A
Alberto P.


Relato y reflexiones vivenciales sobre este trastorno o enfermedad altamente desconocida. Lo que comporta en el individuo que la padece y la incomprensión por parte de no sólo su núcleo más cercano, sino de la sociedad que lo estigmatiza. Acercamiento real al lector de lo que verdaderamente causa la Agorafobia, con su crudeza, sin tapujos, y de lo que realmente causa a las personas afectadas, incomprendidas, con soledad, con depresión y otros muchos avatares que los incapacita para poder llevar una vida normal y con plenitud. Un pasaje del horror, que muchos desconocen. En resumen, dar visibilidad de este trastorno para alcanzar un criterio más formado al lector de lo que realmente este mal del alma produce a quienes lo sufren. Sin más pretensiones. Que el lector se acerque a esta realidad y saque sus propias conclusiones y opiniones. Porque el MIEDO incontrolado en su máxima exponencia es real y muy devastador.


No-ficción Sólo para mayores de 18.

#vida #relato #vivencias #Agorafobia
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INTRODUCCIÓN

"La semejanza era la forma invisible de lo que, en el fondo del mundo, hacía que las cosas fueran visibles; sin embargo, para que esta forma salga a su vez a la luz, es necesaria una figura visible que la saque de su profunda invisibilidad."


Michel Foucault.


Comienzo una serie de reflexiones de alguien que padece una cruel enfermedad o trastorno que viene acompañada de otras y que tiene por nombre Agorafobia. No por muchos conocida, la cual nos hace aún más invisibles en esta sociedad cada vez más deshumanizada. Enfermedad que en mi caso viene acompañada de un trastorno de ansiedad excesiva y depresión. ¡Tres en uno... que oferta, no! Cuán acostumbrados estamos de dichas ventajas en los grandes centros comerciales con cualquier producto, detergentes, yogures, conservas... Pues este tres en uno se convierte en mí en una frase maldita, como tantas cosas que os iré mencionando en el transcurso de las siguientes líneas.


Perdonadme, no me he presentado. Me llamo Alberto, tengo 43 años, con pareja, dos perros, cuatro gatos, un pequeño jardín con macetas en el porche, casa con su debida hipoteca estranguladora, y poco más de lo que comúnmente alguien normal enumeraría como propio en su rutinaria vida. Pero como veréis e intentaré explicaros, aquí la normalidad no existe, o al menos se asienta de forma anormal. ¿ Normalidad anormal ? ¿qué paradoja, no? Pues sí, es una gran paradoja, y eso es lo que esta cruenta enfermedad ha podido enseñarme -entre otras muchas cosas-, la de estar rodeado de incomprensibles contradicciones. Sucesos que no sólo explican la desesperación del hombre ante este reto maléfico, sino también de hasta dónde podemos acabar, lo que podemos llegar a ser, hacer, sentir... Para acabar después sintiéndonos impotentes ante la incomprensión de lo que creíamos que era nuestro propio yo.


Por otro lado, debido a la invisibilidad que esta enfermedad nos otorga ante la sociedad, pasamos por ella desapercibidos, ignorados, inexistentes... Y por ende, nos da como ventaja frente a ella el permitirnos definirla en su estado actual, descubriendo con más o menos asombro en lo que todos nos hemos convertido. Una sociedad donde impera la deshumanización, la falta de empatía, del pragmatismo, el egoísmo, la ambición, el mirar únicamente en uno mismo como valores predominantes, incrustados en nuestras mentes a saber por qué esferas interesadas en el transcurso de nuestra historia contemporánea. Y se instala un relativismo imperante que termina convirtiéndose en absoluto, dando lugar a que nada es cierto, sólo aquello que subjetivamente nos conviene. Dicha relatividad propicia exactamente eso, un individualismo feroz donde nada existe por encima de uno mismo, donde las importancias quedan relegadas al imperio del ego. Y con ello, ya no atravesamos crisis económicas únicamente en las que prima nuestra atención, sino que tal individualismo nos sirve incluso de excusa para no darnos cuenta de que vivimos en una sociedad donde el hombre desaparece, donde el tópico se convierte cuasi en axioma. La crisis es de valores, más que monetaria.


Una enfermedad que me enseña no solamente la poca importancia de la propia vida, movido por sus hilos siniestros, sino que a través de las rejas virtuales que me impone, puedo observar que esa vida pierde valor y sentido, pasando a planos inferiores cuando se pone en peligro un ápice de la comodidad de los otros. Una sociedad que ha confundido sociedad del bienestar con estar yo únicamente bien. ¡Mientras el problema no afecte... es cosa de otros!


