megumikoo ¡ gumi

❛❛¡No me mire de esa forma, hyung, porque me sonrojo!❜❜ Jeon Jungkook, un chico caprichoso, berrinchudo, mimoso, hijo de un conocido empresario, siente atracción por el mejor amigo de su padre: Kim Taehyung. ❛❛¡Ahg! ¿por qué no me quiere, Kumi?❜❜ ﹫megumikoo 𓏲 ࣪₊♡𓂃 ִֶָ  ¡ datos ! importante leer. ✦ ➡️ 𖧧 taehyung top >< jungkook bottom. ➡️ 𖧧 contenido homosexual. ➡️ 𖧧 pareja: taekook. ➡️ 𖧧 daddy issues. ➡️ 𖧧 maltrato verbal y físico. ➡️ 𖧧 little space. ➡️ 𖧧 daddy kink. ➡️ 𖧧 alteración de las edades. si no está de acuerdo o no es de su gusto algunas de estas cosas, le pido amablemente que no lea esta historia. si lo hace de todas formas, no comente cosas que puedan afectar mentalmente al autor o a los demás lectores. ¡ gracias por leerme ! ૮₍ ˃̵͈᷄ . ˂̵͈᷅ ₎ა ¡ están prohibidas las copias y/o adaptaciones ! todo aquí es ficción, no lo olviden.


Romance Sólo para mayores de 18.

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01: ¡Jeongoogie!

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—Abre tus piernitas para papi, Jungkookie —le ordenó el de ondulados cabellos al chico de piel lechosa que estaba recostado sobre su cama.

El reloj de la habitación marcaba las dos y treinta de la madrugada. La suave luz que la luna brindaba aquella noche entraba por la ventana, iluminando el perfecto cuerpo desnudo y sudoroso del de azabaches hebras.


Jungkook lo miraba suplicante, con aquellos brillantes ojitos parecidos a los de bambie; deseaba sentir las manos de su mayor recorriendo su cuerpo, se lo pedía con la mirada, rogando para que el mayor lo entendiese. Y claro que Taehyung lo hacía.


Kim se posicionó entre las piernas del pequeño en cuanto este las abrió, completamente dispuesto a tener relaciones con el mayor. Taehyung no lo pensó dos veces y de inmediato comenzó a darle caricias con sus dedos a los gorditos muslos del menor, los cuales lo traían fascinado.

Lo que nunca podía faltar en sus rutinas del día a día eran las sesiones de mimos. Jungkook las ama, porque su mayor suele darle de beber leche de plátano en su biberón favorito, mientras deposita besitos en sus mejillas regordetas.

Esa misma tarde una típica sesión de mimos fue mucho más allá. Taehyung quiso dar el siguiente paso con Jungkook, bajando sus besos desde su mentón hasta el níveo cuello perteneciente al antes nombrado. El azabache era muy sensible cuando de Kim se trataba, así que con esos simples besos que recibió, terminó abriendo sus piernitas para recibirlo y que el mayor hiciera lo que quisiese con su cuerpo.

—¿Me follará? —preguntó el menor, con su voz pendiendo de un hilo. Sus mejillas sonrojadas, junto a su pecho subiendo y bajando le proporcionaron un aspecto jodidamente caliente al de brillantes ojos.

Taehyung estaba completamente demente por aquel chico, el cual <lamentablemente> era el hijo de su mejor amigo. Pero, en ese preciso momento no importaba nada más, solo ellos mismos. Estaban encerrados en esa burbuja de amor y pasión que crearon, excluyendo a todo el mundo de ella.

—Solo lo haré si así tú lo quieres, cariño —le respondió Taehyung, soportando el impulso de follarlo con rudeza en ese instante. Jungkook abrió un poco su boquita como si estuviera sorprendido por lo que acaba de oír, y sintió cómo sus mejillas ardían aún más que antes.


"Cariño" era un lindo apodo. Jungkook siempre adoró que lo trataran con sobre nombres tiernos.


—Yo quiero, Taehyung —dijo, sintiendo su corazón latir a una velocidad sumamente rápida, agregándole las mariposas que revolotearon en su estómago; le provocaron cosquillas, por esa razón Jungkook soltó una baja risita, mostrando sus lindos dientes de conejo.


