brighteyes sueñoskj

Taehyung fue victima de la envidia y la intolerancia cuando aun era un niño. Las cicatrices de un ataque por demas violento aun perduraban en su rostro y mucho mas en su alma. Se creia incapaz de lograr que alguien sintiera mas que rechazo por su supuesta fealdad. Hasta que llego ese nuevo compañero de trabajo que no podia verlo y que le demostro que la belleza de un corazón es la mas hermosa de todas.


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

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Marcas

Sus padres decían que si no fuera absolutamente imposible estarían seguros que los adjetivos extrovertido y encantador habían sido creados en referencia a su persona. Su capacidad de entablar conversación o amistad con gente que apenas conocía era legendaria, como así también su poder de convencimiento usando tan solo unas pocas palabras y el encanto natural que la naturaleza le había regalado. Este talento era tan públicamente reconocido que cada vez que su colegio organizaba alguna feria o rifa con el objetivo de turno que fuera, era indefectiblemente elegido como el capitán del equipo a pesar de no haber superado la pubertad.

Su poder de convencimiento era tal que incluso había logrado lo que nadie antes y esto era que el Sr. Lee, quien tenía la reputación de ser el ser más tacaño de toda la zona, le comprara en más de una ocasión lo que sea que él le ofrecía. Era un negociador nato desde muy chico. Tanto que sus padres ya lo veían trabajando en alguna financiera, puesto político o como abogado. Se asombraron cuando con total soltura y seguridad como estaba acostumbrado a dirigirse a sus padres, les confesó que quería ser caricaturista. Según su papá era un desperdicio de virtud elegir algo con lo cual no pudiera utilizar su facilidad de comunicación en una carrera tan poco social, pero no se negó. Sabía que su hijo no desistiría en su decisión y si eso lo hacía feliz como el los hacia a ellos, entonces que así sea.

Su extroversión y encanto lo lleno de amistades sin siquiera buscarlos. Podía contar con los dedos de la mano, y de los pies, a aquellos que podían considerar realmente amigos. Por este motivo siempre tenía a alguien dispuesto que lo acompañara a donde quisiera ir, porque Taehyung no era de esos niños que se quedaban viendo la televisión toda una tarde. Le encantaba disfrutar del aire libre y tener la oportunidad de hacer más amistades. Fue una época fantástica donde fue increíblemente feliz.

Suspiró profundo obligándose a quitar de su cabeza el sin fin de recuerdos que le hacían tanto daño. Miró a su alrededor y aspiró llenando sus pulmones al tope, reconociendo fácilmente el perfume de cada una de las especias y hierbas aromáticas que a Jin le gustaba tanto usar en sus preparaciones. Sonrió apenas confirmando que era su lugar favorito en todo el local. El silencio y la oscuridad que este pequeño cuarto le ofrecía lo tranquilizaban de inmediato. Era su lugar seguro y a donde se refugiaba cada vez que el pánico lo atacaba. Allí siempre lograba sentirse protegido y aislado de todo el mundo.

Levantó el último frasco de frambuesas de la gran caja que el repartidor había dejado esa mañana y lo acomodó en perfecto orden en uno de los estantes. Le dio una última mirada y se inclinó hacia la próxima para comenzar a sacar las latas de durazno, ubicándolas una a una en el lugar previsto.

- Tae!.

El grito de Jin lanzado desde un lugar cercano a la cocina lo hizo saltar en su lugar. Taehyung tomo su pecho con la mano en donde su corazón había saltado violento por el susto del inesperado grito. Sonrió apenas sintiéndose un poco tonto por no poder dominar este tipo de reacciones. A pesar de haber pasado tantos años no podía quitarse la manía de saltar de esta manera con los ruidos inesperados. La voz de su jefe volvió a sonar clara.

- Terminaste de acomodar la mercadería en el almacén?.

Sacó apenas la cabeza del almacén hacia el pasillo y contestó.

- Ya casi Seokjin. Solo me falta acomodar las últimas latas y estará todo listo.

- Excelente. Termina eso y ven que necesito que me ayudes con los clientes. No doy abasto.

Las palpitaciones que creyó dominadas volvieron a correr a velocidad alarmante. La conocida presión sofocante en su tórax se hizo presente de inmediato dificultándole la respiración.

