mflgwrites Martha López

Un grupo de jóvenes descubren los secretos del mundo en el que han crecido, revelando la siniestra verdad y todos los horrores que este esconde. Comprender y sobrevivir a esa nueva realidad es el único objetivo que les quedará.


Paranormal No para niños menores de 13.

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Capítulo I.

La anciana entró en la habitación con una bufanda de un gris desteñido que le tapaba parte de su blanca cabellera. Cargaba consigo un costal del mismo tono de negro del vestido que usaba y que le cubría casi todo el cuerpo, dejando ver únicamente la punta de sus arrugados dedos.


Después de cerrar la pequeña puerta detrás de ella, caminó posando más peso sobre la pierna derecha, hasta llegar a una silla detrás de una mesa de tablas agrietadas que se hallaba en medio de la sala.


El lugar era decorado por viejas paredes vacías, una gran vela encendida y cuatro sillas.


En la espaciosa estancia se hallaban sentados tres adolescentes. Uno moviéndose con inquietud a la izquierda, a la derecha descansaba una muchacha serena; y entre ellos, malhumorado, estaba el último joven.


Delgadas manos se entrelazaron para sostener un mentón que aún conservaba parte de la apariencia torpe de la infancia, pero que denotaba el obvio comienzo de la transición de niño a hombre. Ojos pardos se alzaron al frente, observando con recelo a la ama de aquella peculiar morada.


—¿Cuánto tiempo tenemos que quedarnos aquí?


—Solo esta noche —contestó esta, colocando su saco en el piso.


—¿Por qué no podemos irnos a nuestra casa? —reclamó él, bajando la cabeza y subiendo las palmas, hasta despeinar frustradamente los medianos y oscuros mechones que caían sobre su frente—. No digo lo siguiente por ofender, pero ni mi hermana ni yo la conocemos a usted muy bien.


—En eso tienes razón, niño. Ustedes no me conocen en lo absoluto —respondió ella, volviéndose en dirección al chico—. La verdad es que tengo una deuda que pagar con tu padre. Solo tienen que quedarse por hoy. Mañana podrán largarse a donde quieran.


La quieta chica al lado del muchacho contempló a aquella dama.


—Este lugar no parece muy fiable.


—Tu hermano y tú jamás encontrarán un lugar más seguro en todo el pueblo —declaró la señora con firmeza, seguidamente se sentó y abrió la bolsa delante de ella—. Hay tienen sábanas y almohadas. Tómenlas y pónganse cómodos. Traten de dormir tanto como puedan.


A una esquina, poniéndose de pie, el que había permanecido callado miró a la dueña de aquel extraño aposento con una tenue sonrisa, y si ella no hubiera notado la nerviosa manera en la que el rubio había estado actuando hasta hace un par de minutos, quizás hubiera logrado engañarla con el singular encanto que expresaban sus vívidos iris azules.


—Permítame ayudarle —pidió él con docilidad, tomando los cojines y viendo el frio suelo de hormigón—. Tratemos de descansar por ahora.


Segura de que ellos obedecerían, la mujer se acercó hasta el velón que estaba prendido dentro de un frasco de cristal sobre las maderas. Con el reflejo del fuego danzando sobre el tono ceniza de su vista y tomando un largo aliento, observó a cada uno de los jovencitos en el cuarto y exhaló, sumergiendo el recinto en completa oscuridad.


Detrás de la entrada y circulando la zona con cautela, una figura con ropas negras se hallaba encubierta por la penumbra. Apuntaba con sigilo un fusil a la entrada de aquel sitio. Asechaba, como un depredador cazando presas, a aquellos cuatro individuos.


15 de Abril de 2021 a las 18:18 0 Reporte Insertar Seguir historia
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