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K-tarsis InBuk


El mundo ha sido invadido de criaturas asesinas y poco piadosas. La humanidad se va acabando poco a poco, y entre esos eventos apocalípticos, Sasha y Jordan, en su inusual reencuentro, empiezan a conocerse aún más y desarrollar sentimientos mutuos.


Post-apocalíptico Sólo para mayores de 18.

#romance #apocalipsis #almas #muertes
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Los Deluxores

Antes de Los Deluxores, yo no era más que una muchacha de 19 años con tristes aspiraciones, a la que su madre iba soltando poco a poco, permitiéndole experimentar los errores, los triunfos y las lecciones de la vida.

Era un 16 de diciembre de 2018, día en que decidí, junto con mis dos amigos, a ir por primera vez a una fiesta nocturna que estarían haciendo a las afueras de la ciudad, en la playa. Recuerdo estar tan emocionada, y a la vez tan nerviosa, pues no solía hacer salidas tan escandalosas, mi vida estaba llena de cenas, fiestas familiares e idas a cine, no más. Una vez que empacamos todo lo que pensamos necesitar, y mi madre me recordara que le mensajeara cada media hora, partimos en un bus colectivo a las siete de la noche. Ese día, por supuesto, no regresaría a casa, sino que dormiriamos en un hotel del cual ya habíamos apartado cupos.

Al llegar, instantáneamente Alis y Derek se desvistieron, dejándose los trajes de baño que ya llevaban puestos. Por mi parte, decidí dejarme el short, mientras que la camisa me la retiré, dejando visible la pieza superior del bikini. Nos adentramos con un poco de torpeza, entre la aglomeración de personas, hacia el centro de la pista, y aunque todos estaban muy pegados al otro, nos la arreglamos para mover las caderas y soltar una que otra risa de burla o diversión. Todo en esa noche fue estupendo, la recuerdo con mucho amor. Y aún no llegamos a la mejor parte.

Pasada hora y media, o casi dos horas, ya nos encontrábamos empapados en sudor, agotados hasta temblar las piernas, por lo que decidimos retirarnos hacia unas barras de madera, donde estaba el servicio de bebidas alcohólicas y no alcohólicas. Resultó que, al llegar, no había nadie que nos atendiera, Alis y Derek solo resoplaron de la frustración y cayeron de bruces a las butacas, en tanto yo, que me encontraba muy sedienta, decidí rodear la barra, haciendo caso omiso a las advertencias de mis amigos sobre evitar meterme en problemas, pero no tenía planeado robar nada, es decir, dejaría el dinero enrollado en una esquinita y tomaría una botella de agua de las que estaban en una pequeña termonevera. Estaba decidida por esa agua, ya me había adentrado a la barra ovalada y semiabierta, cuando sin darme cuenta, tropecé y caí, no sin antes interponer mis manos, evitando que mi rostro pagara por ello. Conmigo, arrastré dos cajas de frutas, y por supuesto, la termonevera, saliendo varias botellas de ella, pero que, para mi fortuna, al ser de plástico, no hubo mayor daño.

El obstáculo con el que me tropecé empezó a moverse, y al voltearme, me di cuenta de que se trataba de un joven consternado por el ruido, apenas despertando y asimilando la realidad de los eventos.

Una vez se halló en sus tres esferas, y me percató poniéndome de pie, su expresión pasó de confusión a estar alarmado.

— ¿Qué haces tú aquí, niña? — soltó con rapidez, mientras se levantaba del piso — ¡Caramba, qué desastre! — escaneó su lugar de trabajo y sacó sus ojos de orbita — ¿Dónde están las demás botellas? ¿Dónde está el Whisky?

Visto el momento que estaba pasando aquel muchacho, decidí irme lentamente del lugar, y olvidarme del agua, sin embargo, él me notó al instante y me señaló con descaro.

— ¿Y tú para dónde crees que vas? Debes pagarme las bebidas que te has cogido.

— ¿Yo? — pregunté, con un tono ofendido — Apenas llegué por una botella de agua.

— ¡Ah! Genial, ahora esto es una campaña donde regalan bebidas.

— ¡Pretendía pagar!

— Pues los demás que se han llevado todo no pensaron lo mismo.

— ¿Qué culpa tengo yo? ¡Tú estabas dormido!

Ante mi señalamiento, bajó la cabeza un tanto avergonzado, para posteriormente resoplar en frustración y dignarse a recoger las botellas y las frutas que había tirado.

— ¡Sasha, ya ven, olvídalo! — intervino Alis desde su butaca, haciéndome muecas extrañas que no entendía de mucho.

— Es que...

— ¡Te has quedado dormido y te han robado todo! Eso es lo que ha pasado — me interrumpe mi amiga, esta vez, dirigiéndose al chico — No pretendas buscar culpables ahora.

— ¡Alis! — le reprendí, sintiéndome un poco mal por él.

— ¡Sasha! — respondió en el mismo tono, pretendiendo que regresara donde ellos.

El muchacho de cabello castaño y ojos claros se enderezó, esta vez con un semblante mas suave.

— Tiene razón, ha sido mi culpa, lo siento. Es que yo estaba cansado por... — cortó su oración, negando repetidamente — Bueno, no importa. ¿Aún quieres el agua?

— Sí, por favor. Tres botellas — respondí, ignorando la pequeña confrontación.

— Bien — me miró por unos segundos en silencio, alzó ambas cejas a la espera de algo que no comprendía. Me sentí un tanto intimidada.

— ¿Qué pasa? — solté con un tono agudo.

— Necesito que salgas de mi puesto, ¿qué estás esperando?

Reaccioné ante su petición y regresé a mis amigos, quienes eran fieles espectadores de todo. Alis me miraba pícaramente, mientras que Derek se encogía de la vergüenza.

