alex-twus1611458094 Tony Gabu-ander

Tomara lugar tras los acontecimientos finales de "El bosque de las Bestias" y narrara lo que pasara en la aldea de Geroger tras el regreso del grupo. Una cara nueva cara se mostrara de aquellos que estuvieron fuera del enfoque todo este tiempo. Mientras, un pequeño contara como se vio algunos acontecimientos desde su perspectiva. *Serie de los Desertores Saga de la Orden de los Centinelas - III Parte


Fantasía Todo público.
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Prólogo

El chico empezó a correr cuando se dio lo que llevaban a acuestas. Su acción se podría considerar que esa reacción era algo natural y por cómprelo espera; sin embargo, todo de sorpresa a los presentes.

— ¡Alixa! —La pequeña que le estuvo acompañando en la orilla del rio trato de llamarle, pero no este no dio marcha atrás.

Nadie se atrevió a decir nada, no sabían que decir. Aquel horrible suceso no era muy común de experimentar, y aunque todos estuvieron consientes de la última vez que ocurrió algo similar, no había palabras predeterminadas que pudieran reconfortar de manera ideal a los que tuvieron que pasar esas pérdidas.

Sileria lo sabía muy bien, aquella imagen estaba grabada en la memoria de su pequeña yo de siete años.

— ¿Maestro…son ellos?

Acercándose a solo unos pasos del hombre que había dirigido aquel grupo de búsqueda, la pequeña miraba con ojos suplicantes a su mentor con la ligera y vana esperanza que se estuviera equivocando. Se le veía temblar mientras mantenía sus manos juntas para tratar de disimular autocontrol.

Aquellos soldados que llevan los cuerpos sobre las camillas improvisadas contemplaron a la triste jovencita, podían comprender porque también sentían lo mismo. La mayoría nunca había sentido una agrado partir la joven guerrera—debido a sus antecedentes, y obviamente trataban de ocultarlo—esta era la primera vez que se apodero de ellos un sentimiento de empatía tal que no lograron poder mirarle a la cara. Ahora todos habían perdido algo.

Setrus, conservando su compostura, le contestaba a la pequeña mirándole enfrente: “Si, Sileria.”

“No” — Cayendo al suelo, Sileria sintió como la extraña sensación que se originaba en su nuca le recorrió todo el cuerpo erizándole la piel. — “No, no, no.”

Empezando a sentirse agitada, como si una gran opresión se apoderarse de ella. Esta era una sensación que había padecido antes, en las múltiples ocasiones en que visitaba la cabaña en el lago; pero a diferencia de las otras veces, los recuerdos que la atacaban de golpe no eran únicamente de su destruida familia, sino también del padre de Alixa. Aquel hombre tan amable que conoció desde pequeña y había sido bueno con ella—incluso luego de la fuga de sus padres, el Guardián del clan, Arxa, jamás la juzgo por ello como hicieron los demás; todo lo contrario, trato de ser un apoyo en su limitada posición.

—Sileria.

Las palabras de su mentor no llegaron a ella. Sileria se derrumbó en su sitio botando lágrimas desesperadas, sujetaba su cabeza para tratar de calmar las dolorosas memorias que la agobiaban, mas no lograba detener su llanto.

—Sileria…cálmate…

—Maestro, no puede ser…esto no puede volver a pasar…no quiero…

Acercándose para tratar que se calmara, Setrus pretendía pedirle a su alumna que se comportara como alguien merecedor del cargo que llevaba; podrá ser una pequeña de trece años, pero también era una Guerrera de la siete Hojas y debía mantener la calma frente a los demás, aún más en la situación en la que estaban.

En cuanto se acercó a ella, Sileria se aferró a él con el rostro lleno de lágrimas y mocos, suplicándole inconsolable que cambiar lo que paso.

“El Maestro puede…el Maestro puede hacer lo que sea.” — Era un pensamiento tan inmaduro, pero la desesperación de la pequeña sacaba a relucir lo que inclusive ella misma sabía que no era posible. No era lo mismo limpiar la imagen de una persona, que revivirla.

Sorprendido por la actitud de la niña, Setrus se quedó estupefacto sin saber que hacer por un momento. No creía que fuera dable ese tipo de actitudes de un alumno hacia un Maestro y menos frente a sus soldados, Setrus trataba de mantener siempre la imagen frente a todas las situaciones posibles como debía ser de un Maestro de Geroger. Guardarse sus emociones para relucir una sensación de seguridad a los demás; lo que Sileria estaba haciendo le resultaba indecoroso. La mejor opción ahora era retirar a la niña de su lado y recordarle su posición como Guerrera de las siete Hojas; pero desconocía como.

—Ah…este…calma, todo estará bien —Intentaba ser amable, por la falta de costumbre, solo unas pequeñas palmaditas en la cabeza era lo mejor que Setrus podía hacer mientras la ayudaba a levantarse.

Empezando a sentirse incomodo, y con sus soldados que parecían no saber cómo reaccionar, Setrus fingió toser para llamar la atención tanto de ellos como de Sileria, quien comprendió y se separó de él, limpiándose la cara por sí misma.

—Tenemos que llevarlos de regreso a la aldea para anunciarlo a los demás; ya es suficiente lamentable que no podamos hacerles el ritual adecuado, por lo que, por favor, soldados, sé que esto no es grato para nadie, pero les pido que se nos esforcemos un poco más.

— ¡Si, maestro Setrus! —Contestando al unísono aquella petición, todos los soldados se emprendieron a seguir cargando los cuerpos de sus queridos compañeros cuando una suave voz los detuvo.

