henryvelz Henry Vélez

Mirna y Javier encuentran una forma de relacionarse que se sale de los estándares comunes. ¿Será amor? ¿Será un insaciable deseo carnal? La relación que mantienen les hará crecer y también encontraran distintos conflictos con sus vidas como las han llevado hasta el momento. ¿Decidirán estar juntos a final?


Erótico Sólo para mayores de 18.
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Sin consecuencias

Se detonó el deseo entre un cruce de miradas a través de la multitud. Mirna sonrió y desvió la mirada, señal de que él tenía su permiso para aproximarse, sin embargo, le observó un poco más, lleno de curiosidad. Como un depredador al acecho, observaba cada movimiento de su presa, ella conversaba y según lo que oía o decía estiraba sus labios en una sonrisa falsa, sus ojos se entrecerraban presentando la sospecha que sentía conforme a lo que escuchaba, entonces le miró de reojo y su sonrisa se volvió torcida, la mirada se tornó juguetona y la curva de sus labios era cada vez más amplia, colmada de satisfacción. Se mordió el labio para contenerse, de lo contrario el juego terminaría muy rápido. Pero era demasiado tarde, él había avistado la debilidad, casi podía ver las pupilas dilatarse entre el chocolate de sus ojos.

Mirna conversaba para disimular y para evitar llevar las cosas más rápido, tenía que saborearlo.

- Empiezo a aburrirme de esto, busquemos un lugar para bailar...- Dijo ella mientras se removía el largo cabello que caía sobre la espalda capa por capa.

- Sé de una fiesta muy cerca de aquí, podríamos ir. Interrumpió él, el juego había dado comienzo.

- Asegúrame que es mejor que esto.

- Que no te quede duda.- Torció los labios haciendo una mueca triunfal y se dispuso a acompañar a las jóvenes fuera de aquel lugar.

- Hace frío, ¿Les parece si vamos en mi auto? Iré por él.

Sin darles oportunidad de objetar él se retiró rumbo al estacionamiento.

- Estás loca, Mirna. Lo provocaste para meternos en esto.

- Tal vez lo haya provocado pero soy yo quien se quiere meter con él.

- Zorra.

- Gracias.

- ¿Tan molesta estás?

- Si, Claudia, estoy muy molesta. Estoy aburrida y si no encuentro un entretenimiento rápido me empezaré a poner pesada.

- Ya estás siendo pesada.

- Eso puede cambiar si tenemos suerte.

Se burló ella, señalando con la mirada la dirección en que antes el muchacho desconocido se había dirigido.

- ¡Jah! Eres una zorra necia, continúa sola, si me quedo aquí me sentiré culpable y te lo haré sentir también.

- Está bien, pero procura que la culpa y el rencor lleguen mañana, hoy ya no puedo más.- Dijo Mirna casi en susurro.

Claudia se alejó para buscar un taxi, Mirna desvió la mirada y después de un rato, Claudia se había desvanecido.

"No importa, hoy nada importa" pensó Mirna, y sonrió libidinosamente.

Un par de minutos después un Jeta negro se aproximó a Mirna, el joven bajó, la miró como un niño tímido ve a una muchacha bonita, sonrió nuevamente y rodeó el auto para abrir la puerta.

- ¿Nos dejaron solos?

- Nuestro único chaperón ahora es la noche.- Respondió Mirna subiendo al coche.

Sin más rodeos el joven comenzó a conducir, la radio susurraba. Mirna no pretendía hurgar en la vida de aquel muchacho, era esa noche y nada más, de pronto la voz de él rompió el hielo, tarareaba con voz profunda la melodía que acababa de comenzar. Lo hacía sin pudor, como si nadie pudiera oírlo, y al mismo tiempo deseaba ser escuchado por esa chica en el asiento del copiloto. La radio continuaba:

"...Nosotros somos la comida

y alguien está efectivamente hambriento

no hay retorno a la conciencia

tras el desvarío del amor tempestuoso..."

