Sólo un vaso de cerveza más Seguir historia

HJPilgrim H.J. Pilgrim

Nuestras acciones cambian vidas, de forma que nos imaginamos. Para bien y, mayormente, para mal. Dan es de esas personas que lo condicionó todo para arruinar varias vidas. Pero, ¿realmente es posible la redención para una persona despreciable cómo él? Tal vez, la verdad se esconda en el fondo de un vaso de cerveza.


Crimen Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos reservados

#crimen #muerte #ficción #serial #jimena #málaga #cerveza #vaso #drogas #asesina
15
13689 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los miércoles
tiempo de lectura
AA Compartir

Capítulo 1

Nunca había imaginado que estaría sentado en una silla desvencijada y pútrida como aquella, llorando como un niño. Era un dolor que no menguaba, mas medraba.

Miró por la ventana esperando algo. Algo que no llegaba. Algo que no sentía. Algo que había perdido hace once años.

Sólo la cerveza calmaba su dolor. "No, no lo hace. Lo duerme", se reconvino contrariado. Esperaba que algún día pudiera enmendar todo el mal que había causado desde su boda. "No. No lo haré".

Imaginar que algún poder superior lo podía perdonar era de ilusos. Sabía que ya había pasado ese horizonte de eventos. No había vuelta atrás. Sería absorbido por el agujero negro de sus decisiones egoístas, hasta que la muerte fuera el mejor de los consuelos.

¿Pero acaso no era lo que hacía diariamente mientras bajaba litrona tras litrona de cerveza? Él mismo se había sentenciado a una muerte lenta y dolorosa. Pudriéndose por dentro por todos sus pecados.

Había perdido a su mujer. Al amor de su vida. A quien no había podido cuidar, ni siquiera en su lecho de muerte.

Por eso no le importaba más.

—Sólo quiero un vaso de cerveza más.



El nuevo día llegó con esa hermosa y deprimente luz que achinaba sus ojos y no calmaba su dolor de cabeza. Un bucólico día de primavera que él no iba a disfrutar. No tenía el ánimo ni la intención.

Recuperó su móvil para ver la hora. Desde luego no para ver las llamadas perdidas o los mensajes de alguien que pudiera estar interesado en él. “A nadie le importo”. Él sabía que se lo había ganado a pulso. Años de desinterés y egoísmo por una existencia en la que sólo había conocido la importancia del yo sobre todas las cosas.

Por mucho que quisiera no podría culpar a sus malos padres. Una crianza de mierda cimentada en preconceptos antediluvianos, mentiras, violencia, insultos y un insano amor al dinero.

Se había prometido que cambiaría, que no seguiría esos pasos; pero había sido más fácil decirlo que hacerlo. Estaba maldito. Al igual que cualquier otro pobre imbécil que decidiera haberse juntado con él.

Había noches que se preguntaba si su mujer estaría viva si no se hubiera casado con él. “De seguro. Soy como aquel tío que todo lo que toca lo pudre”. Estrelló el vaso con la espuma seca contra la pared por no recordar el nombre del personaje en cuestión.

Volvió a mirar el móvil. No recordaba la hora que era. Y eso que la había visto hacía unos pocos segundos. ¿O habían sido horas? Eran seis minutos pasados las doce. No estaba seguro si había madrugado o recién se levantaba.

“Me estoy volviendo como una puta cabra”, dijo para sí.

Repasó su plan para aquel día: levantarse, agarrar una cerveza de su oxidada y cuasi vacía nevera y gastarla. Todo eso repetido en un bucle infinito hasta que su cuerpo no aguantara más. Y cada vez se lo ponía más difícil al alcohol. Su tolerancia se incrementaba como su miseria.

—¿Es esto lo que soy? —se preguntó mirándose las manos arrugadas, sucias y gastadas—. Un execrable criminal.

Si no hubiese pensado que robando podría haber conseguido el dinero que su esposa necesitaba para el tratamiento, tal vez no estaría así. "Ella estaría aquí, a mi lado. Soñando y dándome la esperanza que no me merezco".

—¡Quién coño puede juzgarme! —exclamó enojado.

Nadie que compartiera el mismo edificio se atrevería a hacerlo. Eran iguales o peores que él. Aunque eso no lo consolaba a la hora de dormir. “Si es que a lo que hago se le puede llamar así”. Cambiaba un estado de relativa conciencia en la realidad, por uno de tránsito en el mundo onírico de sus experiencias ominosas. No quería estar ninguno de ellos.

Escuchó de fondo al vecino poniendo a todo volumen un tema deprimente de Lana del Rey. “Puta traumatizada”, pensó mientras escuchaba los primeros acordes del tema. ¿Cómo alguien podía escuchar eso todo el día? ¿No le bastaba a ese infeliz su vida como para buscar más motivos para hundirse más en la desdicha?

Por fin decidió dejar su solitario lecho. Se acercó al escritorio que alguna que otra vez había usado su mujer, cuando podía mantenerse sentada, para crear esos mundos hermosos en sus novelas. Ya nadie podría disfrutarlas. Ni siquiera él. No se sentía digno después de haberlas ignorado por tanto tiempo. Sería insultarla más de lo que ya había hecho cuando la había tenido a su lado.

Abrió el cajón con muchos folios apilados, donde la caligrafía delicada y preciosa de su mujer los salvaba de la mediocridad. Letras redonditas que contaban la historia de parejas de ensueño, con ocurrentes anotaciones en otro color. Amores eternos surgidos de aventuras extraordinarias. Un claro reflejo de todo lo que ella anhelaba y él no había sido capaz... "¡No!". No había querido darle.

Sobre ellos, descansaba un viejo revólver. En la recámara había una bala que había estado esperando por ese día.

22 de Marzo de 2017 a las 13:36 0 Reporte Insertar 4
Leer el siguiente capítulo Capítulo 2

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 3 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión