C
Catherine Morales


En un mundo donde demonios y humanos conviven comenzaron a crearse los híbridos, pero estos últimos eran incapaces de poder controlar adecuadamente la sangre de demonio, perdiendo el control muchas veces. Por lo cual, las familias debían marcar a sus híbridos y controlarlos mediante la marca, sin embargo cientos de años después eso aunque se sigue haciendo, los híbridos en su mayoría son tratado como juguetes, mascotas o sirvientes. Dándoles solo dos opciones: ser marcado o morir. Zhenya es un híbrido que vive siendo perseguido por la policía y el miedo de ser marcado, al ser uno de los “no marcados” Y ahora más que nunca al estar ocurriendo unos asesinatos y todos apuntan a los Sin marcas por el deseo de obtener la perla núcleo. Por una circunstancia conoce al señor de las tierras del Oeste y es “apresado” por este. Tendrá que decidir si trabajar con él para liberar la atadura que le puso o vivir con esa atadura el resto de su vida. Zhenya: Jamás me dejare marcar por nadie. Lykos: los híbridos son solo criaturas lamentables. Marcarlos es la mejor manera de que vivan.


Acción Sólo para mayores de 18.

#erótica #paranormal #drama #acción #bl #boyxboy
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0 La leyenda.

Capítulo 0:

Leyenda.


El mundo ha cambiado de más de una manera. Tras innumerables catástrofes por el calentamiento global y el mal cuidado de los humanos con el planeta el núcleo central de la tierra colapso. Los demonios que habían estado en silencio y escondidos entre los humanos o en los bosques más profundos, montañas y o mares del mundo, al ver esto tomaron las riendas de la tierra.

Los cinco clanes más poderosos de los demonios unieron sus fuerzas para despertar a las cuatro bestias sagradas de los puntos cardinales para evitar el colapso por completo de la tierra. El líder del clan del Águila roja fue al Sur para despertar al ave fénix. El líder del clan de las serpientes verde fue al Norte del mundo para llamar a la tortuga Negra. A su vez el líder del clan dragón de agua fue al Este para rogar al Dragón de azufre su ayuda. El líder del clan demonio Can mayor fue al Oeste para llamar al tigre Blanco. Mientras ellos viajaban fue el líder del clan lobo blanco quien controlo el espíritu del núcleo de la tierra para hacer más lenta la destrucción de la tierra.

Estuvo cien días y noches controlando al poderoso espíritu del núcleo de la tierra hasta que la noche del día cien sintió los espíritus de las bestias sagradas, cayendo exhausto.

Fue reconocido como el señor de los demonios y era venerado casi como un dios. Los cuatro líderes se hicieron cargo de cada templo de las bestias sagradas que habían podido someter al núcleo de la tierra. Cada líder de aquellos clanes, se convirtieron en los señores de sus tierras. Y el clan lobo blanco estaba en las montañas sin desear estar en el señorío de ninguno, pero prestando ayuda a todos.

Los años pasaban y la vida comenzada a dar frutos. Los humanos convivían con los demonios como habían hecho hace eones de años atrás y volvieron a aprender las artes ocultas, apareciendo entre los humanos un clan celestial que era capaz de sellar e incluso matar a los demonios que los atacaban. Con las cruzas de razas se comenzaron a formar los híbridos, pero estos comenzaron a perder el control de su sangre de demonio comenzaron a ser sellados y matados.

El clan lobo blanco se llevó consigo a varios enseñándoles a controlar su sangre, pero estos no podían vivir lejos del líder del clan del lobo blanco. Los otros clanes comenzaron a temer de este poder y el clan celestial reunió a los líderes de los cuatro clanes pues acuso al líder del clan del lobo blanco de secuestrar a su hija y matarla.

