gnmultidimensiones Gastón Medina

El joven Martín Farías comienza su infiltración en la Policía para ampliar su misión de asesinar a todos los criminales del mundo. Esta nueva etapa en su vida lo lleva a investigar a dos poderosos carteles de droga, quienes manejan dos de las super drogas que busca. Esta misión se ve obstruida por la detective Melanie Méndez, hija de Horacio, quien irónicamente va a trabajar al lado de Martín para atrapar a La Ley. Comenzó: 16-feb-2020 Finalizó: 2-ago-2020 Precuelas: LLAVE X - El Asesino Justiciero (Libro) El Negocio De Hank (Extra) Historia registrada en Safe Creative.


Acción No para niños menores de 13.

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1- Asesino Uniformado

Un hombre de traje gris camina por los pasillos de la comisaría, acomoda la corbata y ese cabello rebelde y canoso, que pone detrás de la oreja. Es el detective Horacio Méndez al que todos saludan con cordial respeto.

―Buenos días detective.

―Buenos días ―alza la mano derecha, saludando a la distancia.

Cierra la puerta de su oficina, se quita el sombrero y lo cuelga, así como su traje en su sillón. Camina de un lado al otro viendo y escuchando las agujas del reloj. Sirve una copa de bourbon y se sienta finalmente.

El silencio incómodo en aquel cuarto hace dar vuelta sus recuerdos de todo lo sucedido noches atrás.

El fuego intentando salir por las ventanas, el humo negro recorriendo infinidad de pasillos, un hombre con el traje de la Ley, en llamas. La figura de aquel hombre enfrentando a la auténtica Ley, la imagen de aquel cuerpo carbonizado que alguna vez fue su mejor amigo.

Las lágrimas brotan de sus ojos, el detective Horacio Méndez, quiebra en llanto por su amigo muerto, Dante Ramírez.

....

Pasan los meses y los asesinatos de la Ley continúan por el país, criminales muertos en sus casas o en las calles, ladrones con las manos rotas suplicando ayuda en los hospitales, violadores colgados de sus genitales en las plazas de la ciudad. Y el único tras ese traje, no está ejerciendo esos ataques.

En una sala de enormes proporciones, miles de cadetes esperan sentados, vistiendo el uniforme, varios fotógrafos toman imágenes del momento, el jefe de la Policía Federal, Rogelio Leguizamón sube al escenario rojo, acompañado por dos porta―estandartes con la bandera Argentina y la bandera bonaerense.

Se quita la gorra y acomoda el poco cabello cano que tiene sobre sus orejas.

―Buenos días a todos, como jefe de la policía estoy en mi entera satisfacción, de entregar los debidos reconocimientos a los aspirantes a oficiales del año 2016. Antes que nada debo agradecer a las autoridades presentes, que nos acompañan este día, 24 de febrero.

Abro un paréntesis para dar unas palabras de aliento a los aspirantes en estos tiempos difíciles, como sabrán tanto en La Plata como acá en capital, las muertes aumentaron y la Ley, como se hace llamar, no hace más que instaurar el miedo en los ciudadanos. Ustedes van a ser policías y su misión está más que sabida. Cada ciudadano merece la protección total, porque nunca se sabe, cuando van a enfrentar una situación de vida o muerte...

Martín esta entre ellos, vestido con su uniforme azul y su gorra de plato perfectamente acomodada en su cabeza, su mirada se mantiene penetrante en su jefe y piensa.

―La Ley, es la justicia que le falta a este país... Si ustedes no hacen nada para impedir los asesinatos, robos, hurtos, violaciones y saqueos, ahí voy a estar yo... Con mis dos armas listas para limpiar el camino, regresar al infierno a esa gente que no merece vivir.

Le dan un codazo y este deja de pensar para ponerle atención a su compañero, de corte militar y perfecto, piel pálida y con una sonrisa incomoda, igualmente vestido.

―Che, ¿estas prestando atención? ―dice como si se estuviese riendo.

