u15949348041594934804 Víctor Andrés

En esa profundidad estaré cerca de los demonios de mis pesares


Cuento Todo público.

#347
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DONDE NADIE ME ESPERE

Yo solo quiero llegar a ese lugar en donde el tiempo no conoce de reloj y el alba es tan sublime y bella…ella abriendo sus alas, cubriendo el cielo con sus brazos arrebolados, abrazando con la ausencia de la fuerza los nichos agrestes de la esperanza.

Usted que me mira con esa insipiencia en sus ojos aún no sabe el porqué de mi decisión de irme a ese lugar tan profundo, pero tampoco le pido que me entienda, pues se requiere de paciencia para comprender los pensamientos que surcan mi cabeza alrevesada. Lo que sí debe de conocer usted es que yo lo que busco es justicia negada en tribunales, busco la calma que se me escapo por la ventana una noche de otoño cuando en el cielo carraspeaba molesto dios; usted no se dio por enterado de esa noche y no tuvo porque, pues su presencia era impensable en esos tiempos remotos. Esa noche todo se estremeció, hasta las ampollas de los dedos se reventaron del sacudón, la gente toda salió a las calles persiguiendo lo que les habían arrebatado; las mujeres perseguían hijos, los padres perseguían esposas, los hijos perseguían amor y las viudas recuerdos; todo fue tan de repente, un estremecimiento ligero, un cielo negro iluminado por flamazos de espanto, después una calma y un poco después la tormenta, un remolino gigante que nadie vio entró por todas las ventanas y se lo llevo todo. Yo lo sentí, pero no me levante a perseguir lo arrebatado, ya al día siguiente al enterarme de mi perdida hui de aquel sitio, despavorido en busca de ella y ya ve que no la he logrado encontrar, pues en mi mirada aún falta la luz.

Esa noche se grabó indeleble en las memorias de todos los que todavía se acordaban de recordar. Dice el mito que por esta temporada de vientos fuertes que arrastran maledicencias venidas desde las bocas de los desposeídos, se ve subir y bajar de las colinas una sombra similar a la de aquella noche, la han visto sentarse en las mesetas a divisar el pueblo, muchos de los que lo perdieron todo van a querer matarla con sus deseos apagados, refugiados en un anhelo de venganza que se desvanece conforme se envejece y se olvida, se unen en grupos de diez o quince desgraciados y salen en bandada a las colinas asfixiados por el dolor de sus pasados.

Un día me senté aquí mismo, les vi subir raudos por las laderas mientras ella apostada cálida sobre un viejo árbol de eucalipto entonaba con su violín melodías de dulces sensaciones; vi cómo se le acercaban por los costados, armados hasta los dientes de furia, ese día mascaba tabaco y bebía algo que ahora no recuerdo bien, recuerdo ahogarme al ver como la atacaron sin compasión, la ira se encargaba de disparar los revólveres, si no fuera por ella los pobres desgraciados no tendrían fuerza ni para caminar, en un instante el aire se llenó de humo y niebla oscureciendo el pueblo, la oscuridad duro hasta la noche cuando la luna llena se levantó de su aposento y vino a iluminar nuestros senderos de dudas; nunca volvieron, desaparecieron ese mismo día, se los trago la venganza de un solo bocado, no tenían mucho y fueron a perder lo que tenían por prestado y regalado dejando deudas. Ve usted, por eso yo me voy para ese lugar profundo, de lo lejano que es la venganza no se asoma.