—Esperen —Dando unos pasos, y habiéndose limpiado más, Sileria detuvo a sus camaradas, mientras se dirigía a su Maestro—. Quizás esto no me incumbe, pero quisiera que pudieran usar mi carreta para llevarlos, si les parece bien. Se qué no es nada fácil el tener que seguir cargándolos después de tanto.

Sin contestar a la oferta de la pequeña, los soldados se quedaron mirándose sin saber que decir. Aunque ellos no hacían con disgusto la tarea de cargar los cuerpos envueltos de sus amigos; sentían cierto pesar porque al hacerlo tampoco podían olvidar el dolor de tener que recordar constantemente su muerte.

Setrus movió la mano hacia ellos en señal que acepten su oferta y los soldados, poniendo su mano al pecho, agradecieron a Sileria por aquel acto de buena voluntad.

—Sera mejor que vayamos también, Sileria. Hare que uno de ellos te escolte con Latiana hasta su casa; ella sabrá mejor que hacer contigo que yo.

—Gracias, Maestro, agradezco su preocupación —Era obvio que Setrus estaba más preocupado que ella tuviera otro ataque de llanto; sin embargo, Sileria ya estaba lo suficiente calmada como para creer que tendría depresión, o al menos tan pronto—, pero debo ser yo quien lleve la carreta o de lo contrario Chinzu no dejara que nadie se suba a ella.

Con una sonrisa forzada, Sileria le recordó aquel pequeño detalle en su ofrecimiento.

— ¿Tú engreído cenuro sigue siendo así de problemático? ¿Creí decirte que era tu deber domarlo?

—Lo sé, lo sé….pero es eso también lo que amo de ella.

— ¿Porque estaría bien un cenuro que no es capaz de comportarse como es debido? No lo entiendo.

—No necesita entenderla, Maestro, simplemente así es ella y debe amarla como es —La sonrisa de Sileria ahora era un poco más genuina, a pesar de su notable pena.

Un poco sorprendido al volver a escuchar aquella palabreada frase, Setrus dejo la conversación al verla más tranquila. Sileria no era la única que estaba mal, después de todo, Setrus estuvo tratando de no demostrarlo, el volver a pasa por esta situación le afecta más de lo que se mostraba.

“Parece que después de todo, estos años no han sido suficiente.”

Setrus recordaba lo que sintió aquella vez al regresar al pueblo con su grupo luego de sobrevivir al feroz ataque. Estuvo inconsciente unos días y cuando logro despertar, se dio con solo terribles noticias.

“No puedo dejar que experimente esto.”

Se repetía para sí con la intención de hacer lo necesario por su amiga.

Fueron años difíciles; pero lo logro. Permitirle tener una vida lo más normal posible a aquella pequeña niña desaventura—a pesar del alto nivel de dificultad que le puso esta misma para lograrlo—pero aun así lo logro. Se sentía satisfecho por todo, aun con los sacrificios que realizo. Sabía que no cambiaba nada de lo sucedido, jamás la podría traer de vuelta, mas ver sonreír a esa niña lo valía.

“Pero ahora habrá más problemas.”

Eran tres adultos que habían muerto, tres familias que habían perdido a un miembro y estarían muy dolidas por sus pérdidas. Setrus las conocía, y sentía que debía hacer algo.

— ¿Qué paso? —Corriendo rápidamente de su lado, Sileria se acercó a la abandonada carreta que se encontraba en la entrada.

—No es posible donde esta… ¡Chinzu! ¡Chinzu! —Muy preocupada por paradero de su amiga, la pequeña empezó a gritar en varias direcciones buscándola.

Los soldados parecían igual de confundidos que Sileria. La carreta que les prometió se encontraba allí; sin embargo, no contaba con ningún cenuro de carga que los llevase. Aunque por un momento pensaron que se podría tratar de una broma, la desesperada actitud de la Guerrera les hizo quitar esa idea.

—Sileria ¿qué ocurre?

—No esta —Pareciendo que iba a volver a llorar, Sileria se sonaba preocupada—. Deje a Chinzu atada junto a la carreta y le dije que esperara, es imposible que se haya ido por su cuenta, algo le paso. No sé…debo…debo…

—Está bien, cálmate.

Apartándose de su alumna, Setrus se acercó a la carreta para examinarla; aunque en realidad no había mucho de deducir, por el simple hecho de ver los amarres se podía saber que alguien los había desatado.

“El único que pudo haberlo hecho debió haber sido…”

—Sileria, cuando Alixa salió corriendo ¿crees que tenía prisa por llegar a alguna parte como para llevarse tu cenuro de esta manera?

— ¿Alixa?

Sileria tardo un momento en comprender porque tendría que haber sido Alixa quien se la llevase sin su permiso. La deducción de su Maestro podría ser acertada, Chinzu confiaba en Alixa como para irse con él sin protestar; no obstante, ¿por qué se la llevaría? La noticia le debió afectar, evidentemente, aunque no explicaba con qué prisa tendría que llegar a un lugar en la aldea como para tomarla sin permiso. Cuando hablaron hace unos momentos, Sileria le estaba convenciendo de la inocencia de los chicos en la prisión, parecía que lo estaba logrando, a pesar que en un principio insistía que podría ser su culpa.

“Oh no, la prisión.”

Todavía con el cuerpo tembloroso, Sileria se fue rápidamente a la carreta y saco de ella sus brazaletes dorados. Sin dar explicaciones, se los coloco mientras salía corriendo y de un salto cruzo el rio Angosto.

