minminyoonji Minmin YoonJi

Un príncipe lobo prospecto a Rey y un joven zorro blanco recién rescatado del «mismísimo infierno» se encuentran bajo las circunstancias más tristes, y aún así, contra todo pronóstico, su amor florece sobre una gruesa capa de nieve. Advertencia: Cambios en la fisionomía genital de algunos personajes. NamJoon Alfa. Genitales masculinos. YoonGi omega. Genitales femeninos.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

#namjoon #bts #yoongi #omegaverse
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Un regalo de buena fe

NamJoon coloca la copa de cristal sobre la mesa de manteles blancos y mira al salón, lleno de personas importantes, todas las familias de mayor prestigio, esas que son cercanas a la corona, están allí, sonriendo, comiendo y bebiendo, todo eso en honor al cumpleaños de su padre.


El Rey GongYoo del Clan de los cánidos, y líder de la tribu Canis, está celebrando su sexagesimo aniversario, un número grande si se miran todas las batallas que ha ganado y sobrevivido hasta ahora, un número pequeño si se le ve el semblante fuerte y aún joven, aunque claro, no tan joven como sus dos hijos, los príncipes NamJoon y TaeHyung.


Hay música suave en el aire y luces amarillas que hacen del lugar un espacio cálido y acogedor, algo difícil de lograr en un salón tan espacioso como el de aquella enorme mansión, que es por poco ya un castillo pequeño.


El ambiente es agradable y, fuera de las risotadas de algunos caballeros y el murmullo de voces, bastante pacifico, lo que a veces es imposible de alcanzar más si se evalúa el hecho de que se está en una situación donde la guerra amenaza con explotar al paso de los días.


Los Feliformes nunca han estado contentos con la porción de tierra donde nacieron y a lo largo de los últimos diez años esta aseveración se ha vuelto más evidente y más palpable para los Caniformes. Las tierras del Este de Baetis han recibido ataques más frecuentes por tropas del Oeste, cuatro en lo que va del año y apenas empieza la segunda mitad.


Por esta misma razón la fiesta no sólo es una forma de celebración de cumpleaños, sino también un modo para reunir a los Reyes y líderes de los demás clanes, y así discutir las estrategias y siguientes pasos a seguir para defender las tierras del Este, las tierras de los Caniformes. Y tal vez también para recibir a otros no tan deseados invitados.


NamJoon le ha puesto en claro a su padre que no pueden confiar en ellos y aunque el Rey le ha escuchado y dado parte de la razón, también le ha dejado ver que no pueden desperdiciar semejante ventaja contra el enemigo, aún si eso implica formar lazos políticos con ese clan. Y NamJoon ha tenido que estar de acuerdo al final sin embargo eso no le impide acercarse a su padre a eso de las tres de la mañana, cuando sólo quedan alfas y algunos betas dentro de uno de los salones privados de la casa y una de los mayordomos anuncia la llegada de los representantes del Clan de los Hiénidos.


— ¿Estás seguro? —pregunta inclinándose cerca del líder.


— Es de nuestras mejores opciones —Le responde sin más.


NamJoon suspira.


— Así como están traicionando a los suyos bien pueden traicionarnos a nosotros —dice NamJoon, mirando a la puerta que da al pasillo principal—. De los Feliformes las Hienas son los peores, ni siquiera los gatos con sus asquerosos encantos seductores y tramposas artimañas me molestan tanto como esos carroñeros inútiles.


— Nam, calla —Su hermano, TaeHyung, le lanza una mirada reprobatoria, advirtiéndole que los invitados están cruzando la puerta.


Dos hienas hembras, vestidas en ropas de caza negra, sonríen y hacen una reverencia cuando se encuentran al centro del lugar, justo al frente del Rey y sus dos hijos. Sus ojos pequeños y sus grandes bocas les provoca escalofríos a más de uno de los presentes, que a pesar de ello son educados y devuelven el saludo.


— Mi señor —habla la que luce de mayor edad, que igual sigue siendo una mujer de escasos veinte años—. En nombre de mi Rey hemos venido para unirnos a su causa formalmente, mostrando nuestro respeto de forma humilde, con la cabeza gacha y la cola entre las patas, reconociendo el poder de su liderazgo y de los guerreros de su pueblo.


Tal clase de adulación, hipócritamente innecesaria le revuelve el estómago a NamJoon, quien se convence una vez más que estos seres repugnantes son de poco fiar.


