nomada Marcos Gil Contreras

La humanidad ha olvidado sus raíces, han dejado que su esencia se pervierta y se pierda en el tiempo. ¿Qué serías capaz de sacrificar por recuperarla? Todo está por ver, todo está por hacer, y en una noche cualquiera, aunque sea la más corta, todo puede cambiar.


Fantasía Fantasía oscura Todo público.

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Prólogo

El sol ya comenzaba a buscar un escondite detrás de las montañas, pero aún permanecía lo suficientemente alto como para iluminar todo el lugar. Allí había un enorme claro rodeado por un bosque muy denso, tanto que a los pocos metros era imposible ver algo que no fueran árboles. Aquel sitio dibujaba una circunferencia casi perfecta, solo rota por un camino que se iba hacia el oeste. En el centro había una mesa de piedra muy tosca, pero pequeña en su diámetro, en ésta destacaba una vasija cerrada de un color oscuro casi negro.

Un murmullo lejano rompió el silencio que se había mantenido inmutable durante todo el día, se aproximaba un gran grupo de personas de todas las edades. Como aún era verano, vestían ropas muy ligeras, andaban descalzos, los hombres iban con el pecho descubierto y las mujeres con una sencilla tira de cuero que les sujetaba sus senos, todos vestían unas faldas de cuero curtido adornadas con plantas entrelazadas. Algunos llevaban adornos del mismo tipo en los brazos, la cabeza o el pelo. Sus peinados eran tan diferentes como personas había, desde rapados a pelos largos y sueltos.

Los más pequeños fueron los primeros en irrumpir en aquel lugar corriendo y riendo, jugando a pillar o directamente buscando el que para ellos era el mejor sitio para sus familias. Éstas venían caminando más lentamente, cargando con todos los pertrechos necesarios para celebrar lo que parecía un enorme festín, dadas las cantidades que llevaban a las espaldas. El cúmulo de personas se fue dividiendo en grupos más pequeños y fueron soltando sus cargas entre soplidos de alivio. A simple vista parecía que cada familia estaba compuesta por una pareja de abuelos, todos sus hijos y nietos, solo se formaba otra familia cuando se tenían estos últimos. Estos núcleos comenzaron a prepararse para la noche, cada uno a su manera: los más mayores indicaban donde se debía hacer la hoguera y se sentaban cerca dando órdenes o simplemente disfrutando el espectacular paisaje boscoso. Los adultos se apresuraban a preparar el fuego, y la comida que sería cocinada en grandes peroles de cerámica. Los que permanecían quietos, nerviosos, incluso un poco pálidos, eran los jóvenes.

Los niños no dejaban de correr de un lado a otro y de cuando en cuando miraban al sol para comprobar cuánto tiempo les quedaban antes del anochecer. Era curioso ver como ninguno, por salvajes que jugaran o se comportara, se atrevía a acercarse a aquella mesa de piedra. Cuando alguno se acercaba un poco sin querer porque había salido corriendo sin mirar, frenaba en seco agachaba la mirada y lentamente comenzaba a caminar hacia atrás sin abrir la boca. El resto de los allí presentes, con una habilidad dada por la experiencia, no miraban en ningún momento hacía el centro del claro. Para facilitarlo, ni siquiera hablaban entre las familias, realmente parecía que cada familia era totalmente ajena a su alrededor, todos menos los niños claro…

Todo el lugar estaba inundado por el aroma de la comida que salía de cada una de las hogueras, algunas muy elaboradas y otras simplemente trozos de carnes pinchados y puestos sobre el fuego. Con el anochecer, los niños allí presentes, sin que nadie les dijera absolutamente nada, como si algo dentro suyo les indicara que aquel no era su lugar, se iban marchando del claro liderados por el más adulto de los pequeños. No se escuchó ningún quejido, no hubo ningún rezagado, y con la noche vino nuevamente el silencio.

Al poco tiempo apareció por el camino una figura alta y delgada que cargaba con un enorme bastón de madera oscura y brillante. Al acercarse se podía ver la figura de un anciano con un larguísimo pelo blanco, un enorme tocado de huesos, plumas, ramas y flores y, sobre sus hombros, una pesada capa hecha de hojas y pieles, de las que colgaban unas pequeñas piedras con unos símbolos grabados. Al pisar el claro, todos los allí presentes se levantaron en silencio, dejaron todo como estuviera y comenzaron a rodear la mesa de piedra. Cuando todos estaban alrededor, dejando un par de metros de distancia, se arrodillaron, cerraron los ojos y bajaron la mirada. El anciano caminó entre ellos hasta llegar a la mesa, ni él, ni nadie dijo nada. Cuando sus pasos se detuvieron frente a la vasija, con su mano libre la abrió y de allí salió un espeso humo negro que lo rodeó lentamente. Poco a poco le fue entrando por los ojos, boca, oídos y nariz, dejándolo quieto y sin respiración, con los ojos y boca completamente abiertos en una horripilante mueca de sufrimiento. Al momento el cuerpo del sabio se relajó, volviendo a una postura mucho más natural, cogiendo una expresión reflexiva con los ojos cerrados.