No se extrañe al oírme ni abra esos ojos pardos tan exageradamente, corre usted el riesgo de que se le salgan y después de eso no hay después, es solo el final sin comenzar. Yo debo irme para ese lugar porque es lo correcto, porque es en ese espacio en donde no se siente nada, entonces yo descansaré al fin de este martirio tan horrible que es sentirlo todo y es que es un sufrimiento constante, le desgarra a uno el alma a cada instante, a cada hora caen pedazos astillados al suelo, se les ve el hilo rojo que los une extendido en la arena, revolcándose, empolvándose hasta que se muere, hasta que se le agotan las ganas de vivir, es ahí en donde se va muriendo a paso lento, parte por parte, dolor tras dolor, como por etapas en vez de morirse uno de una buena vez sin tanta ceremonia, que solo sea cerrar los ojos y abrir la boca para que el espíritu salga alado directo al sol y se incinere a medio vuelo esfumándose del mundo sin cenizas para recomenzar. Pero no, tiene que ser por partes, por fragmentos, se debe alargar la vida, aunque su llama ya se encuentre sofocada.

Aquí no es bueno vivir, se lo digo para que reconsidere su deseo de quedarse a construir futuro, se engaña si cree que aquí lograra usted algo bueno; los que llegamos lo hicimos en enero con un costalado de ideas e ilusiones, traíamos azul clarito en los pulmones y verde oliva en las palmas de las manos, veníamos con piernas fuertes para caminar y un corazón henchido de promesas, traíamos una maleta enorme, inmensa, llena de color y todo agonizo al llegar a los abriles. El costalado de ideas se fue rompiendo debido al peso, en la entrada lo saquearon, las pocas que sobrevivieron se deformaron en las manos de quienes no supieron apreciar el regalo de la oportunidad; las ilusiones se banalizaron, la aridez de la tierra las marchito y solas se enterraron en las profundidades del desasosiego; el azul clarito de los pulmones no llego a febrero, los cielos grises y las nubes pomposas de un negro embetunado lo rezagaron, con sus tentáculos lo amordazaron, debilitándolo hasta el punto de verlo fallecer y explotar dejando en nuestros pulmones la sordidez de un gris fatigoso; el verde de las palmas de las manos fue polvo en marzo, lo sembrado marchitó dejando raíces desgajadas, las flores se adormecieron en el vapor sepia de la agonía, perdieron su lucidez ingresando a los portales de la locura; las piernas fuertes se doblegaron frente al camino empinado, ellas antes gruesas se trastocaron en estacas secas y viejas como palos de linderos, fueron destruidas por la perseverancia de la costumbre y ese corazón henchido de promesas palideció ante la constancia de los paros respiratorios, desencajado de toda expectativa por la fuerza de la desilusión.

¿recuerda que le dije que aquí se muere a pedazos? No se extrañe si se encuentra por las trochas a miles de hombres regados en el suelo recogiendo las migajas desperdigadas de su alma, hundidos en la miseria, los vera usted arrodillados, tomando en las manos sus fragmentos, desempolvándolos, dándole vida a lo que debe morir; no se sorprenda si los ve correr en busca de las ancianas para que les reparen los daños y lo vera, porque así debe ser, vera como las ancianas sentadas en sus sillas de mecer se balancean al compás que cosen con esmero las partes dispersas de las almas, sus ojos verán un hilo dorado resplandecer entre el lúgubre paisaje, ellas devotas hilan e hilan pedazos de vida, uniéndolos para evadir la muerte; tal vez al principio se aterrorizara, pero luego lo sentirá común, tan normal y tradicional que usted mismo llegara a que le borden pedazos de su alma cuando se empiece a despedazar. No se asuste, no hay razón, el miedo a morir es el motor para seguir viviendo vidas agotadas por ser vividas de más y usted se aferrará a él como recién nacido al pecho de su madre, es natural, instinto por sobrevivir, ya después se cansará de tanto esfuerzo por vivir y entenderá que es un sinsentido jugar un juego con las piezas más malas en su mano.