— ¿Os han seguido? —pregunta el General de la armada de los Canis, el príncipe DongWoo y hermano menor del Rey—. No nos hemos de poder arriesgar a ser descubiertos por un descuido de vuestra parte.


— No hay de qué preocuparse, mi señor, no existe ser con mayor astucia que la nuestra —dice aún la líder.


NamJoon no puede evitar reír ante esa osada afirmación, los presentes se giran para verle y a él no podría importarle menos, no es como que vaya a retractarse por un regaño así de simple.


— ¿He dicho algo que le divierta, príncipe? —pregunta ella, fingiendo no estar irritada.


— De hecho, no —responde el joven moreno con su sonrisa cargada de insolencia—. Pero pensar lo que ha dicho, describirse a ustedes mismos como astutos… no me convencen del todo, no sabiendo que ustedes son unos comecarroña que viven de las sobras de cazadores de verdad.


La chica sigue sonriendo mientras aspira entre dientes y encuadra sus hombros, tragándose la humillación y molestia.


— Bueno, pensamos que dirían algo como eso —responde al fin, volviéndose hacía el rey e ignorando a NamJoon—. Por eso mismo les hemos traído una prueba de nuestras habilidades.


— ¿Una prueba? —pregunta un anciano, el Rey del Clan de los Ursidos, un oso alfa.


La chica asiente eufórica y después se aclara la garganta, con un gesto que finge ser divertido y travieso.


— Bueno, más bien un regalo de buena fe.


— ¿Y qué es exactamente? —pregunta el Rey GongYoo.


La hiena no responde, solo ríe y pierde toda muestra de respeto cuando pide con un dedo que la sigan fuera de la mansión. NamJoon tiene un mal presentimiento pero aún así va detrás de su padre y al lado de su hermano mientras camina a la explanada del frente, donde se recibe a los carruajes y los caballos.


Antes de bajar la escalinata de piedra ya pueden ver la carreta de madera con un cubo enorme sobre ella, cubierta con una manta gris, manchada de tierra y otra clase indescifrable de suciedad. El sonido metálico de algo revolviéndose dentro le dice que es una jaula, con un ser cautivo a contra voluntad en ella.


— Muéstrame lo que hay dentro —ordena el Rey Lobo, demostrandole a NamJoon que está igual de nervioso que él.


Las hienas ríen y aplauden divertidas, la mayor da la señal y un macho, compañero de ellas, tira de la tela. La luz artificial de la casa junto al resplandor de la luna bañan al pequeño cuerpo que se revuelve y azota contra las paredes enrejilladas de metal.


Todos miran un momento, atonitos y embelesados por el pelaje blanco que casi destella de color azul. Un azul gélido como la nieve cuando se está en la montaña en la noche más fría del año.


Un hombre, de la tribu Vulpini, el gobernante de los zorros, da un paso al frente y con un ligero temblor de mano, señala a la masa de azulado blanco dentro de la jaula.


— Es…


— ¡Un zorro ártico! —exclama una de las hienas, la que muy seguramente es la más joven, los quince años de vida se le notan perfectamente en la cara—. ¡Un zorro de nieve de pelo azul!


El pequeño zorro abre sus ojos con horror y asustado sigue lanzándose contra las rejas, desesperado por ser libre y salir corriendo muy lejos. Todos miran atentos e incrédulos, y cuando parece que va a golpearse de nuevo, el zorro blanco pierde la consciencia y cae en un golpe seco contra el suelo. Lo que era un animal unos segundos atrás se transforma lentamente en un cuerpo esbelto, de piel y cabellos blancos, totalmente desnudo y descubierto ante el frío de la noche, con su boca agrietada y muchos moratones en la espalda.


— Creo que se desmayó —dice la hiena líder con una extraña cara de lunática.


— ¿Ha comido? —pregunta NamJoon con prisa, acercándose a la carreta y llamando a dos de sus guardas para que le ayuden a abrir la jaula.


La chica se encoge en sus hombros y hace media mueca.


— Hasta donde se los zorros no comen carroña así que no teníamos nada que compartirle —responde ella y sonríe.


NamJoon no puede estar más cabreado pero aun así se contiene, limitándose a ordenar que abran la jaula y le entreguen al joven zorro, que por su apariencia deduce tiene por mucho veinte años, tal vez menos. Las hienas se toman su tiempo para darle la llave pero apenas quitan el candado NamJoon saca el cuerpo con ayuda de sus guardas, lento y con extremo cuidado. Lo cubren con la chaqueta de su traje y lleva en brazos al interior de la mansión, mientras hace llamar al médico real.