— ¡Sileria, adonde vas!

Sin responderle a su Maestro, la pequeña se adentró en el pequeño bosque que estaba a la espalda de los campos de cosechas. Sacando las dagas tridentes de los brazaletes, logro escalar uno de los árboles y a partir de allí se impulsó entre las ramas para avanzar rápido y acortar distancia.

“Por favor, que me equivoque. Por favor, que me equivoque.”

Sileria temía que el dolor y la ira estuvieran impulsando a su amigo a cometer un grave error. Alguien en esas circunstancias podía hacer algo de lo que se lamentara; aun así no sería una excusa para hacer partícipe de ello a Chinzu.

Sileria estaba molesta.

Cabalgando a toda velocidad, cruzando el pueblo y se encontraba en camino Este que dirigía a la prisión, Alixa pasó cerca de algunas casas sin detenerse a hablar con nadie. Había cogido la cenuro de su amiga para que lo llevara, restando importancia a lo que pudiera decirle Sileria, ya que solo tenía una idea en mente.

“Matare a esa cosa.”

Su respiración estaba alterada; sin embargo, a pesar de ver el cuerpo de su padre envuelto, no se permitió llorar en ningún momento.

Desde el momento en que ese monstruo logro controlar la reliquia celestial activando su devastador poder, Alixa tuvo un mal presentimiento. Una razón para que eso ocurriera se le vino a su mente y es que solo el actual guardián podía revelar esos poderes de la reliquia; aun con ello, se había negado a creer que aquella autoridad se hubiera pasado a alguien más, ya que para que ocurriera eso, el guardián que la tendría debería haber muerto.

“De cualquier forma ya no importa…”

Oprimiendo el dolor dentro de él, dejo a un lado todo lo que converso con su amiga antes. Cualquier idea que le hiciera sentir piedad por esa criatura le era obsoleta.

“Lo matare, yo mismo lo hare.”

Habiendo cruzado ya el segundo puente que conectaba los campos de cultivos al norte, solo tenía que pasarlos y se encontraría cerca de su destino. Ya empezando a dar la curva, Alixa pudo percibir el pequeño monte donde estaba su objetivo.

—Lamentaras haber invadido nuestro hogar, monstruo… —De pronto, una suave melodía de un silbido lo distrajo— ¿Pero qué?

Deteniéndose de golpe a medio camino, Chinzu alzo la cabeza buscando aquella voz que sonó la melodía.

— Chinzu, ¿Qué ocurre? ¡Vamos!

Ignorando al niño que la montaba, Chinzu pudo reconocer de dónde provenía la señal. Entre los arboles a su izquierda, la melodía cantada empezaba a sonar con más fuerza, esta vez incluso Alixa se percató de ella; y le sobresalto en fastidio al saber quién era.

Saliendo de entre la copa de los árboles, una figura dio unas vueltas para caer de rodillas frente a ambos, junto en medio de su camino.

—Sileria —La sorpresa del chico se confundía con su molestia.

Habiendo tomado un atajo que acaba de descubrir, Sileria respiraba muy agitada, debido al gran esfuerzo que hizo por alcanzarlos a ambos. No fue fácil, aun con su agilidad, pero lo desesperada de la situación la obligo.

Ambos chicos tenían muchos sentimientos encontrados dentro de sí. Alixa por su parte, se había cegado por el dolor de haber perdido a su padre, con miedo de lo que pasaría, y una profunda ira que no le dejaba entender razón. Mientras que Sileria también sufría, no solo por la muerte de Arxa, sino por los horribles recuerdos de los días luego de la muerte de sus padres; y en este preciso momento, se le sumaba el rebosante furor que no podía ocultar en su semblante.

Levantando la cara, Sileria no se molestó en ocultarle al chico una afilada mirada que nunca antes había hecho.

—Nunca… —pronuncio agitada y enfada— nunca vuelvas a llevarte a Chinzu de esta manera, ¿lo entiendes?

Estaba tan seria que a Alixa le causo un leve escalofrió. Sabía que probablemente la molestaría, aunque no a tal grado.

—Descuida, jamás le haría daño. Si quieres llévala, puedo seguir desde aquí a pie.

Volviéndose a reincorporar, mientras el chico se bajaba del animal y continuaba su camino, Sileria lo seguía mirando todavía un poco molesta, pero estaba más tranquila de ver a Chinzu bien. Conocía a Alixa de siempre y sabía que no sería capaz de lastimarla; sin embargo, el estado emocional en el que estaba no era uno muy estable, y una prueba de ello era la razón por la se dirigía a la prisión.

Estando a solo unos metros, Sileria se paró firme enfrente de él para bloquearle el paso. Alixa estuvo sorprendido por un momento, mas siguió avanzando.

— ¿Qué planeas hacer allí, Alixa?

—Lo que se debió haber hecho en cuanto llego.

Pasando por su lado, el chico prosiguió sin darle la cara a su amiga, solo siguió el camino como si no la tomara en cuenta.

Sileria podía comprender como muy pocos el dolor que estaba sintiendo Alixa, también había pasado por una experiencia parecida antes, así que podía imaginarse todas las emociones que deberían estar invadiendo su cabeza; y era por esa justa razón que temía del peligroso resentimiento creciente que no tardaría en bloquearle la razón, como una vez casi lo hace con ella. Tenía que tomar una decisión, aunque no le gustase.

— ¿Qué haces?

—Si intentas seguir, yo misma tendré que detenerte.