―Si, ¿por qué decís? Restom...

―¿A vos te parece lo que está diciendo? Parece que le tuviese miedo a ese boludo de la Ley.

―Como no le va a tener miedo chabón... ¿Viste lo que paso después del asesinato en esa mansión?

―Por supuesto que lo sé ―susurra para no llamar la atención―. Me prepare estos meses, entrene mucho con mi pistola, mucho más de lo que me exigieron y hoy te puedo decir... Que estoy listo para atraparlo ―le guiña el ojo― vos dejamelo a mi "Fari".

―Martín Farías ―dice el jefe, invitándolo a pasar al escenario.

El joven se levanta y camina con un gesto de seriedad y satisfacción, riéndose por dentro mientras el resto de los aspirantes le aplauden.

―Detective Méndez... Seguro que hoy ya no va a tener sospechas de mí, yo, gano...

Recibe el diploma y saluda a su jefe tanto militar como normalmente.

Mientras se va a sentar el jefe llama a su compañero.

―Franco Restom.

El joven de estatura media se levanta y por el mismo pasillo se cruza con su amigo, dando a entender que a partir de ese día, comenzarían a caminar por polos opuestos.

Salen juntos por la puerta rejada que da a la calle y su compañero palmea su hombro con entusiasmo.

―¿No estás feliz? Ahora somos canas, encima nos mandaron a la misma comisaría.

―Sí, estoy feliz ―dice serio.

El joven niega con la cabeza y hace ruidos con su lengua diciendo.

―No, no, vos no estás bien... Seguro estás pensando en esa chica, ¿cómo dijiste que se llamaba? Jesica.

―Si ―sonríe― es una chica hermosa y siempre cumple con todos mis pedidos.

―Ah, te entiendo ―golpea con el codo y le hace guiño―. Bueno acá nos separamos, nos vemos mañana en la comisaría.

―Dale Restom ―le da un abrazo.

Ni bien se va la mirada de Martín vuelve a ser fría y sería. Camina por las calles de capital, buscando el auto y lo ve en una esquina, dentro lo esperan sus amigos. Ni bien sube al asiento del conductor, su amigo lo saluda desde atrás.

―Ey ¡por fin saliste de ahí! ―se ríe― tardaste mucho boludo.

―Hola corazón ―le guiña el ojo Jesica, le da un beso y él sonríe.

―¡Hola papi! ―salta la joven rubia a su cuello, con un fuerte abrazo.

―Hola Dalma, hija... Jesica, Charly... ¡Qué bueno que los veo de nuevo! ―dice con alegría―. Estuve viendo en la tele todo lo que paso en estos meses, vi que mataron a muchos.

―Así nos dijiste cuando salimos de la mansión Salas ―dice Jesica―. Yo no hago excepciones ―se ríe― mate a muchos usando tu traje, era muy divertido.

―Gracias por cubrirme ―dice serio―. Ahora el problema es el detective. Mañana voy a empezar mi trabajo en la comisaría y lo primero que voy a hacer, es pegarme a Méndez y sacarle toda la información que tiene de lo que paso en esa mansión. Seguro está trabajando en los asesinatos de la Ley, más que nunca.

―Esto es una muy buena idea ―dice Charly― ser policía para que nadie sospeche de vos, mientras hay asesinatos por todos lados. Ese viejo no nos va a descubrir tan fácil.

Horacio Méndez ingresa a su oficina como todos los días y cuelga su sombrero en el perchero. Esta vez más animado en encontrar todas las pistas posibles, se sirve una copa y una vez en su asiento, se inclina a su derecha para abrir un cajón de metal en su escritorio.

Dentro tiene una carpeta color madera, la abre y allí se encuentra toda la información hasta el momento, las imágenes no tan nítidas de los que están tras la Llave X, las fotos de la mansión Salas, el incendio y por último el derrumbe de la misma. Están también los datos al margen de la foto de Ramiro Vélez, la segunda "Ley", quien se encontró carbonizado entre los escombros.