Las tres botellas se deslizaron sobre la barra, e inmediatamente el bartender se dirigió a otra persona que estaba esperando.

— Siento que es hora de cenar en el hotel, debemos evitar que esta niña tropiece a otra persona — comentó Derek con cierto humor.

— En mi defensa, no esperaba a nadie acostado en el piso, en medio de una fiesta tropical. Y no creo que hayan muchas personas tiradas a las que tropezar.

— Te puedo conseguir algunos a la orilla del mar — intervino Alis, precedido de una risa — de hecho deberíamos nosotros tirarnos a la orilla del mar, descansar, porque las piernas aún me tiemblan.

— A mí me parece genial. Invito el trago.

— No seas grotesco, rubio borracho... mejor tomemos unos mojitos libres de alcohol.

— ¡Bu! Aburrida.

— El alcohol es veneno, es tóxico — sentenció Alis pretendiendo dar punto final.

— Tu ex también lo era y bien que lo aceptabas.

— Es diferente porque... — chilló en frustración — ¡Ni tengo que explicarte nada! ¿Sabes qué? Pide lo que quieras. ¡Joven! — llamó al bartender, quien nos indicó que esperaramos a que terminara de atender — Serán dos mojitos sin alcohol para Sasha y yo, y tú... bueno, me imagino que una botella de ron para ti solo, ya que eres un alcohólico sin remedio.

— Si tengo que lidiar contigo el resto de la noche, una botella no será suficiente — comentó, con intenciones de irritarla.

— Bueno, ya bésense — solté para sonrojarlos, lo cual resultó a la perfección porque, además, enmudecieron y se alejaron un poco entre sí.

— Prefiero besarte a ti — soltó Alis después de varios segundos, disimulando lo nerviosa que estaba.

— Yo también prefiero besarte a ti — dijo Derek a modo competitivo.

— Santo Dios, no sabía que era tan deseada.

Los tres nos reímos, y al instante el bartender llegó, dispuesto a tomar la orden.

— ¿Qué desean?

— Tres mojitos... sin alcohol — ordenó Alis precipitadamente, ganándose la mirada fulminante de nuestro amigo.

Al instante, el castaño se dispuso a preparar las bebidas con cierta agilidad y rapidez, que me hizo inducir la experiencia que llevaba en aquel puesto. No duró más de cinco minutos, cuando ya nos había cedido los vasos.

Servido todo, nos iríamos a la orilla del mar como lo teníamos planeado, pero una vez mis amigos se levantaron de las butacas, les dije que se adelantaran sin mí, en parte, como un acto de Celestina.

Ya sea por una auténtica curiosidad o por el deseo de hablarle, aproveché que aquel chico se encontraba limpiando la barra cerca mío y tuve la osadía de acercarme a él.

— ¿Cómo harás con las bebidas que se llevaron? — pregunté rapidamente.

Suspiró, al recordarle un problema que tendría que enfrentar pronto. Su expresión me indicó que no estaba dispuesto a ser amable, sin embargo, pareció retractarse de lo que diría, ya que soltó un suspiro y finalmente se encogió de hombros, sin siquiera mirarme.

— Me imagino que te tocará pagar eso a ti solo — volví a intentar, pero en vez de parecer con intenciones sociales, sonó como si quisiera irritarle.

— ¡Pero qué lista! ¿Dónde estudias? ¿En Harvard?

— Y a ti te han debido dar un premio por grosero.

— Chica... — suspira, contemplandome en el mismo sitio, sin intenciones de marcharme — ¿Necesitas alcohol? ¿Agua? ¿Un limón?

— ¿No? — respondí, un tanto confundida.

— Entonces te puedes ir con tus amigos. O quedarte viendo las estrellas, qué sé yo, pero déjame tranquilo que hoy no estoy de humor.

— ¿Tú tienes días con humor?

— ¿En serio no te cansas?

— ¿De qué?

— Tienes dos amigos por allá, y tú andas de intensa conmigo.

— Les estoy dando algo de tiempo a solas — Él ignoró mis palabras y retornó a su actividad de limpieza, y como mi perseverancia es ilimitada, proseguí — es que presiento que se gustan, ¿sabes? ¿no lo notas?

— Sí, lo he estado notando desde que llegaron, ¿cómo no? De hecho, he estado tan pendiente a ellos como en una telenovela, porque no tengo algo más importante que hacer.

— Cielos, tu sarcasmo se desborda más que las bebidas que sirves.

— Y tu nivel para percibir el rechazo no llega ni a un dedo de altura.

— ¿Cómo dijiste que te llamabas?

— No te he dicho mi nombre — respondió entre dientes. Alguien más llegó a la barra en ese momento, por lo que aprovechó para apartarse de mi presencia.

Me decepcioné de lo poco que había logrado, lo que me causó gracia y lástima a la vez, porque yo no era de acechar a chicos extraños, de hecho, en ese ámbito era tímida, pero aquel día fue una noche diferente, estaba yendo a una verdadera fiesta por primera vez, y eso hacía que quisiera seguir explorando fuera de mi zona de confort, porque al final, una vez regresara a mi casa, volvería a ser la misma.

Cuando decidí escanear con la mirada al fondo de la pista, por la orilla del mar, vi a Derek sentado en la arena junto a Alis de una forma muy cercana, ambos bebían su mojito, y no se les veía para nada disgustados. Me pregunté si era momento de ir hacia ellos o si debía darles espacio para que disfrutaran de la química que no sabían que tenían el uno con el otro.

Miré arriba, a las estrellas, y pensé nunca haber visto el cielo tan brillante como aquella noche, supuse que era por la libre polución del lugar. Sentí la fresca brisa que traía el mar, la música que retumbaba, todo parecía diferente a lo que acostumbraba, y a lo que no sabía que necesitaba hasta ese momento.