Reto difícil el que me espera en adelante. Intentar explicar y dar a conocer una enfermedad que invisibiliza, incapacita, estigmatiza, crea desocialización... y que te hace descubrir un mundo interior propio, a la par desconocido, donde te empuja a atravesar ciertas lindes que jamás pensé que una persona podría cruzar. En como las situaciones límites te hacen ser tu propio ogro, cuando siempre pensaste que ese ogro no existía, o al menos estaba bien amansado en los rincones más profundo de tu ser. Junto a ello, haceros una reflexión de cómo esta sociedad se comporta, no sólo a quienes sufrimos estos aconteceres o similares males, sino que dicho comportamiento permanece inscrito en el genoma social, sea el acontecer que sea.


Os hablaba de paradojas, pues bien, aquí estoy delante de mi portátil, en otra noche más de insomnio atroz esperando que la pastilla de rigor empiece hacer efecto. Noche de mayo, pero lluviosa, aunque en este momento hay una calma quieta. A la luz de un quinqué os escribo, con estas artes modernas. Esta paradoja es de las pocas que me satisfacen. Resultaría más apropiado escribir en hoja apergaminada, con pluma y tinta, acompañada de esta luz quinqueniana, y sin embargo rompo el romanticismo con unas teclas de plástico y con una luz menos atractiva, la de un simple monitor. Pero aún así, pienso que ese ápice de romanticismo permanece, por que mi interior lo palpa de esa manera, por que adoro la luz del quinqué, parpadeante, suave y tenue... luz que aporta cierto sosiego y tranquilidad, que tan faltos de ellos, cuando se producen, los degusto al máximo.


Veréis esta introducción algo suave... pero comprobaréis que la suavidad carece de presencia en estos diez largos años en los que vengo padeciendo de este vocablo griego, que siendo tan bello su primer significado, "ágora" -plaza, espacio público-, viene otra a enturbiarla y ensuciarla como es "fobia", miedo. Resumiendo, la agorafobia es un miedo incontrolado, irracional a los espacios públicos, abiertos o cerrados, miedo que por veces y sin notar síntomas, se torna en una crisis de pánico, que más adelante también os definiré, junto con este mal, con mayor profundidad. Lo haré con mis vivencias, mis angustias, mis experiencias, mis terrores, mi no tocar fondo, mi desesperación, mi refugio y mi cárcel, mi tristeza, mi cuasi inexistente autoestima, falta de fe, hasta de baluartes en los que no puedo siquiera apoyarme. En la carga inmensa de vivir una continua ansiedad que va tornándose en un peso insoportable, que hace que desfallezca por momentos, cada vez más asiduos. Donde mi mente empieza a decir que no puede más con tales cargas y por si sola comienza a plantearse atrocidades que jamás con anterioridad, ni siquiera de soslayo, pulularon por sus maltrechas neuronas. Una mente que va por cuenta propia y casi sin permiso, determinada a cruzar ciertas líneas rojas. Donde el horizonte no existe... y si lo hay, en días buenos -los menos- se torna lejano. El resto del tiempo no es que sea inexistente en sí mismo, si no que simplemente aparece oscuro, negro intenso, desolador... por lo cual, para qué remar, si el barco se siente que va a la deriva.


¡Uf, vaya, con qué rapidez, un discurso que en principio era templado, con ritmo tranquilo, se convierte en una enumeración de males y acontecimientos con un ritmo vertiginoso...! ¡Os puedo asegurar que bastantes me he dejado en el tintero!
Aquí comienza una serie de relatos existenciales, de reflexiones... No será un diario, no os explicaré esta enfermedad como lo indica la R.A.E o el Vademécum... ¡Os la presentaré tal cual es!. Con su cara al descubierto, sin anestesias ni eufemismos, con mis vivencias, de lo que pienso fue el detonante y de cómo cambia la percepción de tu propia existencia y te obliga a ver como la sociedad de la que eres partícipe -aunque invisible para la misma-, se torna en una gran colectividad donde lo que menos impera es la moral, el hombre como ser, donde cualquier ontología antropológica sana y empática, se pierde por las múltiples grietas de un sistema feroz en sus afiladas garras. Un sistema del sálvese quien pueda y donde los platos rotos siempre los pagan los mismos, los indefensos, los apartados, los desahuciados, los invisibles... Donde la suerte, la fortuna, el estar libres del mal del otro -entre otras cosas- van enterrando la solidaridad, la humanidad, la justicia... en una fosa común acallando incluso las pocas voces que aún defienden esos valores para hacerlas también invisibles.


Como podrán observar, esta enfermedad me lleva por caminos internos crueles e inesperados, pero también por caminos externos, no faltos de esa misma crueldad. Caminos que intentaré narrar, con mis propias reflexiones al respecto, no sólo para dar a conocer una enfermedad que estigmatiza, si no también una sociedad, ciega ella, que por sí sola se auto-estigmatiza. No será algo contado de forma cronológica. Sólo abrirles algo muy íntimo, mi interior, mi alma, una perturbación interior que por veces es aplastante y usurpadora de energías y fuerzas. ¡Lo que he escrito no es más que un mísero uno por cierto y dudo que pueda llegar al cien por cien!


