michamm Miss_Tangerine Amigón

La noche de las luciérnagas es un evento de la ciudad de Busan, lugar al que Kim Namjoon se acaba de mudar después de su divorcio. Esa noche mientras da una caminata nocturna se estrella contra él un chico en patines, un chico por el que dejaría que le arrollara un tren... literalmente. [El día de hoy, 18 de abril, la ciudad de Busan se ha conmocionado tras el accidente sucedido esta noche en el sistema de transporte subterráneo cuando, debido a una falla, la unidad 1306 de la línea 1 y la 0118 de la línea 3, colapsaron en el cruce de la estación Yeonsan. Hasta el momento el reporte indica un total de al menos treinta y dos fallecidos y cientos de heridos que están siendo atendidos por los equipos de rescate y respuesta inmediata. Estaremos al tanto de la situación] ¿Qué pasará con el chico de los patines rojos?


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

#]
2
27 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los sábados
tiempo de lectura
AA Compartir

La noche de las luciérnagas

18 de abril, 202...

Namjoon camina con las manos en los bolsillos de su pantalón negro, lleva puesta una chaqueta liviana café sobre un jersey negro, usa gorra y tapabocas porque el tiempo lo amerita.

Es de noche. Las luces de la avenida por la que avanza le ayudan con la sensación de sentirse en un vídeo musical mientras en sus auriculares se reproduce Used to me. Una pareja joven pasa a su lado paseando en patines, ella lo hace muy bien, pero su novio no parece tener la misma suerte y cae al suelo. La chica se acerca para levantarlo y le cae encima, ríen antes de que él le robe un beso. Namjoon sonríe, recordando sus días de juventud.

Le gusta Busan, aunque al principio pensó que cambiar toda su vida para mudarse aquí era una estupidez.

Aceptó un empleo como profesor en la universidad y alquiló un pequeño departamento cercano a un parque a donde podía salir a pasear en bicicleta, leer acostado en el césped o simplemente ver el mar a lo lejos con el bosque de bambú a su espalda.

Casi no queda nada del respetado psicólogo de Seúl que vivía en un piso de la exclusiva torre Samsung, sólo algunas manías cómo el gusto por el café importado y los hábanos liados a mano, nada importante. También quedan algunos objetos de su vida pasada; algunos libros, ropa de diseñador, su colección de relojes suizos y el anillo de oro blanco en su mano con las iniciales K. J.

Kim Jisoo había sido su esposa por cinco años, hasta que ella había solicitado el divorcio alegando "diferencias irreconciliables" cuándo se enteró que su esposo disfrutaba de ver porno gay cuando estaba solo en casa. No pudo soportarlo, decía que aquella aberración no iba a suceder frente a sus narices. Namjoon no la culpaba, incluso quizás estaba un poco agradecido con ella de tomar la decisión por ambos.

El parque se encontraba particularmente concurrido esa noche, sobre la colina había muchas personas sentadas sobre mantas o en las bancas cercanas, con la vista hacia el bosque como esperando algo.

―¡Cuidado!―alertó alguien antes de chocar con él desde atrás.

Ambos están en el suelo, el extraño había caído sobre su espalda y su maletín había salido disparado hacia delante, raspando el cuero por el pavimento. Namjoon soba su cabeza por el golpe mientras el chico se sacude el polvo de la ropa, va todo vestido de negro, de los pantalones deportivos hasta el gorro que oculta su cabello.

―De verdad, lo siento mucho...―el chico corre para recuperar el maletín de Namjoon y entregarlo con una reverencia de 90°.―No fue mi intención lastimarlo...¿profesor? ¡Ay, madre! ¡Profesor Kim! ¿se encuentra bien? Yo de verdad que...ay que tonto, en serio lo siento, aún no sé usar estas cosas muy bien.

Namjoon observa los pies del chico, y descubre un par de patines rojos que contrastan con su vestimenta. Luego regresa la vista a su rostro, con la intención de averiguar su identidad, ya que el otro claramente sabe quien es.

―No te preocupes, estoy bien...¿cómo estás tú?

―Bien, bien, aterricé en algo suave―el joven parece un poco avergonzado y mira a su alrededor, la gente aún los ve por el alboroto que ha causado.―¿Puedo hacer algo por su maletín? Se ha dañado un poco―Namjoon niega con la cabeza y se quita el cubrebocas para ofrecer una sonrisa para evitar que el chico se sienta tan mal por el accidente―al menos déjeme invitarle algo de cenar para compensar el inconveniente que le he causado.

Namjoon se resiste, pero al final cede ante la insistencia del muchacho, no acepta una cena en un restaurante así que se acercan a un puesto de tteokbokki y ordenan. Aún no sabe el nombre del chico de los patines y no se anima a preguntar por temor a decepcionarlo porque el muchacho luce un poco emocionado de estar con él.

―¿Vino a la Noche de las Luciérnagas?―pregunta el chico comiendo su aperitivo con la mirada al frente, pero nota que el mayor no tiene idea de lo que está hablado―Oh, olvidé que no era de Busan...la Noche de las Luciérnagas es un evento que sucede una vez al año; las luciérnagas salen del bosque a montones y se las puede ver, es muy bonito. Las parejas suelen venir juntos, porque se considera romántico.

―Supongo que lo es, ¿tú vienes con alguien?

―Oh no, bueno algo así... mi amigo Jungkook me organizó una cita a ciegas, pero parece que me dejaron plantado―dijo con una risa que no sonaba divertida sino todo lo contrario―¡ay no, qué vergüenza! primero lo atropello y ahora le cuento sobre mi vida amorosa, debe pensar que soy patético.

―Por supuesto que no, no pienso eso sobre ti...

―Jimin, Park Jimin, fui estudiante en su clase de Psicopatología―respondió con tono alegre, cómo si no le importara que su instructor no recordara su nombre. Sus labios carnosos dibujaron una sonrisa que hizo desaparecer sus ojos en dos rendijas.―En fin, tengo que marcharme, profesor, o no llegaré a tiempo a casa, nos vemos después. Perdón otra vez por chocar con usted. Buen fin de semana.

Jimin volvió a dar una respetuosa inclinación y luego se quitó los patines colgandolos de los cordones a su mochila y comenzó a caminar en calcetines por la acera como si nada. Una ovación y aplausos hizo a los dos voltear hacia el bosque donde algunos titilantes puntos amarillos flotaban en la oscuridad. Park tenía razón, era algo realmente bonito de ver.

Cuando Namjoon volteó de nuevo a la calzada, el chico estaba cruzando la calle y tuvo que correr para alcanzarlo.

―¡Ey, Jimin! ¡Jimin, espera!―Jimin se detuvo al escucharlo y volteó a ver cómo el mayor corría hasta él―¿te puedo acompañar? quiero preguntarte unas cosas.

Jimin asintió de nuevo con una sonrisa. Caminaron hablando sobre las cosas de la clase, el profesor Kim estaba particularmente interesado en cómo los alumnos respondían a su método de enseñanza y si era cierto que los demás profesores pensaban que él no servía para enseñar.

―Profesor, en mi opinión, el sólo hecho de que un profesional de su talla esté interesado en compartir su conocimiento con los demás habla de su compromiso con la educación. Yo de verdad lo admiro mucho, incluso fui a Seúl el año pasado para una conferencia que dio en Yonsei, ahí me enamoré de usted―los colores se le subieron al rostro y tuvo que corregirse enseguida―no de usted, sino de lo que enseña, ya sabe...Bueno, tomaré el metro así que nos despedimos aquí...ammm, profesor, sé que sonará raro pero ¿podemos tomarnos una foto? Kook no va a creerme cuando le diga que estuve con usted.

Namjoon aceptó y el chico sacó su teléfono para tomar un par de fotos, Kim tuvo que acercarse necesariamente para ello y el aroma dulce de Jimin lo dejó embobado por un momento.

Jimin agradeció y bajó a la estación subterránea sin más dilatación. El mayor se quedó ahí unos segundos hasta que lo perdió de vista y entonces notó que en el suelo yacía uno de los llamativos patines rojos, lo tomó y corrió escaleras abajo para alcanzar a Jimin, sin embargo, el chico ya estaba abordando el tren de la línea 1. Namjoon luchó contra la taquilla para poder pasar hasta la estación, aún así no llegó a tiempo, las puertas se cerraron y el tren avanzó un par de metros hasta que los últimos vagones escupieron de sus puertas a un puñado de personas y dejó que los pasajeros rezagados entraran en él.

Sin saber porqué, Nam entró al vagón en el último instante y comenzó a planear cómo devolver el dichoso patín a su dueño.

―Maravilloso, Kim, ¿cómo haremos esto? Ni siquiera sabes en qué estación bajará―susurró para sí mismo cuando el vehículo comenzó a avanzar. Se dio cuenta que podía pasar de vagón en vagón y sólo era cuestión de unos metros para encontrar al chico.

Cruzó el primer vagón donde una madre acomodaba la cabecita de su hijo en sus piernas para que durmiera a gusto y dos estudiantes de secundaria platicaban animados sobre el torneo de beisbol interescolar. El siguiente vagón iba casi lleno; una chica leía "El conde de Montecristo" con los audífonos puestos, una señora cabeceaba después de un duro día de trabajo y un joven de unos veinte años acomodaba el estuche de su violín para no molestar a quien iba a su lado.

A través de los paneles transparentes de la puerta que dividía los vagones Namjoon pudo distinguir por un instante el gorro negro de un chico que se sostenía de las agarraderas del techo, de su mochila colgaba un único patín rojo. Y eso fue lo último que supo.


—[El día de hoy, 18 de abril, la ciudad de Busan se ha conmocionado tras el accidente sucedido esta noche en el sistema de transporte subterráneo cuando, debido a una falla, la unidad 1306 de la línea 1 y la 0118 de la línea 3, colapsaron en el cruce de la estación Yeonsan. Hasta el momento el reporte indica un total de al menos treinta y dos fallecidos y cientos de heridos que están siendo atendidos por los equipos de rescate y respuesta inmediata. Estaremos al tanto de la situación.]

10 de Julio de 2021 a las 15:01 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo I

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 3 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión