aresvy Alexis Guadalupe Valdovinos

Esta es una continuación de la historia "Carroña". Camila, después de ser capturada por mano de Arpegio es obligada a hacer un acuerdo con su captor en el cual todos los beneficios será para él. En esta aventura hacia el Continente y tanto el odio como la furia hará cambiar a Camila, para bien o para mal.


Fantasía Fantasía oscura No para niños menores de 13.
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Muerta en vida.

¿Sabes lo bueno de explorar el Continente? Qué cuando regresas a la refriega de la guerra “civilizada”, ahora te parece como juego de críos.


Camila sentía como le dolía todo el cuerpo, como si cada fibra muscular gritara en agonía y cada órgano dentro de ella rogara clemente piedad, no obstante, sus captores no le otorgaron tan necesitado descanso. Los días fluían indiferentes en aquella repugnante recamara, la única luz que se colaba era cuando algún recolector le tiraba la poca comida y agua que le daban, Camila se había quedado hasta los huesos haciendo imposible poder defenderse ante los esporádicos abusos de los Recolectores.


Usaban todo a su alcance para torturarla: a veces simplemente la encadenaban en la pared, haciendo que las pantorrillas y muñecas se quedaran al rojo vivo mientras inevitablemente intentaba moverse; otras veces la dejaban sin comer por días Camila podía sentir como su estomago comenzaba a comerse a si mismo con sus propios jugos gástricos. Pero el verdadero terror era cuando la violencia llegaba a marchas serenas. Arpegio se encargaba de los castigos físicos, si la tortura fuera una especie de arte, Arpegio seria considerado un maestro pintor.


Oscuridad era lo único que había en la habitación Arpegio cegaba a Camila usando la Voluntad llenando el lugar con una luz que lastimaba las retinas, luego le seguía los golpes con bastones, Camila no sabía por dónde iba a venir el siguiente golpe, así que lo único que podía hacer es hacerse ovillo, esperando que el siguiente golpe no fuera tan doloroso como el anterior. Nunca paso.


El sabor a sangre el inundaba la boca era cuando sabia que venia lo peor, Arpegio sabia como dejar a alguien moribundo, sabia los compases de un cuerpo en decadencia y exprimía cada segundo de agonía de su víctima. Cuando Camila tiritaba de dolor era el momento de usar la Voluntad sobre ella. Usaba uno de sus anillos para marcarla con fuego en todo su cuerpo, Arpegio colocaba sus manos sobre el cuerpo de Camila como si intentara asediarse de ella, pero era todo lo contrario, el calor del contacto al principio era cálido, como si ese pequeño indicio de humanidad por parte de Arpegio fuera real, pero lentamente, cual sol naciente hasta llegar hasta su cénit, el calor se volvía abrumador. Omóplatos, muñecas, piernas, estomago y cuello: estas eran las partes donde Camila había sido quemada por el fulgor de Arpegio. Camila deseaba morir, más que un caprichoso deseo era en este punto una necesidad: Camila necesitaba morir, pero Arpegio nunca le otorgaba aquella deletérea libertad.


Camila se convirtió en un animal en cautiverio, viviendo meramente de las conductas aprendidas para sobrevivir, sabia cuando no iba a comer, sabia no moverse cuando la encadenaban y sabia cuando protegerse cuando los pasos de Arpegios hacían eco por el pasillo. Un día los abusos cesaron, sin explicación alguna, Camila pensó que había muerto de verdad, el dolor había sido una constante durante su existencia en aquella habitación que tan natural como respirar, sin embargo, se dio cuenta que ella seguía viva cuando escucho los pesados y lentos pasos de Arpegio aproximase hacia ella. La puerta rechino y Camila dio un doliente suspiro.


“Ahí esta ella. ¿Puedes arreglarla?” Dijo Arpegio a alguien quien Camila no podía ver.


“¿Eso es una persona? Sí la puedo arreglar la puedo arreglar, pero me va a tomar tiempo.” Contesto la persona ligeramente horrorizada ante el aspecto de Camila.


“Tienes veinte minutos. ¿Es suficiente?”


“Me temo que no, pero hare lo que pueda. Voy a necesitar que se siente en una silla y un poco de luz.”


