillas de agua fría y caliente para templarla y poder tomar un baño relajante, mientras la tina se llenaba ella decidió quitarse la ropa, poner algunas velas aromáticas y sales en el agua, por un momento se sintió observada, deseada. Decidió cubrirse con su bata, probó el agua con la punta de sus dedos y corroboró que tenía la temperatura ideal, aún faltaba que se llenase un poco más, así que salió hacia su habitación y fue por su Ipad para escuchar un poco de música instrumental mientras tomaba el baño.

El cuarto de baño comenzó a llenarse de vapor y los vidrios se iban empañando poco a poco, la tina se llenó; era hora de cerrar las canillas, se recogió el cabello sujetándolo con una broche de madera, desató la bata y la dejó caer al suelo sobre su cuerpo desnudo, al entrar a la tina y meter completamente su cuerpo se relajó cerrando sus ojos.

La casa estaba en completo silencio, excepto por la leve brisa y la música instrumental que provenía de su dispositivo. El viento movía las ramas más débiles de los árboles que podían verse por la pequeña ventana del cuarto de baño.

Unos momentos después sintió que la puerta chirriaba, abrió sus ojos para observar, y vio que la puerta seguía cerrada como la había dejado, suspiró aliviada y cerró nuevamente sus ojos. Segundos después la puerta dio un golpe sobre la pared haciendo que Tamara se sobresaltara y perdiera toda la paz que había conseguido, lanzó algo de agua fuera de la tina, sus pulsaciones aumentaron al igual que el latido del corazón y su respiración, temerosa salió de la tina envolviéndose con su bata, se asomó hacia la puerta, no había nadie, la puerta de su habitación estaba entreabierta como la había dejado y la segunda habitación cerrada, no había nada extraño en su casa, se encogió de hombros y volvió a entrar al baño cerrando esta vez la puerta con llave. Se quitó la bata colocándola sobre el lavabo y entró nuevamente a la tina.

Al terminar su baño se dirigió a la habitación, y para su sorpresa el gran ventanal que daba al parque trasero se encontraba abierto, las cortinas revoloteaban con el viento que se había hecho más intenso, caminó con miedo hacia el balcón y luego de ver el parque volvió a entrar a su habitación, mentalmente se repetía que nada estaba sucediendo, que todo estaba bien.

Trabó el ventanal, y se sentó en el borde de la cama intentando volver a la normalidad su respiración, se quitó la bata para colocarse su ropa interior inferior y su camisón favorito de algodón color blanco con un dibujo en el frente de un vampiro, cerró su puerta con llave y se dispuso a acostarse para dormir.

16 de Agosto de 2021 a las 20:28 0 Reporte Insertar Seguir historia
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