Taehyung lo observaba como si estuviera viendo a la mismísima diosa de la belleza, la sensualidad y el amor: Afrodita. Y es que Jungkook era la perfección personificada; cada parte de él era magnífica. Por esa razón, Kim se sentía más que afortunado por encontrarse entre sus piernas, pero también un poco indigno al pensar que no merece tener a esa obra de arte para él.


El de piel canela no encontraba palabras para describir a Jungkook, y este tampoco las tenía para describir a Taehyung.


—¿Por qué te ríes, pequeño conejito? —quiso saber, mostrándole su bella sonrisa y apretando despacio sus muslos.


—Las mariposas me dan cosquillas, Tae —le confesó, sintiéndose avergonzado. Prácticamente acababa de confesarle sus sentimientos al mayor. Taehyung sonrió por lo antes dicho, y notó la manera en la que su propio corazón latió.


Un pequeño gemido agudo casi inaudible, escapó de los rosas labios del menor en cuanto sintió la pelvis del mayor apegarse más a su cuerpo. Taehyung inclinó su torso sobre el azabache, permitiéndole a ambos estar mucho más cerca del contrario.


Jungkook lo observaba con sus ojitos más brillantes que antes, esperando con ansias alguna acción por parte de Taehyung. Este seguía mirándolo con admiración, intentando memorizar cada detalle de su precioso rostro, el cual parecía haber sido tallado por ángeles.


Sus grandes ojos, sus labios rosados, sus mejillas regordetas, el bello lunar que adornaba de forma hermosa la piel bajo su labio inferior.

Los largos dedos adornados por costosos anillos comenzaron a subir desde los muslos rellenitos del de apariencia angelical. Este tembló por lo frío que se sentía el metal de esas joyas sobre su piel. Taehyung las subió con delicadeza, grabándose la piel del menor en las yemas de sus dedos, hasta que llegó a su estrecha cintura.


El mayor juntó su frente con la del chico bajo él, y ambos cerraron sus ojos, disfrutando de la forma en la que sus respiraciones se mezclaban; resistiendo las ganas de juntar sus labios en un beso hambriento; soportando el fuerte impulso de unir sus cuerpos bajo la luz de la luna.


—Te haré el amor, Jungkook. Y haré que tu corazoncito se sienta bien —le susurró, sus labios siendo separados por milímetros.


Pip Pip Pip Pip.


¿Qué era eso que se oía?


De inmediato sus ojos comenzaron a abrirse. La calidez de su habitación era abrigadora. Llevó su mirada hacia la ventana, encontrándose con las gotas de lluvia mojando esta. Empuñó sus manos y frotó sus ojos, intentando acostumbrar su vista a la luz del día. Tomó su celular y desactivo la alarma. Con muchísimo sueño aún, vio la hora: eran exactamente las 08:04 de la mañana.


—¡Llegaré tarde! —exclamó Jungkook para sí mismo.


Se puso de pie bastante rápido, esto le produjo un gran mareo. Posó su mano en la pared más cercana y cerró sus ojos, en un intento de estabilizarse. Lo logró a los segundos, y por fin pudo comenzar a prepararse para el instituto.


No entendía porqué las mujeres encargadas del aseo del hogar no lo habían despertado. Así que con un pucherito adornando sus labios bajó apurado la escalera, luego de terminar de lavarse, limpiarse, vestirse y arreglarse un poco. Hoy no tuvo tiempo para usar su sencillo maquillaje diario, el cual consistía en un poco de rímel en sus pestañas, un pequeño delineado, rubor suave en sus mejillas, iluminador en algunas partes de su rostro y su típico labial brillante de fresas: su favorito. Llevaba su mochila colgando de un hombro: esta era simple, de color negro, con algunos estampados de personajes de anime y bandas de rock.


—¡Jeongoogie! —le habló con regaño una de las mujeres encargadas de la casa. Jungkook se detuvo, y la observó mientras intentaba regular su respiración.


—Sana, no me despertaste —le reclamó, pareciendo más un berrinche.Tenía un puchero, su ceño fruncido y sus brazos cruzados. La mujer lo miró con resignación y una pequeña sonrisa.


—Tu padre exigió que te quedaras hoy, Googie. —Jungkook rodó los ojos, y la mujer suspiró —. Sabes que él se preocupa por ti.


—Si se preocupara pasaría más tiempo conmigo.


Esas fueron sus últimas palabras antes de salir casi corriendo de casa. Ignoró los fuertes llamados que le daba Sana, pidiéndole que por lo menos se llevara algo para comer. Pero Jungkook era muy terco, y todos lo tenían muy claro en esa casa.