Desde ese día comenzó la persecución del clan de los lobos blancos y la eliminación de los híbridos. La hija del clan celestial había trascendido y su espíritu estaba aún en la tierra y había aprendido a destruir el espíritu de los demonios…

Se convirtió con el tiempo en la señora de la tierra y tomó el control de cada clan y ser sobre la tierra, destruyendo a cada uno que se opusiera a ella y a sus reglas. Les enseño a las familias a controlar a sus híbridos y a quienes no estaban de acuerdo solo les esperaba la muerte. Bajaron los incidentes de muertes por un enloquecido híbrido, pero cada cierto tiempo tenía que hacer una purga en diferentes partes del mundo y más si había un rumor de que había algún descendiente del clan lobo blanco. Aunque ahora solo los líderes de los clanes siguen recordando cómo eran los del clan de los lobos blancos y sus historias y enseñanzas solo son leyendas…

–Realmente no creo en eso, padre, un clan tan poderoso como el de los lobos blancos fue destruido así como así… no creo que haya existido realmente. Solo son leyendas nadie puede manipular la sangre o el espíritu de otro… –habló un chico joven que aparentaba tener unos doce o trece años.

–Zhenya, gracias a las cuatro bestias sagradas que dieron sus poderosas perlas núcleos y el líder de aquel clan de demonios, los lobos blancos, el espíritu del centro de la tierra ahora está en calma –le dijo un demonio de ojos como la luna y cabello plateado desordenándole el cabello rebelde y corto que usaba el chico, haciendo que sus orejas de lobo bajaran –Hoy cumples la edad adecuada para comenzar a entrenar el control de tu sangre de demonio por ti mismo, pero como hoy es noche de luna nueva comenzaremos mañana.

–Bien –dijo entusiasmado viendo como poco a poco bajaba el sol y sus ojos plateados se volvían oscuros como su cabello, perdiendo sus colmillos, garras y orejas, como toda su fuerza proveniente de la sangre de su padre.

–Una vez que aprendas no necesitaras las cadenas, ni que yo te ayude en las noches de luna llena, pero aun deberás tener cuidado.

–Es genial, así podré ir a cazar con padre sin preocupaciones. También ayudare a padre a cuidar a mamá…

–Conri, Zhenya… vendrán a cenar ¿o no? –habló una mujer desde la puerta de una humilde morada.

–Es mejor que vayamos o tu madre se enfadara.

–¡Ya vamos! –Zhenya sonrió a la mujer de largo cabello negro que les sonreía a los dos en la puerta de la casa.

Conri detuvo su paso agudizando sus sentidos escuchando como a la lejanía gente gritaba, lloraba y corrían sin dirección alguna, como también el olor a sangre comenzaba a expandirse y a acercarse cada vez más.

–¡¡Heba!! ¡¡Corre a la guarida del bosque!! –le gritó a la mujer que entendió de inmediato lo que significaba.

Heba tomó la mano de su hijo para correr, pero Zhenya al ver a su padre listo para luchar se soltó de su madre. No iba a dejar solo a su padre. No sabía que estaba pasando realmente, sin embargo, era la primera vez que su padre se veía tan serio.

–¡¡Zhenya!! –lo llamó su madre al verlo correr al lado de su padre.

Conri al verlo frunció el entre cejo, pero sabía que sería imposible que Heba se lo pudiera llevar sin que su hijo peleara haciendo tal vez que los atraparan a los dos.

–Vete, yo lo veré. Zhenya estará bien –le aseguró a su mujer.

Heba un poco aprensiva los miraba, viendo un asentimiento de su amado volteó y corrió. Si ella también se quedaba ahí solo sería una preocupación más para Conri, así que solo podía correr y rogar que los dos estuvieran bien. Sabía y confiaba que Conri tendría a salvo a su hijo, pero aun así su pecho se estrujaba con cada paso… De reojo vio a una mujer caer y fue a ayudarla…

Conri tomó los brazos de su hijo que lo miraba con decisión a pelear a su lado ignorante de lo que se avecinaba. Conri enterró una de sus garras en el hombro de Zhenya y lo paralizo, ni siquiera era capaz de hablar o emitir un solo ruido. Lo tomó yendo a un lado de la casa donde estaba la basura y restos de los animales que se descomponían, cubriéndolo con todo eso en la oscuridad de aquella noche de luna nueva.

