robertberl Robert Berl

Después de la gran guerra del lamento humano, que duró lo suficiente como para que muriera una tercera parte de la humanidad, nació un nuevo orden mundial que clasificaba a la gente en diferentes niveles. En el interior de esa gran imposición nació una pequeña resistencia, que buscaba una libertad que había quedado sumergida en el olvido. Su lucha contra este poder y la aparición de los Ërikos fue el motor que propició el cambio, después de que una autoritaria corporación, llamada Line-ned, gobernara el país con miedo y mano de hierro.


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El atlas de Jett

Año 2821. Sector 5.


En la isla antiguamente llamada Australia, solo había una zona de unos cuarenta kilómetros donde se acumulaba gente. En esos momentos las ciudades parecían un embudo lleno de edificios sin ninguna zona por la que poder pasear. Se limitaron a crear distritos con edificios de tres o cuatro plantas con varios habitáculos que acogían a familias y a personas diversas. Sus calles eran de dos carriles con acera en ambos lados, pero poca gente tenía un vehículo, la gran mayoría hacía servir el transporte de la corporación para ir al trabajo y volver. A unos pocos minutos andando hacia el centro en la zona 5C, se encontraba la vivienda de Crot, y con él había llegado un amigo suyo llamado Jett, que le había traído un libro prohibido por la corporación.

―Te he traído el libro que te comenté, se llama atlas y es de hace ochocientos años. Se ve como era el mundo en esos tiempos―dijo su amigo Jett.

―A ver, déjamelo.

―Toma―alargó el brazo dándole el libro.

―Qué curioso, aquí salen todos los nombres de los países―hojeando el libro con cuidado le preguntó—¿El sector 5, se llamaba Australia?

―Sí, donde vivimos nosotros se llamó Australia y la ciudad era Canberra. Si te fijas, antes había otras ciudades, como Sídney y Melbourne, pero fueron destruidas por culpa de la guerra.

―¿África es la zona Alfa?

―Sí, todo ese continente es un desierto donde es imposible vivir por culpa de la radiación qué hay. Esa lugar, así como América del Sur y Asia son sitios donde hubo confrontaciones con armas radioactivas. Un ser humano allí solo viviría unos minutos.

―Pero, ¿no vive nadie?

―No, solo hay gente en Europa, América del Norte y Australia. Nosotros los llamamos los tres continentes.

―¿Dónde se encuentra la central de la corporación?

―En realidad no solo hay una corporación, son cuatro. Pero se juntaron en una sola, y se llaman Line-ned. Básicamente se encuentran en el sector 1, en América del Norte. Pero la central de la corporación es en la ciudad que se llamaba Paris, en Europa. Ellos la llaman Rempol.

Crot ojeó el libro con delicadeza e interés, buscó el sector 5 y le preguntó:

―¿Sabes dónde está la zona cero?

―Según tengo entendido está al otro lado de la isla donde pone Perth―dijo señalándosela con el dedo.

―¿Cómo has conseguido este libro?―volvió a preguntar.

―Lo compré en el mercado negro, en una de esas reuniones que hacemos en casa de Sanders. Si quieres te lo dejo para que veas como era el mundo antes de que gobernara la corporación.

―Gracias Jett, me lo voy a mirar muy detenidamente. ¿Cuándo te lo tengo que devolver?

―Tranquilo, quedamos mañana por la noche.

―Vale, de acuerdo.

―¿Te gustaría venir a esas reuniones que hacemos por la noche en casa de Sanders?

―No, lo veo muy peligroso. Tenéis que ir con cuidado, si os descubren tendríais problemas y os llevarían a la zona cero.

―Ya lo sé, pero nos estamos organizando para dar a conocer todo este material y para que la gente sepa donde están viviendo, y tenemos planeado difundir por televisión toda la información que tenemos. Será el comienzo de la resistencia. Estamos en contacto con los tres continentes, y están esperando para comenzar a actuar en cuanto transmitamos piratamente el aviso―dijo Jett.

―¿Sois muchos?

―Sí, concretamente aquí somos más de ochocientos. Queremos plantar cara a los militares y escondernos en las afueras de la ciudad donde hay la antigua ciudad de Canberra, denominado zona 5H por la corporación. Es un lugar de difícil acceso para los militares y, de esta forma conseguiremos una rebelión constante contra la corporación.

―¿Estáis armados?

―Sí, en tres días comenzaremos el sabotaje. Será coordinado en los tres continentes ¿No te gustaría unirte?―preguntó Jett.

―Déjamelo pensar, mañana te lo digo.

―De acuerdo, te dejo el libro y mañana por la noche vendré a verte. Si te animas nos iremos al escondite de la resistencia, donde podrás quedarte a vivir y comenzar la lucha por la libertad.