Volviéndose a colocar enfrente del chico, esta vez Sileria le apunto con una de sus dagas en señal de advertencia.

Ambos se miraron fijamente, incluso Chinzu que estaba allí desde hacía rato pareció extrañada por esa acción, pero al igual que Alixa, no detecto una amenaza real en sus intenciones.

El chico solo miro como Sileria trataba de mantener una actuación que diera convicción a sus palabras. Sabía que no sería capaz de matarlo, no era necesario recurrir a ello para detenerlo, después de todo, Sileria era mejor peleando que él, por lo que estaba en desventaja.

— ¿Por qué lo defiendes? —le pregunto fastidiado.

—Porque estas siendo injusto al culparlo sin pruebas. Te ciegas en tu dolor y solo terminaras lastimando a otros, y a ti mismo.

—Tú no sabes lo que siento.

—Si lo sé. —Le dijo Sileria con nostalgia— Y créeme que no terminara bien.

—No, no lo sabes. Mi padre no es como los tuyos.

Al escuchar esas palabras, Sileria se turbo por unos momentos haciendo que bajara la guardia y, con un movimiento rápido, Alixa le barrio logrando que cayera al suelo. Casi al instante desenfundando su espada y le atravesó una parte de su chaqueta, incrustándola con el arma lo más que pudo en la tierra y se echó a correr lo más rápido que pudo a la prisión. Sileria le gritaba detenerse, pero obviamente él no lo haría, tenía que aprovechar esa ventaja lo mejor que pudiera.

Alixa era más fuerte físicamente que ella, no solo por ser dos años mayor, sino por el diferente entrenamiento que tuvieron; sin embargo, en un duelo entre guerreros de su calibre, la fuerza no lo es todo.

Sileria era pequeña y de apariencia delicada, sin embargo era increíblemente ágil. Setrus, quien fue su mentor encargado de su entrenamiento, pudo ver estas debilidades aparentes y supo cómo usarlas para el beneficio de su alumna. De esta manera, Sileria era capaz de enfrentarse a oponentes más fuertes y usar su propia fuerza en su contra; sin contar que también sabía tácticas de lucha. Era por esa misma razón que debía retrasarla distrayéndola y sometiéndola; por ello clavo la espada lo más profundo que pudo en la tierra, para que esta no pudiera zafarse fácil y dándole así tiempo de llegar a la prisión.

Ya a unos metros, Alixa le hizo una señal al soldado que escoltaba la puerta para que la abriera. Este, que estuvo presenciando todo el acto desde su lugar sin saber que decir, dudo por unos instantes; cuando se decidió a hacerlo, se volvió a quedar quieto al ver a la otra guerrera abalanzarse sobre el chico.

“¿Por qué tienen que ponerme en situaciones tan extrañas?” Pensó el hombre, arrepentido de haberse ofrecido para custodiar la prisión desde aquella vez.

Dando una vueltas por el piso, ambos chicos se separaron mostrándose sus armas.

Sileria, quien se tuvo que quitarse su chaleco al no poder sacarle la espada incrustada, no solo le apuntaba con sus dagas tridentes, sino que también acciono las cuchillas de sus brazaletes; mientras que Alixa había sacado del bolsillo de su ladera un pequeño cuchillo dorado. Aquella reliquia la robo del principal Tririas, ya que creía que debía mantenerla consigo hasta el regreso de su padre, sin importar lo que dijeran los Principales…de igual forma eso ya nunca pasaría.

—Sileria, no quiero lastimarte, así que apártate.

—Pues si quieres llegar a la prisión, lamento decirte que eso deberás hacer.

Sileria no quería pelear con su amigo, no había necesidad, pero el dolor estaba cegándolo a tal punto de no importarle las consecuencias de sus acciones, eso lo había dejado claro cuando la ataco con su espada. Ahora le amenazaba con un arma, el cual sabía no era más que un simple cuchillo en manos de alguien quien no es el Guardián. Podría ser la legendaria reliquia que todos en el pueblo atesoraban, pero no le serviría mucho en un combate donde no podía liberar sus místicos poderes.

—Liberación del Sello Ámbar —Expulsando un brillo de su interior, la daga en las manos de Alixa empezó a distorsionarse respondiendo a su orden. No fue porque fuera la primera vez que Sileria veía este espectáculo, todos los miembros de la Asamblea lo habían presenciado al menos uno vez con Arxa; lo extraño era ver a alguien además del Guardián hacerlo—…Cambia formas: Espada.

Terminando esta frase, el brillo se disipo dejando a la vista lo que se produjo. La pequeña daga que el muchacho sujetaba hace unos momentos ya no estaba, en cambio, tenía una gran espada dorada que conservaba el diseño del mango con el emblema de Geroger.

La Liberación de sello Ámbar era una habilidad de la reliquia celestial que le permitía cambiar su forma a la que deseara el portador, solo era necesario que lo pensara y esta se moldearía a su conveniencia; era una estrategia que claramente le daría ventaja de combate a un luchador entrenado, como lo era Alixa.

— ¿Cómo hiciste eso? —Le pregunto Sileria todavía sorprendida.

—Apártate, Sileria. Voy a entrar allí aunque tenga que enfrentarte.

Sileria no sabía que pensar. Por una parte todavía no salía de su asombro, se suponía que Arxa era el único que podía usar la reliquia celestial, es por eso que a todos les sorprendió que ese chico “Dress” pudiera invocarla. Pero ahora, si Alixa sabia como usarla, ¿porque pareció también sorprendido que alguien más lo hiciera?