Yo deje de perseguir la vida hace poco tiempo, abandone la ilusión de recuperar lo arrebatado. No regresé donde las ancianas tejedoras que también viven sin derecho a seguir viviendo, pero no mueren porque su destino yace atado a la necesidad de dar esperanza a los que sufren y ellas se alimentan de eso, unas ya se encuentran cansadas de tantas mentiras, de bordar y bordar añoranzas empalagosas, pese a ello no pueden renunciar ¿no le parece muy cruel? ¿Vivir para los demás y a la vez perdiendo la vida para sí mismo? Cuando yo me vaya se encontrará con mi voz y mi quejido en algunos rincones del pueblo, que ello no le espante, son fragmentos de mi alma que se niegan a morir, que esperan manos que las arropen y les regalen secunda oportunidad, si las ve o las oye, no las toque ni las tome en brazos, déjelas morir o mátelas de un pisotón como si lo hiciera con un viejo recuerdo espinoso que le hiere el corazón.

¡oiga! No se duerma ni mucho menos se le ocurra huir, no hay espacio para remordimientos, ya usted dio un paso al frente y dos atrás no le devolverán al punto inicial, prepárese porque usted eligió esta maldición, fue su decisión vivir aquí y buscarme para darle consejo, muy afortunado el encontrarme antes de mi partida; de gracias de encontrar a alguien como yo que le puede dar testimonio para que conozca a lo que se enfrenta, yo no tuve esa oportunidad, yo llegue con ánimos de triunfar y hoy solo quiero darle fin a esta derrota prorrogada. Vea, tome de esta bebida, tiene limón y otras yerbas con toques de alcohol y si desea masque un poco de tabaco; no reniegue lo que le ofrezco, la bebida le sentara bien, no puede usted creer que toda esta tragedia se vive con los cinco sentidos despiertos, hay que envolatarnos, sobornarlos, engañarlos, un poco de fantasía no le cae mal a tanto horror.

Ni por el carajo hable con las gentes sobre la noche aquella, ni les pregunte nada de nada; aquí ya no se habla de eso, es un tema vetado, ¿sabe por qué? ¡que va a saber usted si recién llego! Pues le digo que es algo prohibido por el miedo, las gentes temen que al hablar de nuevo sobre ese día regrese la sombra a llevarse lo poco que dejo; como ya le dije la han visto por las colinas merodeando, de pronto le da por volver y ahí sí, estas cenizas que sobrevivieron al primer incendio y buscan llama para resurgir se extinguirían de golpe por las ruinas de un segundo ataque.

Es que en definitiva todo el pueblo cambio después de esa noche, todo dio un giro impensado que nos tomó sin aliento y de brazos cruzados. Las gentes aquí sueñan de día, llenan los vacíos con sueños felices, por eso si ve mucha gente en las horas de la mañana no se asuste, son los sueños que pueblan las calles, muy pronto los suyos también llenaran sus ausencias. Recuerdo a un muy querido anciano que me dijo una vez “vinieron a nosotros por culpa de los sueños, soñábamos mucho y muy duro en las noches, esos sueños con tanto poder creo yo que superaban las cordilleras y llegaban a los valles del rio del otro lado de la montaña, llegaron a los oídos de la sombra y vino entusiasmada por calmar su hambre y lo hizo, en una noche nos robó el aire, dejándonos exhalaciones de angustia con olor a infierno”….y le creo al viejo, tanto que lo llaman profeta, por eso se sueña de día y con suavidad, midiendo los sueños para que no traspasen la montaña, ya en las noches no se sueña pues lo único que trae son pesadillas, en las noches se intenta descansar con los ojos abiertos, en vigilia, protegiendo a los sueños que se esconden debajo de las camas.

Yo creo y ese es un problema, creer tanto, dando añoranzas a huecos oscuros. Creo que quienes temen a la muerte son idiotas, muchos dicen que morir es doloroso, escalofriante, que la agonía es larga y las penas y pecados se levantan de sus tumbas picoteando el cuerpo del moribundo, pero ha de ser falacias de los mentirosos; la muerte es bella cuan doncella, ella viene a darle alivio a los dolores, el mejor remedio para la enfermedad de vivir; yo me la imagino en las noches, entrando cuidadosa, tomando mi mano y besando mi frente con su boca fría llevándome consigo, sin dolor ni tormentos, ella muy bien sabe que vivir aquí es un sufrimiento impagable, que los cuerpos de los que aquí vivimos son mapas de tragedias marcados con crudeza, sé que ella no contempla más castigos para quien aquí vive pues no existe peor castigo que vivir aquí, en este purgatorio porque lo es y ella lo sabe y bajo la boca del volcán está el infierno esperándonos.

