c__bm_ Clary B.

Ruby es hija del príncipe Lyon y su esposa, la princesa Cassandra. Ruby es nieta de la reina Eden. Y Ruby es la heredera única y legítima. Sus padres están muertos, su abuela es mayor, casi una anciana y morirá pronto, todos lo saben. Ruby tiene dieciséis años, es alta y muy guapa. Ruby quiere a su abuela más a que a nada en el mundo. Y Ruby está a punto de comenzar su primer año en la Academia Rex et Regina. La Academia está pensada para preparar a los herederos de los diferentes reinos del mundo, para hacerlos convivir y facilitar las relaciones futuras. Reyes y reinas, consortes y alguna que otra princesa problemática viven tras los altos muros marmóreos de la Academia, acompañados siempre por los famosos escuderos -acompañantes de los príncipes- y las tan populares hadas madrinas -las doncellas de las princesas. La Academia Rex et Regina es diferente a todas las demás, y Ruby lo sabe. Este año ella y otro grupo de herederas y herederos comienzan su formación. Todos ellos deben mostrar con orgullo que son el futuro de sus países. Pero, ¿qué hay detrás del orgullo, las joyas y los altos muros del lugar dónde conviven las personas más influyentes y poderosas que uno podrá llegar a conocer?


Crimen No para niños menores de 13.

#misterio #modernau #realeza #highschool #caperucita #retelling
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Prefacio

Nunca he corrido tanto. Nunca he tenido tanto miedo. Nunca pensé que algo así podría pasarme a mí. Corro, forzándome a seguir avanzando en la oscuridad, evitando golpearme con las ramas y tropezar con las piedras. A mi espalda él se ríe. Puedo escucharlo cerca, aunque no giro la cabeza. Miro al frente, maldiciendo en voz baja cada piedra, cada árbol y cada curva.

Las botas resultan cómodas pero la falda de mi ridículo disfraz no hace más que complicar la carrera. La capa, roja, se mueve a mi espalda, desgarrada en tantos sitios que es poco más que un montón de girones anudado alrededor de mi cuello.

Él se ríe de nuevo. Su voz suena más cerca, demasiado. Los pulmones me arden y las piernas me duelen tanto que pienso en cualquier momento cederán por el esfuerzo. Aún así no me detengo. Sigo corriendo, forzándome a seguir adelante. Noto, de repente, el reconfortante peso de la pistola, escondida bajo la falda.

Me alegra y me entristece a partes iguales recordar que tengo un arma conmigo. Para poder sacarla tengo que dejar de correr, detenerme en la oscuridad y esperar que él no me vea, que esté lo bastante lejos para poder aprovechar la oportunidad. Sigo corriendo.

- No puedes ir, Caperucita - me dice, riendo.

No le respondo. No puedo hacerlo, no quiero hacerlo, no debo hacerlo. Sigo corriendo, rezando por aumentar la distancia que nos separa.

- No vas a encontrar a nadie que te salve. No hay casa de la abuelita para refugiarte, ni cazador para matarme. Esto termina contigo comida por el lobo, Ruby.

- Y una mierda - murmuro.

A pocos metros de donde me encuentro distingo el lugar que más he odiado desde que entré en la academia. La casa de la abuelita, la llamamos los alumnos. Una casucha de madera, dentro del bosque que utilizamos para las prácticas de tiro y las clases de hípica. La puerta está siempre cerrada, pero una pared donde apoyarme y un edificio entre nosotros me vendrán bien. Me darán tiempo. Y eso es todo lo que necesito, un par de segundos para sacar la pistola. Apuntar y disparar, eso es fácil.

Corro, todavía más rápido, lo escucho acelerar. Intenta adelantarme. Se acerca a mi lado izquierdo. ¡Mierda! Si giro a la derecha no podré llegar a la casa sin tener que atravesar el bosque a la carrera.

- Vamos Ruby, deja de correr. Seré bueno contigo si dejas de huir.