–Todo estará bien. No permitiré que te hagan nada, hijo mío.

Zhenya vio la sonrisa de su padre antes de que se levantara y fuera de regreso a donde estaba antes. Aun si intento moverse no pudo.

Al poco tiempo vio como decenas de demonios comenzaron a salir de entre los árboles frente a su casa.

–Aquí hay otro demonio y el olor de una humana, supongo que estará temblando dentro de la casa.

–Ni uno de ustedes tiene derecho a verla –respondió Conri.

–Se dice que entre los demonios de este bosque, aparte de los demonios hay un descendiente de la tribu lobo blanco.

–No soy descendiente de nadie. Yo solo soy yo –dijo con orgullo.

Unos cuantos mientras hablaba Conri trataron de acercarse a la casa, pero un haz rojo los detuvo de golpe matando a dos de ellos. La batalla comenzó y Conri luchaba a gran velocidad, su fuerza y poder eran abrumadores para los demonios que estaban detrás de la turba de los primeros “valientes” que lo habían enfrentado. Zhenya hubiera sonreído sorprendido de la fuerza de su padre si hubiera podido, ya habían pasado casi dos horas y su padre no parecía estar cansado, ni siquiera sudaba, pero un grito detuvo el pecho de Zhenya como el de su padre.

Un demonio arrastraba a dos mujeres, una de ellas era su madre. Zhenya comenzó a luchar con más fuerza para liberarse, se gritaba mentalmente que debía moverse, pero todo era inútil.

–¿Qué tenemos aquí? –Dijo uno de los demonios –esta mujer es verdaderamente hermosa.

–Sí la tocas te voy a destrozar –le aseguró Conri al ver que se acercaba a Heba.

Un escalofrío recorrió la espalda del demonio al ver los ojos de Conri, pero pronto rio estrepitosamente.

–Me amenazas cuando estás rodeado. Me puedes matar, pero antes de que nos mates a todos tu mujer estará muerta.

Para molestia Conri aun con su velocidad la mano que sostenía del cuello a su mujer con un pequeño movimiento la podía matar. Cerró los ojos y disipó toda voluntad de pelear.

–Es solo una humana –dijo mirando a su mujer –toma de una vez mi cabeza y déjala.

–… No, Conri, no –suplicaba Heba.

Zhenya luchaba desesperadamente para liberarse del poder de su padre sin ningún éxito. Cuando sintió todo su interior congelarse. Su padre fue atacado por todos los demonios a su alrededor sin que él se defendiera, pero no cayó… aun cuando su ropa estaba destrozada y su sangre pintaba junta con la de sus enemigos vencidos la tierra debajo de él. Un segundo ataque hizo gritar a su madre con desesperación siendo capaz de soltarse para ir al lado de Conri que al sentirla acercarse alzo la mirada e iba a ir a ella para protegerla, pero el demonio detrás de ella fue un segundo más rápido atravesándola con sus garras frente a él.

–…A…amor… –susurró Heba con su última respiración.

Conri la sostuvo, cayendo de rodillas con Heba entre sus brazos, por un momento no era capaz de entender lo que había pasado, miraba el rostro de su mujer y limpio la sangre que había salido de su labios que comenzaban a palidecer, tapó con su mano la herida en su pecho sin poder sentir el latido del corazón ni el movimiento de la respiración. Sus labios temblaron y apretó los dientes.

Los demonios reían y al verle turbado aprovecharon el momento de atacarlo. Conri protegió el cuerpo de Heba con el suyo y miró con odio a los demonios a su alrededor, cada gota de su sangre hervía y el charco abajo de él comenzó a burbujear como la sangre de los enemigos que él había matado. Cuando se dispusieron a atacarlo de nuevo miles de estacas de sangre atravesaron a quienes lo atacaban. Asustados otros intentaron escapar, pero con un movimiento de su mano de abajo hacia arriba como cuchillas carmín la sangre viajo cortándolos en pedazos. Ni uno solo quedo con vida. Cada uno de los gritos fueron acallados.