Corriendo hacia ella, Alixa tuvo la intención de embestirla. Sileria, quien trago saliva un poco nerviosa, sujeto fuerte sus dagas mientras se prepara para volver a enfrentar aquella poderosa arma luego de un año. Sin embargo, la última vez el enfrentamiento fue un aprendizaje para ella por parte del guardián Arxa, no un acto de malicia tras el arranque de un niño.

Cruzando las dagas, Sileria retuvo el fuerte ataque de Alixa, atrapando así la espada dorada. Trataba de hacer lo posible para llevar las cosas en paz, pero no pudo evitar sentir una fuerte ira por todos los actos que Alixa estaba cometiendo. Usar a Chinzu y la daga de Arxa para cometer un acto tan vil como asesinar a un inocente; estaba avergonzado a aquel honorable hombre, y debía detenerlo a como diera lugar.

Sintiendo como el chico presionaba con fuerza para que esta cediera, Sileria se dispuso a quitarle el arma con ayuda de sus dagas para frenarlo, pero cuando le escucho decir: “Cambia formas: escudo.” la espada se moldeo tomando una apariencia circular, la cual choco en un rechinido con sus armas haciendo que perdiera el control de estas y que salieran volando; incluso ella salió empujada por el impacto hacia el suelo.

Alixa era consiente que Sileria era mejor en combate, así que no duraría mucho si no la tomaba enserio; el que usara la reliquia celestial sería una sorpresa para ella, lo cual la desconcertaría lo suficiente. Tendría que usar eso y la mayor debilidad de la guerrera—su vanidad en combate.

Sileria era una Guerrera muy capaz; pero el confiarse era su mayor vulnerabilidad. Esa era la razón por la que casi no paso en las pruebas del año pasado, y por la cual siempre falla en las prácticas de entrenamiento actuales, es cierto que cuando pone su concentración total es alguien de temer, por lo general es suficiente con darle un poco de ventaja para que bajara la guardia.

“Con la reliquia ahora no podrás…”

Y fue ese mismo error el que cometió Alixa.

Aprovechando cuando creyó haberla vencido, Sileria logro con un pie barrerlo y con el otro lanzo una patada a la base del reluciente escudo para que este se soltara de sus manos.

“No pensaba volverme a enfrentar contigo.” Se dijo Sileria; no por Alixa, quien portaba la reliquia ahora, sino al legítimo dueño de esta.

Cayendo en el camino, el brillante escudo que tenía el emblema de Geroger dibujado en su coraza volvió a tomar la forma de una pequeña daga.

Alixa se desconcertó por un momento dándose cuenta de su error; sabía que sin la reliquia no podría llevar al cabo su cometido dentro de la prisión. Parándose rápidamente, quiso correr a recogerla, pero Sileria se lanzó sobre él rodeándole con sus piernas alrededor del cuello mandándolo de regreso al piso.

—Ya basta, Alixa.

Sus palabras no parecían llegar a su amigo, ya que este seguía enfocado en su objetivo. Visualizando la poderosa arma, esta fue a cogerla en su lugar.

“Aquí esta.”

Todavía con la adrenalina alta, Sileria sujeto el pequeño cuchillo dorado que había visto en muchas ocasiones, aunque esta era la primera vez que lo tenía en sus manos. Por un instante, le pareció curioso el hecho que pudiera haber vida dentro de él, pero recordó que aquel espíritu no se encontraba en su interior ahora.

“Quizás”

Movida solo por la curiosidad, Sileria acerco a si el objeto intentado usarlo de la misma forma que Alixa lo había hecho. Nunca había anhelado poder de ningún tipo, pero lo que siempre deseo era comprender aquello que desconocía.

—Liberación del Sello Ámbar…

— ¡Espera, no lo agás!

Alixa grito alarmado al ver que Sileria quería activar el arma, sin embargo, no pudo detenerla solo con eso, la reliquia comenzó a brillar ante las palabras de la niña. Hubiera parecido que iba a funcionar, mas no fue así.

—…Cambia formas: Da… ¡Ah!

Apagándose el brillo repentinamente, Sileria sintió como si cada parte de su cuerpo empezar a sobre estimularse de manera agresiva por medio de la reliquia celestial. Le tomo esfuerzo, pudiendo al final soltar el objeto, pero cayó en reversa, asustada de lo sucedido. Sus manos le temblaban y palpitaban sintiendo un fuerte hormigueo. Era la primera vez en su vida que había experimenta una sensación como esa; y ya que Sileria desconocía la electricidad, no supo que se trató de una descarga eléctrica.

Viéndola un poco asustada todavía por la descarga, Alixa quiso ir a ver como estaba su amiga; sin embargo, al darse cuenta que no era grave y teniendo la reliquia a su alcance, prefirió primero encargarse de su asunto en la prisión. Estuvo por acercarse a la pequeña daga dorada lo suficiente, cuando sintió que algo se aproximó hacia él.

¿Pero qué?

Logrando esquivarlas a tiempo, se cayó al suelo mientras veía que eran. Tenían formas triangulares y de color doradas, eran las cuchillas retractiles lanzadas desde los brazaletes de Sileria.

Esta estaba de pie en su mismo lugar mientras se sobaba las manos, todavía temblaba y tenía la respiración entre cortada; no solo por el susto que se llevó, sino por el esfuerzo que hizo hasta el momento.

—Detente de una vez.

—Eso debería decirte yo.

Mirando molesto a su respuesta, Alixa empezó a correr mientras Sileria le lanzaba más de sus cuchillas.