―Vale.

―¿Mañana vas a trabajar?―preguntó Jett levantándose.

―Sí, a las siete tengo que estar en la fábrica, y salgo a las tres del mediodía.

―De acuerdo, ya nos veremos mañana. Me voy cuida el libro, ya nos veremos.

Jett abrió la compuerta y bajó a la calle notando el frio del invierno, se abrochó el abrigo y se mezcló con la multitud que aun había dirigiéndose hasta su piso. Como siempre, a altas horas de la madrugada permanecían abiertas tiendas que vendían productos prefabricados de comida, ya que algunos de ellos también se dedicaban a tener un servicio de restaurante un poco descuidado. Aunque fuera muy tarde, había bastante gente por la calle, se acumulaban en zonas en que había casas de apuestas y lugares donde estaban esas tiendas con su servicio alimenticio y, cómo no, también se hacían ver las mujeres que vendían su cuerpo sin ninguna vergüenza.

Jett tenía diecinueve años y, al ser tan joven aun no había entrado en el sistema de niveles llamado público. Él estaba en desacuerdo con la autoridad y desde muy joven ya se había organizado con mucha más gente para intentar combatir contra los que ostentaban el poder. Por el camino, llegando a su piso, se encontró con un amigo suyo que también estaba dentro del grupo. Se llamaba Alton.

―Hola, Jett. ¿Hoy vendrás a casa de Sanders?

―Sí, como cada noche.

―Dicen que la policía está acercándose demasiado. Puede que en poco tiempo comience a actuar la resistencia. Nos tenemos que preparar.

―Puede ser, pero tranquilo, cuando comience estaremos preparados.

Mientras tanto, Crot iba estudiando el atlas mundial con gran interés. Se apreciaba como el paso de los años había castigado ese libro y observó las fotos de ese mundo que las corporaciones habían ahogado en un silencio impuesto a la fuerza. Estuvo mirándoselo durante mucho rato, ojeando página a página sin preocuparse de la hora que era. Tener un libro como este era un poco peligroso. Pero Crot no le dio mucha importancia, no se podía imaginar los problemas que le podía ocasionar.

Él era un joven de veintidós años, de un metro ochenta con ojos marrones y gozaba de un cuerpo atlético. Iba con el pelo muy corto y cada mañana, cuando se levantaba para ir al trabajo, se afeitaba la poca barba que tenía. Esa mañana se le ocurrió llevarse el atlas al trabajo para mirárselo en el tiempo de descanso, escondido en los vestuarios. Su grado en el sistema público era el mínimo y, trabajando, había conseguido, subir su nivel jerárquico dentro de la empresa. Cuando llegó a su puesto de trabajo, a las siete en punto, comenzó su labor como cada día. Su función consistía en dar el visto bueno a los interruptores táctiles que iba poniendo en unas cajas especiales que después, otro compañero, ponía en unas más grandes para ser enviadas a los sectores 1, 3 y 5. Mientras tanto, iba pensando en el libro. Recordaba algunos nombres de países que para él eran curiosos. No se podía imaginar como la corporación había cambiado tanto el mapamundi. Ellos argumentaban que el pasado estaba maldecido, y mucha gente como él se preguntaba cuál era la razón por la que habían borrado la historia de ese modo. Pero solo se les explicaba que, en tiempos anteriores, el sistema que regía era débil y originó guerras y sufrimiento que en la actualidad no existían. De ese modo buena parte de la población se acomodaba a lo establecido y la corporación había conseguido con su autoridad controlar el sistema.

Cuando llegó el descanso, Crot se fue a los vestuarios y se encerró en los lavabos para hojear el atlas. Pensó en la proposición de Jett de entrar en la resistencia y decidió antes de salir de la empresa que no le interesaba. A él ya le estaba bien como iba su vida, no tenía preocupaciones y entrar en el grupo de Jett significaba tener problemas.

Sonó la sirena de las tres, la que avisaba a los trabajadores que la jornada había terminado. Crot se cambió de ropa dejando su mono de trabajo en su armario, cogió su bolsa y se fue hasta donde salía un tren de gran velocidad para ir al centro del sector 5C. Llevaba el atlas escondido en la bolsa y sentado miraba la televisión, en la cual se informaba Line-ned de las ventajas de ir de compras a unos nuevos establecimientos del sector 5A. En ese instante, el tren se paró en una estación en la que en realidad, no tenía que pararse. Todos los ocupantes, y Crot, se extrañaron. Abrieron la puerta y entraron cuatro militares de la corporación y comenzaron a registrar a todas las personas que estaban dentro del vagón. Crot no se acordaba que llevaba el libro y, sin ningún problema, dejó registrarse por el militar.

―¿Cuál es su empresa?―le preguntaron a Crot.