— Lo de ver las estrellas no lo decía tan literal, ¿sabes? — La voz de aquel chico interrumpió mi embelesamiento. Lo miré ceñuda, pero por su expresión divertida pude recordar que se trataba de algo que había mencionado anteriormente.

— Era ver las estrellas y dejarte tranquilo, que yo recuerde — le mencioné confusa por su acercamiento voluntario — que me hables no está dentro de la ecuación.

— ¿Tú me querías coquetear y ahora que te hablo me cuestionas?

Fruncí el ceño lo más profundo posible ante su sugerencia.

— Yo no quería, ni quiero, coquetearte. ¿De dónde sacas eso?

— No sé, tal vez que te hayas acercado en vez de ir con tus amigos, de molestarme un poco, preguntar mi nombre... son técnicas muy populares en el cortejo moderno.

— No sé si en tu mundo exista algo llamado socializar, pero en el mío sí, y para ilustrarte un poco, no tiene que ver con buscar amores ni nada. Además, ya te dije, quería darles espacio a esos dos.

Él esbozó una pequeña sonrisa, dándose por vencido.

— Convincente para alguien ingenuo — comentó, y elevó su mano hacia mí — Soy Jordan.

— Que no estoy coqueteando — estreché su mano por un par de segundo — Sasha... ¿Puedo preguntarte algo?

— Dime que no es porque estaba durmiendo.

— Era eso, justo — me reí brevemente — pero válido si no quieres responder.

— Simplemente tuve un día pesado, he estado trabajando desde las cinco de la mañana. Pensé en descansar los ojos y en un santiamén ya estaba dormido, y en otro, tú estabas aplastando mis piernas y las botellas tiradas.

— ¿Desde las cinco esto está prendido? — pregunto atónita, pero él se ríe negándolo.

— Trabajo en dos clubes, y los fines de semana aquí, esta vez, por circunstancias, tuve que rendir en horario completo.

— Vaya. Qué tenaz, yo estaría molida. No sé cómo has aguantado tanto.

— Yo sí. Mandando a la fregada a todos con mi distinguido sarcasmo.

— De eso soy víctima.

— Lo siento.

— No, tu día ya me ha provocado lástima — comenté en broma, a lo que Jordan rió.

Me surgió el enigma del por qué, de repente, había decidido acercarse a mí, cuando antes era claro que le molestaba mi presencia, no obstante, no supe si era pertinente preguntarle, pero posiblemente fue porque se dio cuenta que estando sin nadie con quién hablar, se aburriría mucho más y se caería de bruces al piso.

— No te he visto nunca por acá.

— Es mi primera vez, junto con mis amigos.

— ¿De verdad? ¿Acabas de entrar a la legalidad acaso?

Ese comentario me hizo pensar que, quizá, él era mucho mayor de lo que aparentaba. Pensé que perdería interés en hablar con una chica de tan solo 19 años si le mencionaba mi edad real, sin embargo, pensé también que no tenía razón de mentir, y que si decidía hacerlo, luego esa mentirita iría creciendo como bola de nieve.

— Quizá. Tengo 19 años — sorprendido, levantó ambas cejas, reacción que me hizo pensar que se despediría de la charla — ¿Y tú es que eres un abuelito?

— Quizá, 25 años.

¿Soy honesta? Me asusté. Es decir, me llevaba seis años, y yo, que de por sí muy poco interactúo con chicos, jamás había tenido una cercanía tan amistosa con alguien tan mayor que yo. Pero no fue por eso que me espanté, sino la idea de que me estaba gustando conversar con él y verlo a los ojos, tan intensos que sientes que te penetran la mente. Yo quería encapricharme con alguien del que estaba seguro que no obtendría la aprobación de mi madre, y que de por sí, sería un tormento con los comentarios de los demás. Así que, vi el momento de irme antes de que fuera demasiado tarde.

— Ah. Sabes, yo... creo que es mejor que me vaya, ya sabes, con mis amigos.

— Oh. Lo siento, no pensé que te asustarías por...

— No, no. Yo, está bien que tengas la edad que tengas, ya sabes, 25, 30, 40, realmente no importa. Bueno, quizá con 40 sí, podrías ser mi padre, pero 25, caramba, tendrías que haber embarazado a una chica a los seis años. Aunque... — me callé al instante que noté mis divagaciones sin sentido, y espere que no se lo tomara a mal — me tengo que ir.

Jordan me sonrió con suavidad y asintió.

— Vale, que la pases bien.

— De verdad fue un placer conocerte.

— Igual. Diviértete.

— Gracias, tú... no te duermas — le recordé, a lo que él rió negando con la cabeza.

No queda mencionar que después regresé con mis amigos, quienes me sometieron a un extenso interrogatorio de por qué había demorado tanto, de qué tanto hablaba con aquel hombre, entre otras cosas relacionadas. Yo, al tener cero esperanzas de volver a verlo, decidí ser honesta con mis amigos, pero no obtuve la aprobación que esperaba o unas palmaditas por ser sensata, al contrario, Alis y Derek, en resumidas cuentas, me dijeron que era una boba, pero de todas formas no cambió nada con respecto a lo que seguía creyendo que era lo correcto.

Estuvimos bailando un ratico más, nos dimos un baño en el mar, y como a las tres de la mañana nos fuimos al hotel a descansar. Mi felicidad de aquella noche no cabía en mi pecho, de hecho, no pude cerrar los ojos pensando mucho en Jordan e imaginando una utopía, donde él y yo nos volvíamos a encontrar, donde yo era mucho mayor, y no había impedimento para conocernos, y por qué no, intentar algo, pero esas son solo fantasías que sucedían en mi mente cada vez que alguien me gustaba. Solo era cuestión de tiempo para disipar los falsos escenarios, y así, en menos de un mes, ya ni su nombre recordaba.

