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El tiempo de nuestros ojos

En tus ojos encuentro una mañana de vida infinita. Tomo el brebaje del tiempo y percibo el contorno lumínico del tiempo. Las formas se vuelven profundamente nuestro pensamiento y somos un poco más reales. Somos ese instante que existe al unir los ojos y nombrar las formas que aparecen en nuestro pensar. Somos aquello que nombra la idea, el tiempo y el pensamiento. Conozco el existir de la vida por tus ojos que nombran nuestro vivir.

Somos el existir de lo que ve. Somos el existir de nuestro vivir. Cada vez más se pierde lo efímero, cada vez más somos más eternos. Sin embargo, nos percatamos de ser una más de esas cosas que perecen. Pero, nuestros ojos son eternos. Nuestros ojos perciben nuestro corazón, aquello que siempre existe a través de las generaciones. A través de cualquier ojo humano. Somos eso que no muere, nuestro sentir es el sentir de lo eterno, de la existencia. Te conozco y te reconozco como aquella persona que ha abierto mi corazón al entendimiento del cosmos.

En ese existir efímero se representa eso que es eterno, porque todo es efímero, y todo subsiste en la conciencia como aquello que sucede y puede suceder en cualquier momento de la existencia. Si ha existido, es que puede suceder. Así mi piel mudable conoce el tacto de aquello que existe en el pensamiento de la existencia. Mi piel toca el eterno mar del pensamiento y conozco así aquello que me crea. Sé que soy mudable, sé que he de perecer. Sin embargo, conozco el sabor de aquello que es eterno en mi mente, en la mente, en el corazón del ser humano.

Subiste el sueño de estar vivo, el sueño del despertar, conozco el amor del eterno perfume de la vida. Tal vez, el atardecer es una muestra de aquello que existe siempre y nunca es lo mismo. Somos el camino a darnos cuenta de eso que mueve los astros y mueve montañas. Tal vez, que se acelere el corazón es un evento astronómico tan importante como el atardecer, o será que al atardecer uno recuerda esos momentos en que uno se ha enamorado. Somos ese instante, oxímoron o prosopopeya, que siempre existe. Así como el atardecer existe cada día y cada vez es un nuevo atardecer.

El tiempo es una forma de pensar la vida. Somos el trabajo de ver ese instante ser increíblemente hermoso. Somos el tiempo escribirse. Somos el camino a cada instante. Somos aquello que existe a pesar de nunca haber existido. Tal vez, solo existimos para conocer tus ojos. Los ojos de la vida, los ojos del tiempo.

4 de Agosto de 2021 a las 22:00 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Andres Bali El trabajo de escribir está escondido en el cielo estrellado. Aquí encontrarás un camino a lo más profundo de ti. Entra, amigo.

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