Zhenya sintió por fin se podía mover corriendo con la garganta apretada donde estaban sus padres, resbalando por el charco de sangre bajo a ellos.

–…Pa…dre… mamá… –no podía concebir lo que sus ojos veían, hacia solo unas horas habían estado riendo y ahora… sus lágrimas se amontonaron en sus ojos y sintió la mano de su padre en su mejilla.

–Zhenya… no llores… no puedes ser débil…

–Padre, yo… ¿qué hago? Tus heridas… Mamá…

–No… podré enseñarte… pero esto te protegerá… tienes que volverte fuerte –le dijo cortando de su cuello un collar de un colmillo de piedra blanca manchado con su sangre –Zhenya… jamás olvides… que solo eres tú… que eres mi amado hijo y el de tu madre…sin raza…ni pasado… –los ojos de Conri se comenzaron a cerrar.

–¡Padre!

–No importa… nada más…solo… debes vi…vir…

Toda vida abandono el cuerpo de Conri dejando que su cabeza cayera aun estando arrodillado sosteniendo el cuerpo de su amada. Zhenya sintió su interior enfriarse y su suelo temblar, pero no fue capaz de gritar y sus lágrimas no cayeron, sintió su sangre congelarse mientras miraba a sus padres, temblorosamente miró el suelo, el odio por los que destruyeron a su familia comenzó a crecer en su interior. ¿Por qué habían hecho eso? ¿Por qué si ellos no dañaban a nadie? ¿Por qué si ni siquiera se acercaban a la ciudad? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¡¡¿Por qué?!!!

–¡¡¡AAAAAAAaaaaaaaaaaaahhhhh…!!!

Gritó desgarrando su garganta y los cuerpos de los demonios explotaron dejando caer una lluvia de sangre que empapo su cabello y se filtró en sus ojos cayendo por sus mejillas como si fueran lágrimas carmesí, cayendo inconsciente en el charco de sangre frente a sus padres.

Cuando llegó el amanecer su cabello cambio, como sus orejas y colmillos junto con sus poderes volvieron. Los rayos del sol lo comenzaron a despertar a la horrible realidad, sus orejas bajaron tristes y sus colmillos se apretaron. Levantándose se hinco a un lado de sus padres y con sus garras comenzó a cavar…

En otra parte el señor de los demonios más joven miraba desde una alta oficina la ciudad. Cuando apareció en el medio de la habitación una mujer espectral de hermosas facciones y una marca en la frente.

–Sigues preguntándote si hay otro método –preguntó la mujer al joven.

–No, es la ley y ellos jamás podrán ser libres de sí mismos. La sangre de los demonios es demasiado para los humanos… Los híbridos son solo criaturas lamentables. Marcarlos es la mejor manera de que vivan.

–Así es, Lykos… –dijo abrazándolo por detrás –no hay otra manera. Siendo criaturas tan lamentables. –Se puso enfrente de él acariciando su clara cara y pasando unos mechones del blanco cabello detrás de su oído en punta viendo aquellos ojos como rayos de sol del joven –Por eso es un pecado traerlos al mundo, por eso los que los traen a sufrir deben morir.

–Ceren, ellos están mejor muertos… –terminó diciendo alejando su rostro de la fría mano que acariciaba su mejilla y yéndose de la oficina.

El reporte de lo ocurrido le llegó dándose cuenta que los demonios que se habían enviado estaban muerto y el contador del líder del escuadrón de los demonios que llevaba la cuenta de las víctimas había muerto y con una víctima menos de lo que Ceren le había dicho de esa zona donde envió a los más fuertes, por los rumores de que un descendiente de los lobos blancos estaba ahí y Ceren lo quería muerto. Lo que ella quisiera era ley, después de todo con solo mover su mano era capaz de destruir el espíritu de un demonio, incluso de uno tan poderoso como lo había sido su padre, quien había muerto hacía apenas unos cuantos meses.

