anez Natanel Lopez

Es una historia de un adiós, sobre alguien que se va, y debemos buscar una manera de quedarnos


Cuento Todo público.

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La Habitación

Me despertaba una mañana como cualquier otra, y comenzaba a preparar mi desayuno, puse algunas tostadas y me hice un café amargo; de un color tan fuerte que podía verme reflejado dentro de la taza. Pase un rato viéndome en ella, me encontraba totalmente despeinado y desarreglado, algunas mañanas no era capaz de reconocerme a mí mismo.

Tome mi café entre sorbos, mientras alistaba mis cosas para comenzar otro día laboral, trabajo en un Call center bancario, ofreciendo a las personas tarjetas de crédito, solo para que gasten más de lo que pueden pagar.


Ya divisaba el reloj sobre la pared en mi sala de estar, marcaba en el las 7:30 am, mi momento de salida estaba comenzando. Salí algo apurado y me bastó hacer una cuadra, para desesperarme al ver que había dejado el teléfono sobre la mesa, así que no tuve otra opción que volver sobre mis pasos; todo para entrar a mi departamento y buscar el teléfono. Eso era todo lo que tenía que hacer.

Al llegar y agarrar mi teléfono, vi una llamada que consiguió generar en mí una extrañeza, mejor dicho, logró por asombrarme, ya que leía en él, el nombre de mi hermano.

Ciertamente no éramos muy unidos así que con un mensaje en cumpleaños nos era hasta de sobra. nos veíamos también en algunas fiestas festivas, no en todas, ya que, él tenía su familia y eran muchas las fiestas que decía pasarla junto a la familia de su esposa y no con nosotros.

Aunque no lo juzgo, nuestras fiestas familiares eran cada vez más aburridas, mis padres se divorciaron hace muchos años, por lo tanto pensar dónde y con quién, daba la sensación de ser una especie de estrategia que un encuentro festivo.

dudé en si debía volver llamar o no, pero quería saber a qué se debía dicho acontecimiento, me armé de valor y comencé a marcar los dígitos. Tuve cierto asombro por la rapidez de su contestación con una voz temblorosa me dijo que llamaba por nuestro abuelo, estaba en el hospital, su enfermedad se había agravado y los médicos no sabían cuánto tiempo tenía de vida; Su cáncer de pulmón se consiguió extender y estaba demasiado grave.

En ese instante mi mundo entero palideció completamente, por tan solo instantes, me volví una especie de mudo, tenía las palabras, pero no lograba sacarlas de mi boca, a pesar del esfuerzo que hacía.

Sé que mi hermano pudo sentir esa sensación y con una voz más serena, me dijo: mira por la ventana, el día está hermoso, ¿te parece si paso a buscarte y te llevo al hospital para despedirte? Acepté sin dudarlo.

En el transcurso, me olvidé por completo sobre mi trabajo y lo tarde que llegaba, ciertamente me había olvidado hasta de mí mismo, así que mientras esperaba por mi hermano, que ya cierto nerviosismo me daba al pasar tanto tiempo sin verlo. Comencé a llamar a mi jefe, para dar las explicaciones y que me iba a ausentar durante este día, a regañadientes me aceptó, que no se repita- respondió.

Baje con mis cosas y no podía evitar observar a las personas que pasaban caminando, algunas felices y otras no, me enfoque en el segundo tipo, pasaban como sombras a mí lado. Algunas hasta sentía que no eran capaces de verme, eso hizo que comience a pensar en mí, si yo en este momento, o cada mañana en la cual me levanto y me visto para enfrentar la vida, me vería desde fuera, ¿Cuál de esos dos tipos de persona sería? Tuve poco tiempo para lograr darme una respuesta, ya que en la esquina comenzaba a ver a mi hermano, se me hizo difícil reconocerlo, pero siempre tenemos esa sensación de ver algo conocido, lo vi caminando de una manera segura, una figura erguida que parecía derrochar confianza en sí mismo. El saludo entre nosotros fue extraño, no era para nada cálido, y en circunstancias mejores, ciertamente, sería el mismo saludo.