Eso pasó exactamente 23 días antes de que el mundo se volviera loco, de que todos salieran corriendo despavoridos a buscar cómo y dónde sobrevivir. No, no estoy hablando de un tsunámi, un terremoto, actos terroristas, o cualquier tragedia completa y naturalmente posible. Me refiero a algo que va más allá del entendimiento humano, que solo el mismo universo conoce, y que ni en nuestras peores pesadillas llegamos a imaginar; Los Deluxores.

¿Qué son Los Deluxores? ¿De dónde vinieron? ¿Qué tienen que ver? ¿Es comida, película, bebida, una revista? Es una historia bastante complicada de narrar, sobretodo a la hora de mencionar ciertos eventos inverosímiles, que corresponden al 90% del tiempo. Se trata de criaturas que no debieron ser desenterradas nunca, desde lo más profundo de las tierras egipcias, especificamente en la ciudad de Luxor (De allí viene el nombre de estas aberraciones), donde un grupo de paleontologos ilusionados y obsesionados con descubrir lo que parecía ser una nueva especie prehistórica, (destacando el paradojismo) a partir de una terrible decisión, marcaron el comienzo de un apocalipsis.

Lo que al inicio pareció ser una figura embalsamada e inerte color tierra de muy difusas facciones, a la semana logró salir de su prolongado sueño, estirar sus estremidades, y abrir sus horribles ojos rojos en el museo paleontólogo de Berlín, en horas de la noche. La noticia inició con un supuesto robo del hallazgo prehistórico, donde muchos lamentaba los sucesos y adelantaban investigaciones para hallar la criatura desaparecida. Pero, la noticia pasó, muy rápidamente, del títular "Robo a la prehistoria: El descubrimiento de la especie prehistorica ha desaparecido" a "Extraño animal extrae sesos de una mujer de 37 años en las calles de Berlín". Ese, fue el primer Deluxor, y como no se caracterizan precisamente por su sutileza, en menos de una semana, ocasionó caos en la capital de Alemania. Pronto descubrieron que se trataba de la propia criatura que habían desenterrado días atrás. Pero eso no fue nada a comparación del pánico que se ocasionó cuando, al matar el primer Deluxor, descubrieron que no era uno solo, que habían unos cuantos más. Sí, se reproducían asexualmente, los órganos humanos eran su alimento preferido, y entre más nutridos estaban, más proliferaban.

El país entró en contingencia, se desplegaron fuerzas militares de muchas naciones, y aunque durante la confrontación lograron acabar con una gran cantidad de DeLuxores, no fue suficiente para prevenir que traspasaran las fronteras a otros países.

El mundo perdió el control, los grandes cargos iban desistiendo del pueblo para protegerse a ellos mismos, dejando al ciudadano desamparado a su propia suerte. En tres meses, llegaron a mi país, y en tan solo un par de semanas, a mi ciudad. Parecía que eran cada vez más, y nosotros cada vez menos. Esas criaturas no eran completamente irracionales, de hecho, tenían una capacidad para adaptarse, camuflarse y atacar. Todos mataban de la misma forma; extrayendo nuestros organos, reduciendonos a solo hueso y piel. Iban en manadas, algunos otros eran solitarias, y cuando nacían, su proliferacion de tejidos era absurdamente veloz, semejante a cuando se hacía una montaña de chantilly sobre los pancakes. Eran diurnos, aunque durante la noche, si se hacía el suficiente ruido, podían despertarse e igual atacarte.

¿Dónde comienza mi historia aquí? Desde que mi madre, mi familia y amigos murieron. ¿Cómo fui la única sobreviviente de mi circulo social? No por méritos propios, lo aseguro. Mis padres, sí, hasta mi progenitor que casi nunca presenciaba, estuvieron protegiendome desde que las criaturas llegaron, nos refugiamos en nuestra casa todo el tiempo que pudimos, sin abrir ventanas ni puertas, pero pronto la comida empezó a escasear, así que no nos quedó otra opción que empezar a planear cómo nos reabasteceríamos.

En ese entonces, habían personas todavía, claro que sí, pero en la misma situación que nosotros, ocultándose bajo un techo, e igualmente, acabando sus alimentos, sabiendo que tarde o temprano tendrían que abrir esa puerta y arriesgarse, porque de otra forma, sufrirían el mismo destino que les ofrecía los Deluxores; la muerte.

Decidímos viajar en el carro, durante la noche, al supermercado más cercano, pero en la entrada yacían muchas criaturas durmiendo, por lo que llegamos a uno que quedaba a las afueras de la ciudad, y que para nuestra fortuna, en la entrada no se veía ninguna criatura. A pesar de mis insistencias, mis padres me exigieron no salir del auto, no me dejaron ir con ellos porque, aunque no me lo reconocieran, tenían miedo de que pasara algo y ahí estuviera yo. Ellos entraron, y a la media hora de estar comiendome las uñas ambos salieron con morrales en sus hombros y bolsas de plástico muy cargadas de todo, ellos caminaban a paso rápido, pero en una de esas, una de las bolsas que traía mamá no pudo más con el peso y se reventó, produciendo un ruido considerable por las decenas de latas de atún. Mi padre se alarmó, y al inicio, dubitativa y torpemente, empezó a levantar las latas con mi madre, pero después, vi como ambos dejaron caer el resto de las bolsas, y en un santiamén, una asquerosa criatura deforme, que llegó galopando a cuatro patas, clavó sus garras de sable en la boca de mis padres, lo demás no me atreví a verlo.

¿Cómo estaba yo? Petrificada, shockeada, consternada. No podía reaccionar, no podía gesticular ni una palabra, o parpadear un poco, lo único que salía de mí eran lágrimas. Me quedé en ese estado de trance, dentro del auto, por muchas horas, sin dormir por dos días enteros, hasta que llegó un terrible dolor de cabeza, y los gruñidos del estómago, que me informaban mi demanda alimenticia.