El hombre bebe un poco de bourbon y recuerda lo que vio. La Ley, peleando contra Rafael Salas.

―Esa espada que lastimo a la Ley... ¿Dónde está? No pude encontrarla entre los escombros. Estoy a muy poco de encontrarte y creo que saber quién sos.

Golpean la puerta y su concentración se mantiene vigente.

―Pasa ―dice sin mirar.

Abre la puerta una mujer de al menos treinta años, viste una falda gris y un traje del mismo color, debajo una camisa blanca desabotonada en el cuello. Se quita los anteojos luego de leer el nombre que figura en el sobre color madera que trae. Su color de cabello pelirrojo llama la atención de Horacio, quien sólo levanta la vista y dice sin expresión alguna.

―Melanie, hija... ¿Qué haces acá?

―No estamos muy lejos entre las comisarías, puedo venir a visitarte ¿o no me extrañas viejo?

―Ey ―la señala― nada de viejo, voy a cumplir cincuenta años, es apenas la mitad de mi vida. Ahora andate por favor.

―Ay, papi, papi... ―suspira― tenés que dejar un poco de lado ese caso de la llave, estas cada vez más amargado, aparte... Tenés que ser bueno conmigo ―se abanica con la carta―. Tengo algo especial para vos.

―Dame... ―estira la mano.

―Ah, ¿que se dice?

―Por favor hija, no juegues ―dice serio.

Le da la carta y el tironea para abrirla rápido.

―Es Sebastián... ―lee con detenimiento.

―Hola, mi buen amigo, después de tanto presionar a mis superiores, pude conseguir algunas de las filmaciones de lo que sucedió esa noche en la mansión Salas, no sé si aporte mucho a la causa, pero es lo más que puedo hacer, te mando un abrazo desde misiones.

Deja caer lo que hay en el sobre y son los pequeños CD que llevan las cámaras.

―Es estupendo ―sonríe― ahora estoy más cerca de descubrir la verdad de todo esto... Gracias Melanie.

―De nada papi, yo te traje el sobre no más, vamos a ver las filmaciones.

El hombre guarda todo en su carpeta y lo deja en el cajón.

―Primero tengo que ir a comprar algo para comer y para tomar, ¿necesitas algo hija?

Ella lo mira insinuando que ya sabe que quiere.

―Ya lo sabía, un paquete de diez y una cajita de fósforos.

―Sí que me conoces... Ni que fueses detective viejo.

Él sonríe, se pone su traje y su sombrero para salir a la calle en ese día soleado.

En ese momento y sin que se diese cuenta llega un vehículo color negro, con la música a todo volumen.

Franco y Martín vistiendo de traje azul oscuro con camisa blanca y corbata azul. El joven de piel pálida tira el cigarrillo por la ventana y dice sonriendo.

―Bueno, llegamos.

―Bajemos rápido, ya quiero instalarme ―dice Martín.

Ingresan a las oficinas y se presentan al jefe de la comisaría.

―Comisionado, soy Franco Restom.

―Yo Martín Farías, somos la nueva incorporación de oficiales.

El hombre calvo, asombrado por este último lo saluda y dice.

―Soy Eduardo Milano, estuve muy al tanto de usted oficial Farías y pensar que hace meses era el sospechoso número uno de ser La Ley.

Franco lo mira y retrocede un poco.

―No me contaste nada de eso ―la sonrisa que siempre tiene desaparece.

―Si, el detective Méndez, estaba con ese caso, investigando de dónde provenía y llegó a mí... Pero.

―Pero es inocente ―dice el comisionado― Méndez no pudo ofrecer pruebas de tu culpabilidad y por eso no tenés causas penales.

Franco lo saluda a ambos y dice.

―Gracias por todo comisionado, ahora voy a ver dónde me instalo.

―Ayudalo Natalia ―le dice a la secretaria.

La mirada de sospecha de Franco se fija en el rostro de frialdad de Martín, que lo ve de reojo.

