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Cami Jimenes


Sarah acaba de ser transformada en vampiro y deberá acostumbrarse a la nueva y extraña vida que le tocó experimentar, y sin olvidar la maldición con la que vive desde pequeña. Para ella no pasan los meses o los años, no, su vida se basa en siete días que se repiten por toda su, ahora, nueva inmortalidad. Cada día ella representa un pecado capital, deberá soportar también nuevos cambios en su organismo y vida.


Historias de vida No para niños menores de 13.

#pecados #227 #maldiciones
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Prólogo

La raíz de la maldición, pero no el principio y mucho menos el final. Aquí hay más de lo que se ve.

─Me mentiste ─declaró con firmeza─. Te hice un favor, uno muy grande y me pagas con traición y mentiras.

Se giró hacia ella en tono amenazante, no lo necesitaba el solo estar cerca de él ahogaba en terror a las personas.

─No…no yo ─titubeó─ lo que me pides es imposible.

Su voz sonaba temblorosa, le temía, le temía como a nada, sabía de lo que era capaz de hacer cuando no obtenía lo que quería. Era una bestia irracional.

─El favor que me pediste también era imposible pero busqué la manera de hacerlo posible, pero tú ─gruñó mirándola fijo a sus ojos marrones─ eres una mentirosa y por eso haré que pagues.

─Por favor no me hagas daño ─rogó al monstruo─. Haré lo que pidas, te daré lo que pidas pero no me hagas daño.

─No pensaba hacerte nada a ti.

La mujer abrió los ojos al tope al darse cuenta de que aquel monstruo haría daño a lo más preciado que tenía en su vida, no lo permitiría, no podía.

─No, no mi hijo no, a él no te atrevas a hacerle daño ─demandó fingiendo autoridad, una que en esta situación carecía.

Muy en el fondo sabía que por mucho que pidiera y rogara por qué no hiciera daño a su pequeño hijo sería en vano, el monstruo siempre terminaba obteniendo lo que quería, no paraba hasta tenerlo entre sus manos para luego destrozarlo.

Ese era su hobby favorito, cuando no seducía a jóvenes vírgenes para saciar su sed de sangre se disponía a hacer favores a personas necesitadas que solo él sabía que no podrían pagarle su "buena obra", entonces el maldecía, destruía y asesinaba a los pobres ingenuos que caían en su trampa, el mundo era de él, estaba a su disposición y lo disfrutaba gustosamente sin remordimientos.

─Te pedí una cosa, una sola cosa y no cumpliste ─demandó.

─Entiende que no te puedo amar, eso es algo imposible para mí, yo amo a otro ─susurró esto último con algo de miedo─ y lo lamento mucho pero por una vez ten compasión y déjanos marchar a mi hijo y a mí.

El monstruo estalló en carcajadas, en unas carcajadas tan siniestras y cargadas de maldad que erizaban a cualquiera que las oyera.

─Compasión ─mencionó con ironía─ me vienes a hablar tú de compasión cuando nunca te has compadecido en lo más mínimo de mis…de mis sentimientos hacia ti, de mi corazón roto por ti.

Debía escoger con mucho cuidado sus siguientes palabras, este tema era muy delicado de tratar con ese monstruo, era consciente de lo capaz y explosivo que era con respecto a lo que sentía, con todo en realidad. Debía jugar bien su papel, no podía permitirse un fallo porque eso podría costar su seguridad y la de su pequeño.

─El amor… ─comenzó con voz temblorosa sin saber a dónde quería llegar con esas palabras─ es algo extraño que no se puede manejar, es espontáneo y eso tú lo sabes bien, llega de repente y te engancha a la persona más equivocada que puede existir, yo no pedí enamorarme de otro hombre, pero si pedí ser feliz, por eso acudí a ti conociendo bien tus juegos y trampas porque, te necesitaba.

