hoperiox eduardo herrera

La historia se centra en “Kureiji” un crio de (16) años, quien es enviado hacia una de las capitales del continente mágico de “Lemdariam”; con el objetivo de llevarle una carta, a buen amigo de su maestro. Por desgracia, su llegada resuelto confusa; tras perderse por las calles. Conociendo a un señor mayor en una de las plazas, ayudándolo a conseguir su camino. Descubriendo ser la persona, a quien estaba esperando desde hace tanto tiempo; pidiéndole solamente una sola cosa, antes de despedirse de él.


Aventura Todo público. © Todos los derechos de autor

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Volumen 1 : Arco del Destierro, PRÓLOGO: La llegada, dé uno de ellos.

Nunca entendimos, el por qué nos odiaba tanto. Hasta ese momento en donde aquella oscuridad nos dio las gracias, tras lograr una contundente victoria en nuestro mundo; Nuestra abuela siempre nos contaba historias, sobre un guerrero que surgió de la misma luz, pero nunca le creímos. Viéndole como todos los días, se mantenía firme; esperando a que se manifestara, escapándonos mientras le distraía. Es aquí en donde los cambios que hicimos, comenzaría a darse; viéndolo salir de aquel bosque, teniendo una vista clara desde las orillas de un desfiladero, mirando una de las capitales de este continente repleto de magia eh historias. “Kanabam” una nación llena de caballeros capaces de usar la magia de una manera muy distinta a como le conocíamos. La edad del joven, era de (16) años, al igual que los otros (2); acababa de terminar su entrenamiento con su maestro, llegando al destino indicado por él.

—Eh llegado.

Dijo el chico, manteniendo las ganas, de seguir hacia adelante; teniendo cuidado en donde se podría meter, Queriendo cumplir con la misión encomendada por su maestro; sacando una carta desde adentro de su túnica de aventurero, que le cubría casi todo su cuerpo menos la cara. Guardándosela otra vez, para emprender un descenso & así llegar a esta ciudad.

— ¡En marcha!

Pudiendo bajar sin ninguna dificultad, saltando en las rocas hasta llegar abajo, siguiendo el sendero que lo llevaba hacia las murallas externas de la ciudad; teniendo que hacer una fila, llevada por muchas carretas de mercaderes. La arquitectura, medieval le asombraba demasiado, hasta que llega hacia la entrada principal, tocándole su turno, estando en frente de los soldados paladines.

— ¡¿Identificación, por favor?!


Sique el consejo de su maestro, mostrándoles un anillo mágico con el emblema de esta nación. Su dibujo era la de un escudo con un par de alas hacia los lados, no tardando mucho; para que le dieran paso.

Esta gran metrópolis cuyo nombre era “Helios”, pero la gente le decía que era un pueblo en vez de una ciudad, por tales motivos; mientras que nuestro joven caminaba por las calles, observando una multitud inimaginable de gente, trabajo en conjunto. Los niños jugaban tranquilos, estando felices de la protección que les daba el director; parándose para revisar un momento el mapa, que le dio su maestro.

— ¡Veamos!… Un….jumm…

Es aquí en donde se confunde, ya que en su exploración, entre los distintos lugares como: armerías, bares & tiendas, etc...., desviándose del punto marcado en el mapa, perdiéndose por completo. No teniendo ni idea en donde ahora se encontraba; teniendo que probar suerte, andando un poco hacia una dirección desconocida, llevándolo hacia una plaza con una escultura de un individuo misterioso para él, aceptando estar perdido. Ni siquiera, sabiendo cómo interpretar un simple mapa.

— ¡Ahora!, ¿Qué voy, a hacer?

Quedándose a pensar un poco, viendo a la estatua; queriendo saber quién era; observando que tenía un escudo con el mismo símbolo que se anillo & un guantéele puesto; En ese mismo instante tras verle directamente hacia los ojos, un destello de luz sale de ellos. Despabilándolo completamente, haciéndole caer hacia atrás tocándose la cabeza, teniendo los suyos cerrados por la caída, aguantando el golpe, destapándola su cara.