Mirna se sentía divertida, este chico quería su atención, el trofeo de todo hombre es la completa atención de una mujer, o varias, a todos nos gustan las colecciones. Por ahora la adrenalina corría por sus venas.

Ellos no cruzaron palabra alguna, no era necesario. Sabían qué querían y que el otro estaba dispuesto a dárselo.

-Espero no te incomoden mis amigos, son algo torpes con las chicas, en especial si son lindas. - Miró a Mirna, guiñó el ojo y volvió la mirada al frente. Comenzó a orillar el carro, no habían pasado más de 10 minutos.

Él bajó del auto sin decir nada, en seguida Mirna bajó para seguir a Javier. Cuando lo hubo alcanzado él extendió su brazo para que ella lo tomase.

- Tendré que presentarte, lo que me recuerda que no sé tu nombre.

- Mirna.

- Javier. Te darás cuenta que soy un patán.

La joven sonrió. - Puedo con ello.

La fachada del lugar no era diferente que las casas de al rededor. Era de color ocre, dos ventanas largas con persianas romanas a cada lado de la puerta, encarceladas entre barrotes de metal un poco torcidos. Cada vez se tornaba más excitante.

Ya adentro se observaba una enorme habitación, si había muebles debieron ser removidos para la ocasión. Las paredes parecían oscuras, llenas de rayones, pintura salpicada al azar y dibujos con aerosol. Las luces apagadas, con un par de reflectores intermitentes y lámparas de colores hacían que fuera imposible adaptar la vista, la música se convertía en lo único del mundo, se metía a las entrañas. Mirna tenía que recurrir a sus oídos y al tacto sintiendo el calor de la gente en el abarrotado lugar, constantemente buscaba el brazo de su acompañante quien se escurría entre la multitud balseando en perfecta coordinación con la gente sin perder la dirección de su andar.

Pronto llegaron a una esquina en el fondo, donde dos sujetos conversaban sonrientes.

- ¡Eh! Javier, ¿Te encontraste una linda gatita?

Mencionó el más alto de los dos, lucía de unos 32 años, cabello largo medio, de color castaño. Acompañó su comentario con una sonrisa que permitió mostrar unos dientes danzantes y amarillos entre sus labios afeminados.

- Bueno que tienes esa bocota, así no te dolerá tragarte ese comentario. Ella es Mirna. - Dijo Javier, adelantando a Mirna un paso frente a él. - Los torpes que te comenté son Raúl y Tomás.- Señaló respectivamente, Tomás sonrió nuevamente y abrazó a Mirna.

- Bienvenida al averno.

Raúl se limitó a tomarle la mano y darle un beso en la mejilla.

- Un gusto, diviértete.-Mencionó Raúl.

- Espera aquí- Dijo Javier tocando a Mirna en los hombros y se dirigió al otro lado de la enorme habitación, poco a poco se perdió entre la multitud.

- Y bien, bienvenida a la familia, esperemos que llegues a sentirte parte de ella, aun conociendo a éste cabrón.

Mirna se giró hacia Tomás y lo miró con picardía, no le inspiraba tanta confianza como Javier pero resultaba alguien divertido y franco.

- No te adelantes, aún falta saber si vale la pena conocerle.

- ¡Wow!, ¿Lo carita no le basta? Eres fiera.

- Simplemente me subestimaste.

- Tal vez, parece que la juez eres tú. Y dime, ¿Vale la pena conocerme o también me subestimas?

Mirna miraba a su alrededor, fingió no escuchar la pregunta de Tomás, sonrió y se abalanzó al mar de gente que danzaba.