Pero Ceren no salía de las torres de los cuatro puntos cardinales aun si podía transportarse de un extremo a otro del mudo siendo la protectora principal de las perlas núcleo, no dejaba las torres construidas en los antiguos templos, aun si parecía que era consciente de todo a su alrededor.

Lykos, aun a su corta edad con solo quince años humanos había sido elegido para gobernar bajo las leyes de Ceren y obligado a ver lo que pasaba con los híbridos que perdían el control al no estar marcados.

Esa mañana había visto como tres híbridos que él había llevado para tratar de enseñarles a controlar su poder como su padre le había enseñado a él controlar sus crecientes poderes, pero el cuerpo de los híbridos no tenía la fuerza suficiente, ni sus mentes la estabilidad necesaria. Perdieron el control comenzando a simplemente a atacar todo a su paso, matándose entre ellos mismos aun cuando horas antes habían estado compartiendo juntos y riendo entre ellos. Y atacándolo a él, no mostraban dolor alguno ante sus heridas ni parecían realmente tener consciencia y mayormente no se detendrían sin importar que, y no parecía ser posible dejarlos inconscientes. Lykos concentro el veneno en sus garras y con un movimiento un viento verdoso corto a los híbridos matándolos de inmediato por el veneno.

Lykos dejó salir un pesado suspiro desvaneciendo la pantalla que le mostraba a los que habían muerto en otros sitios de la purga y al parecer los números no coincidían del todo, varios lograron escapar. Lykos se sentó tras su escritorio de aquella oficina que antes usaba su padre y ahora era parte de su hogar, cerró los ojos un momento y abrió uno de los cajones, un libro con portada blanca en donde solo estaban las iniciales de su padre y dentro de ese libro una historia que para él ahora solo era una leyenda. La leyenda de los demonios lobos blancos. Ni siquiera las otras tribus lobos podían aseverar la existencia de dichas poderosas criaturas, pero rumores se oían de un lado a otro y sin embargo, no pasaban más allá de eso. Si hubiera sido real ¿Por qué no eran ellos los que dominaban sobre todos? ¿Por qué ocultarse? ¿Por qué dejarse eliminar? Tomó el libro y lo comenzó a derretir en sus manos.

–No son más que estupideces. Los híbridos no pueden estar sin marca… ni vivir como los demás –dejó caer lo que quedaba del libro deshaciéndose en el recipiente de basura, pero sus ojos no lo pudieron dejar de mirar, como si sus esperanzas se deshicieran con el libro.

Cuando el último tramo del libro se desintegró salió. Realmente no deseaba estar en ese lugar ni preocuparse de esas cosas, pero como sucesor de su familia y habiendo sido elegido por Ceren, no podía negarse. Puso a uno de sus subordinados a archivar lo que él ya había revisado y se dirigió a fuera.

Salió de los terrenos de la torre de las ánimas, donde los demonios de mayor grado vivían y también trabajaban, con algunas excepciones como lo era su madre. Dueña del palacio de los cielos, el burdel donde los híbridos eran la atracción principal, muchos de los cuales habían sido vendidos por sus padres o abandonados cuando todavía eran unos bebés en las puertas del burdel.

Aun si la ciudad estaba atestada de humanos y demonios para él se sentía vacía, tras vitrinas como si fuesen animales o algún producto de moda estaba los híbridos, muchos ya había aceptado sus destinos y sus ojos parecían estar muertos. Los que aún no lo entendían e intentaban escapar sus dueños activaban la marca de obediencia en sus cuerpos provocándoles dolor hasta la inconsciencia siendo arrastrados por su “familiar” o dueño.

–Otra vez vienes –habló una mujer.

–Tú regalo –le dijo sacando una pequeña caja para entregarle a la mujer que como él tenía el cabello blanquecino y ojos de un trasluciente dorado.

–Cada año recuerdas el cumpleaños de tu madre.

