loganpenn1989 Logan Penn

Una manera tan clara de narrar una historia trágica es empezar desde el punto de la infancia: Daily, lo hace de esa manera; Enfrasca la tragedia de dos hermanos, que por sus raíces criminales descendiente de su apellido, les toca huir dejando atrás la niñez y el sitio donde consideraban su hogar. Ambos crecerán y adentrarán de nuevo sus nombres a un mundo de violencia y mafia; traición y verdad; muerte y pequeños momentos-casi inexistente- de paz en aquella vida tan turbulenta.


Crimen Sólo para mayores de 18.
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Capitulo 1: Compañeros de pesca

Primera parte:

Castillos de arena

Los negocios crecen. La ambición de las personas, también.

Luca Daily


1

Se encontraba en el lago luciendo unas botas de color negro, regalo de una fundación de la ciudad de Abellán, que una vez cada seis meses, llegan a visitar a los pobres del campo; los Daily. Pero a él no le importaba. Se encontraba sentado esperando que su caña de pescar se tense, para que él, después, luciendo toda su fuerza, la levante por encima de su cabeza para terminar la tarde merendando pescado a la plancha; el plato especial de su madre

Luca Daily era un niño que se preguntaba de todo. Recordó la primera vez que vio pescar a alguien. Preguntó en todo lo que se necesitaba y hasta cada detalle de la carnada; en la forma en que se debe de sentar y hasta en la forma de respirar; abordaba a su interlocutor con preguntas como si fuera una lluvia de bala.

Esa vez, cuando conoció el arte de la pesca, fue por el señor Hernández. Barrigón, de aspecto cansado y barba sucia, apestosa de cerveza.

Luca siempre pasaba por la casa del señor Hernández, llevando su libro y preparándose para leer, pues aquello era lo que más esperaba durante el día.

- ¡Mierda! -vociferó Hernández desde el otro lado-. ¡Peces de mierda!

Lucas se había detenido; frenando a raya como si fuera un auto. Había agudizado el oído. Se encontraba en un camino de tierra, con los árboles al horizonte meciéndose y con el cielo encapotado; deseaba que no lloviera, pues eso haría que el libro se estropeara.

Pero la curiosidad le había ganado. Con aire decidido, avanzó hasta el patio del señor Hernández. Miró hacia ambos lados en busca de un perro protector, pues había leído suficiente para saber que los viejos como esos siempre llevaban un perro guardián a su disposición. Pero no había nada.

El viejo se encontraba al otro lado de la casa.

La casa era en realidad una pequeña cabaña. Con ventanas sucias y algunas que otras flores muertas en el alfeizar de las mismas. Lo realmente bueno de toda esa mierda de casa, era que quedaba a la orilla del lago Fuente, lugar que servía como riego para los cultivos de los campesinos más cercanos. Pero el viejo Hernández se la pasaba sentado, con su caña de pescar y acompañado de una Heineken para pasar el mal sabor cuando no tenía suerte.

Cuando llegó a la parte trasera de la casa, se encontró con el viejo bebiendo a largos tragos la cerveza. Abrió los ojos y la dejó aún lado.

- ¿Qué haces aquí, mocoso? -preguntó Hernández con un aire que ya había dicho aquello un millón de veces durante el día. -Ya mismo son las 4, y a esa hora, hace un frío de los mil demonios.

-Es muy interesante lo que está haciendo -comentó Luca-. Parece que se necesita de mucha paciencia.

Hernández asintió.

-Pescar es como la vida; cien por ciento de paciencia -el viejo miró la caña de pescar.

De frente, como un mosaico de una sala de espera, se contemplaba unas enormes montañas como grandes obeliscos-. Es como la vida.

Luca se acercó y dejó su libro en la terraza de aquella cabaña. Lanzó un suspiro y contempló el lago de color verde en frente de él. En ese momento se sintió con una inmensa tranquilidad, similar a la que se le da al leer su libro.

-Debe ser muy tranquilo estar aquí -Luca observó la orilla de la puerta trasera. Cientos de latas de cervezas desparramadas como cuerpos de soldados caídos -. Una masacre.

-No mires mi estilo de vida -pidió Hernández-, no te gustará.

Luca se encogió de hombros.

-En realidad me es indiferente. Lo único que me ha llamado la atención, ha sido aquello que está haciendo.

- ¿Te gustaría intentar?

Luca se sorprendió ante tal pregunta. Pues al final no se la esperaba. Se imaginaba que el viejo era solo uno amargado solitario, pero solo necesitaba un poco de resiliencia ante tal persona que tenía en frente, es decir, unas cuantas palabras sinceras que denoten una gran confianza; Luca tenía aquello.

Luca se puso de pie y no dijo nada, pues sabía que, ante tal reacción, haría que el viejo lo tomará como un sí, además que eso ayudaría a Luca a saber si el viejo era una persona que se daba cuenta de los pequeños detalles.

-Hay una caña de pescar por la cocina, tómala.

Luca dio media vuelta y entró a la casa.

Si al principio aquello le había parecido una pocilga desde afuera, adentro era realmente un contenedor de basura. En la entrada de la puerta, además de una gran pila de botellas de cerveza, había una gran cantidad de pan negro aplastado como chicle. Más adelante descansaba una gran pila de discos musicales; una pulidora. Los muebles se chocaban entre sí, y unas bragas de color negro se alzaban en el cuadro de la última cena en la sala. Entró a la cocina, y para la sorpresa de él, se encontró con una decente, a excepción de la lava platos, el cual estaba lleno de botellas de vodka como si las estuviera vomitando.



12 de Junio de 2021 a las 03:14 0 Reporte Insertar Seguir historia
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