Mi tiempo de partir se acerca, es lo justo y necesario. Usted aprenda a vivir lo que debe, no se aferre de banalidades, cuando le llegue la hora solo recíbala con beneplácito, invítele a un café y después déjese llevar por su capa. Usted se dará cuenta que la existencia en este paraje es linda mientras no busque cosas no perdidas, sentirá como el sol se acerca a su cabeza y le quema los cabellos, vera como el pueblo se confunde con los vientos rojos, como la alegría arde bajo las llamas del sol implacable dejando solo cenizas, usted vera las calles como ya le dije llena de sueños en el día y de fantasmas en las noches, no salga mucho de su casa que antes era la mía, solo para lo necesario y precisamente lo necesario es soñar, eso no le alargara la vida, pero le evitara envejecer pronto, se conservara joven un poco más siempre y cuando no deje que los espantos aniden en su cabeza y le saquen canas, aléjese de los que llenan sus vacíos con esperanza como si fueran guijarros que se llenan con agua de los ríos, ilusos ellos que no notan que el fondo está roto, no se vincule con nadie ni se encapriche con la vida, no la extienda al infinito, no se haga ese daño, vivir con ganas de morir y no querer morir por miedo a sufrir es la cruz pesada que cargara por siempre, que no le atemoricen las visitas inesperadas, vera ángeles o brujas sobrevolando los cielos en las noches, con seguridad serán las segundas y no los primeros, si lo invitan a una copa o le ofrecen compañía dígales que sí, son buena compañía, le ayudaran a soportar el peso, lo deleitaran con sus historias, lo hechizaran y lo harán reír, aproveche que cada vez son pocas las veces que vuelan por aquí, considérese afortunado si las ve, como le dije, se necesita de fantasía para vivir, embriáguese cada cierto tiempo, emborrache sus preocupaciones y temores, nadie sobrevive sobrio más de dos noches, acostúmbrese a perderlo todo sin opción de recuperarlo o ganar algo, conviértase en alma en pena y navegue junto a los otros las aguas turbias de la nostalgia, déjese morir, déjese caer en el abismo, no piense en pérdidas ni en dolores, el solo hecho de estar aquí significa que usted no tiene nada por que luchar, así que solo respire recuerdos y viva de sueños hasta que la llama diga suficiente.

¿y usted porque se va tan profundo…tan lejos?

En esa profundidad estaré cerca de los demonios de mis pesares.

Mi tiempo aquí termina porque así lo decidí. En estas tierras hay un vicio que se volvió costumbre y tradición. Todos nos gastamos la vida esperando sentados mirando por la ventana, mirando hacia el pasado, alimentando la esperanza de recuperar lo que nos fue arrebatado esa noche, esperamos acariciando con desvelo las fotografías, llenando la habitación con memorias disfrazadas de verdad, esperamos año tras año un regreso que no llego y así se nos fue la vida, esperando a quién no ha de volver; nos deshacemos en esperanzas que nos entierran. Yo me canse de esperar y tarde en comprender que no regresaría jamás.

Por eso me voy al lugar de mi descanso, donde no existe el martirio de la espera, me voy a lo profundo en donde el sol mezclado con la mar me da la eternidad.

Entonces no me esperes porque no regresaré y no te esperaré porque sé que no regresaras.

Es hora de dormir, la noche se acerca.

24 de Julio de 2021 a las 22:05 0 Reporte Insertar Seguir historia
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