―Vos vení conmigo ―le dice el comisionado a Martín―. Vamos a hablar un poco.

―Si señor ―dice un tanto incómodo.

El detective camina por las calles de capital, llevando consigo una bolsa de papel con una botella de bourbon, un recipiente plástico con pastas y el cigarrillo con los fósforos.

En el camino solo piensa en el caso, todo lo ocurrido hace meses.

―Sólo puedo sospechar de alguien... Ver a la ley en llamas y después ver a otro más peleando contra ese mafioso, me lleva a pensar en que tal vez sea el, quien yo creo que es. ―recuerda el auto y recuerda la imagen de un joven que justo voltea a ver―. Esa chica, se me hace muy conocida es... La señorita Aguilar.

De pronto oye una frenada al lado de él, voltea a su izquierda y ve una camioneta tráfic blanca, abren la puerta y a punta de pistola es acorralado por varios hombres vestidos de militares con un cubrecabeza completo, lo llevan a arrastras y Horacio como puede intentar liberarse de ellos.

Uno de los que está en la cabina saca un pequeño bate y con su voz altanera y con otro acento le dice.

―Dele un calmante.

Uno de sus hombres toma el bate y con violencia lo noquean de un golpe.

―Súbanlo ―se ríe y recibe su bate―. Arranque, buen hombre.

La puerta se cierra y aceleran a toda velocidad rumbo al norte, esquivando a todos los autos yendo en contramano.

En la oficina del comisionado, el señor se ríe frente a un Martín que intenta acompañar su gracia, con una forzosa sonrisa.

―Entonces el tipo que viene a buscarme en el supermercado me dijo, "¿a cuánto tenés el litro de leche?" y yo le dije "no trabajo acá, amigo".

Suelta una carcajada y Martín simula una risa diciendo.

―Disculpe señor, sé que nos fuimos de tema, pero ¿me podría decir en donde voy a trabajar?

―Por supuesto, vení, vení ―se levanta― vos vas a trabajar con el detective Méndez, el perdió a su compañero Dante hace varios meses. Vos como oficial y además amigo, vas a estar muy cómodo con él.

Lo lleva a caminar por la comisaría y juntos pasan a la oficina del detective, pero ahí se encuentra su hija mirando por la ventana, voltea a verlos y le llama la atención.

―¿Ustedes quiénes son?

―Yo soy el comisionado Milano ―dice imponiendo presencia― ¿Usted es...?

―Melanie Méndez señor comisionado, soy de la comisaría 23.

―Te presento al oficial Martín Farías, él va a trabajar en el caso Llave X, al lado de tu padre.

La mujer lo mira con cierta desconfianza y le da la mano para saludarlo. El joven le da la suya mostrando un rostro serio y preocupado al mismo tiempo.

―Es un gusto oficial Farías...

―El gusto es mío oficial Méndez.

―Detective ―hace una leve sonrisa― así que mi papá estuvo trabajando con vos todo este tiempo ¿no?

―Si, ¿por qué lo decís?

―Bueno, los dejo, que se conozcan un poco ―se va el comisionado y le guiña el ojo antes de cerrar la puerta.

―Es curioso... ―dice Melanie.

―¿Qué cosa? ―pregunta Martín con interés.

―Es curioso como estuviste bajo sospecha de mi papá, un hombre que nunca falla en eso y cuando está a punto de cerrar el caso, apareces, vistiendo el uniforme de la policía y además te asignan a trabajar con él.

Martín enmudece y ella palmea su hombro para despedirse.

―Bienvenido, Martín ―se va con una leve sonrisa en su rostro.

El joven se queda nervioso, camina de un lado a otro y de reojo observa como ella, se va un tanto satisfecha de haberlo conocido.

―Maldita... Hija del padre. ―dice entre dientes, con rabia.

1- Desaparecido

Las agujas del reloj se oyen en la oficina del detective. Martín está sentado en su silla, con una mano sosteniendo su rostro tenso por todo lo sucedido con Melanie. Enciende un pequeño ventilador a su izquierda ya que está transpirando de nervios.