No le gustaba atender al público. Prefería quedarse atrás en el almacén o en la cocina preparando lo que sea que la gente solicite, pero le debía este trabajo a Seokjin. El mayor se había arriesgado mucho con él a pesar de saber que en los últimos años no había podido mantener por mucho más de unos pocos meses un trabajo sin ser despedido.

No podía recordar con exactitud la cantidad de veces que había sido echado de un empleo, pero si el motivo por el cual lo habían hecho, porque siempre era el mismo. Su incontrolable aversión al trato con desconocidos. No era que odiara a la gente con la que debía entablar conversación, su rechazo estaba más relacionado al miedo. Le resultaba imposible mirar a alguien a los ojos y cuando al fin lo lograba casi se quedaba paralizado en el lugar. Este comportamiento inusual le generó un sin fin de quejas por parte de los clientes, por lo que no pasaba mucho tiempo para que el dueño o jefe de turno se hartara y decidiera prescindir de sus servicios.

En ese momento no le molestó demasiado porque sus anteriores jefes no eran nadie para Taehyung pero decepcionar a Jin era otro cantar, además del contundente hecho de que necesitaba el dinero. Hace tiempo que ya era un adulto y por eso mismo se resistía a seguir viviendo a costas de su hermano mayor aun cuando este le recordaba a cada instante que ayudarlo económicamente no era un inconveniente de ningún tipo. Era humillante que con 23 años no pudiera mantenerse solo.

Pero esta necesidad de independencia también tenía sus contras porque indefectiblemente lo obligaba a enfrentarse a sus miedos a diario.

Sus pocas referencias y sus pobres estudios educativos nunca fueron de gran ayuda a la hora de conseguir un trabajo y mucho menos que el empleo no lo obligara a tener contacto personal con potenciales clientes.

Respiró profundo, tomando varias bocanadas de aire, intentando calmar su pulso al saber que inevitablemente debería tener que hablar y mirar a decenas de personas hasta el cierre del local. Tomó valor y contestó alto intentando que la voz no le sonara demasiado afectada para que Jin no lo notara.

- Ok, voy enseguida.

Podría llamar jefe a Jin?. No sabía hasta qué punto lo era. El mayor era el novio de su hermano Namjoon desde hace casi un año. Aun no entendía porque alguien tan hermoso como Jin había decidido salir con alguien tan desastroso como Nam. No negaba que su hermano era guapo porque realmente lo era, el cúmulo de pretendientes que revolotearon alrededor de su hermano desde muy joven era una clara evidencia de que era muy atractivo, pero Jin estaba a un nivel totalmente superior, por no decir etéreo.

Cuando lo vio por primera vez casi creyó que había muerto he ido al cielo porque parecía un ángel. Secretamente y por mucho tiempo tuvo algún tipo de crush por el pelirrosa pero después de algunos meses de conocerlo se transformó en algo más parecido a una amistad. Aunque a veces sentía que Seokjin lo trataba como un hermano pequeño.

Jin y Namjoon se complementaban a la perfección. Su hermano era muy bueno pero despistado y desordenado, el pelirrosa era detallista y dulce pero cuando la situación lo requería su carácter podía cambiar hasta convertirse en el peor ogro sobreprotector y mandón que alguien pudiera conocer.

El mayor era una de las pocas personas aparte de Namjoon que no lo miraban de forma extraña, así que cuando perdió su anterior empleo en la tienda de discos y le ofreció un puesto en la cafetería como ayudante de cocina aceptó rápidamente casi sin pensarlo. Solo que cuando comenzó a pedirle que lo ayudara a atender al público se arrepintió un poco de su apresurada decisión. Pensó que sabiendo Seokjin lo difícil que era para él estar frente a desconocidos lo pondría a trabajar solo tras bambalinas. Pero se equivocó. No podía negar que la mayoría del tiempo era así, pero a veces, como hoy cuando la clientela superaba a la cantidad normal, le pedía ayuda. Y el terror se apoderaba de él sin poder evitarlo.

Llevó su mano al rostro, y paso suavemente las yemas de los dedos sobre la piel, sintiendo bajo ellas el nítido relieve de las cicatrices. Alejó de inmediato la mano al sentirlas como si su simple toque quemara. De forma torpe acomodó su largo flequillo gris sobre el lado izquierdo en un intento de tapar lo más posible las marcas.

