delulutime 𝒅𝒆𝒍𝒖𝒍𝒖 🦋

Jungkook olvida su cuaderno en la casa de su mejor amigo, sin esperar encontrar al padre omega de este, en celo.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

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Cuento corto
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Único

Jungkook pateó una piedra que se había topado en el camino, gruñendo por casi décima vez en los quince minutos que llevaba caminando desde su residencia hasta la de Park Taehyung, su mejor amigo, confidente y alma gemela desde que tenían uso de razón.


Duh, exageraciones.


Taehyung y él congeniaron bastante bien en un campamento de verano, hace casi tres años. Ganándole al castaño por dos años, Jungkook se convirtió en uno de sus pilares y viceversa. A pesar de no ir a la misma institución-Jungkook ya asistía a la Universidad- su amistad perdurará firmemente por largo tiempo, o así lo veían Jungkook y el propio Taehyung.

Desde el primer día, Jungkook siempre fue bienvenido al hogar de los Park. Siendo el cabecilla de familia, Jimin era el omega encargado de engendrar a su único hijo con esfuerzo y dedicación, apartando el hecho de ser omega. Los de su jerarquía se caracterizan especialmente por tener un alfa protector que los guíe y por ende, proteja; Jimin siempre se esforzó, luchando contra sus instintos para ocupar él ese lugar, mantener el orden que creaba su revoltoso hijo y también soportar los comentarios ofensivos al no tener una marca en su cuello que declare estar reclamado, con un pequeño en sus brazos hace años.


Jungkook admiraba el esfuerzo de Park Jimin por mantener una vida sana y tranquila para sus seres queridos, además el pelinegro siempre era amable con él. Hasta se podría decir que el pequeño Omega le guardaba cariño.


Sin embargo, su malhumor no se debía a tener que dirigirse a la casa Park, sino por el hecho de que allí estaba su salvación para no volver a cursar una asignatura dos veces. Su inteligencia era bastante amplia para la sorpresa de muchos, no obstante los últimos días Taehyung decidió mantenerlo ocupado. Por lo cual debe recoger su libro y estudiar por días enteros.


Siendo un alfa, contaba con bastantes beneficios, pero elegía valerse por sí mismo y en aquello le iba realmente bien. Con el cabello negro como el carbón, sus ojos de un atrapante color oscuro y facciones definidas casi a la perfección, Jungkook cumplía con el estereotipo que la mayoría admiraba. Siendo fuerte por naturaleza, de cuerpo grande y un atrayente aroma a chocolate con menta que muchos anhelaban.


Era muy afortunado y bastante conforme con lo suyo.


Alzando la mirada del pavimento, el hogar de Taehyung apareció en su campo de visión, una hogareña casa de un solo piso con colores grises y blancos, entre otros. Sencilla y muy bonita; sus botas de cuero subieron los escalones de entrada y golpeó, esperando que Taehyung saliera. Realmente no lo sabía, pero apostaba que su amigo estaría durmiendo, por eso no respondía a sus mensajes; necesitaba salir de apuro en cuanto antes.


Un suspiro salió de entre sus delgados labios al no obtener respuesta, así que golpeó de nuevo. No se iría de allí sin antes recoger el maldito libro que necesitaba para comenzar con lo que debía hacer y mantener su línea de calificaciones como siempre. No solía tener mucha paciencia, menos en momentos como este.


―Maldita sea, Taehyung ―masculló, pasando una mano por sus cabellos negros, golpeando la puerta fuertemente y repetidas veces―. ¡Park Taehyung!


Y antes de que pudiera decir alguna otra maldición, la puerta de madera blanca se abrió ligeramente. Jungkook ladeó la cabeza ante aquello; un par de ojos color azul lo observaron con nerviosismo desde la rendija que permitía la puerta abierta, con destellos que los volvían atrapantes y la humedad en sus pestañas expresaban el reciente llanto por el que pudo haber pasado, según Jungkook, pues parece que secó sus mejillas torpemente. El cabello negro del omega se encontraba revuelto con algunos mechones pegados a su frente con sudor, una tierna nariz arrugada y los labios gruesos permanecían de un color casi cereza, algo abultados.


―¿Jun-jungkook? ―susurró con temblores, sacando de la ensoñación al menor. Sólo apretó el borde de la puerta con sus pequeños dedos, frunciendo el ceño― ¿Qué ha-haces aquí?