¿Sabía conducir? No, y tampoco me arriesgué. Decidí esperar la noche para salir del auto. Al caminar hacia el supermercado, rodeé a un gran diametro el lugar donde a mis padres los mataron, para evitar ver sus cadáveres huecos. Una vez dentro, con la tenue luz de mi celular, que muy poca batería le quedaba, tomé un paquete de salchichas, engullendolas ahí mismo con el menor ruido posible. Agarré botellas de agua, mermeladas, embutidos, frutas, y las cargué dentro del morral, sin arriesgarme a llevar bolsas extras por el trauma reciente.

Salí del lugar y dejé el auto parqueado, sin intenciones de volver a él. Fue un trayecto de varias horas, pero apenas vi una franja naranja decorando el cielo por el inicio del alba, me apresuré a encontrar un refugio. Pronto, reconocí el hotel donde mis amigos y yo descansamos una noche. La nostalgia llegó a mí como una ola agresiva. No pude evitar que mis ojos se humedecieran, quería explotar en llanto, gritarle a la vida, romper cosas. Pero decidí reprimirlo hasta encontrar un lugar y momento adecuado. Me aproximé a la entrada del hotel, y para mi mala fortuna, al intentar empujar la puerta de vidrio, esta no cedió, se encontraba cerrada. Busque por alguna otra entrada, pero las que habían, estaban bloqueadas, busquen ventanas, pero ni las más cercanas al piso eran lo suficientemente bajas. No decidí rendirme ahí, por lo que con tres piedras en la mano, empecé a lanzar la primera al vidrio de la puerta. Era un material muy resistente, el vidrio rebotaba levemente al impacto de la piedra, y en mi tercer inteno no había figurado ni una sola marca de daño. Tomé mayor distancia, buscando intentarlo una vez más, pero antes de que pudiera empezar mi segundo round, desde el interior del hotel, apareció una mujer delgada, con el cabello enmarañado en una coleta, y un bate de púas en su mano izquierda. Su expresión mostraba enojo y confusión.

— ¡No lo hagas! ¡¿Qué sucede contigo?! —abrió la puerta con un manojo de llaves— entra rápido, antes de que venga algún Deluxor.

No esperaba ver a nadie, por lo que encontrarla a ella, independientemente de su expresión y sus ganas de asesinarme con ese bate enrojecido, me alivió, me hizo sentir segura. Caminé apresuradamente, y al tenerla a centimetros, la abracé como si fuera mi mejor amiga o alguien que conocía de toda la vida.

— Oye, ¿qué haces? —se sacudió de mi abrazo con molestia, y me empuja levemente.

— Lo siento, es que yo...

— ¿Está todo bien, Meryl? —intervino un señor de anteojos, algo encorvado y canoso.

— Sí, tío — me señaló — esta chica ha llegado tirando piedras.

— No era mi intención, lo juro — defendí con temor a que me crean una invasora — Hace unos días estaba con mis padres y...

Un nudo en la garganta se formó, impidiendome completar la frase. Ellos me observaron en silencio, y entendieron mi situación.

Me invitaron a pasar, subimos al tercer piso por el elevador, y una vez allí, para mi sorpresa, no solo se trataba de aquella chica y aquel señor que me recibieron, sino que habían muchos más, en el pasillo me encontré con algunas personas sentadas, otros asomandose desde las habitaciones con curiosidad. Aunque no detalle el rostro de todos los presentes, pude concluir que eran aproximadamente veinte personas, aunque desconocía si en pisos superiores habían más.

— Señores, ella es...

— Sasha — completé con timidez — un placer.

— Sasha, acomodate en las últimas habitaciones, puedes escoger la que quieras, están vacías — me explica, entretanto, señala el extenso pasillo — más tarde te explicaré cómo funcionan las cosas aquí, por ahora descansa.

Asentí, a pesar de las infinitas dudas que llegaron a mi cabeza, pues no pretendía hablar mucho delante de todos los demás. Recorrí hasta el fondo del pasillo, y elegí la última habitación, sin siquiera comparar el interior de las otras, ya que únicamente quería rebotar mi rostro contra la almohada y empezar a llorar a moco tendido.

En pleno auge de mis sollozos, tocaron sutilmente la puerta. Me levanté de un salto a lavarme la cara, aunque fue en vano, ya que al visualizarme en el amplio espejo del baño, noté mis párpados hinchados y mi rostro enrojecido. Maldecí a mis interiores, deseando que la persona que estuviera tocando desapareciera, pero al instante hizo un segundo llamado.

Respiré profundo, abrí una botella de agua, y resignada a que me vieran en aquel estado, abrí la puerta.

— Disculpe, yo estoy... — no pude completar la frase al reconocer la persona que se encontraba frente a mí — ¿Tú?

Él sonríe suavemente y asiente.

— También estoy sorprendido de verte.

— ¿Qué? Pero... ¿Cómo?

— Me alegro que no estés muerta.

— Yo... yo no te noté al llegar.

— Ni siquiera me volteaste a ver — aseguró — ¿Mal momento? Puedo regresar luego... o nunca, como prefieras.

— No, es-está bien. Pasa —me hice a un lado, permitiendolo entrar.

— Guau, ¿traías todo esto contigo? — señala el morral abierto, en el que se dejaba ver todas mis provisiones.

Me senté a un extremo de la cama, y él se sentó al lado mío a una distancia prudente. Lo observé con descaro y silenciosamente, notando cada diferencia de su aspecto desde la última vez que lo vi. Ahora tenía el cabello más largo, por debajo de las orejas, tenía una barba cerrada y corta que le daba un aire más maduro.