―Esa estúpida... Piensa que puede intimidarme con una simple sospecha. Tu papá me tuvo siempre cerca y ahora que me va a tener al lado como un oficial genuino, voy a demostrar mi inocencia por completo.

Patea el escritorio de metal, expresando su impotencia ante todo y uno de los cajones se abre. Curioso, Martín abre el mismo y ve el expediente completo del caso Llave X, emocionado por haber encontrado el santo grial, lo abre con confianza ya que ahora la misión es de él.

―Méndez, así que tenías todo esto para vos solo, con esto me seguías las pisadas ―se ríe.

En una de esos papeles hay una carpeta que dice "La Ley", el rostro de Martín muestra desesperación en abrirla, dentro están los sospechosos e imágenes del asesino en su traje antibalas. Fotos de Jesica Aguilar, su familia y algunas fotos de él mismo, lo cual lo lleva a saltar y lanzar un grito de rabia.

Por un segundo pierde la conciencia de donde se encuentra, mira por la ventana a sus compañeros, ese grito llamo la atención de todos. Franco, estando uniformado camina hacia la oficina y con lentitud abre la puerta.

―¿Estas bien Fari?

―Me olvide algo importante en casa... ―lo mira directo a los ojos―. Y si mi novia lo encuentra voy a tener problemas.

―Ah... ―sonríe y se acerca.

Mientras lo hace, Martín de forma discreta, guarda los papeles de la Ley en su debida carpeta.

―(...) ¿Va a encontrar algo que no es tuyo? ¿De quién es entonces?

―No, no te puedo decir ―sonríe― es algo personal.

―Pero Fari, estamos entre camaradas, decime.

―No insistas Restom...

El joven con su típica sonrisa ve que la carpeta que tiene en mano es la del caso de La Ley y Llave X. Asombrado señala y dice.

―¿Ese es el expediente de sospechosos? Déjame ver, quiero ver quiénes son, te puedo ayudar.

―No, no te puedo mostrar, es mi expediente.

―Fari, mostrame, yo ahora voy a ser asignado a misiones especiales, voy a disfrutar patear puertas y golpear a los mafiosos esos. Si vos me mostrás te puedo dar una mano.

―No Restom, este caso es solo mío nadie puede...

―Pero Fari si vos me mostrás...

―¡¡Te dije que no!! ―le grita y golpea los papeles en el escritorio.

Franco sin mover un musculo, solo muestra su sonrisa aún más y dice.

―Te preocupa tu trabajo, entiendo, cualquier cosa avísame... ―le da la espalda y se va calmado.

―Dale ―dice mirándolo fijo.

Ni bien cierra la puerta y se aleja Martín se sienta y abre de nuevo el expediente diciendo.

―Hay algo más...

Entre las hojas encuentra el sobre, y en voz baja y con voz de rabia dice.

―"De parte de Sebastián Ojeda, datos que pueden interesarte"

Abre y lee la carta con nerviosismo, la deja caer, sacude el sobre en el escritorio y los CD aparecen, se relaja con un suspiro de alivio.

―Tengo la pista más fuerte de mi culpabilidad, no puedo creer que el detective haya recibido esto ―se levanta y continua―. ¿Y si ya lo vio? Necesito llevármelo a casa, si veo algo voy a tener que quemar esto... Pero ¿cómo puedo hacer sin levantar sospechas?

El comisionado ingresa a la oficina y con nervios, transpirado y un tanto agitado le dice.

―Farías, tengo que hablar con vos.

―Señor comisionado, siéntese por favor, ¿de qué se trata?

―Es sobre el detective Méndez.

Martín reacciona con inquietud, al igual que su hija cuando le avisan en su oficina de la comisaría 23. Ni bien lo escucha se pone de pie y se toma del cabello.

―¡No! ¡Papá!

―Lo lamento muchísimo ―dice una oficial compañera― eso es lo que me informaron de la 53, su padre fue secuestrado.