Solo tenía un juego de tres cuchillas en cada brazalete, por lo que en un caso normal pronto ya no podría seguir atacando; sin embargo, estas cuchillas tenían la misma particularidad de las armas del clan—su portador podía traerla de regreso para volver a usarlas.

Esta arma era peligrosa de no usarse con cuidado, ya que podría dañar al mismo usuario si no media bien. Sileria había practicado incesantemente desde pequeña para poder heredarlas, y ya nunca fallaba con ellas. Pero nunca fue su verdadera intensión usarla contra otro ser vivo.

Esquivando ágil los ataques, Alixa logro alcanzar la reliquia una vez más, usándola para protegerse.

—“Cambia formas: Escudo”.

Sileria aprovecho que la sensibilidad en sus manos había empezado a volver a la normalidad y dio unas volteretas para recoger una de sus dagas que había perdido.

—“Cambia formas: Espada”.

Ambos chicos se quedaron viéndose directamente otra vez, en posiciones de combate; para este punto, comprendían que ninguno cedería.

La Guerrera dio un fuerte salto desde su posición y se inclinó en dirección a Alixa. Este estaba a punto de moverse de lugar cuando vio como ella atrajo las cuchillas de regreso a sus brazaletes. Aprovechando esa fuerza, Sileria dio varias vueltas lanzo las cuchillas hacia él rodeándolo para impedirle moverse; se disponía a atacarle con una patada ahora que se encontraba acorralado, pero Alixa cambio la forma de la reliquia otra vez a la de un escudo para detenerla.

El fuerte impacto entre el escudo y la patada de la Sileria hizo un resonar que conmociono a sus espectadores.

De no ser por la fuerte aleación del que estaban hechas las botas de Sileria—igual que todas las de los Guerreros de la siete Hojas—era posible que le hubiera fracturado todos los huesos de la pierna; aunque no se libró de sentir un fuerte dolor. Por desgracia, el efecto no termino allí, ya que rechazando la fuerza del impacto, el poderoso escudo se lo regreso a la agresora con más fuerza de lo que el material de las botas pudo contener, haciendo que Sileria fuera lanzada varios metros desde el aire hacia al suelo.

— ¡Sileria!

Asustado nuevamente, Alixa esta vez no dudo en ir a revisar a su amiga que termino tendida en la tierra.

La caída le hubiera lastimado mucho más el cuerpo, de no ser que logro contraer su cuerpo para proteger su cabeza y pecho al aterrizar, dando vueltas antes de detenerse.

Sileria se enfrentó nuevamente a la poderosa arma y había sido derrotada otra vez; cualquiera se sentiría orgullo de durar ese tiempo, pero la derrota no era buena para ella de la forma en que la veía.

Al abrir los ojos, luego de recuperarse de la impresión, observo al chico por un momento preocupado por su bienestar; al parecer, sin importar lo enojado que estuviese con ella, Alixa no era capaz de lastimarla de esa forma, después de todo, el noble chico que conoció seguía allí. Pero no debía subestimar el dolor del luto, ya que al a verla que no estaba grave, Alixa exhalo y volvió a levantarse.

—Le diré al soldado que llame al cuidador. Solo espera aquí, ya no puedes hacer nada.

—Alixa.

A pesar de la pasiva voz del chico, se podía notar en sus ojos que sus intenciones no habían cambiado. Si le daba esa orden al soldado, era claro que este no se negaría y lo dejaría solo en la prisión. Sileria ya no podía moverse bien, así que no podría seguir enfrentándolo, por lo que solo le quedaba dar un último esfuerzo y apostar que aguantaría lo suficiente hasta que Chinzu regresara de pedir ayuda.

Así, reuniendo fuerzas y preparándose para el dolor que sería mover su adolorida pierna, Sileria volvió a dar un fuerte salto al distraído chico que le dio la espalda.

Sin haberlo previsto, Alixa soltó la reliquia al sentir como le ahorcaban el cuello. Sileria había vuelto a rodearlo con sus piernas haciendo que los dos cayeran de regreso al suelo, pero esta vez ella se quedó encima de él sosteniéndolo para inmovilizarlo. El chico trato de coger la daga que estaba cerca suyo, pero esta vez Sileria la empujo con su mano lo más lejos que pudo para que estuviera fuera del alcance de ambos.

Desesperado, Alixa trato de liberarse sin obtener ningún resultado. Quizás de haberla golpeado en la pierna herida hubiera podido quitársela de encima, mas esto ni siquiera se le pasó por la mente.

— ¡Alixa ya basta! ¡Deja de pelear!

— ¡Suéltame…debo ir…debo hacerlo…!

— ¡No, no debes! ¡Esto no solucionara nada!

— ¡Déjame…déjame…!

Teniendo la daga a su vista, Alixa se llenó de impotencia al no poder hacer más que empezó a llorar, mientras poco a poco dejaba de resistirse. Había llegado hasta ese punto, había hecho lo mejor que pudo durante casi una semana para que terminara siendo todo en vano; después de todo, su padre no volvería.

Sileria noto que el chico lloraba y pudo suponer porque. Había intentado que todo saliera bien para todos. Planeo que cuando Arxa volviera del exterior pudieran trabajar junto a los chicos de la prisión para solucionar su hogar, inclusive se sacrificó yendo a su vieja casa y dejarla lista para que ellos vivieran allí. Planeaba que esto funcionara para todos; sin embargo, termino en una estúpida pelea con un amigo del cual se acaba de reconciliar. Fue innecesario decir que también se puso a llorar.