— ¿Qué pasa? ¿Me vas a besar? Me parece muy pronto aún — pregunta con tono gracioso, rompiendo el silencio y mi momento de contemplación.

Me reí avergonzada y negué.

— Estaba percatandome de algunos detalles que no recuerdo de ti — él levantó la ceja ante mi respuesta.

— ¿Cómo cuales?

— Tu cabello está más largo, ahora tienes barba... y no sé si es producto del apocalipsis, pero te sientes más amable — ambos reímos ante mi última observación.

Él frunció sus labios, percaté su mirada ir y venir de forma dudosa, hasta que se aclaró la garganta, y soltó en un tono suave:

— Yo noté que has estado llorando.

— Sí. Lo siento, sé que me veo horrorosa — aparté la mirada con verguenza, y sin intenciones de que me viera más el rostro.

— No, tranquila. No debes disculparte — ante mi silencio, agregó: — además lo de horrorosa ya es de antes.

No evito soltar una carcajada. Lo miro con diversión y golpeo con suavidad su hombro.

— No te pases, aún puedo ser insoportable como aquella vez.

— No estabas siendo insoportable, ya te dije. No estaba de humor ese día, todo había sido una cascada de sucesos desafortunados.

— ¿Qué es esto?

— ¿Una amistad apocalíptica?

— No — reí — no me refiero a eso. Hablo de esto — señalé mi alrededor — las personas que están allá, todos parecen conocerse, cuidarse. ¿Es tu familia?

— No, parte de mi familia desapareció, y la otra, fue víctima de esas criaturas — reconoce con cierta tristeza, pero no demora en reponerse — Nosotros solo somos un grupo de sobrevivientes que decidieron esconderse en este hotel, como tú. Hay unos que sí son parientes, pero la mayoría nos conocemos bajo pura coincidencia. Desde que alcanzamos a ser diez, decidimos crear reglas de supervivencia y convivencia, como turnarnos la recolecta de provisiones, respetar las porciones de cada quien, vigilar las entradas en ciertas horas del día... bueno, lo necesario.

— De haber sabido, habría venido con mis padres, ni siquiera les permitiría bajarse al supermercado, y muy probablemente... estarían vivos.

— ¿Hace cuanto?

— Pasó hace un par de días. No evito sentirme culpable, yo solo veía desde el vehículo cómo ellos se arriesgaron por mí.

— No es tu culpa, en lo absoluto — acarició mi hombro en gesto de reconfortación — tus padres hicieron todo por ti porque te amaban, no los conozco, pero ya con lo que me has dicho no tengo dudas. Y al contrario, de haber estado con ellos, serían tres las víctimas, pero sobreviviste tú. Sasha, lucharás por tus padres y por ti.

— Desde que empezó esto, no he dejado de preguntarme cuál es el sentido de vivir así. Es decir, estamos solo sobreviviendo, ¿Para qué? ¿Para atrasar nuestra muerte por una vida llena de escondites y comida?

Él se quedó pensativo, sin contestarme ninguna de las incógnitas. Solo me regaló una sonrisa de confortación, que se aproximó más a una mueca.

— Quisiera poder contraargumentar, pero honestamente, a mí también me ha parecido ridiculo vivir así.

— Tampoco tengo esperanzas de que esto cambie, ¿sabes? Tal parece que este es nuestro fin.

— Yo tampoco tengo esperanzas.

— Eres bueno para levantar ánimos, ¿eh? — solté en tono sarcástico, a lo que él se carcajeó. Posterior a eso, y cabizbaja, pregunté: — ¿Cómo era tu nombre?

— Ouch.

— No recuerdo el nombre, pero estoy segura de que ese no es — me burlé.

— Graciosa. Es Jordan.

Jordan me acompañó por media hora más, entre charlas y temas triviales, recuperé un poco mi estado de ánimo, pero al final se tuvo que despedir, alegando que yo debía descansar un poco, y así fue, no sé en qué momento pasó, pero quedé rendida a los brazos de morfeo apenas tuve la habitación para mí sola. Dormí tanto, que cuando desperté el lugar estaba oscuro, ya había anochecido. Tuve que, entre pasos cuidadosos y uno que otro pequeño golpe, encender la luz.

Agarré el morral lleno de comida y salí de la habitación con intención de entregar las provisiones que había conseguido, y de alguna forma, agradecer el haberme aceptado.

A unos metros, vi a la chica del bate de púas, alistando un cinturón lleno de balas y dagas. Me acerqué a ella con timidez, y apenas notó mi presencia frunció el ceño.

— ¿Hola?

— Hola — respondí con una sonrisa cerrada — quería darles esto — tendí el morral. La rubia me lo arrebató con brusquedad, y examino el interior de este para luego esbozar una sonrisa — qué considerada. Gracias.

Me arroja una manzana, al igual que a los demás, que se encontraban alistándose como ella.

— ¿Y para dónde irán?

— Disneyland — respondió con notorio sarcasmo.

— Me traes un globo de Mickey — asiente si prestarme mucha atención — Por cierto, soy Sasha.

— Meryl. Ahora apartate, ¡vamos chicos! — les grita como si fuera una comandante, y se despide de mí, regalandome unas palmaditas.

Detrás de ella, iban con morrales vacíos, dagas y pistolas en la cintura, tres personas más, una chica pelinegra y dos hombres adultos.

— Se irán a buscar las provisiones — escuché detrás mío. Me giré,y vi frente a mí, un adolescente algo desgarbado, con un rostro alargado, labios delgados y mirada dormilona.

— ¿Todas las noches hacen eso?

— No. Una vez por semana, o si se acaba antes la comida.

— No sé si sirva para eso... tú sabes, por si se presenta una dificultad, no soy buena defendiendo nada.