Trataba de endurecer su mirada pero ante ella le era imposible, era su jodida debilidad y lo odiaba, odiaba que una mujer tan sencilla como aquella frente a él bajara todas sus defensas, que fuera su perdición.

»Pero te di un voto de esperanza, te ofrecí dinero, joyas, haciendas, te lo ofrecí todo pero lo rechazaste pidiéndome algo imposible, algo que yo nunca seré capaz de ofrecerte y es amor, yo nunca podré amar a un monstruo como tú, porque ya amo a otro hombre ─suspiró débilmente antes de continuar─ y aunque no lo tenga aquí conmigo lo seguiré amando viva, muerta y en las siguientes vidas. Siento mucho no poder corresponderte pero lo debes entender y debes dejarnos en paz a mí y a mi hijo.

Su declaración fue firme pero su cabeza, manos y pies flaqueaban de puro terror, no podía siquiera mirarlo a los ojos sin sentir miedo, de esos miedos que amenazan con arrancarte el aliento porque eso es lo que irradiaban aquellos ojos rojos, miedo puro.

Ladeó la cabeza y despertó una sonrisa lobuna en sus labios, no lo había conmovido en lo más mínimo, después de todo era un jodido monstruo.

─Eres una desagradecida ─borró todo rastro de sonrisas de su pálido rostro─ todo lo que he hecho por ti, por ganarme tu amor ─con cada palabra que salía de su boca daba un paso hacia ella─ te di la bendición de tener un hijo cuando naturalmente no podías tenerlo, fui bueno y considerado contigo para ganar tu confianza, maté a tu esposo para ganarme tu cariño, para ganarte a ti y tú me vienes con discursos ridículos sobre el amor, eres una estúpida ─gritó zarandeándola fuertemente─ el amor no existe, no existe.

Poco le importaba a la mujer el daño que ejercían las garras del monstruo en su piel, su cuerpo estaba en shock y su mente en el momento donde el monstruo declaró haber matado a su esposo.

Maté a tu esposo, maté a tu esposo para ganarme tu amor.

No se podía ser más cínico, todo lo que hice por ti, era un maldito monstruo sin corazón, sin sentimientos, sin voz y razón alguna coherente.

Pero con él nada lo era, nada tenía sentido.

─Mataste al único hombre al cual he sido capaz de amar ─exclamó. Estaba totalmente cegada por la ira y la impotencia liberadas por tal declaración, poco le importaba ya lo que pudiera suceder─ y tienes el puto cinismo de decir que lo hiciste por mí, por amor, por algo en lo que tú no crees y nunca serás capaz de sentir.

Bufó enojada, el monstruo la observó detenidamente evaluando sus facciones, sus ojos marrones oscuros como la corteza de un árbol, su pálida piel, su cabello rubio platinado, sus labios…sus labios.

De pronto un fuerte impulso carnal lo obligó a abalanzarse hacia la hermosa mujer y besarla, sus labios se movieron sobre los de ella dominando la situación o al menos eso es lo que su perversa mente imaginó, la mujer inmediatamente lo apartó de ella y le propinó una fuerte bofetada que sin duda dejaría marcas por un buen rato.

─No vuelvas a hacer eso, monstruo ─escupió mientras limpiaba todo rastro de aquel fugaz beso─ me das asco ─gritó destilando desprecio y rabia─. No te vuelvas a acercar a mí y mucho menos a mí hijo, entendiste.

Se giró con total convicción, no sabía en qué momento perdió el miedo hacia el pero si de algo estaba segura es de que se había esfumado. Lo que no se esperaba es la reacción del pálido monstruo.

─No cumpliste tu promesa y por ende tu hijo pagará las consecuencias ─sus palabras obligaron a la mujer a detenerse de golpe, su hijo era inocente, no tenía que ver en este asunto, no podía pagar las consecuencias, no lo quiso pensar ni una vez siquiera porque sabía que se arrepentiría de lo que estaba por hacer.

