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Eve Sunn


imón dice date prisa, si te detienes por un momento, si te quedas sin aliento continúa corriendo o te atraparemos. Simón dice manos arriba, te hemos atrapado. Un mundo en donde las personas ya no saben como ser humanos. Kasyade solo busca sobrevivir y no perder la poca humanidad que le quedaba, pero en el nuevo mundo solo podía elegir una. «—Témeles a los humanos, son los verdaderos monstruos. »


Post-apocalíptico Todo público.

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01 | Las botas de Jean

Tormenta de arena, maldición. Una enorme ola de tierra está a unos metros de mí, tengo que correr y rápido o adiós a mis pulmones y bueno a mi vida. Giro al sentido contrario de la ola enorme que avanza rápido, la naturaleza es una mierda, bueno nosotros nos lo buscamos, pero aun así sigue siendo una mierda.

Las suelas de mis botas pisan rápido y fuerte el pavimento, mis pulmones queman con cada paso que doy, los músculos de mis piernas están agotados, en cualquier momento se derrumbarán, pero tengo que seguir, no puedo parar.

Giro mi cabeza para ver a cuantos metros está la ola. Está más cerca de lo que creía, busco con la mirada un lugar donde pueda esconderme y resistir lo más que pueda, o al menos intentarlo. Los edificios no son una opción, son demasiado peligrosos, comienzo a buscar autos que tengan las puertas abiertas, pero no doy con ninguno. ¿Quién demonios cierra su auto en una crisis?

El viento era fuerte, la tierra me envuelve por completo, en cualquier momento puedo quedar envuelta por el centro de la tormenta y ahogarme en ella. Sigo buscando, con cada intento ruego y suplico que la puerta abra.

Vamos, vamos, es lo único que puedo pensar.

El viento se vuelve más potente, la tierra hace difícil respirar y ver, me cubro la boca y nariz con la bufanda, me coloco los lentes de sol y me meto debajo de un auto.

Es la única manera que se me ocurre para sobrevivir.

Tormentas anteriores han durado por lo menos un día, si quedas atrapado, no ves nada y mientras más intentas salir de ella más te pierde, pero con toda la arena y tierra y agua apenas se puede respirar, entre más tiempo pases dentro de la tormenta más trabajo te cuesta respirar hasta que ya no lo haces más. Además, la fuerza del viento lleva objetos, incluso personas, cualquier cosa puede golpearte, un golpe de muerte.

La tierra comienza a cubrirme, tengo que mantener mi respiración calmada y profunda, aguantar lo más que pueda y rogar que no sea mi final. El tiempo pasa demasiado lento, por la abertura entre el suelo y el auto podía ver como el polvo sigue moviéndose en todas direcciones.

Es lo único que puedo hacer, observar y esperar.

Cierro lo ojos por un segundo o eso es lo que creo. Paso más tiempo del que pensé, abro mis ojos, la tormenta había desaparecido, me arrastro a la salida de mi escondite, estoy a punto de salir cuando veo un par de botas negras.

Abro los ojos con sorpresa, esto está mal muy mal, se supone que las ciudades están desiertas, o al menos ningún humano vivo se hospeda en ellas, me vuelvo hacia atrás. Trago saliva con fuerza. Joder, joder, joder. No debí haber entrado a la ciudad, pero es el único lugar donde podía encontrar algo de comida o eso es lo que esperaba.

—Vete, vete, vete —susurro como si algo me escucharía y se llevaría quien fuera que está ahí afuera.

—Jean —escucho una voz llamando a alguien, el par de botas se giran. Ese es Jean, no está solo, joder. —¿viste algo?

—Creí haber oído algo —la voz del tal Jean es gruesa y habla con un tono de rudeza. Y por el tamaño de sus botas es alto y fornido o ese me parece.

Tengo que esperar a que los sujetos se marchen, y salir lo más rápido posible de este lugar, y buscar comida, la boca del estómago comienza a arderme, no comer por días me mantiene débil y junto con la soledad los recuerdos de como era el mundo antes, mi mundo, me atormentan más y más. O debo llamarlos visiones, no sé, se ven muy reales, pero realmente no se que son exactamente.

—¿Qué esperan? Aquí no hay nada —susurro, en mi campo de visión ya no veo el par de botas de Jean, pero si mis oídos no me fallan siguen cerca.

La luz del exterior es cada vez más opaca, está anocheciendo y eso significa algo peor que la tormenta, debo salir de mi escondite o quedaré atrapada y expuesta, no es un refugio lo suficientemente bueno para pasar la noche.

Me acerco al límite de mi escondite con el mayor cuidado y silencio que puedo, pero arrastrar mi cuerpo contra la tierra, quisiera o no producía ruido. Primero saco mi cabeza, miro en todas las direcciones que mi visión alcanza. No hay ningún rastro de los sujetos de antes, saco todo mi cuerpo. Miro el cielo, el atardecer está en pleno apogeo, debo moverme a cualquier otro lugar menos aquí.

Ando por un par de calles, buscando alguna tienda hasta que encuentro una, las luces están apagadas, como en toda la ciudad. Lo que una vez fue una ciudad alegre, resplandeciente, alumbrando más que el sol ahora cada foco de cada edificio, casa, establecimiento está apagado como cuando soplas una vela y te quedas en la completa oscuridad.

Los estantes de la tienda de conveniencia están casi vacíos, solo quedan dulces, en su mayoría, los guardo en mi mochila, menos uno que abro en este instante y degusto con la mayor alegría y agradecimiento que puedo, tomo todo lo hay en lugar.

Recorro todo el lugar hasta la puerta trasera, la trabo con todo lo que encuentro, voy hasta la puerta de enfrente y cierro las puertas dobles, y las atoro con los estantes. No es el mejor lugar, pero ya no tengo tiempo para buscar otro lugar mejor.

Atrás del mostrador saco una cobija, la coloco en el suelo y me acuesto sobre ella, mi mochila me sirve de almohada, incómoda al principio, pero con el tiempo uno se acostumbre y ve con maravilla las pocas comodidades que se tiene.

No debo hacer ruido y todo estará bien, dormir quieta y en silencio, reglas básicas que me plantee cuando todo se fue al carajo.

Vida, esperanza. Vida, alegría.

Todas las noches mi cabeza se repete lo mismo, quiero y no quiero olvidar las palabras que decía mi padre. Una lágrima recorre mi mejilla, dejando un rastro pegajoso, agua salada y tierra no son la mejor combinación.

Cierro los ojos, tratando de dormir, es casi imposible con los nervios y mi estado de alerta constante, junto con la ansiedad y los nervios de saber que no estoy sola en la ciudad.

—Vamos, tienes que calmarte Kasyade, tienes que dormir.

1 de Junio de 2021 a las 23:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Eve Sunn Una mente que sigue averiguando como vivir sin arrepentimientos

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