“La silla la tendrás y te dejare una lampara para que te ilumine.”


Cuando la sentaron en la silla la persona comenzó a transformarse en una mujer para Camila, era alguien alta, tenia un cabello muy fino y sacos debajo de los ojos. Su voz era lenta y pausada.


“Quiero que te quedes quieta. No tiembles, no te voy a hacer nada.”

La mujer saco de su delantal unas tijeras y comenzó a cortar los largos mechones de Camila, su cabello estaba pegado por la suciedad.


“Deidades, que asco. Cualquier cosa que hayas hecho parece ser que si te agarraron rencor.”

Camila no respondió, el sonido de las tijeras hacía que instintivamente temblara.


“Te dije que no temblaras, no quieres que te corte una oreja, ¿verdad?” Rechisto la mujer. “Voy a cortarte el pelo de enfrente, veamos que pobre alma estoy trabajando.”


Los tijeretazos continuaron, después de unos minutos el rostro de la mujer demostró sombro cuando vio a la muchacha.


“Yo te conozco.” Respondió la mujer sorprendida. “Eres Camila, la hija de la señora Alba.”


“N-nana Alba…” Conjugo Camila, eran las primeras palabras que decía desde hacia mucho tiempo que no eran galimatías de dolor.


“Mírate ahora… la señora Alba no me lo va a creer. Querida, que esto quede entre las dos, ¿Quieres que le haga llegar un mensaje a tu madre?”


“Porque… porque estas siendo amable conmigo.” Cuestiono Camila.


“Querida mía creo que no entiendes lo que sucede, verás soy una embalsamadora y me dedico a atender a los muertos.” Respondió la mujer de manera condescendiente. “En este punto, estoy hablando con una muerta, solamente te estoy dejando… lo más presentable posible.”


Algo dentro de Camila se torció, no de manera física, más bien como si su mente no pudiera comprender lo que había dicho la embalsamadora, una muerta en vida, eso era Camila en ese instante.


“D-dile que me perdone…” Rezo Camila a la mujer. “Dile que lo lamento. Dile que me espere.”


“Lo hare. Pero no creo tú vas a hacer quien la espere a ella y no al revés.” Juró la embalsamadora.

La puerta rechino de nuevo y Arpegio apareció en la habitación, parecía estar impaciente para que la mujer terminara.


“¿Cómo vas?”


“Le he tenido que cortar el cabello al ras del cráneo, estaba todo pegado.” Contesto la mujer. “No me dijiste que tenía quemaduras, hubiera atendido las heridas.”


“No hay necesidad de atenderla en nada. Esta lista.” Dijo Arpegio tajante. “Toma tu dinero y vete.”


La embalsamadora miro a Camila una última vez y asintió para despedirse de ella. Camila y Arpegio eran los únicos que quedaban en la habitación y el único sonido que emergía era la pesada respiración del hombre, una respiración cargada de odio, repudio y celo.


“Dime, Esperpento. ¿Alguna vez deseaste que te hubiera matado mientras te atormentaba?”


Camila no contesto.


“Pude haberlo hecho. Pude haberlo hecho como lo hice como tu usurero hermano carente de Voluntad.” Continuo Arpegio. “No sabes lo mucho que me divertí aventarlo de un lado a otro como muñeca de trapo por toda la arena. Escuchar como soltaba gritos carentes de aire y sus huesos quebrarse mientras impactaban contra las paredes… fue un gran calentamiento.”


Camila seguía sin contestar, no obstante, su mirada estaba había una llama que desde hacia mucho tiempo no había sido encendida, la flama de la cólera.


“Ah, ahí estas. Esa pequeña sabandija aún sigue dando pelea.” Respondió Arpegio con una siniestra sonrisa grabada en el rostro. “Creí que ya te había mancillado, pero se nota que me va tomar mucho más tiempo en romperte de lo que creía. Pero no me preocupo, a donde vamos voy a necesitar tu odio, y tu odio va a hacer que me mantengas vivo. ¿Y sabes por qué?”


“Porque no permitirás que muera más que con tus propias manos.”

8 de Agosto de 2021 a las 06:50 0 Reporte Insertar Seguir historia
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