Mentira. Pero dejar de correr me dará algo de tiempo. Me adentro un poco más en el bosque, pasando entre árboles cuyas ramas se han entrelazado. Apoyo la espalda contra uno de ellos, respirando pesadamente. Todavía falta de aliento meto la mano bajo la falda, cogiendo la pistola y retirando el seguro. Cargada y lista. Me preparo para disparar, escuchando sus pasos cerca, su risa haciendo eco en el bosque. Los juegos artificiales comienzan a iluminar el cielo. Medianoche. Comienzan a sonar las campanas, los fuegos artificiales iluminan el bosque.

Puedo ver su sombra, cada vez más cerca, cada ves más intimidante. Me preparo para disparar. Apunto a donde sé que encontraré su frente, justo entre los ojos.

Cuando llega junto a mí parece sorprendido, mira la pistola, sus ojos fijos en el cañón que apunta directo a su cabeza.

- Sabes muy bien que esto no pasa en el cuento, Ruby.

- ¿De verdad? Hasta donde yo sé, el lobo termina muerto y Caperucita y su abuela son bastante felices.

- No es Caperucita quien mata al lobo, Ruby.

- Ni yo soy Caperucita ni tú eres un lobo, capullo.

- Pero eres Caperucita Ruby. Mírate, el disfraz, la capa. Y sola en el bosque, en compañía de alguien que puede hacerte mucho daño. Quiero hacerte daño, Ruby.

- Acércate y estás muerto - lo amenazo.

- Dispara.

- ¡Ruby!

Mierda. Alguien me está buscando, alguien va a verme. Mierda.

- ¿Tienes miedo, Ruby?

- ¡Cállate o te pego un tiro! - lo amenazo.

- Dispara.

- ¡RUBY!

Pienso que puedo hacer. Si disparo él lo oirá y hará preguntas. Si no lo hago terminaré metida en un lío tremendo. Y si disparo y él sobrevive... No.

- Tienes tanto miedo, Ruby... Es tan divertido verte tan asustada.

- ¡CÁLLATE!

- AQUÍ - grita.

¡MIERDA! Ahora él lo ha oído. Y eso solo significa una cosa: más problemas. Disparo una vez, sin darme cuenta de que ya no apuntaba a su cabeza. El disparo le acierta en el hombro, arrancándole un grito de dolor que hace que me estremezca. Poco después él llega junto a mí.

- ¿Ruby?

- No te acerques a mí - lo amenazo.

- Has disparado a alguien, Ruby. No necesitas apuntarme, eso solo empeorará las cosas.

- Deja de acercarte o te pego un tiro a ti también - le digo.

Él deja de acercarse. Le doy la espalda unos segundos, buscando al otro hombre. No está en el suelo.

- Ruby - me llama.

A mi espalda, justo detrás de mí. Ambos me miran, con expresiones idénticas. Me permito tener miedo, retroceder un par de pasos, muy despacio. Antes de apuntar de nuevo.

- No puedes dispararnos a los dos, Ruby.

- Solo necesito volarte la cabeza a ti - le digo -. Tendré tiempo de sobra para ocuparme de él. Tiene una bala metida en el hombro, no es que pueda hacer mucho.

- Todavía puedo harte daño, Ruby.

- No quiero tener que dispararte otra vez - le digo.

- Ven con nosotros, Ruby. Te juro que estarás de vuelta en tu habitación antes de que amanezca.

- Arrástrame si quieres que te siga - le digo.

Él me mira, furioso. Se acerca un paso, intentando asustarme al mostrarme el cuchillo que sostiene.

- He sido muy clara - le digo -. Si quieres que vaya contigo vas a tener que arrastrarme.

Él parece más que dispuesto pero el sonido que hace el cuerpo de su compañero al caer al suelo lo distrae. Desmallado y desangrándose, el hombre que me ha perseguido a través del bosque pierde lentamente la vida.