La tensión entre los allí presentes era evidente, algunos se cogían las manos, otros contraían la el rostro como si estuvieran a punto de recibir un tremendo golpe y otros incluso temblaban, pero nadie se atrevía a abrir los ojos o hacer el más mínimo ruido, solo se escuchaba el crepitar de las hogueras. El anciano permaneció quieto durante unos minutos, ni uno de sus músculos se contrajo o se movió, hasta que el mismo humo negro comenzó a salir por los mismo lugares por los que había entrado. Entonces tosió bruscamente, tapó la vasija, se aclaró la voz y dijo alzando los brazo:

—Que de comienzo… —se detuvo un instante— ¡la Alth’is! —dijo gritando estas últimas palabras.

Los que hacía un instante estaban arrodillados, incapaces de moverse ni hacer ruido, ahora saltaban, gritaban y se abrazaban entre ellos mientras se iban nuevamente a sus hogueras. El sabio también se fue con su familia, se despojó de su capa y su tocado y se sentó haciendo un sonoro gemido de placer y descanso, todo esto con un semblante muchísimo más relajado.

El festín podía comenzar, y nadie había dudado en hacerlo. La comida no paraba de llenar los cuencos de barro, la bebida corría, y comenzaban a contarse batallitas, explicar todos los sucesos importantes de aquel año, dar las gracias o simplemente proferir el hambriento y desesperado sonido del masticar. Los únicos, en su mayoría, que se sentían un poco fuera de lugar eran los primerizos, los que por primera vez podían disfrutar de aquella fiesta. Estaban aun más tensos, mirando al fuego, con sudores fríos. Con lo que ellos creían que era sutileza, se lanzaban miradas, sonrisas y gestos furtivos, para luego sonrojarse un poco y sonreír ampliamente.

Esa escena se mantuvo durante unas horas, haciendo que la noche fuera ahora completamente oscura, aunque las hogueras iluminaban todo el lugar. En ese momento, los más viejos comenzaron a levantarse parsimoniosamente, reuniéndose en un grupo en torno al sabio, cargando con grandes vasijas llenas de bebida fermentada. Esa era la señal que todos estaban esperando, era el principio del final de la noche.

Los jóvenes se levantaron corriendo y se buscaban los unos a los otros, en parejas, tríos o grupos más grandes. Ansiosos y risueños se estiraban de las manos los unos a los otros buscando un poco más de intimidad en la espesura del bosque. Los más extrovertidos no llegaban a éste, solo se alejaban un poco para comenzar a besarse y acariciarse apasionadamente, completamente ajenos a lo que ocurría a su alrededor, llevaban demasiado tiempo aguantándose como para sentir algo tan inútil como el pudor.

Los adultos se quedaban con sus parejas, o se unían en grupos un poco más grandes. Algunos se daban un tierno beso y se separaban en busca de su compañero habitual del mismo sexo para aquella noche. Al final todos se liberaban de sus ropajes, complejos y preocupaciones, dejándose llevar únicamente por una pasión desenfrenada.

Aquella escena estaba amparada por la orquesta formada por los gritos de placer, gemidos y quejidos de todos los que se desperdigaban dentro y fuera del claro.

El único remanso de paz que quedaba eran los jóvenes más vergonzosos, que no se habían atrevido a escoger a nadie y ni habían sido escogidos… Pero esto no duró mucho, del bosque salían jóvenes desnudos y sonrojados, incluso aún con la respiración acelerada, varios de ellos demasiado excitados como para correr con normalidad. Estos cogían a los que aun permanecían sentados y corrían de nuevo al bosque.

Al final los únicos sonidos con algo de sentido, y no del todo, eran las voces de los más viejos que reían y comentaban el panorama. Contando como ellos lo vivían, mencionado como en sus tiempos se era mucho más pasional, fuerte y activo. Tanto hombres como mujeres comentaban la de hijos que habían tenido gracias a esas fiestas. Aunque su sensatez también se iba perdiendo al ir vaciando las vasijas casi sin descanso.


Aquella noche no duró mucho, por eso era especial, el sol inundó aquel mar de cuerpos desnudos ahora en reposo absoluto, hogueras humeantes y ancianos ebrios. Otro año había acabado en la más ferviente de las orgías como celebración, dando paso a la total y absoluta tranquilidad a la que aquel lugar estaba acostumbrado.

11 de Julio de 2021 a las 15:13 6 Reporte Insertar Seguir historia
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LW Leandro Wolfman
Wow! Quedé sorprendido!
August 03, 2021, 09:32

  • Marcos  Gil Contreras Marcos Gil Contreras
    Pues las sorpresas sólo acaban de comenzar jajajaja Muchas gracias por comentar! August 03, 2021, 09:38
Gonzalo Chinchilla Gonzalo Chinchilla
Gracias, continuaré leyendo, espero grandes sorpresas
July 29, 2021, 15:07
Gonzalo Chinchilla Gonzalo Chinchilla
WTF? Dónde puedo asistir a esa fiesta? XD
July 28, 2021, 12:32

  • Marcos  Gil Contreras Marcos Gil Contreras
    Jajajajaja en los tiempos que corren creo que es más complicada una fiesta así. Si sigues leyendo descubrirás más cosas sobre esta "fiesta" jajajaja Muchas gracias por tu comentario me has sacado más de una carcajada! July 29, 2021, 07:28
  • Gonzalo Chinchilla Gonzalo Chinchilla
    A chinga lo publique de la manera incorrecta Bueno lo mismo pero más barato July 29, 2021, 15:08
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