Se contoneaban a la vez, sin gracia, sólo era el ritual preestablecido. Mirna agitó su cabello y se unió enérgicamente a la masa, con furia. Sus movimientos opacaban las ideas en su cabeza, absorbía el calor de la gente a su alrededor y sus movimientos se tornaban lentos, sensuales, sus caderas se meneaban y ella revolvía su pelo con sus manos. Los ojos cerrados y exageraba sus labios y éstos resaltaban cada vez que el torso de su mano rodeaba su rostro, deslizándose en el largo cabello hasta el mentón y después pasaba entre sus pechos hasta el vientre para terminar semirodeando la cintura y volver a empezar el recorrido desde la coronilla, intercalando ambas manos. Cambió el ritmo, ahora se mecía sobre sus piernas largas y alzó ambos brazos, los descansó brevemente en la nuca mientras jugaba con el cabello. Entonces se dejó llevar por una mano que rodeó su cintura, ella abrió los ojos y posó sus brazos sobre los hombros de él y recibió un frenético beso.

El ritual había terminado, no había pudor. El beso era húmedo, firme; despertaba una excitación retorcida. El trato estaba cerrado, esa noche serían uno del otro. El triunfo se podía saborear, Mirna sonrió, y Javier soltó un gemido.

- ¡Tu sí que bailas!

- ¿Eso es todo lo que vas a decir?- Se rio Mirna.

- Y besas muy bien. - Respondió Javier en su defensa entregándole un vaso a la muchacha. El whiskey eliminó el gusto a los labios de Javier, se sentía como un bocado de sal y la persona frente a Mirna resultaba ser el sorbo que acallaría su sed.

Ella lo miraba seductoramente mientras bebía de nuevo, se dio cuenta que a él no le intimidaba su actitud desinhibida. Ahora no habría remordimientos. Él sonreía como si supiera con lujo de detalles lo que venía a continuación.

Al rededor la gente comenzaba a esparcirse.

- Ustedes son como fuego y viento. Cuidado, amiga, así como puedes avivar a mi camarada también podrías sofocarlo.

- No tengo ninguna intención de hacer eso, solo podría pasar una interesante noche meciendo sus llamas.

- Como eres mujer, dudo que sea así.

- Pruébame. - Dijo Mirna - O, ¿Puede que estés celoso de que 'avive' demasiado a tu amigo?- Se burló ella.

- Solo he visto demasiado, niña, mejor vuelve a casa antes de que el león te coma.-Decía Raúl, se notaba pretencioso, había pasado casi desapercibido que él estaba completamente ebrio.- Y cuando digo león no hablo de Javier. No, él es más como una alimaña, ¿Qué te parece si mejor te comiera yo esta noche? Más despacio y con mordiscos más fuertes.

Él abrió y cerró la boca simulando una mordida, haciendo ruido al chocar los dientes, chasqueó la lengua y miró a Mirna de pies a cabeza antes de avanzar bruscamente hacia ella pero su hombro chocó con el de Javier quien se apuró a interponerse entre los dos jóvenes y lanzó una firme mirada a Raúl.

- Entiendo.- Comentó Raúl tambaleándose un poco hacia atrás. Relajó un poco la postura pero alzó el rostro de manera retadora, esto le hacía parecer más alto que Javier.

La joven tomó al muchacho frente a ella por el hombro y se adelantó a él, poniéndose ella ahora entre los dos chicos. Pasó sus dedos por el mentón de Raúl quien cedió completamente al contacto de Mirna. Por un momento se miraron a los ojos y él sonrió.

Un ruido sordo llamó la atención de los más cercanos, la escena había sido totalmente ignorada hasta el momento. Algunas risas se escucharon al ver a Raúl con la cara volteada y el brazo estirado de Mirna.

- De ustedes dos, yo creo que tú eres más viperino.

Mirna se retiró y enseguida fue alcanzada por Javier, quien triunfalmente le tomó por la cintura. Sacó una caja de cigarrillos y ofreció uno a la muchacha, tomó uno él también.

- Ahora conseguiste toda mi atención, preciosa.

- Si eso llama tu atención creo que deberías salir un poco más, cariño. Pero me alegra, ahora podemos continuar.

- ¿Te quedarás esta noche?

- No quiero ir a ningún otro lado.

- Ya lo veremos. Acompáñame.- Javier dio una última calada al cigarro, lo tiró al suelo y lo pisó.

24 de Abril de 2021 a las 20:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
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