Tanto Alixa como Sileria eran solo unos niños; unos niños que tuvieron que pasar por la dura experiencia de perder a alguien querido; solo sufrían las consecuencias de vivir en ese mundo, como si hubieran sido culpables de aquellas acciones.

Mientras que, habiendo observado todo y sin saber qué hacer, el soldado se quedó inmóvil al ver la incómoda escena de los dos Guerreros llorando.

Tras un pequeño temblor en la tierra, un grupo a cenuro llego al lugar, siendo guiados por Chinzu, a quien Sileria había encargado traer ayuda cuando empezó a enfrentarse a Alixa; aunque seguro que su dueña no creyó que entre tanta gente en la aldea, su cenuro traería justamente al resto de integrantes de la Asamblea.

— ¿Pero que creen que hacen, par de insensatos?

Habiendo sido sacados de una reunión improvisada por los relinchos del animal—el resto de Guerreros de las siete Hojas y cuatro de los Principales—habían descendido a la escena impresionados por lo que veían, siendo la principal Firian la primera en mostrar su descontento.

Al verlos, Alixa y Sileria se separaron uno del otro limpiándose la cara; dejaron de lado el conflicto que tuvieron, y aun así se podía sentir el tenso ambiente entre los presentes.

—No sé lo que haya pasado, ¿pero ven dable que dos Guerreros de grado aprendices peleen como un par de niños frente a un soldado? ¿Qué clase de ejemplo creen que dan? —Firian apenas podía contener el fastidio que sentía al ver otra vez a Sileria haciendo una escena, incluso Alixa parecía no haber aprendido de la reprensión que recibió en el fortín.

Ambos chicos se quedaron callados, como si no pudieran excusarse. Aquellos jóvenes que integraban el grupo de Guerreros de las siete Hojas eran prodigios que superaron a sus predecesores y consiguieron merecidamente esos puestos; también estaban los Principales, personajes ilustres que guiaban al pueblo con su sabiduría. Todo este equipo debía ser la muestra de ejemplo para todo el clan de Geroger, no un espectáculo que los ridiculizara.

— ¡Sileria! ¡¿Qué te paso?!

Sileria, una vez que se separó de Alixa, se sacó la bota donde recibió el fuerte impacto de la reliquia. Le dolía a montones, pero no imagino que se le hubiera hinchado tanto. Fue la sorpresa asustada de la Principal Nivia, quien corrió hacia ella al notarlo, lo cual alerto a los demás.

— ¡¿Pero que le paso?! —La alarmada voz del joven hizo titubear por un momento a la niña, si no estuviera acostumbrada a oírla, le sorprendería que sonara tan idéntica a la del maestro Setrus. Fue el guerrero Bleus quien pregunto a la pálida Principal por su diagnóstico, luego, con una mirada tan seria como el mentor de ambos, encaro a la pequeña en el piso— ¿Por qué discutían, Sileria?

—Parece que los amiguitos tuvieron una diferencia de ideas —Aun siendo una situación seria en la que estaban confundidos, solo la Guerrera Winill hizo aquel comentario sonriente, pareciendo divertida por la situación.

“Esta mensa no puede leer el ambiente” Pensó para sí el Guerrero Cleis, dándole un pequeño golpe en la parte trasera de su cabeza para que esta cerrara la boca.

Solo algunos pareciendo compartir su humor, aunque a diferencia de Winill, quien se quejaba con Cleis por el golpe, estos si hacían con burla; mientras que demás solo la ignoraron conociendo su impertinencia no malintencionada.

—Ahora, ¿nos dirán que paso? —Les insistió la principal Firian disgustada, pero ambos se quedaron callados— Sileria, mandaste a su cenuro a llamarnos cuando estábamos en medio de una reunión de la que, por cierto, no estuvieron presentes porque no pudimos encontrar; y ahora resulta que estuvieron aquí peleado ¿Qué creen que pensaran Setrus y Arxa cuando se enteren de esto?

— ¿Mi padre?

En un momento, ambos chicos se notaron extrañados por lo que les dijo la Principal.

—El equipo del maestro Setrus regresaba hoy ¿No me dirás que lo olvidaste, Alixa?

A ese equipo se le había encargado traer de regreso al Guardián y los otros Maestros en un plazo máximo de tres días; puede que pareciera poco tiempo, pero considerando el historial de la zona a donde Arxa ingreso, era la excusa para dar ese horario.

Sin embargo, ese no era el problema, el equipo del Maestro ya había llegado, pero ellos hablaban como si no lo supieran.

—Pero el Maestro…

— ¿Eso es lo que creo que es?

Apunto de mencionar la llegada de su Maestro Sileria, el principal Promisian pareció haberse percatado al fin del brillante objeto que estaba en unos metros de distancia.

Alzándolo a la vista, se sorprendieron, rápidamente el principal Tririas—a quien se le encomendó cuidar dicha reliquia hace días—saco de su túnica la pequeña caja de madera donde la había guardado, evidente estaba sorprendido de no ver la reliquia celestial en aquí afuera, que al abrir su caja encontró solo una cuchilla común.

—Se suponía que la custodiarías, Tririas —Le dijo molesto el principal Promisian.

—Lo lamento, no pensé que la suplantarían; fue mi error.

— ¿Quién lo hizo? —Parándose en medio de los guerreros pleitistas que tuvieron antes de su llegada, la principal Firian les pregunto exaltada. Los observo de reojo, a pesar que ya suponía quien había sido— Fuiste tú, verdad, Alixa.