―Robóticas número cinco tres cuatro.

―Levante los brazos y separe las piernas.

―Claro.

―¿Esta es su bolsa?

―Sí.

El militar, después de cachearlo miró el interior de la bolsa y encontró el libro y le dijo:

―Este libro está prohibido por la corporación, tendrá que acompañarme a comisaría.

Crot sabía que la había cagado, no tenía que haber traído el libro. Lo sacaron fuera del tren y lo esposaron.

―Queda detenido por tener en su propiedad material prohibido―dijo el militar subiéndolo al vehículo.

Activaron el coche patrulla y por el camino entraron en uno de los túneles que utilizaba la autoridad para desplazarse con rapidez. Estos túneles solo los podía usar la autoridad militar y la corporación en sus desplazamientos, ya que estaba completamente prohibido que utilizara la gente normal. Crot no se podía imaginar lo que se le venía encima. Callado, sin decir nada, llegaron al distrito llamado 5D, una zona en la que residían los militares y la corporación. Salieron del túnel y observó el distrito que poca gente había visto. Las calles eran muy anchas y los edificios de propiedad de la corporación eran grandes y altos. Solo recordaba haberlos visto desde lejos yendo al trabajo. Lo que le parecía curioso era que circulaba muy poca gente por la calle, no se parecía en nada al lugar en el que él vivía. Realmente había mucho espacio para pasear y esto en su distrito era imposible. El vehículo torció por una esquina y entraron en un aparcamiento subterráneo. Aparcaron el coche delante de una puerta que se accedía directamente a comisaría. Lo sacaron del vehículo esposado y lo encerraron en una habitación a solas, dejándolo sentado en una silla. Pasó muy poco tiempo hasta que aparecieron dos militares con el libro en las manos. Se sentaron delante de él y con autoridad le dijeron:

―¿Sabe usted, señor Crot, qué por tener este libro su público aumentará hasta el quinto grado, y será conducido a la zona cero?

―Pero si solo es un libro.

―Tiene razón, pero tener este libro afecta en primer grado a la ley corporativa y está muy penado. Por solo tenerlo queda automáticamente excluido y llevado a la zona cero. ¿Cómo consiguió este libro?

―Me lo dieron.

―¿Quién?

En ese instante pensó en Jett, y como sabía que igualmente lo llevarían a la zona cero decidió no decirlo.

―No les diré nada.

―De acuerdo, señor Crot, en un par horas será llevado a la zona cero.

Los dos policías marcharon y dejaron a Crot solo en la habitación. Estaba un poco asustado porque nunca le había pasado algo parecido. Observando las paredes iba moviendo las manos, de manera nerviosa, por encima de la mesa, donde había un espejo que ocupaba la mitad de la pared. Mientras esperaba comenzó a sentir calor y en pocos minutos empezó a sudar. Tras un golpe de aire cuando se abrió la puerta, entraron tres militares que se lo llevaron a una celda donde le dieron un bocadillo mientras esperaba a ser trasladado. Dentro de la celda estaba acompañado por dos presos más. Uno de ellos solo daba vueltas en círculo, y el otro estaba mirando como Crot comía el bocadillo.

―¿Quieres la mitad?― le preguntó Crot mirándole.

―No, come tranquilo. Estoy esperando a que me saquen de aquí. Me han aumentado el público hasta el tercer nivel.

―Has tenido suerte. A mí me han subido de golpe hasta el quinto.

En ese momento apareció un capitán y dijo los nombres de sus dos acompañantes de celda, dejándolo solo esperando su traslado a la zona cero.

Sector 5C…

Más tarde, por causalidad, Jett pasó cerca de la vivienda de Crot y vio que le estaban registrando el habitáculo. En ese momento, pensó en el libro y supo de antemano que a Crot lo habían detenido. Lo cierto es que se sentía un poco culpable de haberle dejado el atlas, pero no podía imaginar que el castigo por tener en sus manos ese libro fuese ingresar en la zona cero. Pasó de largo y en pocos minutos, le llamaron por teléfono:

―¿Dígame?

―Hola Jett. Soy Jim, los militares han sabido en qué momento queríamos actuar. Nos vamos a adelantar, el plan comenzará hoy mismo. Hemos quedado dentro de una hora en la zona 5H.

―De acuerdo, nos vemos en breve.

Sin perder tiempo, Jett se dirigió hasta allí y tras encontrarse con sus compañeros de la resistencia, decidieron comenzar el sabotaje en pocas horas. Esperaban el momento justo para la descodificación de las emisiones televisivas por todo el planeta, con el objetivo de comenzar a actuar. De este modo, la resistencia comenzaría su actividad en los tres continentes.

11 de Julio de 2021 a las 09:27 0 Reporte Insertar Seguir historia
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