Por el pasillo de camino a una habitación vacía, NamJoon estudia el semblante del chico y está lo que le sigue de mal, tanto que jura que se va a morir sí no hacen nada pronto. Su hermano TaeHyung va detrás de él y llama por las mucamas, ordenando agua caliente, mantas, toallas y una infusión de hierbas.


Entrando al cuarto dejan el cuerpo descansar sobre la mullida cama y al poco rato el lugar ya está lleno de personas que traen y colocan todo lo que sus amos han requerido. Un hombre vestido en blancas pijamas se cruza la puerta, agitado por la carrera de haberse levantado a prisas y venir desde su cuarto al otro lado de la casa.


— ¿Quién es este chiquillo? —pregunta el doctor cuando mira a la cama.


No hay respuesta, lo más que le pueden decir es lo que saben, que es un zorro ártico y eso es todo.


— ¿No quedaban menos de cien? —dice el hombre sorprendido, justo como las seis mujeres que esperan por órdenes mientras miran al cuerpo sobre la cama.


NamJoon no tiene palabras y su hermano menos. No hay nada útil que le puedan decir.


— Solo atiendalo y asegurarse de salvarlo, él es uno de esos últimos cien como dijo así que no está permitido que se muera.


No hay más palabras, el hombre se dedica a revisarlo con profundidad, una muchacha, una doctora más joven le auxilia apenas llega también en sus pijamas. Se lavan las manos y sacan un montón de instrumentos. Examinan sus ojos, su boca, sus latidos y también sus heridas. Hay manchas de sangre seca juntó a algunos rasguños pero lo que más llama la atención son los hilos rojos casi negros que hay entre sus piernas.


Miran su abdomen que ahora que ha pasado el shock inicial pueden notar que está ligeramente abultado. Palpan y escuchan sobre él. El médico hace una mueca y suspira con desagrado, un tanto triste, un tanto apenado.


— Es un omega y parece que ha dado a luz hace poco, tal vez dos o tres días, aunque podría ser más bien un aborto, no puedo saberlo con seguridad, lo que es seguro es que esta muy grave.


NamJoon escucha y de inmediato piensa un montón de cosas, pero la muerte, eso no es una posibilidad para él.


— No importa que necesite —dice TaeHyung adelantándose—. Haga todo para mantenerlo con vida.


— Pero mis Señores —El médico replica preocupado—. Él de verdad está muy mal, posiblemente no pase de esta noche.


No, simplemente no existe esa opción.


— Con vida —ordena NamJoon hecho una furia, sin dar espacio a objeciones.


NamJoon sale con esa advertencia haciendo eco en el aire y echa un último vistazo al joven muribundo antes de volver con su padre. En su trayecto de vuelta no deja de proyectar la imagen de un cuerpo magullado en su cabeza, y junto a este el vacío de un cachorro, sintiéndose molesto e indignado.


Cuando sale todos están hablando mientras tratan de entender lo que ha pasado. NamJoon no se detiene y se para frente a la mujer que se mantiene en su pose cargada de insolencia.


— ¿Dónde está el cachorro? —pregunta firme, alto y muy claro.


— No se de que me habla —Le dice esta.


NamJoon no le cree.


— El bebé que ha dado a luz ese zorro blanco —explica. —. ¿Dónde está?


— No había ningún cachorro con él cuando nos los entregaron para su custodía, solo eran un montón de omegas con unos deltas medio muertos que los cuidaban.


La mujer guarda silencio y piensa un segundo, después sonríe, chasqueando los dedos y saltando.


— Tal vez si revisan el lugar… aunque con el frío de la noche y los días que han pasado dudo que encuentren algo vivo allí.


NamJoon siente náuseas y se horroriza con la tranquilidad con la que la maldita hiena dice esa clase cosas.


— Igual algún gato montés se lo ha llevado para la cena —agrega por último—. He escuchado que les gusta esa clase de cosas.


Es un hecho. Son simplemente todos ellos seres repugnantes.

21 de Marzo de 2021 a las 06:48 2 Reporte Insertar Seguir historia
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nini :) nini :)
La narración es pulida y todo está muy interesante, me gusta mucho
June 19, 2021, 04:26
Frid Lerman Frid Lerman
Me encanta. Amo el NamGi y el omegaverse.
March 22, 2021, 05:42
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