Jungkook simplemente arqueó una ceja con incertidumbre. Park no demostraba estar del todo bien como en la mayoría de las veces. Ahora parecía más...asustado, queriendo esconderse en si mismo e intentado soportar algo por lo mal que temblaba su cuerpo.


―Hola, Park. Le envié un mensaje a Taehyung ―comenzó a hablar ignorando las muecas que hacía el omega, sintiendo su conocido aroma a malvavisco y macarrones sutilmente en el aire― necesito recoger...recoger...―su cuerpo dio un pasó atrás inconscientemente, con un mareo como si fuese un golpe directo a su rostro. Se escuchó un jadeo agudo y la puerta chocar pero sin llegar a cerrarse.


Aquel aroma volviéndose atrayente, muy dulce, tan provocativo para el instinto del alfa que ahora parecía recobrar la compostura, inhalando mientras sentía sus caninos sobresalir más de lo normal. Casi sintiéndolo en su lengua, tan palpable y a su alcance; su gran mano acabó por empujar la puerta, recibiendo más oleadas de feromonas del omega arrodillado en el suelo. Sudando y jadeando; mostrando la vulnerabilidad que expresaban sus ojos junto a la expresión del rostro. El fuego dentro suyo quemando como brasas encendidas, caliente y cansador. Amenazando con perder su estabilidad. Este siendo cada vez más insoportable.


Y de esa manera, cuando el omega en el suelo chilló, algo se removió en el interior de Jungkook; algo pesado, golpeando su alma con insistencia ante aquella ferviente imagen. Estaba volviendo su sistema pedazos en pocos segundos, sintiendo como el dulce aroma a macarrones inundaba sus fosas nasales, llamándolo; pidiéndole que arrancara sus pantalones y lo dominara como un animal salvaje. Que lo montara, que tomara al omega que lo veía desde el suelo con ojos electrizantes, y azules como el mar. Maldita sea, podía jurar que su lobo fue quien soltó un gruñido hambriento, escuchando sollozar al pequeño pelinegro, quien con un gesto sumiso tiró un poco su cabeza hacia un lado, dejando al descubierto su suave y limpio cuello sin marcar.


A pesar de que su Omega pedía insistentemente tomar el control, Jimin no lo cedió, sin embargo eso no quitaba el hecho de estar débil y jodidamente caliente, sacando a relucir sus instintos. Todo su ser sacudiendose ante el imponente alfa que empujaba la puerta hasta dejarla cerrada. Aún sobre sus manos y rodillas, soltó un chillido asustado al percibir aquel fornido cuerpo quedar muy cerca suyo, liberando feromonas con toda la intención de atontar al pequeño Omega.


Jungkook se mostró satisfecho ante su sumisión, mientras se ponía de cunclillas frente a él, dejando apreciar sus ojos que de a poco, con cada golpe de calor, tomaban un color rojo más intenso, más intimidante como naturalmente lo era.


—Jamás imaginé verte así.


Jimin gimoteó ante su ronca voz, tambaleándose por el aroma del menor. Este se divirtió, observándolo; como su camiseta talles más grandes caía de un lado por su hombro, dejando la suave piel a la interperie, además de sus shorts que solo vestía cuando estaba solo en casa. Sintiéndose bastante culpable por sus gustos. No obstante, Jeon podía vivir con la imagen de aquella pequeña prenda negra ajustarse a su gran trasero. Aunque justamente, la tela se encontraba húmeda por el lubricante natural que lo manchaba en abundancia, encontrándolo como enviado en bandeja de plata.


Y el gruñido que soltó inconscientemente, le dejó claro que iba a perderse en sus instintos.


Sin recordar que el Omega era diez años mayor que él, y que era el mejor amigo de su hijo.


Jimin definitivamente no pudo seguir pensando en como esconderse en sí mismo, cuando una gran mano apresó su nuca, tocando en un agarre suave pero dominante. Esa acción aflojó todas sus extremidades, sintiendo por primera vez lo que era estar dominado. Por lo pequeño que era su shorts, el siguiente chorro de lubricante que liberó, escurrió por sus jugosos muslos, haciéndole ver sucio mientras inclinaba su cabeza al suelo, en un acto de consentimiento y sumisión, que dejaba claro que necesitaba ser dominado voluntariamente. Que sería un buen Omega para el gran alfa que ahora tiraba el borde de sus shorts hacia abajo.


