joselin-ayala1617486188 Joselin Ayala

Adrien tiene una rara enfermedad hereditaria desde los 2 años, gracias a la cual su cuerpo es muy débil y cualquier virus lo pone grave. A los 8 años conoce a un niño lindo de ojos azules, que lo salva de morir ahogado. 8 años después vuelven a encontrarse, pero al parecer Luka ha cambiado un poco su actitud. "Seis billones de almas en la tierra y coincidir..."


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La lluvia nos recuerda que somos frágiles

~Lukadrien~

"Todo estará bien"

La lluvia caía torrencialmente en la pequeña y melancólica Smallville Sus calles estaban desérticas haciendo de ese el día perfecto para que Adrien pudiese llevar a cabo lo que hace meses estaba planeando hacer sin que nadie se diese cuenta.

Sus pequeñas y débiles manos forzaron el agarre al resbaladizo barandal oxidado. El pequeño observó hacia abajo con temor y nerviosismo, allí el profundo arroyo estaba casi desbordando debido a los continuos días de lluvia que atravesaba la ciudad.

El caudal de agua corría velozmente debajo del puente. El niño trago en seco, tenía demasiado miedo en ese momento, no iba a ocultarlo. SU corazón empezó a bombear a un ritmo más acelerado de lo normal. Había llegado la hora, tenía que hacerlo ahora o no lo haría nunca.

Respiró hondo y acercó ambos de sus pies a la orilla del viejo puente. Uno de éstos, resbaló torpemente con una de las tantas piedras que constituían el puente, haciendo que su pequeña zapatilla se le saliera y cayera al arroyo. El pequeño se sobresaltó, aferrándose con mas fuerza al barandal y observó cómo su calzado era violentamente arrastrado por la corriente.

Su cuerpo entero comenzó a temblar. Ya no quería hacerlo, ya no quería quitarse la vida; tenía mucho, mucho miedo. Tragó en seco cuando vagos pensamientos comenzaron a llegar a su mente.

"¡Hey, miren! ¡Ahí viene el rarito enfermo!" La risa cruel de aquellos niños nunca abandonaba sus pensamientos. Eran todos muy hirientes con sus comentarios ofensivos.

"¡No te me acerques, quizás me contagies con tus enfermedades!

"¡Oigan todos, vamos a reírnos de Adrien!"

Los nudillos del pequeño empezaban a volverse blancos de tanto que apretaba el antiguo barandal con su agarre.

"Adrien, ¿por qué no puedes ser normal como tu hermana? ¡Estoy harta de andar yendo y viniendo de ese maldito hospital contigo!"

Ahora la voz de su madre decidió colarse en sus pensamientos. Un nudo gigante apareció en su garganta, y por más que el chiquillo intentara hacerlo pasar tragando fuerte, parecía estar dispuesto a no abandonarlo, seguía allí, incomodando.

Para ese entonces la lluvia se había vuelto más severa, y las ráfagas de viento hacían bailar a los árboles con gracia, moviéndolos de un lado a otro con violencia.

Adrien se preguntó si ya habrían notado su ausencia en la casa. Él estaba seguro de que no, y en el caso de que lo hicieran, no se molestarían en preocuparse por él. Siempre era así, él era solo una carga para su madre, una máquina de derrochar dinero en medicamentos para su padre, un estorbo para su hermana, y un genial objeto de burlas para sus compañeros de la escuela primaria.

Sin embargo, no era su culpa. Él nunca había tenido la oportunidad de decidir nacer con esa tonta enfermedad, pero todos actuaban como si la fuera.

Desde los tiernos dos años, la madre del pequeño había notado la recurrencia severa con la que distintas enfermedades atacaban al niño. Era muy vulnerable a cualquier cambio brusco de temperatura, así que recurrió a los médicos en donde le informaron que su hijo tenía una enfermedad hereditaria del corazón que hacía a su sistema inmune muy frágil e incapaz de detener con tiempo a las enfermedades. Así que Adrien pasó la mayor parte de su infancia en un hospital, mientras que los demás niños jugaban en el parque como era común. Él conocía mejor los solitarios pasillos de aquella fría y triste edificación con olor a yodoformo que a su propia casa, era muy triste pero cierto, Adrien había comprendido desde muy pequeño que la vida a veces era muy injusta con algunas personas sin razón aparente.

Debían inyectarle una dosis diaria de vitaminas y proteínas para que si cuerpo pudiera seguir soportando la debilidad de su corazón, y su sistema inmune pudiera detener aunque sea, algunas de las muchas enfermedades. Y así seguía hasta ahora, aunque con sus ocho años, ya habían reemplazado las inyecciones por pastillas. Según los médicos, debería ingerir de esas por el resto de su vida.

Era algo terrible y fatal que haya decidido quitarse la vida aún a sus cortos ocho años, pero él ya no podía más con todo el dolor, su vida era un completo martirio.

El pequeño pero caudaloso arroyo de Smallville sería el encargado de enviarlo al otro mundo, en dónde quizás sería un poco feliz alejado de todo el daño que las personas hacían.

Así que Adrien tomó todo el aire que sus pulmones pudieron soportar y lo soltó lentamente, armándose de valor. Ya estaba decidido, no habría más duda, ahora sí saltaría. Dar ese pequeño paseo por sus pensamientos le había ayudado a comprender que las cosas serían mejores sin él, el mundo estaría mejor, después de todo, les haría un gran favor.

Se acercó nuevamente a la orilla del puente, ahora con decisión. El agua corría velozmente llevándose tajos de ramas, y algunos restos de basura, y en unos minutos, también el pequeño, frágil y enfermo cuerpo de Adrien.