Entró al ascensor, por suerte no se encontraba nadie en él. Sacó su celular del bolsillo trasero de su pantalón, lo encendió y una vez más vio la hora; era en demasía tarde.


08:34 AM.


¿Tanto había tardado?


Lo más probable era que no lo dejarían entrar al instituto, pero si eso ocurría estaba dispuesto a hacer un berrinche para que se le permitiera ingresar.


El ascensor se abrió al llegar al primer piso. Salió disparado de allí. Mala idea. Por accidente chocó con alguien, haciéndole caer al piso. Se golpeó un poquito el rostro contra la fría baldosa.


—¡Jungkook! —esa voz... Jungkook iba a entrar en pánico.


El azabache se quejó bajito, luchando para que las lágrimas que inundaban sus ojos no salieran de ellos. Pero fue imposible, estas terminaron rodando por sus mejillas de igual forma. Le dolía su rostro y su pecho. Jungkook no soportaba para nada el dolor.


Sintió una mano tomar con suma delicadeza su antebrazo, intentando ayudarlo a ponerse de pie. En cuanto lo logró, limpió sus pantalones; estos no se encontraban sucios, pero Jungkook no podía mirar a los ojos a ese hombre, por esa razón fingía estar ocupado quitando el polvo de su prenda.


—E-Estoy bien. Necesito irme —informó, mientras seguía "limpiando" sus pantalones, con la mirada sobre ellos.


—Te llevaré.


Jungkook levantó la mirada, encontrándose por fin con el hombre que le robaba el aliento: Kim Taehyung. Los nervios recorrieron su espina dorsal, causándole escalofríos. Sus piernas y manos temblaron ante la mirada del mayor; sin poder evitarlo, sus mejillas se coloraron. Quiso que lo tragara la tierra en ese momento.


—S-Se me hace tarde. M-Muy tarde. Debo llegar a la escuela —quiso salir corriendo, pero Taehyung lo detuvo, tomando su mano.


—Vamos, pequeño. —ese apodo le puso los pelos de punta, y aceleró su corazón —. Hablamos en el coche.


Era obvio que el "héroe" Kim Taehyung no lo dejaría marchar con tal lluvia cayendo en la ciudad. Además, ¿acaso Jungkook pensaba ir corriendo al instituto? ¿o en bus... ¡OH, DIOS! ¡ni siquiera había traído dinero! ¿Cómo compraría su almuerzo?


Ya era más que tarde para perder el tiempo volviendo al departamento y buscando su billetera rosa de conejitos.


Ambos terminaron dentro del costoso coche del de piel canela. Jungkook sentía que le faltaba el aire. Mordía su labio, y daba palmadas suaves, rápidas y silenciosas sobre su muslo derecho. Deseaba calmar aunque sea un poquito la ansiedad que lo inundaba.


—¿Qué crees qué haces? —preguntó el mayor mientras encendía su coche para ir de inmediato hasta el lugar en donde Kook estudiaba. Este lo miró confundido.


—Uhm, ¿hacer qué? —preguntó bajito, como si quisiera no alterar a su mayor; mostrándose sumiso.


El auto comenzó a moverse. Taehyung salió del estacionamiento con facilidad, pues tenía varios años de práctica en esto de la conducción. Señalizó hacia la derecha en cuanto quiso entrar a la calle, observó con atención, pero ningún vehículo se veía aproximarse en el carril que tomaría Kim. Entonces dobló con suavidad el volante hacia la dirección que debía tomar, entrando de esta forma a la calle. Esta era un poco larga, así que les tomaría un tiempo llegar a su destino.


—Tu padre me pidió que te trajese unas cosas a casa. Me dijo que no te sentías bien, pero me encuentro con esto —habló por fin, sin despegar su mirada del frente, y solo haciéndolo cuando debía mirar por los espejos retrovisores. Jungkook soltó un suspiro.


—¿Está enfadado? —inquirió Jungkook. Taehyung frunció el ceño sin entender a quién se refería.


—¿Te refieres a tu padre? —preguntó confundido. Jungkook bajó su mirada y negó con su cabeza, aunque el mayor no lo veía.


—Me refiero a usted. —confesó con sus mejillas de color carmín —. ¿Está enfadado con Koo? —habló en tercera persona, una costumbre que él tenía, a la cual todos a su al rededor estaban acostumbrados. Taehyung abrió un poco su boca para responder, pero nada salía de ella.