— No estás obligada a hacerlo. Por ejemplo, aquí hay cuatro viejos, ellos se ocupan solo de quedarse aquí, son los más afortunados. Pero luego estamos nosotros, los adolescentes, jovenes, adultos. Hay ocho que se encargan de las provisiones, van rotando de a cuatro integrantes por semana. Hay tres, Mauris, Paul y yo — reconoce con orgullo — que se encargan de contabilizar los alimentos y porcionarlos. Hay cuatro encargados de la limpieza de todas las habitaciones, es una limpieza que se hace cada dos días, pero a diario limpian el pasillo, y Nerea, ella no hace parte de ningún grupo, pero ofreció sus servicios como psicologa profesional, lo cual ha sido útil para todos.

— ¿Es decir que son 18?

— Contigo 19. Mañana supongo que te asignarán a algún grupo.

— ¿No hay niños aquí?

— No ha llegado ningún niño. ¿Fumas? — ofreció, tendiendome un cigarrillo de la cajeta.

Realmente no fumaba, pero en ese punto ya toda regla moral o medida de salud me valía toneladas de tocino, por lo que me atreví a aceptar el cigarro. Fue una experiencia desagradable y sin duda no volvería a repetir, pero una cosa más por tachar a la lista.

El chico descargabado se llama Luke, fue muy agradable, su personalidad emana vibras hippies. Su estilo se basaba en ropa holgada de algodón, y una gran variedad de manillas artesanales.

— Oye, ¿sabes dónde duerme Jordan? — él frunció el ceño ante mi pregunta, y me quedó mirando con sospecha.

— No me digas que te quedó gustando ese grosero.

Me reí.

— ¿Grosero?

— Es un grosero. Es el más molesto de todos.

— ¿En qué sentido?

— Pues que... bueno... ¿te gusta o no? — ladeé mi cabeza en signo de confusión. ¿Por qué estaba tan interesado en saber? Empecé a sospechar que a Luke podía, de alguna forma, empezar a gustarle, y por eso estaba siendo celoso. Pero nada más lejos de la realidad.

— No me gusta, ¿por qué? — respondí, él exhala fuertemente.

— ¡Joder, qué alivio! Pensé que te habías fijado en mi chico — mis ojos salieron de orbitas ante su comentario.

— ¿Cómo? ¿Tu chico? ¿Son... algo?

Luke chasqueo su lengua y me ofreció una mirada decepcionada.

— ¡Qué va! Ya quisiera, pero es imposible. ¡Y no se lo puedes decir! — me señala con agresividad — ¡Ni se te ocurra decirle que a mi gusta porque te saco a patadar de aquí en plena luz del día!

— Tu secreto está asalvo conmigo. ¿Por qué no le dices?

— Porque no quiero perder su amistad. Sé que le gustan las chicas, hace unas semanas tuvo relaciones con Geraldine, aunque en realidad las tiene ocasionalmente con ella. No me preguntes cómo lo sé... está bien te diré, yo iba a su habitación a joderle la vida, pero la niña esta gritaba tan fuerte que podía escucharla como si estuviera al lado mío, y por supuesto me fui de ahí.

— ¿Quién es Geraldine?

— Ella está en limpieza. Es una bajita, coqueta, de cabello largo rizado, pestañas larguísimas y contextura delgada.

No pude evitar reírme de su tan detallado relato, ya me lo imaginaba observándola mientras el humo le salía de las oídos.

— No se me olvida nunca — agrego con diversión — Yo a Jordan lo conocí antes de los Deluxores. Me sorprendió mucho verlo acá.

— ¡No te creo! — me empujó y sentó en el piso con disposición de indagar más — ¿Dónde se conocieron?

La chismeada con Luke fue bastante divertida, aunque no evité pensar que la mayor parte de nuestra conversación fue sobre Jordan. Cielos, ese chico está obsesionado.

Llegó la hora de dormir, y aunque me habría gustado hablar un rato con Jordan, al final decidí no hacerlo, no tuve razón aparente, solo quise no parecer tan desesperada de compañía.


--- Un mes después ---

Acomodé la última lata de tomates en la estantería de la cocina, y me incorporé, haciendo que mi espalda tronara. Gemí del alivio, pero al ver la paca de maíz dulce, gruñí de frustración. Agarro esa última caja a organizar, pero antes de posicionarla sobre el mesón, llega alguien de imprevisto.

— ¿Necesitas ayuda? — la voz de Jordan interrumpe mis maldiciones internas. Golpeo mi cabeza contra la puertecita de madera que tenía abierta, e instantaneamente la cierro con brusquedad.

— Carajo, Jordan — me acaricio dónde recibí el golpe, mientras lo miro con molesta — ¿Qué haces aquí?

— Lo siento, no quise asustarte. Solo vine por si querías ayuda.

Le acepto la ayuda al saber que de esa forma terminaría más rápido. Jordan se posiciona al lado mío, y empezamos a organizar el maíz enlatado. Al quedar una sola lata, rozamos nuestras manos accidentalmente. Noto, por primera vez en mucho tiempo, un revoloteo en el estómago y mi piel erizada.

— Gracias. Terminé agotada, me duele la espalda, las piernas... creo que dormiré aquí mismo — menciono en juego, mientras me siento, con dificulad sobre el mesón de gran altura.

— Me lo imagino.

— A la próxima trae menos cosas — bromeo.

— Lo haría, excepto que eso comprometería un día sin comer. Solo eso.

— Aun me pregunto, ¿cómo haces para no cagarte en los pantalones cada vez que te toca salir? No cambiaría mi comodida aquí, para salir a ver todos esos cadaveres, y esporadicamente uno de esos monstruos.

— La respuesta es que voy al baño antes — le miro con seriedad — vale, vale... Realmente no es que disfrute salir a ver la gran escena del crimen, pero sí me siento comprometido y capaz de traer a nuestra familia de sobrevivientes la comida diaria.