–Sí, ya tienes tres mil.

–No lo digas en voz alta, solo treinta.

Lykos suspiró desde que era un niño había escuchado a su madre decir que tenía treinta. Para nadie era sorprendente que los demonios pudieran tener incluso diez mil años y mayormente morían por alguna lucha con otro demonio o por hacer enfadar a Ceren como le paso a su padre. Incluso los híbridos tenían la posibilidad de vivir miles de años, pero si quien lo marcaba era un humano sus vidas acabarían con la muerte del humano, a no ser que fuese heredado a otro miembro de la familia o fuese vendido y marcado por el comprador.

–Señora Irem –habló un híbrido que al ver a Lykos no pudo evitar esconder su cola y bajar la cara.

–¿Qué sucede? –preguntó Irem.

–Lye está…

–¿Dónde? –fue la escueta pregunta de Lykos para el híbrido que con rapidez lo comenzó a guiar.

Lye era un híbrido pantera en sus catorce años humanos. Su problema era cuando se volvía humano, tal como un gato asustado subía a algún lugar para esconderse. En el patio central del burdel, niños híbridos corrían de un lado a otro jugando y gritando sin parar. Un gran cerezo estaba en el centro donde los más grandes se reunían. Pero ahora los más grandes miraban a la parte superior del árbol donde estaba Lye escondido.

–Ponte ahí y estira los brazos frente a ti –le dijo Lykos a uno de los híbridos que estaban de pie frente al cerezo y con un suave golpe al tronco lo hizo sacudirse.

El gritó no se hizo esperar de quien estaba cayendo siendo atajado por el híbrido que había posicionado Lykos que tuvo que arreglárselas para no dejarlo caer.

–No des más problemas –le advirtió Lykos –vete a esconder a tu habitación.

Tembloroso Lye corrió con rapidez.

–Gracias señor Lykos.

Dijeron algunos mayores, pero él solo les dio una mirada para luego mirar a los niños los cuales tenían sus marcas en el cuello y otros en el pecho, una luna creciente y siete puntos que creaban la constelación del Can mayor.

Solo así podían vivir. Con ese pensamiento comenzó a salir viendo a su madre.

–¿Ya te irás…?

–No tengo nada más que hacer aquí –miró hacia la entrada e iba a irse, pero se detuvo al escuchar a su madre sin voltear a ella.

–Tu regalo… gracias, podré hacer que estos niños vivan fuera del burdel.

–Solo es el edificio aun lado… está arreglado. Para lo que lo uses es tu decisión.

–Eres igual que tu padre.

–No me insultes… –gruñó bajo antes de dar sus pasos a la puerta.

Una noche de luna llena, las ansias de luchar despertaban dentro de Lykos, usualmente podía soportarlo, para los demonios solo era una pequeña incomodidad que venía debes en cuando que solo a los más jóvenes les podía molestar más de la cuenta, que para los híbridos se volvía insoportable.

Ese día estaba especialmente molesto, le habían comenzado a traer una tras otras las hijas de los demonios de alta clase para ser una de sus parejas o algunos eran tan descarados como para simplemente decirles que deseaban sus genes. Salió de la ciudad solo para ver si podía encontrar un lugar tranquilo o alguien con quien desahogarse, quizás si iba donde los demonios habían sido asesinados podría encontrar algo bueno. Tiró la botella de Vodka Spirytus vacía que ya era la sexta botella y su cabeza se había comenzado a sentir algo aturdida, por el licor de 96 porciento de alcohol.

Una casa en un claro se pudo ver frente a él, un montículo y arriba de este una piedra marcando la tumba. Sus oídos captaron unos débiles gruñidos que venían desde adentro de la casa. Sus pasos lo comenzaron a acercar a la casa, siguiendo los gruñidos por un pasillo… se puso frente a una puerta al final de la casa. La puerta parecía estar bloqueada, la sed de sangre venía desde adentro, una sed de sangre junto con un fuerte olor de sangre y un poder bastante alto para que fuese de un híbrido.