Y maldita sea, si que estaba consciente de quien era Jungkook, un muchacho que meses atrás había llegado como el mejor amigo de su hijo. Un alfa puro, poderoso y seguro de sí mismo; además de ser alguien noble con las personas y querer valerse por sí mismo ante la sociedad quejumbrosa que dictaba que los alfas debían ser los más privilegiados ante el mundo. Jimin quedó encantado cuando Jungkook con sus acciones dejó claro que no sería así para él, y de cierta manera también lo vio como una buena figura que debía seguir Taehyung, quien era mucho más inmaduro y el bebé de su padre.


—¿Serás un buen omega? —habló en voz baja, usando su mano disponible para empujar el muslo interno de Jimin y así separar sus piernas, comenzando a desabrochar sus pantalones después.


Todo eso en una continua tranquilidad, porque sabía que Jimin sería obediente. Porque permanecía quieto, con su frente apoyada en la suave alfombra de la sala pero su rostro contraído en las emociones que le causaban las palabras de Jungkook y su presencia misma como tal. Estando en celo, el pequeño pelinegro era mucho más sensible que de costumbre.


—Si, A-Alfa...—sollozó, agitándose cuando la erección del más alto presionó sobre su mojada entrada, empujando más su pecho al suelo a medida que ingresaba a su cuerpo. Pues como el Omega que era, no necesitaba ser preparado para la penetración.


Simplemente sintiendo el gran miembro del menor estirar sus paredes internas en exceso, gimiendo de gusto ante los movimientos que apagaban cada unos segundos la llama encendida dentro de sí. No había besos de por medio, ni caricias, solo el áspero agarre de Jungkook y su polla tomándolo como el Omega necesitado que estaba siendo. Más adelante habría aquellas muestras de afecto, pero justo ahora la situación era áspera y cruda; mientras Jungkook presionaba la zona de su nuca contra el suelo y lo jodía con su culo en pompa, ingresando a través de bruscos movimientos que hacían chocar sus humedad pieles. En tanto el Omega chillaba de gusto con lágrimas cayendo al suelo, quedándose tieso en su lugar ante el gutural gruñido que le hizo escuchar el menor. Jimin supo así que Jungkook era de aquellos pocos alfas dominantes en la intimidad, exigiendo que su omega se colocará sumiso y congelado. El pequeño pelinegro estaba disfrutando aquello.


Con su gran camiseta amontonada hasta su media espalda, dejando ver su fina cintura y muy suave espalda, hasta llegar a las curvas de su trasero redondo y pálido, que ahora se encontraba rojizo por las embestidas. Jungkook amó la vista proporcionada, calentándose más de la cuenta y encontrando al padre de su amigo completamente hermoso. Solo tal vez, le haría caso a su lobo interior luego de lidiar con Jimin.


—Siéntelo —siseó, escuchándolo lloriquear— siente como presiona tus entrañas.


Jimin sollozó ante su vocabulario, el placer creando un tumulto en su vientre que presionaba cada vez más, ajustándose alrededor del eje dentro suyo, que aceleró más sus embestidas e hizo que las rodillas del omega resbalaran sobre el liso suelo de caoba. Intentó no moverse, lo intentó, no obstante de igual manera su pequeño cuerpo convulsionó al correrse de manera abundante contra su abdomen, sollozando. La poderosa polla enterrándose por última vez en su interior antes de salirse, lanzando tiras de líquido seminal justo en la entrada abusada del más pequeño, dejándolo sucio y usado sobre el suelo.


—¿Cuánto dura tu celo, Park? —indagó, relajándose un momento cuando agachó su rostro hasta donde se situaban los hoyuelos de mayor, rozando su nariz en la tersa piel— contesta, omega.


Jimin se retorció en su lugar, sintiendo como aquella voz provocaba una nueva reacción en su cuerpo— Ci-cinco días, alfa...


Su languidez fue evidente cuando el más alto lo volteó boca arriba, cayendo ante la oscura mirada que lograba superarlo, su jugueton lobo reconociendo aquellos ojos como los dueños de su alma, los que deberían pertenecerle siempre. Se sentía protegido.


—Me reconoces como tu alfa —susurró, acariciando con su pulgar el abultado labio inferior de este.


Jungkook se deleitó como una nueva ola de calor atravesaba al pelinegro, escuchándolo soltar un sonido agudo típico de un Omega mientras se retorcía. Joder, definitivamente iba a tomarlo tantas veces como quisiera. Después de todo, no era como si no hubiese notado al omega de Jimin antes.


Entonces, Jimin no tuvo mucha conciencia después, con su cuerpo sudado y su camiseta perdida por ahí. Solo sintió que era situado en su cama y prontamente uno labios adueñándose de los suyos, jugando con su cordura ante las caricias que Jungkook le proporcionaba.


