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Engranajes temporales

Creía que había entendido al tiempo y sus engranajes, pero al intentar manipularlo el resultado siempre fue el mismo. Ella me había avisado antes, “todo siempre terminará” la

muerte me dijo, no le preste atención a su ayuda y simplemente retrocedí el reloj, pero de una forma u otra el reloj siempre llega a cero. Los ayude por milenios, pero nunca me valoraron, siempre pedían más; benditos avariciosos, el tiempo nunca les fue suficiente. Yo siempre fui el señalado de sus desgracias, siempre culpaban al mismo ser; al tiempo; a mí.


- Es una estrella como otros millones más, y como otros millones más llegará a su fin en algún momento – hablo la muerte que estaba a mi lado.


Ambos contemplábamos a la tierra, ese extraño lugar que a mí me llamo la atención desde hace eones. Tenía una cierta magia, la vida ahí eran tan diferente al resto, era caótica, pero había un orden, como una sinfonía en la que todo llevaba su propio ritmo, pero juntos arman una armonía que resulta inexplicablemente hermosa. La muerte y el tiempo, ahora que lo pienso es una extraña combinación, ella con una piel blanca como porcelana, y cabello azabache con toques de energía necrótica de color morado, ella vestía de una forma casual como cualquier chica humana.


- Incluso el tiempo se te puede acabar a ti – continúo hablando la muerte – por muy irónico que suene, no tienes el control total del tiempo, o por lo menos no de su final. Míralos, les gusta la libertad que tanto los destruye, llevan eones siendo los mismos;

incluso tu te vas vuelto viejo intentando salvarlos.


- Se que siempre me verán como un tirano que nunca detiene su marcha, pero hay algo que me impide dejar de salvarlos.


Tal vez iba a mi perdición, la misma muerte ya lo había anunciado.


Igualmente seguía con mis objetivos, quizás pequeños reinicios no me afectarían. Al final un trato fue la solución, yo estaba demasiado desgastado, y ella cansada de esperar completar su tarea; aposte mi existencia a favor de la humanidad, la muerte no tocaría a la tierra por un milenio, ella decía que el mismo hombre se destruiría a sí mismo en el primer siglo; yo esperaba que todos esos sueños que logre ver de la humanidad se realizarían.


El trato era simple, si la humanidad sobrevivía sin la intervención de ninguno por el siguiente

milenio ella quitaría las antiguas leyes de muerte y destrucción sobre la humanidad. En cambio, yo tendría que dejar de intervenir en la línea temporal.


En cada guerra que tenían los humanos nosotros éramos los primeros espectadores. Y fueron

pasando los siglos, mientras nosotros esperábamos una conclusión para nuestro acuerdo. Los humanos idearon cosas increíbles. Eran dueños de su sistema solar, tenían vehículos con los que recorrían los cielos cual estrellas fugases; tenían un imperio, como dioses en sus inicios crearon ciudades en los cielos, eran lugares donde los colores y las formas podrían cautivar a

cualquiera que se detuviera al mirarlas. Lograron construir cosas que solo tenían en sus libros de mitos y leyendas. Era lo que yo siempre espere de ellos.


- No deberías alegrarte tanto – me dijo impasible la muerte al observar a las ciudades celestiales desde lejos – aún queda el último siglo, y los humanos son inestabilidad pura, siempre lo han sido.


Quizás la muerte estaba demasiado acostumbrada a los finales en el universo, pues en ese momento ya todo se había marchitado en el cosmos menos la humanidad, eran el último vestigio de vida en cosmos, aunque no estaban conscientes de eso, para ello era como un nuevo amanecer. Solo faltaban 2 años para el milenio, los humanos ya eran dueños de su galaxia, eran sus propios dioses y titanes. Todo el éxito que tenían los llevo a buscar algo de lo cual solo tenían en historias de ficción, buscaban el control del tiempo. Querían mover a placer los engranajes del tiempo, aunque no sabían del tipo de máquina que pensaban manipular. Eran insensatos, imprudentes y sin nadie que los pudiera guiar.


Los engranajes que rigen tiempo y espacio son exageradamente delicados, su perfecta simetría

y precisión hacia que un simple humano sea incapaz de modificarlos a su gusto, pero ellos son tercos, creen que con sus computadoras lo entenderán todo. Antes que se dieran cuenta sus mundos se comprimieron al punto de colapsar en sí mismos creando cientos de agujeros negros por todo el cosmos, era el fin del universo.


- Ya es hora de cumplir – hablo la muerte mirándome con algo de compasión – nada tiene que ser eterno, ni el tiempo lo es. Los finales son necesarios, las muertes, las conclusiones, todas ellas tienen un propósito vital. Aunque el recorrido sea increíble siempre necesitara un final para ser perfecto.


- Pero ya nadie recordara a los humanos – replique a la muerte – no sirve de nada si nadie mirara a toda la historia de una vida, no sirve de nada un final si no se recordara

la historia.


- La historia quedara escrita en las estrellas – señalo la muerte el inmenso vacío estelar – solo bastara quien las lea bien.


El cielo cambio, eran figuras moviéndose, era una película en el firmamento, incluso las ciudades celestiales se veían mejor ahí, era como si millones colores estallasen en la imagen mostrando algo tan natural y celestial al mismo tiempo. La imagen se volvió a quedar estática y la oscura muerte se volvió hacia el tiempo.


- Ya es hora – dijo – es hora de cerrar las puertas de este universo.


La muerte y el tiempo se juntaron otra vez como hace eones, pero ahora bajaban el telón del escenario que ambos crearon. El universo se quedó en silencio por un tiempo indefinido, no había ningún reloj que marcase el compás, hasta que desde la puerta que se cerró apareció un tiempo renovado y una muerte joven y llena de alegría; todo había iniciado de nuevo y los engranajes del tiempo del universo volvieron a andar.

23 de Mayo de 2021 a las 02:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Angelo Arias Un estudiante de informática amante de la ciencia ficción y todo los mundos que esta pueda crear. En tiempos libres escritor amateur.

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