Las marcas que habían cambiado rotundamente su vida

La poca gente que ahora pertenecían a su pequeño grupo familiar intentaban a diario convencerlo de que las cicatrices no eran tan terribles y que no debería preocuparse por ellas porque el aún era muy guapo.

Aun....

Pero a pesar de sus buenas intenciones le era imposible creer lo que le decían, especialmente cuando a diario decenas de rostros con los que se cruzaba le demostraban lo contrario. Este era la razón de su necesidad de esconderse y de su miedo constante a las miradas ajenas. Cada vez que se encontraba con alguien nuevo no podía evitar buscar de forma constante en cada uno de aquellos rostros esa mirada de repulsión o lástima que le hacían querer esconderse en un lugar oscuro hasta quedarse totalmente solo.

En su anhelo de evitar al público se había convertido en un total experto a la hora de evitar a la gente. Conocía a la perfección los lugares por donde casi nadie circulaba y los horarios donde el cumulo de transeúntes era menor. Jamás salía de casa a menos que sea por trabajo. Cuando necesitaba comprar algo generalmente lo hacía a través de internet. Vivía solo en un pequeño departamento cerca de su trabajo. Era un lugar bastante sencillo pero perfecto para satisfacer sus necesidades. El lugar estaba ubicado en una zona un poco desolada como consecuencia de que el resto de los habitantes se habían mudado de a poco a otros sectores, debido a que en poco tiempo toda la zona seria demolida para el comienzo a cero de un nuevo barrio. La densidad de población en los alrededores era escasa y la poca gente que aún se resistía a cambiar de domicilio se caracterizaba por importarles poco y nada con quien se cruzaban. Casi podía sentir que era invisible, lejos de cualquier mirada asombrada o burla intencionada.

La gente no se daba cuenta hasta qué punto podía hacer daño el acercarse para mirar a alguien que luciera diferente, como quien ve un fenómeno de circo en exposición y mucho más cuando lo hacían con la clara intención de burlarse. La autoestima del destinatario tanto de las miradas de asombro como de las bromas pesadas se destruía irreparablemente cada vez que tenían el desafortunado destino de tener que lidiar con este tipo de personas.

Y Taehyung se había encontrado con muchas de ellas durante toda su corta vida.

Obviamente su problema le había traído irremediablemente consecuencias en el lado sentimental. Hasta el punto en que no había tenido nunca una relación sentimental. De vez en cuando alguna chica o chico se le acercaban supuestamente para conocerlo pero su irrefrenable miedo a estar siendo engañado o utilizado para una broma de mal gusto le impedía creer en cualquier cosa que le decían, escapando a como dé lugar y haciendo que con el tiempo desistieran en sus intentos sean cuales fueran. No es que el no deseara tener a alguien a quien querer. Simplemente la experiencia con este tipo de acercamientos en el pasado le habían enseñado de mala manera que nadie se acercaría a alguien como él con buenas intenciones. Comprendió con el tiempo que por más doloroso que fuera siempre era mejor estar solo que mal acompañado.

Cuando niño, la naturaleza le había dado una belleza que según sus padres era casi celestial. A la tierna edad de 13 años el todavía no comprendía hasta qué punto su bello aspecto podría provocar el odio de gente que casi no conocía. El jamás le hizo daño a nadie de forma voluntaria. Sus padres le habían enseñado a ser amable y correcto con cualquiera sin importar su aspecto o condición. Siempre le recalcaban que una acción amable cada día salvaba al mundo.

Estaban muy equivocados.

“Mira de bonito que te ves ahora….bonito como la mierda misma, jajaja”

Sacudió la cabeza para borrar aquella frase que habia quedado grabada en su mente. De nada le serviría ahora intentar rememorar aquello que había destruido su vida por completo y el dolor que le había acarreado, esta era su vida ahora y nada podría cambiarla.

Se obligó a terminar lo más rápido posible su trabajo en ordenar el almacén y se acercó al baño para lavarse el rostro lleno de sudor, provocado más por el miedo a enfrentar a los clientes que a la tarea que había realizado en el almacén. Mojó su piel con el agua fría varias veces y apoyando ambas manos en el borde del lavamanos se quedó allí tomando valor. Levanto el rostro y se miró, como lo hizo infinidad de veces desde hace 10 años. Últimamente casi no se miraba al espejo, incluso había prescindido de ellos en su casa.