Por poco muere de ternura. Jungkook solía hablar en tercera persona de vez en cuando. Tenía diecisiete años, pero poseía actitudes de un niño, las cuales fascinaban a Taehyung.


—Sabes que no, Jungkook —paró en un semáforo, esperando a que las personas cruzaran la calle. Por fin pudo dirigir su mirada hacia la del chico a su lado.


Jungkook era precioso. Tenía un estilo increíblemente bonito. Ahora mismo llevaba unos pantalones ajustados de cuero negro, estos resaltaban de manera increíble sus piernas; traía una sudadera negra gigante, y esta vez al parecer no tuvo tiempo de hacer el pequeñito delineado que adornaba siempre sus ojos.


—No le diga a papá. Él estará muy enfadado —pidió con sus ojos brillantes.


Taehyung posó su mano derecha en el muslo izquierdo del menor. Este se estremeció, y sintió una calor en su entrepierna. Se agradeció mentalmente por vestirse con algo que cubría esa zona, en la cuál a penas ahora, sentía algo duro. Claro que sabía lo que había ocurrido. Pequeñas imágenes un poco distorsionadas llegaban a su mente, eran de aquel sueño que tuvo: Taehyung le iba a hacer el amor. ¿Por qué tenía que despertar? Oh, no, no, no. ¿Jungkook, en qué piensas?


—No le diré, Googie —habló el mayor, mientras daba un suave apretón en el regordete muslo de Kook. Este se puso muy rojito, pero Taehyung fingió no notarlo.


—G-Gracias, Señor Kim.


Quitó su mano del muslo del menor, en cuanto el semáforo cambió de color, indicándole que podía seguir su camino. Jungkook soltó un suspiro de alivio. Pensó que si el mayor seguía tocándolo terminaría con un ataque al corazón.


Kim Taehyung era un hombre hermoso. Jungkook podía decir que tenía una clase de atracción hacia él, pero no ese tipo de atracción en la cuál deseas tener una relación estable que dure toda la vida, solo le parecía extremadamente guapo. Kim era el tipo ideal para Jungkook. Si tan solo ambos tuvieran la misma edad, podrían, quizá, tener algo más y...


¿En qué mierda estaba pensando?


—Te traje unas cositas, pequeño. Se suponía que las llevaría a tu casa, pero estás aquí. —Jungkook lo miró con entusiasmo —. Están en el asiento trasero —Jungkook dobló un poco su cuerpo, para dirigir su mirada hacia donde se le había indicado. Vio un par de bolsas de papel morado, cada una tenía stickers de conejitos pegados a ella.


—¡Hyung! —exclamó emocionado. Jungkook amaba los regalos —. ¿Qué son? ¿Qué son?


—No hay tiempo para que las abras todas, así que solo te llevaras una pequeñita —Jungkook frunció el ceño e hizo un puchero. El mayor soltó una risita —. Llegamos, Kook. —Taehyung detuvo el vehículo. Jungkook se acomodó en su asiento y quitó el cinturón de seguridad. El mayor volteó un poco su cuerpo para dirigir su mano hacia el asiento trasero, de esta forma tomó la bolsa más pequeña y se la entregó al chico.


—Muchas gracias, Señor Kim. También dele mis agradecimientos a mi padre —agradeció con las mejillas coloradas. Taehyung asintió, mordiendo levemente su labio inferior.


—No es nada, pequeño. —una vez más ese apodo —.No sé si podré venir por ti, tendría que hablarlo con tu padre.


—No se preocupe. Puedo volver solito a casa. —respondió, mientras abría la puerta del coche para salir de él —. ¡Cuídese, y tenga bonito día! —exclamó el menor con una bella sonrisa de conejo.


—Cuídate mucho, Jungkookie. También ten un bonito día.


Luego de cerrar la puerta del costoso auto de Kim Taehyung, vio como este se marchaba del lugar. Corrió hacia la entrada del instituto. Al llegar, notó que allí se encontraba una bella mujer que no había visto antes.


—Buenos días... —la mujer alargó la última letra de la frase, esperando a que Jungkook le diera su nombre.


—S-Soy Jeon Jungkook —informó, con su voz temblorosa.


La mujer comenzó a buscar algo en una gran libreta. Era de color negro, tenía el nombre y logo de su escuela en la portada. Notó que habían muchos nombres escritos en ella.


—Jeon, —al parecer había encontrado lo que buscaba —, es primera vez que llega tarde. —le informó mirándolo casi con ternura.


—Lo sé, señorita. Y lo siento muchísimo —Jungkook hizo una reverencia, y la mujer sonrió.


—Entre, alumno Jeon. No se preocupe.


Jungkook casi de inmediato corrió por los pasillos buscando de forma desesperada su salón. Sin detenerse observaba los relojes que se encontraban en las paredes, estos marcaban las 09:03 AM.


Al llegar a su salón, se quedó fuera un par de segundos intentando regular su respiración. Luego dio dos pasos, y tocó la puerta. La voz del profesor explicando algo se detuvo, y fue remplazada por pasos. La puerta se abrió, dejando ver al "simpático" profesor de matemática. Simpático entre comillas.


—Alumno Jeon Jungkook, buenas noches —habló primero el mayor, burlándose y haciéndose a un lado para dejar entrar a Jungkook. La puerta fue cerrada y volvió a escuchar pasos. Estaba enfrente de todos los alumnos presentes en el salón; absolutamente todos tenían sus ojos sobre él —. ¿Cree que estas son horas de llegar? —Jungkook lo miró y negó con su cabecita, mostrando algunos de sus mechones suaves desordenarse.


—No, Señor Min —respondió, sintiendo cómo sus manos comenzaban a temblar.


Su profesor tomó asiento en su gran mesón, mirando con una expresión indescifrable al chico con apariencia de conejito bebé. El antes nombrado notó como el hombre llevaba su mirada hacia la bolsa violeta que traía Jungkook, y de inmediato la escondió tras él.


—¿Qué traes ahí, Jeon? Supongo que debe ser la razón por la que llegas a estas horas —Jungkook se puso rojito, y negó con su cabeza.


—E-Es comida, Profesor —este soltó una risa que contagió a más de un alumno. Jungkook quiso salir corriendo, o que la tierra lo tragase.


Sintió un poco de tristeza al ver cómo la mayoría de los alumnos se burlaban de él. Ninguno de sus amigos hicieron algo para detener las risas, ni siquiera su propio novio se dignaba a defenderlo. Jungkook se sentía humillado; quería llorar.


—¿Comida? ¿Esa es la razón por la que llegas a estas horas? —una vez más el hombre rio. Jungkook suspiró, resignándose a la humillación.

Quería que alguien lo ayudara, quería que...


—Profesor, ¿no cree que ya fue suficiente? —por fin alguien se dignó a defenderlo.


El mayor de todos dirigió su mirada hacia el rubio chico que se encontraba de pie en el salón. Jungkook también lo miró.


—Park Jimin, no tiene permitido dirigirme la palabra de esa forma.


—Usted no tiene el derecho de humillar a Jungkook —replicó casi de inmediato. El mayor quedó con la boca entreabierta, y el azabache tenía una pequeña sonrisa de alivio plasmada en el rostro.


—A la oficina del director, Park.


Ninguno de los alumnos reclamó por Jimin. Este caminó enfadado hacia la salida del salón. Jungkook le susurró un "gracias" cuando este paso por su lado; jimin asintió en respuesta, mientras lo miraba.


Después de que el rubio se fuera todo volvió a la normalidad. Jungkook pudo ir a su lugar. Al rato ya se encontraba tomando apuntes de todo lo que creía importante que salía de la boca de su profesor.


Pensaba en Jimin, en la valiente forma en la que se arriesgó por él. Sin duda era el mejor amigo que pudo haberle mandado el destino.


Mientras escribía sintió su celular vibrar en su bolsillo. Con sigilo lo sacó, lo desbloqueó introduciendo su contraseña y, notó que era un mensaje. Entró a whatsapp y... oh, sus manitos comenzaron a temblar.


Yugyeomie hyung ♥


¿Por qué llegaste tan tarde?


09:25


Yo


me quedé dormido, Yugyeomie.


09:25


Yugyeomie hyung ♥


¿Debo creerte esa mierda?


09:26


Joder, Jeon.


09:26


Dime la verdad.


09:26


¿Piensas que no me entero de tus secretos?


Yo.


¿De qué habla, hyung? :c


09:28


hyung...


09:30


leído.






21 de Agosto de 2021 a las 05:02 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Leer el siguiente capítulo 02: Broken mirror.

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