La lluvia golpeaba con rudeza en el aniñado e inocente rostro del pequeño, Adrien cerró sus ojos intensamente al momento en que aflojaba su garra del herrumbroso metal.

Y saltó.

Saltó y al momento en que lo hizo, toda su corta vida pasó por delante de sus ojos. Primero observó a su mamá sonreírle con ternura mientras le leía un cuento en una de esas tantas solitarias noches en el hospital. Luego vio a su hermana Emma en el día de su cumpleaños, ella le entregaba un pequeño robot de plástico. Su papá también estaba allí, cortando el gran pastel mientras su sonrisa se ensanchaba y sus ojos brillaban en felicidad al mirar a su pequeño hijo.

Se vio a si mismo corriendo por un campo grande de lavandas, la brisa fresca de la primavera daba de lleno contra su pequeño rostro de cuatro años.

Muchas personas suelen decir que antes de morir ves pasar tu vida en un segundo, que tu mente te da como una "última oportunidad" de apreciar todos los recuerdos bellos que pasaron en tu vida. Solo los momentos lindos. Adrien supuso que estaba muriendo.

De pronto todos los recuerdos fueron alejados bruscamente de su cabeza, dejándolo sólo en una absoluta oscuridad en dónde Adrien comenzó a correr asustado. La oscuridad parecía interminable, tétrica, y sobre todo muy solitaria. Un pequeño punto de luz al final se hizo notar. La luz cegadora empezó a volverse más y más grande a medida que Adrien se acercaba.

A lo lejos, Adrien comenzó a escuchar una peculiar y dulce voz llamarlo, era una voz que él nunca en la vida había oído. Esta voz sonaba quebrada, gritaba desesperadamente porque despertara, y en ese momento la luz brillante desapareció rápidamente y Adrien sintió como sus pulmones volvían a llenarse de un aire fresco y su vista de a poco comenzaba a aclararse.

Unos ojos azules lo observaban fijamente mientras sollozaban. Esos ojos extraños y desconocidos estaban rojos e hinchados pero eran los ojos mas bonitos que Adrien había visto en su vida. Por un momento dudó en si había muerto o no, porque esos ojos parecían de un ángel.

_¿Tú eres idiota? ¿Que crees que hiciste niño? ¡Eres un completo estúpido!_ el niño extraño chilló entre sollozos, arrodillado en frente de Adrien con su cuerpo completamente empapado.

De pronto tomó al ojiverde por los hombros haciendo que éste se inclinara levemente hacia él y empezó a sacudirlo bruscamente mientras lo observaba con ojos de reproche.

_Promete que jamás volverás a hacer algo como eso ¡Promételo!, eres un niño, y se supone que los niños no hacemos esa clase de cosas, ¡t-tú tienes mucho para vivir!_ chilló el chico y Adrien simplemente observaba como sus labios morados temblaban al hablar.

Adrien estaba atónito sin poder formular una mínima palabra, solo observaba confundido sin ninguna expresión en su rostro. Se sentía lindo que alguien se preocupara por él, aunque no tenía ni la menor idea de quién era ese niño frente a él, comenzaba a quererlo por el simple hecho de que le importaba.

_Escucha, la vida es muy injusta con algunas personas a veces, pro demuéstrale quién manda, yo sé que tú eres un niño fuerte, no dejes que la vida te derrumbe, porque a ella le gusta ponernos pruebas, ¿sabes?, quiere ver que tanto podemos soportar, pero al final del día puedo jurarte que siempre encontrarás la estrella que te guiará, y tú podrás salir adelante y demostrarle lo fuerte que eres aún siendo un niño_ espetó el chico de ojos azules, con su voz gangosa por el llanto y Adrien asintió lentamente mientras que por sus mejillas comenzaban a caer pesadas lágrimas una tras otra.

Su débil cuerpo temblaba de frío y miedo. Haber siquiera pensado en la estúpida idea de tirarse al río, ahora lo hacía sentir un idiota. Se arrepintió y mucho. El pánico se apoderó de su cuerpo al caer en la cuenta de que sólo había estado a unos pocos minutos de haber muerto ahogado, sólo a unos mi de pasar a ser un vago recuerdo para la mente de todos y que si no hubiese sido por el niño que ahora estaba frente a él, ya no estaría más allí. Comenzó a llorar desconsoladamente debido a la idea de muerte y el niño de ojos azules lo tomó entre sus brazos fuertemente a lo que Adrien correspondió al instante. Ambos niños estaban arrodillados, uno frente al otro, abrazados bajo la fuerte tempestad que azotaba la ciudad.

_Ya no llores... todo estará bien, ¿de acuerdo?_ el chico frotó dulcemente la pequeña espalda de Adrien buscando reconfortarlo

_D-de acuerdo..._ contestó entre débiles sollozos.

_Por cierto, soy Luka. ¿Tú como te llamas?_ inquirió curioso.

_Adrien..._ murmuró débilmente el ojiverde, aún abrazado al ojiazul.

_Adrian, como el de mi serie favorita_ Luka rió por lo bajo contagiando de su risa a Adrien

_Sí..._ respondió el ojiverde separándose lentamente del abrazo para poder apreciar la sonrisa del niño frente a él.

Luka era muy bonito. Tenía el cabello negro pegado a su rostro desordenadamente debido a la lluvia, unos ojos azules llenos de vida, y dientes similares a una fila de perlas.

Luka acercó sus manos al rostro de Adrien acariciando una de sus frías mejillas y luego peinó su cabello mojado hacia atrás. El ojiverde cerró sus ojos ante tan agradable contacto.

_Te prometo que todo estará bien Adrien, sé que te esperan cosas muy bonitas en el futuro...

Y Adrien le creyó.

(***)

7 de Junio de 2021 a las 01:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
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