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bella melancolia


Una historia de una relación que se va marchitando.


Drama Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos reservados

#emociones #amor-toxico #salud-mental #madurez-emocional #soda-stereo
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Una noche

Muchas heridas sin sanar, el amor se había tornado en miedo y empezaron a relucir sus inseguridades. Llevaba ya un par de semanas sintiendo su lejanía, la soledad en su compañía. Iniciaron sus días de depresión, pero no lo sabía, sólo sentía como poco a poco su vida fue perdiendo su propósito y ya no le encontraba razón al aire que recibía al despertar. Tenía por dentro miles de dolores y deudas emocionales, que ya le empezaban a cobrar la salud de su cuerpo físico. Era en los almuerzos el momento que tenían para estar juntos, al fin alejado del trabajo que amaba pero que le robó sus noches junto a ella. A veces se levantaba a las 5 de la mañana y seguía en el computador, entusiasmado por poder haber resuelto sus mezclas, aunque le hubiera costado su sueño, y aunque esa fuera su pasión, parece que la había reemplazado a ella por su carrera.

Como siempre le había costado comunicarse con Andrés, trataba mediante mensajes menos evidentes, pero él no creía en el lenguaje no verbal, así que nunca leyó miles de cosas que ella le trató de decir a través de su mirada, siempre penetrante y expresiva. En ella se podía ver la fragilidad de su alma y que de cada grieta brotaban tallos que se extendían y los atravesaban. Pero parece que su conexión no permaneció durante mucho, aunque se tardaron para reconocerlo otros varios meses más.

Fue entonces cuando esa noche, le hizo una llamada a Armando, invitándolo a un bar en donde estaban reunidos Andrés y unos amigos suyos. Prácticamente lo hizo para poder estar un rato con él, llevaban unas semanas hablando y coqueteando, le había dado su compañía aunque no estuviera cerca, y ella se sintió atraída por la atención y los momentos divertidos que pasaban desde sus teléfonos. Armando le pidió que lo buscara en su conjunto, y a ella le costaba mucho decir que no y además también quería estar un rato con él, así que condujo hacia allá, ya ambos habiendo fumado marihuana cada uno en su casa. Ya se encontraba afuera esperándolo cuando recibe una llamada de Andrés. – Babe, estamos donde Carlos, llega acá mejor. ¿Dónde estás? ¿Ya saliste? – Vanessa se sorprendió de que él siempre la llamaba cuando de ocultarle algo se trataba, como si pudiera olerlo a kilómetros de distancia. – Ya voy en camino, voy con alguien que también quería pasar el rato en Bunt. Ya Vanessa podía sentir los celos en su tono de voz, pero quedaron en que ya se verían pronto y colgó. Armando iba acercándose al auto, se sentó, se saludaron y en el camino iban escuchando Soda Stereo. Vanessa le comentaba cual expositora, que siempre le había parecido que Cerati tenía un lenguaje sexual en sus letras, hablaba con propiedad de los análisis que había hecho sobre los recursos lingüísticos y retóricos utilizados en sus líricas. El efecto del THC estaba incrementando las ganas de besarse que inconscientemente ambos tenían desde que empezaron a hablar a principios de mes, luego del concierto de Rock del año. Al subir al apartamento de Carlos, nadie se veía con ánimos de ir al bar, ya era tarde, así que a Andrés se le ocurrió que se reunieran todos en su apartamento, allá se podía beber y fumar y hacer ruido hasta tarde. Todos se reunieron en su habitación, que no tardó en llenarse de vaho por el bong de cristal que se rotaban entre todos. Vanessa estaba tan desubicada que ni siquiera se sentó con Andrés, quien la miraba con ojos entrecerrados y profundos, pero que siguió atendiendo a sus amigos. Armando salió a fumar un cigarrillo al balcón y texteó a Vanessa. Ella salió casi que disparada a su encuentro y sólo hablaron. Un par de veces pasaba Harold, uno de los amigos en común entre Vanessa y Andrés, y regresaba a la habitación, como si Andrés lo hubiera enviado a espiarla. Terminando de fumar, entraron y sus cuerpos se aproximaron. Vanessa lo reparaba, elogió su piercing en la nariz, le parecía sexy, al igual que la sonrisa coqueta que soltó él inmediatamente después. El corazón de Vanessa no podía con tanto, hacía mucho tiempo que no se exaltaba así por estar cerca de un hombre. Había sido hace mucho tiempo que esa sensación había muerto en su relación con Andrés, así que la valoró y vivió con intensidad lo poco que duró. Armando le sostenía la mirada, lo que la intimidaba aún más a ella, que se debatía internamente entre qué hacer. Siempre se cuestionaba sus sensaciones y trataba de categorizarlas como buenas o malas, tenía un deseo de ser moral todo el tiempo, o al menos de mostrar serlo, porque en su vida muchas veces quiso hacer cosas pero no se atrevía por que fuera a ser juzgada por sus decisiones. Parecía que ya Armando le insinuaba un beso, cuando sale Andrés por el pasillo justo detrás de Vanessa. Se helaron inmediatamente y como pudieron, disimularon haciendo como que buscaban algo de comer en la cocina. Vanessa metió al horno una pizza del día anterior y Armando se quedó en la sala. – ¿Qué hacían? – él salió a fumar y yo vine por comida, estoy calentando esto. Por supuesto que no fue nada convincente su respuesta, Andrés se fue y al cabo de unos segundos, ya todos estaban despidiéndose naturalmente. Preocupada por lo que fuera a pasar si quedaban los tres juntos, Armando entendió que él también debía irse, así que se despidió y sólo quedaron los dos.