Sé un buen Omega para tu Alfa le había dicho en algún momento, logrando que sumisamente Jimin se dejara abrir de piernas por completo, siendo tomado por segunda vez; dejando que Jungkook empujara contra el con insistencia, mientras él sollozaba a causa del insoportable calor en su cuerpo y la sensación de estar mojado en todos lados, siendo levemente aliviada con el paso de los minutos. Sintiendo los músculos descubiertos de Jungkook contra él; un gran cuerpo marcado y pálido, una expresión de furia que en realidad era éxtasis, y un poderoso agarre sobre su pequeño cuerpo que le hacía ver estrellas. En su vida, incluso antes de dar la vida a Taehyung, jamás había sido así; tan sumiso, dominado. Prefirió ocuparse de su hijo luego de tenerlo, luchar por una vida digna para los dos sin dejar relucir sus ganas de tener un alfa que le dé el cariño necesario, que se ocupará de él (no económicamente, tenía manos y amaba trabajar), que de cierta forma sea la cabecilla de la familia protegiéndolo, reprimiendo al omega durante un momento de intimidad.


Jimin necesitaba especialmente eso, que Jungkook lo regañara por hacer algo mal o que sea duro con él, que sea dominante. Han pasado muchos años y Jimin simplemente necesitaba dejarse ser, ser contenido también. Y Jungkook, maldita sea, estaba dándole lo que necesitaba.


Y perfectamente.


El estridente sonido de la cama chirriante le hacía calentar todavía más porque dejaba en claro que tan fuerte estaba siendo tomado. Solo soltando quejidos bajos, jadeando por la boca que marcaba su cuello, raspando la tierna piel con sus colmillos pronunciados; justo en la zona que ardía por no ser marcado. El menor inhaló ahí, paseando su nariz de un lado a otro hasta crear una marca de olor encima de su glándula, dejando que su propio aroma fuera el único en el cuerpo del omega. Jimin lloró por eso, la calidez alojándose en su pecho, a medida que su punto dulce era violentado por las aceleradas embestidas del Alfa, llevándolo al borde.


—Vas a tomar mi nudo, ¿Comprendes? —murmuró cerca de su lloroso rostro, apreciando su expresión de temor, pero de nuevo, sería bueno para Jungkook.


Este tomó los muslos del omega y los separó, dejándolos inmovilizados antes de proceder a arremeter con su fuerza natural dentro del más pequeño, quién se quejó de todas las formas antes de culminar otra vez, cerrando automáticamente su estrechó canal, logrando escuchar un gruñido animal del que ahora presionaba por última vez en su interior, dejándolos totalmente pegados por el nudo que comenzaba a tomar forma y aferrarse a las paredes internas de este, muy cerca de su prostata inflamada a medida que el líquido nacarado lo llenaba también.


Jeon observó como el brindarle su nudo al omega logró calmar su calor por un buen rato, solo dejando a un Jimin bebé que ahora lo miraba con ojitos de cachorro.


—A-alfa...—susurró con ojos brillosos. De cierta manera sintiéndose adolorido por el nudo no tan pequeño en su interior. Sus piernas permanecían abiertas a los lados del menor, y sus pequeñas manos sobre más sábanas.


—Siempre he sido tu alfa y lo sabes —arqueó un ceja— entonces a partir de ahora yo estaré a tu lado, voy a ocuparme de ti y me importa muy poco el hecho de que sea menor que tú —aclaró— ¿Comprendes?


Ante la mirada seria de Jungkook, Jimin se mostró tímido, cediendo.


—¿Mi alfa?


—Tu alfa —susurró en su oído, trasladándose a la boca de cereza, tan dulce como la actitud de su portador.


Jimin se dejó hacer, en ese momento y las horas que siguieron. Hasta la madrugada en donde el cuerpo del omega pidió un respiro y Jungkook se cansó de dominarlo. Para ese entonces Taehyung no había llegado a casa así que entre su faceta tímida, Jimin le dijo que su hijo pasaba aquellos días en la casa de su primo, dejándolo solo para hacer sus cosas. Aunque lo cierto es que, el pequeño peliengro podía contar con los dedos de su pequeña mano las veces que se dió placer a sí mismo, ya que le parecía demasiado vergonzoso hacerlo. No obstante, la mirada que le dirigió el más alto junto a un susurro a su oído le puso los pelos de punta.