—Espere, ¿por qué lo acusa sin pruebas? —Parándose en entre ella y los chicos, Sipriam, una de los Guerreros de las siete Hojas, reto a la Principal muy molesta, aun así, la mujer no se inmuto— Solo porque ella es su nieta cree que no sería capaz de hacer nada malo.

Sileria, que estaba siendo atendida, no hizo caso a la acusación de su compañera. Sipriam siempre mostraba signos de animosidad hacia Sileria por muchas razones, la mayoría infantiles, pero esta vez pareció llegar a su extremo al ver a la Principal acusar solo a Alixa.

—Eso no es lo que quise decir —Le contesto la Principal enojada.

—No por ser “la nieta de la principal Firian” la hace perfecta, sabe.

—Sipriam, cálmate.

—No, cree que no me di cuenta que justo ahora en la reunión trataba de hacer lo posible para quitar la responsabilidad de los actos de Sileria. ¿Acaso ella está por encima de nosotros?

—Sipriam, es suficiente —Tratando de intervenir, el principal Tririas quiso calmarla para evitar la penosa escena, pero eso no ayudo.

—Claro que no. Ya estoy harta de la complicidad y manipulación de todos aquí.

“Complicidad”, “manipulación”; palabras muy complicadas que Winill no parecía comprender del porque Sipriam las había dicho.

—Porque tener tanta estima por ella. La hija de unos traidores no es más que…

— ¡BASTA! —el fuerte sonido que siguió eso fue el de una cachetada que hizo perder el equilibrio a la joven.

La Principal lanzo una bofetada a Sipriam sin poder ocultar lo airada que se veía debido a los crueles comentarios de esta; pero lo siguiente solo tensión más la situación.

— ¡¿Qué crees que haces, Lasio?! —Intervino Promisian.

— ¿Eso debería preguntarle yo a la Principal Firian? —Respondiendo al estupefacto Promisian, el guerrero Lasio cogió a su hermana antes que esta tocara el suelo, al mismo tiempo que desenfundo su arma apuntándola contra la Principal.

—Lasio, baja eso. No hay necesidad de llegar complicar las cosas —Otro de los guerreros intervino de manera calmada, anteponiendo su vara contra el arma de su compañero para separarlo de la Principal.

El guerrero Cleis quiso tranquilizar los ánimos antes que los presentes continuaran con una pelea sin sentido. Los Guerreros restantes tomaron posiciones defensivas; incluso Winill—quien por lo normal no actúa sin que se le dé una orden—también se alarmo por ello, quizás por su instinto como soldado.

Aun con la mirada hostil, Lasio comprendió lo impulsiva de su decisión, volviendo a envainar su arma.

—Me parece que solo estamos perdiendo el tiempo aquí. Si nos disculpan, yo y Sipriam nos retiramos —Despidiéndose respetuosamente, Lasio subió al cenuro junto a su hermana rumbo a la aldea.

— ¡Saben que tendrán un castigo! —Le grito el principal Promisian enojado.

—Pues lo esperaremos del mismo Guardián.

Sipriam respondió desafiante, no espero tampoco un permiso para irse del lugar.

—Como se…Bleus, ¡arréstalos!

—Lo siento, Principal, pero ahora tengo algo más importante que hacer.

—Pero…

—Yo también lo creo, Promisian —Intervino Nivia—, debemos llevar a Sileria al cuidador para que la examine. Cleis, ¿podrías alertar a tu padre?

—Claro.

Compartiendo la preocupación de Bleus, la principal Nivia y Cleis se apresuraron para llevarse a la pequeña. Los tres Principales restantes se quedaron atónitos por lo que acaba de pasar.

Pareciendo estresado por toda la situación, el principal Tririas se acercó al chico todavía en el suelo.

—Trate de comprender, Alixa, pero solo me has decepcionado. Tu padre deberá tomar una severa medida contigo por tus acciones —Tririas se dirigió al chico sentado en el camino, quien no lo miraba, solo murmuro algo que desde la distancia no era entendible— ¿Quieres decir algo? será mejor que hables alto

— ¡DIJE QUE ESTÁ MUERTO!

Gritando enojado, Alixa alzo la voz de tal forma que incluso los grupos que se estaban yendo pudieron escucharlo. Sileria, que estaba siendo llevada por Bleus, se mordió temblorosa los labios; el resto, empezó a mirarse desconcertado.

Estuvieron a punto de preguntarse si habían oído correctamente cuando se escuchó el resonar de la gran varilla en el centro de la plaza. Todos miramos en esa dirección, solo Alixa se paró todavía enojado y mirando a los Principales frente suyo les dijo: “Ustedes no tienen idea de lo que ocurrirá ahora.” Y se fue sin más.

Pude escuchar las demás pisadas irse, un pequeño de frágil apariencia—quien observo todo el espectáculo desde las sombras—se encontraba ansioso por lo que estaría pasando en su hogar. ¿Qué impacto traería la llegada de esa criatura a Geroger?

9 de Agosto de 2021 a las 04:43 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Leyendas de los Desertores
Leyendas de los Desertores

Aquellos que no encuentran su lugar en el mundo están sentenciados a emprender un viaje hasta encontrarlo. Sea solos o acompañados de amigos, en una aventura o una adversidad, decidirán si seguir adelante con esperanzas o cayendo en una profunda desesperación; pero hasta que lo encuentren, estos personajes serán desertores y sus vidas se volverán leyenda. Personajes sin nada en común seguirán un mismo viaje . De esta manera conoceremos las Leyendas de los Desertores. Leer más sobre Leyendas de los Desertores.