Si tuviera que venderles mis posteriores relatos -permítanme la ironía- encontrarán una trama que podrá atraparles, compadecerles, empatizar, entristecerles. Ver quizá unas realidades que no quisieran ver....Una historia que puede cautivarles cual novela de misterio en la que incluso puedan estar deseosos de un nuevo capítulo. Encontrarán todo tipo de situaciones, de reacciones humanas que ni yo mismo creí que podrían producirse, que eran impensables. Caminos andados con cierta esperanza, otras veces esos caminos desaparecen, y la locura de la insoportabilidad de tantas cosas, unidas al embotamiento, al cansancio extremo, hacen, que algo que por principios solidos tenías instalados, se caigan como castillo de naipes. ¡Donde uno intenta e incluso cruza de facto, determinadas líneas que antes eran impensables! Pero todo eso y más, siempre que no les aburra, serán en otro momento, en otro irónico, o paradójico episodio.


Les dejo con otro párrafo para la reflexión, para acercarles a esta desconocida y muchas veces injuriada enfermedad, no creída. Tengo 43 años, he vivido todo tipo de sentimientos en mi mediana vida, amor, trabajo, realización, independencia, objetivos.... pues todo eso queda relegado como si fuera un pasado lejano, incluso parece no vivido... Y mi discreta vida parece empezar sólo en estos diez últimos años. La normalidad, se vuelve anormal, los sueños si llegan a existir se marchan por la primera fisura que encuentran, y el denominador común que impera es el dolor, el sufrimiento, la estigmatización, la paradoja interna, la locura más consciente... la invisibilidad más absoluta. ¡Parece que no he vivido! Que nací hace diez años y la única compañera de camino es la ansiedad, las rutinas desgastadoras, y la penuria agarrada con sus dos manos a cada palmo de mi sombra. Diez años, de un algo en todo su esplendor, fuerza y dominancia: el MIEDO.


Hasta aquí mi introducción. Espero, sobre todo no haberles aburrido. Si lo desean, les seguiré comentado desde lo objetivo y lo subjetivo (mis vivencias), que este mal existe... y es eso, un mal para el alma. Un mal que te sorprende no sólo por conocer partes de ti que ni siquiera sabías que existían, sino que también te abofetea ante una realidad social de la que también era bastante inconsciente, y de la cual hasta pierdo esperanzas... pues está profundamente dormida y parece desoír todo aquello que les es ajeno para no querer despertar de su letargo, de su más que enmascarado sueño. Empiezo aquí un viaje bajo una premisa que deseo no sea difícil de hacerles comprender... Otra de las costumbres que tenemos arraigadas mentalmente son metodologías deductivas, partimos de una premisa universal, general, para llegar a una conclusión final, particular. Pues intentaré que este viaje sea algo distinto en dicho aspecto. Si bien, la parte no es el todo, en diversos supuestos, en diversos colectivos invisibles, la parte puede definir y realizar un juicio de valores sobre el todo, pues en sus vivencias pueden fijarse ese tipo de juicios y criterios, y no por ello, ser menos ciertos. Así mis relatos existenciales, vivenciales, sobre la enfermedad que me ocupa y atrapa, la Agorafobia, además de descubrir un yo inesperado, también me permite ver una sociedad más inesperada aún. Mi difícil reto, es hacerles ver, e intentar abrir ojos, conciencias, o cualquier otro sentimiento aun siendo contrario a lo que expongo -al menos eso significaría que aún se piensa y se discierne con criterios, por lo que estaría gratamente confundido en muchos juicios de valores que más adelante pronunciaré-. Y lo realizaré con una metodología un tanto inductiva (en el sentido científico del término encuadrado en la lógica), donde parto de la particularidad de mi enfermedad para llegar a conclusiones generales, universales, sobre la misma y su actuación en la propia persona. Como la valoración de una sociedad actual de la que formo parte como elemento invisible, extendiéndose dicha invisibilidad no sólo a otros colectivos vulnerables, sino a la propia sociedad, que se empobrece a si misma por la ignorancia manifiesta de los falsos valores en ella introducidos.


De antemano, pedirles disculpas por si alguna frase o expresión pareciera incongruente, o las formas gramaticales no fuesen precisas o con la altura literaria que puedan esperar. Quizá mi cabeza embotada por tanta farmacología produzca tales hechos... o simplemente me atribuía ciertos dones en escritura que realmente no poseo. Realmente lo ignoro. Quizá sea un compendio de ambas cosas. Ustedes juzgarán. Pero si siguen estas líneas -y las sucesivas-, espero poder contar con sus opiniones, sus comentarios y pareceres. Desde la humildad con la que escribo, será la misma con la que reciba sus apreciaciones.


4 de Junio de 2021 a las 13:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
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