crishalida S. Lauren

Desde que nací toda mi vida ha estado controlada por alguien más. No, no es que sea la típica princesa encerrada ni mucho menos, es más una cuestión de “protección divina”. Mi raza tiene una característica especial, somos pegasos que pueden comunicarse con la naturaleza a un nivel elemental, somos el vínculo con la tierra fértil y quienes traen la frescura de la brisa mañanera. Para un Pegaso no hay nada más hermoso que entregarse en vida y alma a la madre tierra y muchos lo hacen desde que tienen la preciosa edad de 2100 años. Pero yo caí de la gracia del cielo y me volví lo que más temía. Me volví la peor historia de Baldia.


Fantasía Fantasía oscura Sólo para mayores de 18.

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Prólogo


La mujer de ojos plateados miró hacia delante, en medio del terreno boscoso que se presentaba ante ella, un corcel amarillo le miraba a los ojos. Encima de él un hombre envuelto en vendajes con el torso marcado por decenas de cicatrices sonreía como si supiera todo lo que ella estaba pensando. La chica dejó el papel con la carta a su antiguo confidente sobre la maleza y con un chasquido de su mente se redujo en llamas que consumieron hasta el suelo. Se levantó con calma y su aura oscureció súbitamente, sus manos se envolvieron contra su vientre y lanzó todo tipo de cánticos protectores sobre la cabaña donde su prometido descansaba. Si aquel inmundo ser se presentaba ante ella en su propia tierra solo significaba una cosa.


“Prepárate, muñeca, una vez que tu querida niña nazca los cuatro jinetes estaremos juntos, no decepciones al destino y acepta que ahora vas a cooperar. No hay manera de que el precioso rubio te salve ahora, él nos creó, pero quien desafía al Ente ya no es su hijo” El rey de aquel putrefacto lugar, el jinete de la hambruna, se acercó a la imponente chica como si no le importase su presencia. O quizás la locura le había llevado a no prestarle atención. “Será divertido corromper a un pegaso en sus primeros años de vida, será tan placentero.” la locura dentro de la pelinegra estalló y las llamas ardieron sobre la piel del maldito frente a ella, le quemaron, quemaron al corcel y aún así ninguna de las dos presencias desapareció. El jinete apareció detrás de la mujer, rodeó su cuello con una mano y apretó haciendo que un nauseabundo olor hiciera revoluciones en su estómago. “¿Enserio pensaste que te dejaría matarme? Que ingenuo de tu parte, dulzura. Te quiero ver rogar por tu vida, la de tu hija y la de tu queridísimo humano”


“Cierra el pico, imbécil. No vas a pronunciar frente a mi ninguno de sus nombres o su existencia”, con aquella declaración se volteó en el aleteo de un colibrí y de un rápido movimiento encajó sus uñas en los ojos del hombre. Un grito se escuchó y la sangre azul espesa comenzó a brotar de los ojos heridos del contrario, que retrocedió varios pasos hasta que pudo alejarse de quien le había dañado. “Sigue metiéndote en mi vida y no serán tus ojos lo único que saque de tu cuerpo. Aléjate de mí, no soy muñeca de nadie, y no voy a ayudar al destino. Prefiero actuar como medio de dos dioses familiares a ser la marioneta de un extraño incorpóreo”


El jinete de la hambruna se mantuvo en silencio y cuando hubo escuchado suficiente se desintegró en el aire dejando un hedor a cobre, sangre y putrefacción. La se derrumbó en la hierba y lloró en silencio sin derramar una sola lágrima.


Y por primera vez, temió por su vida, la de su hija y su familia. Pero temió más aún ser ella la causa de su posible caída.

20 de Abril de 2021 a las 21:20 0 Reporte Insertar Seguir historia
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