— ¿Pero qué fue; lo que sucedió?

En ese instante; la mano de un señor mayor es extendida hacia él, escuchándole decir:

— ¡Oye!, muchacho; ¿Estas bien?


Pudiéndose parar al tomarse, le cuenta lo sucedido; no creyéndole al principio, pero si entendiendo su problema.

— ¡Dámelo, chico!

Exclamo el viejo, no teniendo problemas en dárselo. Analizándolo, & Preguntándole:

— ¿Eres nuevo?

— ¡Sí!

—Ven, te enseñare el camino.

Siendo amable con el chico, lo lleva hacia donde tenía que ir; siguiendo la ruta marcada, llegando al registro del aventurero en el distrito “Linotyn” un lugar concurrido de ellos. Siendo atendidos por la recesionista, encargada del despacho.

— ¿Puedo, ayudarles?

—Necesitamos, información.

— ¡Muy bien!

— ¿Chico?

Sacándole la carta & entregándosela; esperando a que le leyera; teniendo una respuesta inmediata, cuando se retira por unos cuantos segundos.

—Esperen aquí, por favor.

—Lo vez, pronto nos resolverán; ¿Chico?

Buscándole tras voltear hacia los lados, observando que estaba viendo la cartelera de misiones; yendo hacia él, estando pendiente a cualquier llamada.

—Que papeles, tan raros.

—Chico; ¿Acaso, nunca has visto; un anuncio?

— ¡Jamás!

El viejo muy confuso, viéndole como si fuera un bicho raro; pudiéndole explicar acerca de las misiones de gremio; pero solamente podía adquirirlas, si estuviera en uno, acudiendo al llamado de la recesionista, cuando se les presenta.


—Mi comandante, los espera; seguirme.

Siguiéndola hacia el segundo piso del edificio, subiendo por las escaleras, caminando hacia el final del pasillo; entrando en la última cámara, siendo recibidos por un soldado, con armadura de paladín muy llamativa. Ya estando sentado en su puesto, habiendo a un lado suyo una gran espada, acostada de medio lado contra la pared.

—Bienvenidos; Por favor, tomar asiento.

Haciéndoles caso, se sientan en los muebles que estaban colocados alrededor de una mesa pequeña redonda; muy alargada.

—Así que, tú eres su alumno; Te pareces, un poco a él.

Viendo su cara, siendo un catire; pudiéndose quedar tranquilo, pidiéndole a su asistente. El favor, de que cerrara la puerta, para que ninguna información se escapara.

— ¿Usted es, amigo de mi maestro?

—Exactamente; el mismo me dijo, que llegarías, al tercer día. Pero al parecer, sus cálculos fueron errados.

—El chico; no supo, cómo leer un mapa.

El señor, le comenta que se había perdido; debido a su mal desorientación. El cual el comandante, le responde lo siguiente:

—las personas, suelen ser hostiles, con los demás; te lo agradezco.

— ¡No, es nada!

—Iré, directo al grano; Ya me imagino, el porqué; te ha enviado.

El mismo joven le responde con seriedad, que no sabía nada al respecto; entrándole un poco, de rabia al soldado.

— ¡Ese idiota!, debió decirte.

—Te importaría; no hablar, mal de él.

— ¡Te pido, disculpas!

El chico, le pregunta a él; acerca de la carta, que le dio su maestro. Atendiendo la orden, que le da el soldado a su asistente.


Pidiéndole, que le trajera aquí; retirándose por un momento, para poderle buscar.

— ¡Cadete!, ¿Has escuchando; la leyenda, de los (3) hermanos?

—Un poco, pero nada referente.

—Dime; ¿Sabes o no?

—Solo se, que fueron los responsables; de acabar, con la oscuridad.

— ¡Así, es!

