juanmi329 Juan Miguel Fernández Candela

Una vez al mes, cada último fin de semana del mes. Elia coge un autobús, y se dirige a Descampado, el pueblo donde viven sus abuelos con la intención de pasar un fin de semana junto a ellos. Esta fin de semana será diferente, ya que esta vez tendrá que enfrentarse a un peligro venido desde el cielo.


Humor No para niños menores de 13.

#terror #comedia
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Visita esperada

El autobús dio una vuelta completa a la rotonda para seguir su ruta establecida por el carril que estaba a su derecha.

Elia, con la más absoluta tranquilidad y paciencia, permanecía sentada en su asiento. En su teléfono móvil se reproducía una lista de música clásica, que con ayuda de sus auriculares, disfrutaba sin molestar al resto de pasajeros.

El autobús se dirigía a Descampado. El pueblo donde vivían los abuelos de Elia. Una vez al mes, cada último fin de semana del mes; Elia cogía un autobús y visitaba a sus abuelos. Aunque para ser exactos, más que una visita era una quedada. Ya que el viernes por la tarde llegaba al pueblo, y se quedaba en casa de sus abuelos hasta el domingo por la tarde que regresaba de nuevo a casa.

Tras una hora y media de viaje el autobús llegó a Descampado. Elia cogió su mochila que había dejado en el asiento que se encontraba a su derecha. Sin hacerse esperar se bajó del autobús.

Descampado era por lo general un pueblo en el que se respiraba la paz. Casitas de madera con balcones adornados con vistosas flores se asentaban sobre un suelo empedrado.

Elia llegó a la casa donde vivían sus abuelos. Golpeó dos veces la puerta, ya que esta carecía de timbre.

La puerta se abrió en cuestión de segundos.

-¡Elia!-dijo la abuela de Elia, con un tono agradable en cuanto vio a su nieta.

-Buenas tardes, abuela. ¿Qué tal estáis el abuelo y tú?

-¡Oh, fenomenal, no podemos estar mejor! Venga, pasa, pasa.

Elia entró de inmediato en la casa.

El resto de la tarde del viernes transcurrió con total normalidad.

Elia le dio las buenas tardes a su abuelo, que se encontraba en el salón; sentado en su habitual butaca roja chillona.

Hasta la hora de la cena, los tres estuvieron viendo la televisión. A veces el abuelo veía los documentales bélicos, y otras veces la abuela veía las telenovelas. Iban intercalando entre programa y programa para que ambas partes estuvieran contentas. A Elia no le interesaba que estuviera echando en la televisión; a ella solo le interesaba pasar tiempo en familia.

Una vez que Elia cenó un plato de fideos del que no dejó ni rastro. Fue a la habitación que le tenía preparada sus abuelos cada vez que se quedaba con ellos. En el pasado está habitación había pertenecido a su madre, antes que se casará y se independizara.

Antes de irse a dormir; Elia aprovechó los últimos minutos que quedaban de día para escuchar la música clásica que tanto le gustaba. Se tumbó sobre la cama, se puso los auriculares, y se dejó llevar por la reconfortante melodía.

14 de Julio de 2021 a las 17:56 0 Reporte Insertar Seguir historia
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