gabidomenech Gabi Domenech

El hombre que quiere ser millonario confía en los juegos de azar para llegar a serlo. Jesmarin, «el muñeco bebé» le ayudará a ello.


Humor Sátira Todo público.

#jesmarin #esperanza #juego
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El hombre que quiere ser millonario

El hombre que quiere ser millonario despierta cada día con la esperanza de que, esta vez sí, comprará la buena lotería, la que toca. Juega a la Lotería Nacional, al Gordo de la Primitiva, a los ciegos, a la Bonoloto y, los fines de semana, a la Quiniela.

El hombre que quiere ser millonario emplea su tiempo libre en localizar boletos que coincidan con fechas de catástrofes, aniversarios, o cifras que son el resultado de combinaciones que confía más factibles de salir premiadas.

El hombre que quiere ser millonario tiene la absoluta convicción de que la fe y la confianza depositada en un número aumentan la probabilidad de ser el escogido. Por esa razón, tras comprar el billete o rellenar el boleto, realiza una serie de liturgias que lo ayudarán a ganar el premio.
En un pequeño altar del comedor de su casa —formado por figuras adquiridas en mercadillos de segunda mano, como el Madelman astronauta, entre otros muñecos—, bendice el boleto.
Parpadeantes luces de Navidad rodean el escenario, y unas velas rojas aseguran el clima místico para iniciar la ceremonia. Se arrodilla frente al altar, junto a los dos hijos pequeños, levanta el billete de lotería como si fuera la sagrada forma y proclama: «Mirad, hijos, este es el boleto premiado. Orad, que él os dará de comer y de beber. ¡Bendícelo, Señor!».

El hombre que será millonario pasa el número de lotería por encima de una cabeza decapitada de Jesmarin, «el muñeco bebé», lo agita sobre las velas encendidas y lo deja sobre los brazos de un San Pancracio de plástico. El rito finaliza con unas palabras incomprensibles que los niños repiten en alto.
Después, la familia juega alrededor de una mesa. Enumeran, excitados, lo que comprarán con el premio obtenido y los viajes que realizarán alrededor del mundo.
Tras la cena, con los niños ya acostados, la mujer del hombre que será millonario —que también quiere ser millonaria— se sienta frente al televisor, junto a su marido, para ver el sorteo de la lotería. Al finalizar la emisión, apagan la tele y se acuestan felices, con la certeza de que mañana serán ellos los afortunados.

18 de Marzo de 2021 a las 12:22 0 Reporte Insertar Seguir historia
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