ryztal Angel Fernandez

Conoce la historia de una gota que nació del dolor humano.


Cuento Todo público.

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Una familia de gotas

Desventurada es la maldad que atormenta a los seres humanos. La vida es una bendición que cede Dios cada día. ¡Aun así, la cruel vida, tan odiada y amada, no para de suministrar los golpes del hado furibundo! Es la hora de narrar un relato.


Entró en la alcoba, un joven con el sello del luto en la retina. Oía el canto del réquiem y, dando un portazo, ocultó el semblante funesto con las manos trémulas. Lloró hasta vomitar sus lamentos. Del llanto descontrolado había nacido una gotita. Las demás murieron al impactar con la cerámica, mas esta gotita había caído con piernas y brazos engendrados de la tristeza. Sus ojos eran dos puntos negros; diáfana toda ella como el rayo del alba que penetraba en la alcoba desde una ventana.


—No está —dijo la gotita—. No volverá.


Salió por un resquicio de la puerta y vio la sala de un hogar. Una madre lloraba también y, ¡oh!, otra gota nació.


—Mi hija murió —declaró la gota, abatida.


—Ella no volverá —corroboró la gotita.


Unieron sus manos translúcidas y escaparon al oblongo mundo de las vicisitudes irracionales. ¡Qué grande era dicho mundo contristado! En una casita pintoresca, adornada con girasoles afligidos, estaba una gota más. Permanecía sentada en un escalón cerca del pórtico. Entonces, como si presintiera a sus congéneres, las observó.


Las dos gotas se acercaron a su compañera. En cuanto estuvieron cerca, un mutis apesadumbrado reinó en la atmósfera.


—Mis padres me maltratan —confesó.


—Ven, iremos lejos de aquí —convidó la primera gota.


¡Tres gotas unidas caminaban por la calle de los pasos efímeros! Las hojas de los árboles se agitaban, y el cielo se cubría con un manto grisáceo. Apenas llevaban un trecho cuando, de improviso, atisbaron otra gota. Dado que tenía una forma canina, era una rara clase de gota. La gotita supuso que era la lágrima de un perro. Entonces, silbaron y la gota peculiar trotó hacia ellas con la lengua fuera.


—Me abandonaron —anunció—. Mi familia me abandonó.


—No te quedes aquí, ven con nosotras —sugirió la gotita.


Las cuatro gotas se encontraron con otras más en el sendero hacia la ciudad. Expresaron, las nuevas gotas, los berrinches y lamentos de sus creadores.


—¡Quería un juguete nuevo!


—No conseguí el empleo.


—¡Tengo hambre pero la humanidad es indolente!


—Sin dinero no soy nadie.


Luego que se unieran las nuevas gotas, llegaron a la ciudad y vieron un espectáculo único. Centenares de gotas caían desde el alma de los humanos. Estas gotas eran especiales, porque flotaban en el aire y sollozaban. La gotita protagónica estaba impresionada por el candor de las lágrimas del alma. ¡Eran preciosas, ya que parecían fragmentos de cristales refractando la beldad del sol y, además, generaban un arcoíris de dolores oprimidos!


—No quiero llegar a casa —habló una.


—Desearía tener un mejor puesto laboral —habló otra.


Y la barahúnda de lamentos inició.


—Soy un fracaso en el amor


—¡No puedo tener hijos!


—¡En la noche soy prostituta y en el día una madre! ¿Qué dirán mis hijos?


—El machismo reprime mi homosexualidad.


—Amo a la persona que me lastima.


—¡Soy alcohólico y abusé de mi sobrina!


—¡Yo un drogadicto y ayer asesiné a mi hermano!


¡La gotita no podía creerlo! Dado que millones y millones de gotas se juntaron alrededor de su visión abstraída por tal espectáculo.


—¡Vengan con nosotras! —bramó—. ¡Huyamos de esta atosigante realidad!


—¡Este mundo es cruel! —gritaron al unísono—. ¡Es culpa de los demonios errantes de este infierno social!


—¡Vámonos! —gritó la gotita.


Escaparon, en tropel, de la ciudad. Fueron hacia la playa. En la huida se habían unido miles de gotas.


Las olas embravecidas chocaban unas con otras; el palio celestial se teñía de un rojo tenue, y el horizonte era caliginoso. La gotita se quedó en la arena. Entonces, se alzó la gigantesca y espumosa lengua de Neptuno. Todas las gotas, menos la gotita, se entregaron al mar.


—¿Nacemos, sufrimos y morimos? —preguntó la gotita en voz alta—. ¿Es un ciclo interminable?


Quieta duró hasta el amanecer y, para sorpresa de la gotita, un grupo nuevo de lágrimas del alma y de tierra se lanzaron hacia el mar. Ella sintió el impulso de rescatar una compañera de aquel ciclo maldito.


—¡No lo hagas! —vociferó atrayendo a la compañera—. Estoy sola y quiero ver el amanecer con alguien —añadió.


Ya no era una gotita solitaria, eran dos que veían el amanecer.


—Es hermoso —afirmó la gota que había sido rescatada.


Otro grupo apareció al día siguiente, pero las dos gotas rescataron una compañera antes del suicidio colectivo.


—¡Veamos el amanecer! —invitó la gotita.


Así pues, una familia numerosa de gotas se acumuló. Después agradecieron a la providencia por el amanecer y el anochecer.


¡Ay, quisiera que la vida fuese eterna pero la muerte existe para apreciar la misma!


Las gotas, que son nuestros dolores internos, estaban agrupadas con el propósito de apreciar el amanecer. Todas ellas debían fenecer como el objeto de nuestras pasiones con fecha de vencimiento. Sin embargo, el sol estival, agresivo y fulguroso, arrojó una oleada de calor. Ellas se evaporaron, y la gotita fue elevada al cielo.


—Después de cientos de amaneceres, morimos —declaró la gotita.


La felicidad como el dolor no duran para siempre. Aunque los años consumen la creencia de un «eterno sufrimiento». ¡Pero no es el final del relato!


Aquel vapor se fundió con las nubes y, en una precipitación, la familia de gotas fue devuelta a la tierra. No volverían a ver la luz, puesto que fueron absorbidas por las plantas.

El sol resplandeció, la vida continuó moviendo sus engranajes, y el planeta giró olvidando los cadáveres.


Deberíamos apreciar los amaneceres con nuestros amigos, familias o cualquier persona. No sabemos cuando seremos tierra con la tierra.


10 de Mayo de 2021 a las 06:41 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Angel Fernandez Escritor y fotógrafo venezonalo. Nací en Carabobo, Puerto Cabello. Tengo 23 años. Me dedico a mejorar en la escritura y mantener la meta de representar a Venezuela junto a otros escritores noveles en la literatura del siglo XXI. Todas mis obras están registradas en Safecreative.

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