Dijo que había estacionado su auto a unas cuadras porque no había lugar.

En esta parte de la ciudad no cabe siquiera una bicicleta- Respondí.

Caminamos hasta el lugar donde había conseguido estacionar, él abrió primero las puertas y subí al asiento del acompañante.

en eso me preguntó que música quería escuchar. Conteste que cualquiera estaría bien para mí, lo cierto es, no tenía mucho entusiasmo por escuchar música, si podría dejar de pensar o existir por al menos unos segundos, estaría mucho mejor. Así que puso una estación de radio, nada más para llenar el silencio que se formaba entre nosotros con algo de música.

El recorrido al hospital, se me hizo más largo que de costumbre, llegue a pensar que habían aumentado el tiempo a los semáforos y los tenía a todos en rojo.

Al rededor de una hora, como mucho, habíamos llegado. Bajé del auto, y solo con ver el imponente hospital, delante mío, pensando a lo que iba, mis piernas temblaron camino a él.

Al poner un pie sobre los primeros escalones, algo en el aire se me hacía incómodo, tal vez el oxígeno no ingresaba como de costumbre. Sentía mi corazón a un ritmo que parecía buscar el impulso correcto para escapar de mi pecho, mis manos temblaban y estaban hasta húmedas.

No pude evitar preguntarle a mi hermano, por qué me entero ahora de toda esta situación.

Respondió que fue a pedido de nuestro abuelo, no quería que me preocupara ni que deje de hacer mis cosas, lo cual no tuve la menor duda, mi abuelo, hasta este momento, siempre fue un hombre que le bastaba con su vida, no quería molestar a nadie por más crítica que fuese la situación.

Al oír esto, una extraña sensación de tristeza se expandió por todo mi cuerpo y, mientras caminaba por los pasillos, todo tenía un aspecto lúgubre, opaco, descuidado, hasta las plantas parecían de un gris verdoso. también las personas dentro parecían haber perdido todo rastro de felicidad, que duró hasta que abrí la puerta de la habitación 257. Allí, se encontraba mi abuelo tendido, y me recibió con la sonrisa más triste que habré visto en mi vida, la sonrisa de un hombre moribundo, que sentía su fin a cada hora que pasaba, sus manos estaban frías y secas, algo rasposas, de algún modo posible.

Tampoco era capaz de hablar, pero algo tenía al mirarme, que cuando apuntaba sus ojos sobre mí, sentía que comenzaba a buscar algo, su mirada parecía derrochar una mezcla de melancolía y cansancio como nunca antes había visto.

En eso, sentí el peso de la mano de mi hermano sobre mi hombro, parecía hasta más pesada de lo que alguna vez fue o sería, ni siquiera llegue a mirarlo, no podía, solo me concentraba en sostener la mirada con mi abuelo, y podía sentir como mis ojos se llenaban de lágrimas junto a los suyos,

Mientras veía como en los ojos de mi abuelo, se superponía un extraño color gris, como perdiendo algo muy dentro de él.

Mi vista se hizo cada vez más borrosa, hasta que mis lágrimas pudieron decir lo que no era capaz de hacerlo con la boca.

"Adiós abuelo" era todo lo que podía pensar mientras más lloraba.

hasta que su mirada se volvió totalmente gris, acompañado por el sonido del electrocardiograma dando pasa a mi tragedia y los pasos de las médicas, y sus voces pidiéndonos que dejemos la habitación.

Por mi cabeza solo pasaba: "Te odio abuelo, por haberte ido dejándome solo, te amo abuelo, por haberme dejado darte cada abrazo." También pienso, en que todos esos abrazos a lo largo de una vida, no serían suficientes pensando en lo que pude haberte dado.


La puerta de la habitación 257 se cerró detrás mío, y por más de estar afuera, sentía que tras esa puerta, se quedaba todo lo que más amaba y hasta partes de lo que me completaban.

12 de Mayo de 2021 a las 16:12 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Natanel Lopez Mi paz se encuentran en las letras, Mi libertad está sobre el papel que vuelo

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