―¡No! No puede ser, mi viejo, espero que este vivo, ¡Dios!

―La dejo sola un momento detective, este atenta a un posible llamado de ellos.

Se va y la mujer con lágrimas en los ojos, reacciona con impotencia. Sin pensar más sale de su oficina con su saco, caminando lo más rápido que puede con sus tacos negros. Ingresa a la oficina de su jefe sin pedir permiso en lo absoluto. El hombre alto, canoso de traje negro y corbata a rayas, habla por teléfono y dice.

―Después te llamo Leguizamón, gracias... ―ve a Melanie con pesar y la invita a sentarse, ella se niega y responde.

―No quiero sentarme comisionado Sosa, no quiero relajarme ni nada, ¡hasta encontrar a mi papá! ¿Me escucho?

―Melanie, por favor calmate, ya se, sé que esta situación es muy difícil pero...

―Asígneme, Asígneme a alguna misión de rescate.

El hombre con ambas manos entrelazadas en su escritorio, hace un pequeño gesto de afirmación y teclea en su computadora.

―Escuchame Melanie, yo te voy a asignar en grupo de búsqueda y rescate, pero vas a tener que trabajar en conjunto con la comisaría 53, y trabajar con los compañeros de trabajo de tu papá, el comisionado Milano va a elegir su propio grupo y ahí vas a estar vos con quien quieras que vaya.

―Nadie... Voy a ir yo sola, yo puedo encontrarlo sin ayuda.

―Por lo menos uno más te va a seguir y ese lo va a elegir Milano, que no se hable más...

―Pero...

―¿O preferís que no te asigne y que Milano haga todo? ―la mira y ella le desvía la mirada tragándose la rabia.

La mujer insatisfecha se queda parada, soltando lágrimas. El comisionado se levanta lentamente y camina hacia ella para apoyar una mano en su hombro, como un gesto de aprecio.

―Yo quiero a tu papá, es un muy buen detective, acepta mi propuesta... Nada mejor que un trabajo en equipo para garantizar traerlo con vida.

La mujer lo ve y se seca las lágrimas.

―Si, si tiene razón jefe... Gracias.

Esa tarde llega Martín al departamento de su amigo, el joven castaño sale de la cocina vestido, con un delantal de hombre musculoso y dice alegre.

―¡Martín! ¡Amigo! Llegaste justo para el almuerzo.

―¡Corazón! ―llega Jesica corriendo y se sube a él para besarlo.

―Tranquila Jesi, no me fui a la guerra ―se ríe― en un rato tengo que volver a la oficina.

―Por fin te veo tranquilo bebe ―le sonríe―. ¿Cómo te fue hoy?

Se baja de encima y camina lento hacia el sofá.

―Tengo en mis manos, una carpeta muy interesante que nos va a interesar a todos.

La chica de cabello negro y puntas rubias se relaja en el sofá, como si estuviese en una bañera, incluso con las piernas abiertas. Pero ese alivio se va cuando ve en las manos de su novio, la carpeta color madera diciendo "Llave X" "Confidencial". Se pone de pie, un tanto nerviosa y se acerca a Martín con una cara de seriedad y miedo.

―¿De dónde sacaste eso?

―Lo tenía el detective Méndez, yo me lo traje un rato para investigar algunas cosas.

―¿Que dice de mí?

―No sé, todavía no lo vi bien, pero si encontré esto.

Deja arriba de la mesa el sobre de Sebastián, Charly con alegría lo observa de cerca y dice entusiasmado.

―Entonces... ¿Estas son las pruebas que estábamos buscando? Todo lo que filmaron las cámaras de la mansión Salas.

―Exacto ―sonríe Martín, victorioso―. Ahora vamos a ver todo lo que paso y después hagan lo siguiente...

Cuando regresa a la oficina, revisa de reojo que no haya nadie cerca y se sienta cómodo sin levantar sospechas. Disimulado, guarda la carpeta en el cajón justo cuando ingresa a la oficina la hija del detective, quien lo mira directo a los ojos, demostrando seriedad absoluta. Sin decir nada, avanza haciendo sonar sus tacos, cada paso que da, hace que Martín se sienta más y más incómodo, sin demostrar nada.