Hizo que sus garras se llenaran de veneno antes de tocar aquella puerta, la madera comenzó a derretirse y abrió la puerta sorprendiéndose por lo que había encontrado. Un chico encadenado, aquellas cadenas sujetas en la muralla detrás del chico, al moverse se enterraban en su cuerpo haciendo que su sangre cayera en el suelo de madera, cicatrizándose una y otra vez mientras gruñía. Brillos plateados lo miraban desafiante despertando de alguna manera sus instintos con un escalofrío recorriendo su espalda.

La sangre bajo el encadenado parecía comenzaba a burbujear alzándose poco a poco. Con un estruendoso gruñido y viendo como el encadenado se tiró a atacarlo a pesar de que las cadenas lo lastimaban más, Lykos tuvo que cubrirse, la sangre como dagas rojas fueron lazadas a él, un estruendo y se vio obligado a cruzar sus brazos en su pecho para parar el golpe de aquel chico y aun así para su sorpresa fue tirado fuera de la casa.

Sin un segundo para procesar lo que estaba pasando con su cerebro aturdido por el alcohol. Vio como ese chico saltó dejando la luna en su espalda, un cabello corto plateado con orejas coronándolo y una cola, mientras las cadenas aun lo rodeaban…

–Clan lobo blanco… –susurró Lykos y tuvo que saltar esquivando cuchillas rojas que al caer en la tierra levantaron una humareda.

Mareado y confundido Lykos comenzó a atacarlo, pero como pasara antes sin importar cuanto lo golpeara se seguía levantando. Y los ataques con la sangre que caía por las heridas que provocaban las cadenas y él, no se detenían hiriéndolo en más de una ocasión, incluso al grado de perforar su cuerpo.

Lykos cayó de rodillas sin ser capaz de creer el tener tantos problemas con un híbrido fuera de sí. Incluso las aves o pequeños animales que se habían acercado habían muerto a manos de aquel híbrido. Si eso seguía así e iba a la ciudad ¿a cuántos mataría?

Corrió a ese chico siendo herido por los ataques de sangre soportándolo puso en las puntas de sus garras veneno y atravesó el estómago de aquel híbrido.

–Lo siento –le susurró abriendo su mano en la espalda del chico y retirándola para hacerle más daño.

La sangre que había estado flotando a su alrededor comenzó a caer como lluvia empapándolo, el cuerpo del híbrido cayó al suelo de espalda. Lykos se dio cuenta que en los ojos ahora cerrados del chico lágrimas se deslizaron ahora mezclándose con aquella lluvia de sangre. Lykos solo retiró una sintiendo pena por él, podía decir que era menor que él y estaba seguro que con aquella pérdida de sangre y la herida que él le había hecho no sería capaz de sobrevivir.

El sol ya estaba despuntando cuando Lykos llegó a la torre de las ánimas, donde sus pasos dejaban marcas sangrientas, pero nadie se atrevía a hablarle. Lykos fue a su planta abriendo la puerta de su hogar al ver a Frog, su mayordomo, su cuerpo no resistió más cayendo inconsciente.

Cuando despertó no recordaba del todo lo que había ocurrido, le fue informado que había dormido por dos días completos. Fue a ver el lugar que su mente recordaba, pero solo quedaba una casa destruida, tierra removida en diversas partes y un extraño pesar en su pecho. Frunció el entrecejo y devolvió sus pasos. Era hora que dejara de soñar… no existía posibilidad de que estuviera con vida luego de perforarle el estómago de esa forma, aun si fuese realmente un descendiente de los demonios del clan lobo blanco.

15 de Mayo de 2021 a las 20:07 1 Reporte Insertar Seguir historia
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VG Vanesa García
Comenzamos como siempre con acción, lucha y emociones fuertes. Por Dios! Te vas a transformar en una de mis escritoras predilectas, siempre me tienes en suspenso, intriga y diversas emociones. 😍😍😍😍😍
May 18, 2021, 05:24
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