No necesito mirar mucho, el mapa de las cicatrices que cubrían todo el lado izquierdo superior de su piel era demasiado nítido. Bajaba por su ceja hasta el inicio de su pómulo. Alguna de ellas aún conservaba una coloración algo rojiza. Especialmente la más grande, que era la que atravesaba su ceja y pómulo. Esta tenía una textura bastante visible que se podía ver fácilmente desde la distancia.

Lo que vio, como tantas veces antes, lo lleno de una amargura incontenible.

Agarró el mechón de pelo y lo acomodó de nuevo, tapando casi la totalidad de las marcas y de su ojo izquierdo. Odiaba el color gris que ahora coloreaba su pelo. Lo hacía ver más llamativo y eso era lo que menos quería. Era mucho mejor cuando pasaba desapercibido como una simple mancha en la calle. Pero Jin había insistido tanto sobre un cambio de look, rogándole por días, que terminó aceptando Se arrepintió inmediatamente del cambio al cruzar la puerta del salón de belleza. Ahora debía esperar un tiempo para volver a su cómodo y totalmente poco especial castaño oscuro. Si le hubieran asegurado que su pelo no se caería por cambiar nuevamente el cabello tantas veces en tan poco tiempo hubiera vuelto a su color natural ese mismo día. Pero como el riesgo de perder su única máscara para sus cicatrices era elevado, desistió de hacerlo y decidió esperar el tiempo mínimo prudencial para hacerlo. Contaba los días uno a uno de las 3 semanas que le faltaban.

Salió del baño hacia la recepción. Retrasar lo inevitable era infantil, porque seguramente Jin vendría a buscarlo y eso empeoraría las cosas. Se dio ánimos pensando que con un poco de suerte la gente no entraría al local y él se evitaría el tener que hablar, mirar y hasta a veces tocar a algún cliente curioso por el tan conocido monstruo del café. Sí, él había escuchado su apodo de unos niños que caminaban a unos pocos pasos frente suyo una tarde al volver del trabajo. Los chicos hablaban con mucho fervor de lo horroroso que era el chico del local "Microcosmos". Uno de ellos hasta aseguró que lo había visto comerse a uno de sus clientes. Ridículo pero bastante ofensivo para su ya pobre autoestima.

Suspiró de nuevo secando sus manos transpiradas por el nerviosismo sobre su delantal y salió al salón. Sus ojos escondidos bajo el pelo recorrieron el lugar de lado a lado, constatando que estaba repleto. Ahora entendía porque Jin le pidió que lo ayudara. Pudo ver la silueta del pelirrosa correr de un lado al otro con la bandeja en la mano, pero a pesar de lo ocupado que estaba no perdía en ningún momento la sonrisa del rostro.

Admiraba muchísimo a su cuñado y su forma de mirar el mundo, soportando la presión diaria sin que se le fuera la sonrisa de los labios. Jin decía que poner alegría en el rostro atraía las buenas ondas, incluso cuando los problemas lo abrumaran.

Se acercó al mostrador sin dejar antes de volver verificar de nuevo si el cabello tapaba bien todo, para finalmente comenzar a atender la larga fila de aquellos que venían a comprar café y dulces, para luego retirarse del local. La tarde se le pasó volando y casi no noto demasiadas miradas de desagrado en su dirección. Lo cual agradeció profundamente.

Se encontraba aprovisionando de pasteles las bandejas que habían quedado vacías en el mostrador de dulces cuando una voz lamentablemente conocida se escuchó a unos pasos frente suyo.

- Hola Taehyung como estas?

Cerró los ojos sin moverse ni un ápice de donde estaba por unos instantes, inhalando profundamente para finalmente levantarse y girar en dirección contraria, sin levantar la vista. No tenía deseos de lidiar con las estupideces que seguramente vendría a decirle pero tampoco podía evitarlo cuando venía disfrazado de cliente.

- Por favor Tae no seas maleducado vine a comprar y a verte también. Es así como tratas a tus amigos?

El peligris volteo y sin siquiera mirarlo le pregunto.

- Hola, que van a querer?.