―Buen día señor Farías...

El joven abre los ojos y por un momento la imagen del detective aparece frente a él diciendo lo mismo. El fantasma del pasado le hace tragar grueso, para finalmente responder mientras va a sentarse.

―Hola, buenos días Melanie.

―Detective Méndez, oficial Farías.

―No me vengas a chapear tu posición, hasta donde sé ustedes son de esa agencia especial de detectives y yo soy el oficial a cargo de este caso.

―No me interesa tu caso ―se sienta frente a su escritorio y se asoma sobre él, con mirada seria―. Me interesa mi papá, tu detective a cargo... Esta secuestrado.

Martín pone una expresión de preocupación, aunque por dentro sus pensamientos son muy diferentes.

Si... ―piensa con gozo―. Si... El plan no pudo haber salido mejor... Estoy a cargo del caso más importante, tengo a mi disposición la base de datos criminales, elimine todo mi rastro y encima el detective, la piedra en mi zapato, está secuestrado.

―Me asignaron con vos y un pelotón... Para buscarlo ―dice la mujer del cabello rojo, atado.

―¿Que? ―pone un rostro de decepción.

―Tenemos que encontrar a mi papá, es una misión de búsqueda y rescate. Escúchame... No me caes bien y no tengo miedo de decírtelo, yo... Sospecho que vos, sos la Ley...

Martín solo mantiene una mirada de seriedad sin caer en el odio, ya que eso le daría la razón a la mujer.

―Pero mi jefe fue muy claro ―dice Melanie― Vos sos el asignado, habla con tu jefe y acordamos.

El joven se levanta y camina por la oficina pensando en un buen plan, ella lo ve con una leve sonrisa en su rostro, saca un cigarrillo de su bolsillo izquierdo, un fósforo de su bolsillo interno y lo frota en la pequeña cajita para encenderlo. Luego de una bocanada de humo piensa con detenimiento.

―Martín Farías... Seguro pensás en algo para poder anular esta búsqueda, sabes que mi papa es fundamental en el caso que te involucra. Espero que hayas pensado en algo bueno, porque yo no soy ninguna tonta, tus planes de cuarta no van a funcionar conmigo.

―Está bien, una orden es una orden ¿no?...

Voltea confiado y determinado en comenzar la búsqueda.

―Ahora voy a hablar con el jefe, pero antes quiero que veas algo.

Melanie deja el cigarrillo un momento y ya lo mira diferente.

―Por supuesto... ¿Qué es? No entiendo... ¿Quiere buscar a papá? ¿Sabiendo que está bajo su sospecha?

―Esto lo encontré en el cajón de metal ―saca la carpeta y la abre para separar todo en el escritorio.

Melanie se pone los anteojos y mira con detalle los papeles mientras fuma, entre los papeles aparecen sus fotos, esto hace que lo mire con más sospecha.

―¿Algo para decir? ―dice con una sonrisa.

―¿No dijiste ayer que tu papá sospechaba de mí? Si no fuese cierto, esas fotos no estarían.

―Tenés razón, bien dicho ―sigue buscando.

―Pero esto es lo curioso ―saca el sobre y ella lo reconoce al instante.

―Estás son las pistas que mando Sebastián Ojeda para mi papá, son los CD que muestran detalles acerca de La Ley ―piensa un momento y dice― ¿Qué te parece?

Martín toma la carta y lee actuando con preocupación.

―Parece que sí, son las pruebas que buscábamos... ―piensa un momento y dice― pero quiero verlos en la sala de cámaras...

―Así que pensás que estando rodeado de oficiales viendo los videos, ¿voy a sentenciarme solo? Estas equivocada.

Acomoda su corbata y responde con normalidad.

―Dale, vamos a verlo ahí mejor.