—Pero; ¿Qué tiene que ver, esa historia; con la carta?

—Creemos; que pronto, regresara.

— ¡Que idioteces; dices!

Estas palabras, alarmo al señor; diciéndole que era imposible; teniendo una conversación muy seria, con el soldado. Regresando la recesionista con un pequeño cofre de madera, con el símbolo principal del cuento tallado encima, teniéndolo entre sus manos; poniéndoselo, al frente del crio.

— ¡Adelante!; ábrelo.

Tras tener su consentimiento, el chico toma el cofre con sus manos & le abre; encontrando, un misterioso cristal de colores cromáticos. Asombrándose, el señor.

— ¡Santo cielo!

— ¿En dónde, lo obtuvieron?

—Esa respuesta, se te será rebelada; si pasas la prueba.

Es aquí en donde el joven se le queda viéndole, provocando una reacción en el cristal; brillándole los ojos, en un tono muy azulado. Provocando un resplandor muy intenso, en toda la habitación. Disparándose por la ventana principal del salón, rompiendo el vidrio & siendo visto por los usuarios, que rondaban la zona.

— ¡CHICO!

Cuando la luz disminuye, queriendo saber si paso la prueba o no; en caso contrario, le tenían que arrestar o más bien ejecutar. Para seguirle manteniendo oculto, de los criminales. Viendo al crio, con la cabeza hacia abajo; respirando aceleradamente, en su puesto.


El cristal, se encontraba tirado en el suelo; al igual que la caja de madera.

— ¿Puedes, decirme; su nombre?

Le pregunta el soldado; recibiendo una respuesta, casi inmediata.

— ¡Setsu!

—No, hay duda; eres uno de ellos.

Su asistente, los recoge del piso; observando también como el crio, se bamboleaba de lado a lado; siendo atrapado, por el viejo. Dándole un vaso de agua, que le dio el paladín.

— ¡Ten!

—Bebe, muchacho.

Al beber el agua, recupera un poco su color natural; mientras el viejo, le pregunta.

— ¡¿Este, es su cristal?!

—Lo es. Por generaciones; se le ha dado la responsabilidad a la familia “Tania” de cuidarle. Fue el rey de nuestra nación, quien me llamo, para que fuera su guardián; encomendándome la tarea de buscarles. Al parecer, si lo hicieron.

Quedando perplejos por haber encontrado al primero de ellos, restándoles los otro (2); pero estando seguro, de que sus camaradas. Ya les había, encontrado.

— ¡Mi cabeza!

Exclamo el chico, tras haber experimentado algo nuevo; Pudiéndose levantar lentamente, tocándose su frente con su mano. Soportando el dolor que tenía en su cabeza, mirando la cara sonriente de la persona, quien le había ayudado.

—Eres, tú.


Dijo el señor, pudiendo vivir este día; antes, que llegara el suyo. Habiendo valido la pena, en pasearse por la escultura; todos, los días.

—Cadete, te quiero ofrece un puesto; en nuestras, instalaciones.

Dijo, el soldado; pudiéndoselo pensar mejor, estando atento a los cambios que ahora iba a tener. Siguiendo otra vez, los consejos de su maestro.

—Vale.

— ¡Perfecto!

Ya habiendo sobrevivido a su primer día en la capital, despidiéndose del señor; dándoles las gracias, por todo. Pidiéndole una sola cosa, tras tomarle de sus manos.

—Salvamos, muchacho.

— ¿Nos volveremos, a ver?

—Sí, el tiempo; me lo permite. Nos veremos otra vez.

—Gracias, por encontrarle.

— ¡Cuidarle!

Retomando nuevamente su camino, dejándolo con él paladín; volviendo, a retomar su trabajo. Antes de irse hacia el instituto, a realizar su guardia.

—Ven cadete; todavía, quedan muchas cosas, por hacer.

10 de Mayo de 2021 a las 10:24 0 Reporte Insertar Seguir historia
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