- Te estas volviendo más grosero con el tiempo. Aunque sea mírame a los ojos.

Tae tomó valor y lo miró. Seung no estaba solo. Lo acompañaban una chica pequeña y delgada con largos cabellos rubios y un muchacho más o menos de su misma edad con el pelo pintado de miles de colores. La chica al momento de ver su rostro llevó la mano a su boca ocultando apenas una sonrisa de burla. Mientras que el chico solo se le quedó mirando con la boca abierta como si fuera un mono en un zoológico.

- Me escuchaste?. Le llamó la atención Seung chasqueando los dedos frente a su cara de forma grosera. - Vinimos a comprar. Vas a atendernos?

- Que van a querer?

- Dos capuchinos y un late Monstruito, y que sea rápido. La risa de los amigos del castaño se sintió ahora nítida por sobre el hombro de Seung.

Tae casi ni se inmutó por el apodo, estaba acostumbrado a que Seung lo llamara así. A pesar de conocerlo hace tantos años aun no entendía porque el castaño lo odiaba tanto, al punto de acosarlo una o dos veces por mes, buscándolo para decirle este tipo de cosas, e incluso trayendo público al hacerlo. Si bien lo conocía, jamás fueron amigos ni nada parecido. En un tiempo habían sido vecinos cuando eran niños pero jamás habían tenido ningún tipo de trato lo suficientemente importante para justificar el odio que destilaba en su contra. Se forzó a hacer su trabajo y así poder alejarlo de allí lo antes posible.

- Son 545 wons. Informó con la voz plana.

- Aquí tienes. Puedo hacerte una pregunta?. Continúo Seung.

Tae se preparó mentalmente para lo que el chico seguramente le diría.

- Si tomo esto no me haré tan feo como tú verdad?.

Los dos chicos a su lado saltaron en carcajadas por la bromita de mal gusto por parte de su amigo. Seung giró y chocó los cinco con el chico de pelo multicolor.

Una voz totalmente molesta sonó a sus espaldas.

- Es la última vez que los veo por aquí. La próxima vez llamaré a la policía. Váyanse ahora o no respondo de mí!!!!. La voz llena de ira de Jin se escuchó en todo el local, llamando la atención de los pocos clientes que quedaban.

- Ok, parece que tu mamá se enojó esta vez. Nos vemos por allí monstruito. Dijo riendo ya casi al salir seguido de cerca de sus secuaces.

Taehyung se quedó mirando la puerta con la rabia y la impotencia golpeándole el pecho.

- Tae, estas bien?. No tienes por qué quedarte callado cuando te insultan de esa manera. Te doy permiso para que les respondas. No te preocupes por mí. Dijo Jin mirándolo apenado. - Sabes que nada de lo que dicen es verdad. Te lo digo en serio. Eres muy guapo y un excelente chico.

- Gracias, se lo que intentas hacer, pero tengo ojos para verme todos los días al espejo y no te preocupes por lo otro Jin, estoy acostumbrado. Dijo con una sonrisa triste en su cara y volviendo lento a su puesto tras el mostrador.

***************************************

Horas después, unos minutos antes de cerrar, Jin observaba desde lejos al muchacho peligris. Taehyung estaba sentado en una de las mesas cercanas a la vidriera mirando la lluvia que caía insistentemente. Le dolió ver su expresión vacía y resignada. Se acercó preocupado y se sentó frente suyo. Tae pareció no notar su presencia hasta que tocó su rodilla con la mano. El muchacho volteó lento e intentó esbozar una sonrisa pero solo logró formar una mueca algo grotesca en su rostro.

- Siento mucho haberte puesto al frente hoy, pero la clientela ha aumentado tanto que me fue imposible evitarlo. Ni siquiera con tu ayuda logro atender a todos a tiempo. Creo que Nam tiene razón. Debería buscar a alguien más que nos ayude. Mañana mismo me pongo en eso

Un escalofrió le recorrió la espalda de solo pensar que la persona seleccionada lo tratara aunque sea un poquito parecido a Seung. Pero no podía decirle a Jin de sus miedos. El ya hacía mucho por él como para agregarle otro problema. Solo le quedaba esperar que su próximo compañero no le haga más difícil la vida de lo que ya era.

5 de Octubre de 2021 a las 15:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
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