La discusión que tuvieron aquella noche, no sólo demostró las heridas y el deterioro de su relación, sino también que Vanessa corría peligro en esa relación. Andrés la juzgó terriblemente por haber tenido intenciones con Armando en su propia casa, se vivía repitiendo cada vez que hacía mención de ello y durante varias horas ella intentó calmarlo y explicarle que la raíz de todo eso estaba en el olvido y el abandono que había tenido con ella hacía ya varias semanas. Pero nada de eso parecía ser suficientemente razonable para Andrés, quien ya harto de la situación la zarandeó con una fuerza que la aterrorizó. Sus ojos se llenaron de un vivo odio, su herencia violenta parecía aflorar en ese momento. Vanessa estaba muy asustada y cansada, había llorado y suplicado durante varias horas. Salió el sol y él seguía tratando de entender y le decía – yo lo sabía, ustedes llevaban ya un tiempo hablando, pero no puedo entender cómo pueden haberme faltado el respeto en mi propia casa. Nada parecía calmarlo, había tomado una intención como la infidelidad más cruel, hasta que ella se convenció de que lo que había hecho había sido muy malo.

Finalmente, a eso de las 8 de la mañana lograron dormir un rato. El dolor de cabeza, los ojos hinchados y la mente agotada tuvieron que acompañar a Vanessa durante su día. Tenía un compromiso en la mañana, un ensayo para un matrimonio esa misma noche, así que sin importar lo que pasó, ella quería cumplir con sus responsabilidades. Andrés la acompañó a su ensayo, mientras esperaban al pianista, no cruzaban palabra, ella ya daba por perdido todo, y no sólo la relación sino su vida, quería castigarse por lo que había hecho. Era común en ella basar su valor como persona, en sus actos.

El día transcurrió lleno de culpa y remordimiento, no podía admitirse haber hecho tal traición. Andrés reforzó esa culpa y la echaba, ella le rogaba y luego cuando ella quería irse, él no la dejaba. Pasaron el resto del día hablando de lo que había sucedido, buscando definir lo que sucedería con la relación, ya que para Andrés era inadmisible el mero intento que tuvo Vanessa de buscar sentir en otro lugar lo que con él ya había perdido. El sol fue bajando y no llegaban a ningún acuerdo, Andrés estaba completamente paranoico, inseguro, celoso con la situación, y Vanessa no dejaba de sentirse la peor basura existente. El hambre, la falta de sueño y de resolución, tenían el sistema nervioso de ambos muy alterado. Llegó la hora del compromiso y en su eterna pelea, Vanessa salió corriendo a la iglesia, mientras le escuchaba decir "si te vas, no vuelvas más", cosa que todo el trayecto estuvo pensando cómo resolver, en realidad no quería volver.

Cantó como un zombie para una pareja humilde, con un sacerdote cómico que al menos distrajo sus pensamientos, aunque el vacío permanecía allí. Al salir, Andrés la esperaba afuera, con otra actitud, pero ya ella no quería conversar más, estaba agotada por tanto sufrir y llorar, tan descompensada pero tan mártir, que se fueron a pie hasta la clínica más cercana porque quería atención médica. No pudieron ingresar ni acceder a ninguna atención, así que Andrés pidió un carro para ir al apartamento. Mientras esperaban sentados en un bordillo, pasaba un hombre desorientado, habitante de la calle y Vanessa se vio reflejada en él. Como alguien que de tanto sufrir, prefirió crear otro universo que nadie pueda entender ni entrar en él. No dejaba de mirarlo e imaginarse en la misma situación unos años más adelante. Finalmente llegó el carro, pero ella no se movió hasta que se lo rogó. Ya en la ruta, Andrés decidió que debía llevarla mejor con sus padres, lo cual no fue de sus mejores ideas. Vanessa sólo quería dormir, no quería ver a nadie, ni dar explicaciones, ni preocupar a sus padres por su estado que notoriamente se veía deteriorado y exhausto. Pero a pesar de que ella pidió no ir, terminaron en la esquina de la casa. El drama había comenzado, nada lo pudo detener, cada movimiento, palabra o gesto, la hundía más en su estado, nunca puso los pies en la tierra, y él sólo la alejaba cada vez más de la estabilidad. Siempre alimentó su demonio interno, el que siempre propició escenas de automaltrato y huida, el que le repetía mil veces en su cabeza, que era inútil, que no merecía esta vida, que sólo tenía permitido el dolor y la carga de vivir.

Se negó rotundamente a entrar a su casa y hablar con sus padres, caminó hasta el parque de atrás de su cuadra y se echó en la grama, apoyó su cabeza en un bolso que llevaba, se tapó de la luz de la calle, pretendía dormir allí. Al cabo de unos minutos, se dio cuenta de que Andrés se había ido, lo cual inmediatamente la hizo pensar en que podía haber ido a su casa. Y así fue, alcanzó a dormir unos minutos cuando apareció su mamá, sin cuestionarle nada, invitándola a ir a casa y dormir allá, pero Vanessa no se encontraba en sus sentidos, llevaba casi dos días despierta, y se descontroló fácilmente, le pedía que la dejara en paz, se conmocionó mucho, soltó palabras que su mamá no le había oído. Forcejeaban los tres, tratando de llevarla a casa, pero logró safarse de su bolso y emprendió camino a la vía principal. No tuvieron ellos tiempo de responder a esto, lo que le dio a ella más chance de irse alejando. Iba mirando hacia atrás, por si la llegaban a seguir, puesto que tomó una ruta bastante visible. Era una subida, estaba con sandalias y un vestido negro ceñido y escotado, sentía un frío tremendo esa noche, pero sólo tenía en mente irse y quizá buscar algo de anestesia mental.

4 de Mayo de 2021 a las 00:46 0 Reporte Insertar Seguir historia
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