- ¿Eres consciente de lo que has hecho?

- Sé de sobra lo que he hecho. ¿Sabes tú el lío en el que estás metido? No eres nadie, y él tampoco.

- Le has disparado, Ruby. Se está desangrando y si se muere será tu culpa.

- A nadie va a importarle que le haya disparado. Sabes quien soy, y sabes quien es él.

- Si se muere, da igual quién seas. Un cargo de asesinato es algo grave, Ruby.

- No pienso hacer nada para salvarlo. Y si fueras inteligente harías lo mismo.

- Si fuera inteligente te habría cortado el cuello.

- Si haces eso terminarás metido en muchos problemas. Ahora - le digo, acercándome a él - vas a hacerme caso si no quieres que te pegue un tiro. Vas a ayudarme con él, y luego volveremos a la fiesta, juntos y como si acabáramos de pasar una noche increíble en el bosque.

- No.

Disparo, la bala pasa junto a su cabeza y golpea el árbol a su espalda.

- La próxima vez te pego un tiro de verdad. Elige qué quieres hacer.

- ¿Sabes lo mucho que me gusta ver como intentas controlar tu miedo? - me pregunta, acercándose a mí muy despacio.

- ¿Sabes las ganas que tengo de pegarte un tiro y decirle a todo el mundo que queríais hacerme daño y esto ha sido lo único que he podido hacer?

- No me das miedo, Ruby.

- No estoy de farol. Pienso pegarte un tiro como no me ayudes.

- Hace menos de un minuto querías que fingiera haberme divertido contigo. Podemos divertirnos.

- ¿Mientras tu amigo se desangra?

- No es mi amigo.

- No pienso hacer nada hasta que esté segura de que nadie va a enterarse de lo que ha pasado.

- No ha pasado nada, Ruby.

- Hay un tío medio muerto a menos de cinco metros. Está claro que ha pasado algo.

- Yo te diré lo que ha pasado, Ruby. Vinimos aquí porque queríamos entrar a la cabaña, pero nos detuvimos antes porque no podíamos esperar. Y entonces apareció él. Nos asustó. Intentó hacernos daño. Le disparamos y corrimos de vuelta para dar la alarma. Murió antes de que alguien pudiera venir a ayudarlo.

- Es una mentira preciosa pero no olvido que me has amenazado. Me has dicho que quieres hacerme daño.

- Es verdad. Me encantaría. Cogerte por el cuello y mantenerte sujeta contra el árbol, cortarte despacio mientras te toco, ver como te sonrojas y pataleas, escucharte suplicar para que deje de harte daño...

- No vas a escucharme suplicar nunca.

- ¿De verdad?

- Podría pegarte un tiro e irme.

- O podrías dejar que cumpla mi fantasía. Lo creas o no, todo el mundo sabe que te gusta ese tipo de cosas, Ruby.

- Es cierto. Encuentro cierto placer en la violencia, siempre y cuando no se me chantajee para ceder.

- ¿Chantaje? No, no es chantaje. No diría una palabra. No soy estúpido, sé dónde está la línea.

- No, no lo sabes. Si lo supieras no habría terminado pegándole un tiro a ese tío. Y no estaríamos debatiendo sobre que hacer cuando se está muriendo. Puede que ya esté muerto.

- ¿Qué más da? Podemos deshacernos de un muerto. Los guardias soltarán a los perros dentro de un par de horas, si lo encuentran no les importará mucho que esté muerto o moribundo. Para cuando los guardias lo encuentren quedará poco que ver.

- ¿Habías planeado esto?

- ¿Matarlo?

- Sí.

- Tenía planes para nosotros.

- Dispara.

- ¿Perdón?

- Todavía respira. Vas a dispararle y entonces sabré que me puedo fiar de ti.

- ¿Estás dispuesta a darme una pistola?

- Dispara.

3 de Agosto de 2021 a las 20:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
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