Caminó rápidamente en dirección al hombre con grandes colmillos y lo besó de una forma tan inesperada para él y asquerosa para ella, no quería hacerlo, pero era su deber de madre el proteger a su hijo fueren cual fueren las circunstancias.

Era su instinto maternal que actuaba por ella, la controlaba.

El monstruo aún sorprendido le correspondió el beso de una forma muy controladora y candente, la había deseado por tanto tiempo y al fin la tenía en sus garras, esta noche se divertiría como nunca antes.

─Arrodíllate ─demandó, la lujuria desbordaba por sus ojos.

Bajó el cierre de su pantalón y la mujer suspiró con temor, esta sería una larga noche.

🧛‍♂️

─A donde crees que vas ─interrogó mientras observaba a la mujer vestirse con apuro.

Habían pasado una muy buena noche, al menos para él lo había sido en cambio para la pobre mujer había sido un infierno, la había poseído, maltratado, dañado como una bestia, como un animal, como lo que era y ni siquiera se había protegido. Sentía asco, asco por él, por ella y por el monstruo que nacería de ella fruto de ese infernal encuentro, estaba totalmente segura de que había quedado embarazada y de un monstruo.

─A mi casa ─respondió mientras subía el cierre de su vestido─ ya obtuviste lo que querías y ahora me voy.

El hombre se carcajeó de manera sobrenatural, era un insensible, bruto y marginado.

─Está bien, te puedes ir, ya que no me puedes amar, al menos te folle que es lo más importante ─levantó la comisura de sus labios con picardía─ pero nada te salva de tu castigo.

Lo observó indignada, se había acostado con él y aun así no dejaba pasar su deuda, era un hombre asqueroso y tramposo.

─Me acosté contigo ─gritó─ que mas quieres, hiciste conmigo lo que te dio la gana, ya déjame en paz.

Las lágrimas de pura impotencia amenazaban con salir, pero ella luchaba por reprimirlas el mayor tiempo posible, nunca, nunca se permitiría mostrarse débil ante aquel adefesio.

─Te pedí que me amaras a cambio de darte un hijo para que tú y aquel debilucho fueran felices y no cumpliste tu parte ─comentó con total calma, le divertía ver la impaciencia y el miedo en los ojos de la rubia─ ese hijo que nacerá de ti, es mío y por eso le daré un pequeño regalo a ambos ─sonrió falsamente.

La mujer tragó en seco, lo siguiente que diría no sería bueno y ella más que nadie lo sabía.

─Para ese niño o niña el tiempo no pasará de igual manera que el resto, su vida se basará en siete días, que equivaldrán a un año, cuando acaben los siete días olvidará todo y volverá a recomenzar por el resto de la eternidad, cada día representará un pecado capital, como castigo de la inmoralidad que acabamos de cometer y me honrará a todo nivel con cada pecado.

La mujer no terminaba de procesar todo lo que aquel monstruo acababa de profesar, estaba condenando a su propio hijo, era un ser deplorable sin sentimientos o remordimientos. No sabía si sentir miedo, tristeza, asco o pena por él. No pronunció palabra alguna, en su mente solo había espacio para lamentos e insultos, lamentaba el hecho de haber acudido a él para pedirle favores, debió haber confiado un poco más en la medicina y las oraciones de fe y no en un hombre, pero ahora estaba clara, nunca más confiaría en ningún hombre por más bueno que aparentara ser.

─Y para ti querida un regalo muy especial para toda la larga eternidad ─ensanchó una infernal sonrisa.

Un regalo para toda la eternidad…no, no sería capaz.

Los ojos rojos de la bestia brillaron con intensidad y unos perfectos y filosos colmillos se asomaron en el campo visual de la mujer.

Si, si sería capaz.

Se abalanzó hacia ella con una sonrisa de los mil demonios.


Oh pequeña Sarah te espera un puto infierno de vida.

23 de Julio de 2021 a las 00:54 0 Reporte Insertar Seguir historia
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