Definitivamente ya no tendría que sufrir en sus celos, o tal vez si, pero a su manera.


Ambos acabaron durmiendose alrededor de las cinco de la madrugada, con el cuerpo de Jimin repleto de marcas y fluidos, bajo una fina sábana con Jungkook detrás de él, dándole un abrazo protector.



Fue por la mañana que su cuerpo se removió inconsciente, sudando ante la nueva presencia del celo. La sábana estaba molestando alrededor de su piel caliente, sin embargo, está fue retirada enseguida antes de que unas grandes manos tomarán las caderas del omega, dejándolo en una postura cómoda.


Así fue como parte de la mañana, Jungkook lo despertó con su polla dentro, hincando sus dientes en su nuca.


—Necesitamos un baño —le dijo una vez el más bajo estuvo laxo contra su cuerpo.


—Alfa...


Jungkook ignoró sus lloriqueos, cargándolo al estilo nupcial hacia el baño privado para comenzar a preparar la ducha. De esa manera Jimin se sintió muy bien cuando el menor llenó de jabón su cuerpo, lavandolo por completo junto a su sedoso cabello oscuro. Durante el proceso lo miró con sus pequeños ojos, subiendo un poco la cabeza por la diferencia de altura; ahorrando directamente las palabras y objeciones sobre por qué no deberían estar juntos. Tampoco quería hacerlo, Jeon estaba dándole lo que durante mucho tiempo -nunca- tuvo. Dejándose hacer cuando secó su cuerpo, sin hacer comentarios ofensivos hacia su anatomía; pues desde el momento en que tuvo a Taehyung, su cuerpo cambió por completo y sinceramente, estuvo demasiado ocupado buscando un trabajo como para fijarse en arreglar sus imperfecciones e incluso volver firme sus atributos. Jungkook no comentó nada cuando pasó la toalla por sus muslos firmes pero no duros, con ligeras estrías en la parte interna tal como tenía en su espalda baja; tampoco objetó porque su estómago no era plano o sus manos muy pequeñas. De cierta manera, es porque Jungkook encontró humanidad en cada zona que recorrieron sus grandes ojos.


Estaba más que claro que sus lobos solo se conectaban cada vez más con el paso de las horas.


Tal como ocurría con las almas predestinadas.


—¿Qué quieres ponerte? —abrió por cuenta propia el clóset de su Omega.


—Uhmm —dudó, pero al ver al alfa, decidió ser sincero— e-esto... —mordió su labio nervioso, tomando un short rosa pastel con líneas blancas en los bordes y a cada lado. Aquel que le quedaba justo por debajo de su trasero pero que según él le hacía sentir bonito— ¿está bien, Alfa?


Jungkook quiso sonreír al buscar su aprobación, y no quedó más que encantado cuando el omega se vistió frente a él, tomando también una camiseta blanca de su talle, haciéndole ver su tierna panza si levantaba sus brazos.


—Está más que bien, bebé.


Este rió bajito, mordiendo su labio al estar repentinamente feliz. Tanto que las ganas de preparar el desayuno para su alfa, le hizo emocionarse.


Jungkook era su alma predestinada, por lo tanto no tenía el derecho de rechazarlo, y tampoco quería hacerlo. Sería un completo reto sobretodo con su hijo, pero ver a Jungkook mirándolo con adoración mientras paseaba por la cocina sin miedo a mostrar su cuerpo, valió completamente la pena. Aún más cuando los ojos del alfa brillaron al probar su comida una vez más. Esto le hizo sonreír mas, dejando de hacerlo cuando Jungkook lo premió; quitando sus prendas inferiores y subiéndolo a la mesa.


—Toma supresores, no pienso dejarte en cinta sin antes comenzar un cortejo apropiado —murmuró contra la abultada mejilla del mayor, acariciando su pancita debajo de la camiseta.


Jimin asintió, más que de acuerdo con el pelinegro más alto. Pensando en que vivirían días difíciles a partir de ahora, aunque sabiendo que el alfa lo protegería de cualquier cosa.


Por el cuaderno olvidado de Jungkook y el nuevo sentimiento de sus lobos fue que los más bajos instintos salieron a flote. Y ahora, dos almas comenzaban a unirse en una sola para sostenerse mutuamente.


23 de Julio de 2021 a las 23:19 3 Reporte Insertar Seguir historia
17
Fin

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hd halison dollereen
Una pregunta, ¿Vas a continuar la historia de care for.me porque la verdad esa historia me atrapó demasiado 💜🤗

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