— No sé, a mí hasta me da miedo cuando tú vas... sobre todo, desde que dos de ese grupo, ya sabes, los mataron.

La expresión de Jordan ensombreció al recordar aquel evento que aconteció tan solo cinco días atrás.

— Lo sé. Fue horrible.

Nos quedamos en silencio por unos segundos, hasta que decido bajar del mesón:

— Ya me bajaré de aquí, quiero dormir temprano hoy. Mis piernas se van a quebrar apenas aterrice — dije, meditando la altura del mesón al que, estúpidamente, me encaramé.

— Déjame ayudarte — ofrece Jordan. Él se acerca a mí, y acopla sus manos firmemente alrededor de mi cintura, me levanta del mesón con cierta facilidad y me deja en el piso, quedando muy cera el uno del otro.

El revoloteo en el estómago se intensifica y mi corazón empieza a latir fuerte, cuando sus ojos claros bajan a mis labios por breves segundos.

— Yo... — susurra, nervioso — también me iré a dormir.

Su intención fue apartarse, pero antes de poder lograrlo, agarré el cuello de su camisa y lo atraje hacia mí, estampando un beso breve en sus labios. Inmediatamente, la vergüenza llegó a mí. Bajé la mirada y negué con la cabeza arrepentida por dejarme llevar por ese impulso.

— ¿Acaso Sasha acaba de besarme? — pregunta, sin apartarse un centimetro.

— No... eso fue una tontería. Olvídalo — suelto con torpeza. Me desplazo hacia un lado, pero el brazo de Jordan me impide el paso. Levanto la mirada, y me encuentro una sonrisa pícara en suslabios.

— ¿Pero qué dices, tonta? — Pregunta e inmediatamente, sin darme chance de responder, acerca sus labios a los míos, y los mueve con una dulce suavidad.

Finalmente, sin tener en cuenta el lugar dónde estábamos, decido dejarme llevar. Su mano derecha agarra con firmeza mi cintura, atrayendome aún más hacia él. Profundizo el beso, atrapando su mandíbula en mis manos, acercando aún más nuestras bocas. Introduce su lengua entre, empezando a sincronizar con la mía. Entre más pasan los segundos, nuestra respiración se va acelerando, y nuestros besos se vuelven más salvajes. Su mano, que antes estaba en mi cintura, baja hacia mi trasero, apretujandolo suave y deliciosamente hacia él, lo que provoca un roce ligero de nuestras partes. Ante eso, disimulo mi reacción ante la enorme y dura protuberancia que siento en sus pantalones. Siento como, ante el roce continuo, mi entrepiernas empieza a sentir una exquisita pulsación, exigiendome más y más. Ante el aumento del deseo, jalo su pantalón y lo desabrocho con agresividad. Jordan, aún más desesperado, se lo termina de quitar. Escucho un gruñido de placer de su parte que me prende aún más, sus manos se deslizan por debajo de mi camisa y ascienden hasta mis duros senos, masajeandolos con suavidad y firmeza. Jadeo con dificultad, y sin poder esperar más, me bajo mi pantalón, Jordan me agarra del trasero y me sube al mesón.

— ¿Quieres... quieres hacerlo aquí? — logra preguntar, entre besos.

— Te quiero en mí, ya — suplico, enredando mis piernas alrededor de su cintura.

Mi petición bastó para que, de una forma decidida, Jordan se detuviera un momento a sacar un condón de su pantalón. Una vez que se lo pone en su grueso miembro, se acerca, introduce dos dedos en mi vagina, atrapandome en el disfrute, sintiendo la humedad de mi excitación. Gimo de placer, cuando siento cómo introduce y saca a un ritmo constante. Una sensación de punzada se intensifica en mi entrepiernas. Jordan saca los dedos, me atrae más a él, acerca la punta de su duro y muy erecto miembro, para finalmente meterlo, por completo, dentro de mí.

— ¡Dios! — Grito, accidentalmente, a lo que él me tapa la boca. Y con más salvajismo, empieza a embestir, una, otra, una y otra, mete, saca, los dos jadeamos con intensidad, nuestros corazones aumentan su ritmo cardiaco, nuestras bocas se entre abren, hasta que explotamos de placer. Quedamos abrazados, todavía dentro de mí por varios segundos.

— Carajo — suelto, exhalando — ¿qué acabamos de hacer?

— ¿Te gustó?

— No estás mal — expreso, disimulando un poco lo mucho que me encantó.

— No me pareció algo tan mediocre según lo que vi — menciona, divertido. Levanta su pantalón del piso, y me da el mío.

Nos vestimos y salimos de la cocina, notando que los pasillos están oscuros y que, muy probablemente nadie nos notó.

Jordan me acompaña a mi habitación, tomamos un poco de agua, y se despide.


Suelto un largo suspiro, miro hacia el techo de mi habitación y sonrío por lo que acababa de acontecer.

Sin embargo, la felicidad no me duró mucho, ya que a los segundos, escucho unos gritos de horror desde el pasillo. Me aterro, me levanto de la cama de un brinco y abro la puerta.

Al ver la escena, aunque con muy poca luz, sentí una dificultad para respirar. Habían entrado dos Deluxores, ¿cómo? No sé. Muchos, volvían a encerrarse a las habitaciones, y yo pude haber hecho lo mismo, y posiblemente me habría salvado, pero no tuvo más sentido seguir viviendo. Lo primero que vi fue el cadaver de dos mujeres, un adulto y... Jordan. Mi corazón se encogió de dolor, me dejé caer y grité desde lo más profundo.

Un amable Deluxor, acudió a mi llamada y acabó con mi sufrimiento.



















11 de Agosto de 2021 a las 05:27 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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K-tarsis InBuk A escribir lo que el corazón demande. ❤️

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