Melanie con seriedad se levanta y lo acompaña. Mientras van a la sala, ella mira su espalda y su corte de cabello corto, sus sospechas no bajan en lo más mínimo.

―Puede que estés de traje y corbata Martín Farías, pero esa máscara no funciona conmigo.

Una vez en la sala ponen el primer DVD, los oficiales de monitoreo están rodeando a Martín y Melanie, la detective observa cada punto de la cámara, Maia y Marek arrastrando un cuerpo encapuchado hacia el interior de la mansión, lo llevan por el hall y luego se lo ve a Rafael caminando nervioso en el hall.

De pronto muestran imágenes de otras salas donde hay actividad y nada muestra algo que lo pueda incriminar a Martín.

―Pongan el segundo DVD ―dice la joven de cabello rojo.

Cuando ponen el segundo muestra una pantalla en blanco, no transmite ni una imagen, Melanie intenta avanzar o retroceder y nada, así lo intenta con el tercer DVD y el cuarto, todas están dañadas o no muestran más que una imagen blanca, cuando coloca el último y selecciona "reproducir" esta las últimas imágenes de la cámara, enfocando un pasillo en llamas, donde Rafael tiene el último enfrentamiento con la Ley, una de las cámaras muestra el momento en que el detective Méndez se asoma a una de las ventanas y lo ve.

―Mi papá sabe de la Ley... Él debe saber quién es, seguro fue secuestrado por los matones de él.

Martín de forma seria la mira, así como ella a él. Hace un gesto de impotencia y dice con lágrimas en los ojos.

―Oficial Farías, me vas a ayudar en todo lo que pida, para atrapar a esas personas, sin trucos, sin separarte de mí y así tal vez, confíe en vos.

―Si no confías en mí, no lo hagas, pero yo no soy ningún nene, para estar al lado tuyo todo el tiempo. Voy a estar a cargo de esto, pero yo sigo las órdenes de mi jefe, de nadie más.

―¿Te pensás que soy estúpida? ¿Cómo es posible que estos DVDs no funcionen? ¿Es casualidad? O ¿es sabotaje?

―Juntos abrimos esta carpeta, ¿cómo puede ser sabotaje Melanie?

―Si estás seguro de eso, mañana mismo, nos vamos a Misiones, vamos a encontrar a Sebastián y que el mismo nos dé una copia, ¿te parece?

Martín ahora contra las cuerdas, solo cierra los ojos un momento y responde desviando la mirada.

―Por supuesto ―la ve de nuevo― que el mismo nos de las copias.

―Muy bien ―afirma con la cabeza y se va furiosa.

El joven acomoda su corbata y sale del cuarto de monitoreo, triunfal en su plan, con una leve sonrisa en su rostro.

―Muy bien ―piensa― gane algo de tiempo, ahora solo me queda algo por hacer.

Ingresa a su oficina y se sienta en el sofá del detective, abre su laptop, abre un programa que disfraza su IP y busca la base de datos de los criminales que hay en el país, sin que nadie esté tras de él.

―Muy bien, estos son los delincuentes menores, estos son los más buscados ―hace clic y revisa más―. Estos son los que están esperando un juicio, causas: secuestro de menores... Muy bien ―sonríe―. Es hora de que la Ley regrese.

Cierra la cuenta, se pone de pie, toma el último trago del bourbon de Méndez, acomoda su saco negro, agarra el maletín y se va a su casa con una mirada fría y determinada en lo su próxima matanza.

21 de Mayo de 2021 a las 14:57 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Gastón Medina Hola a todos, mi gran pasión es la escritura narrativa, tengo en vista publicar un sin fin de aventuras. No empiezo una historia sin finalizar la otra. Tengo como costumbre escribir trilogías, extras, divido todo en 3 jajaja. Escribo Ciencia Ficción, pero tambien Fantasia, Romance, Misterio, Accion y mas! Aclaro que TODAS las historias, se relacionan en algún punto, ¡no te pierdas ninguna! y disfruta mientras permanezcan en la plataforma.

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