enrique-murphy1614734286 Enrique Murphy

Alguna vez, los distintos fragmentos fueron parte de un todo, y reflejaron fielmente la realidad. Hoy son disímiles entre sí, y reflejan distintas luces, sombras y colores. No existe, o no intenta haber, relación entre ellos, aunque la recurrencia en ellos del infinito, la eternidad y la muerte puedan en realidad considerarse su esencia.


Cuento Todo público.

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La soledad y el silencio

Suelen los recuerdos inesperadamente volver, abrumando la mente en la gris tranquilidad de una noche de verano, cuando con una copa de vino en la mano, observas cómo el resplandor de la ciudad vela la visión del oscuro profundo de la verdadera noche. Distante en tiempo y distancia se encuentra la villa donde el cielo no nos es negado, donde los ojos se abren para que nuestra mente, aquerenciada a lo finito y efímero, una vez más intente vanamente comprender lo infinito. Infinita parece la distancia a la villa en kilómetros y en tiempo, más no la es, es sólo el tedio de ciudad el que genera esa sensación. No somos libres de elegir los momentos, por eso nuestra memoria debe volver a presentárnoslos una y otra vez.

Vuelvo a mi soledad habitual, de la cual la ciudad me distrajo. Algo en mí no quiere evitar el silencio, ni evadir las preguntas que hará. El silencio es un juez implacable, al cual mucha gente no quiere enfrentar. Hace preguntas incómodas, y desnuda inquietudes ocultas que quizás hubiera sido mejor haber dejado ocultas. Pero en eso consiste la vida actual, en la distracción constante de cualquier inquietud, incerteza o duda, en la estupefacción por la curiosidad, y el encierro de la inquisición. Se requiere de valentía para enfrentar algo tan simple como el silencio. Los laberintos de la razón pueden llevar a lugares incómodos, a veces aterrorizantes. Quizás sea por eso que muchos prefieran respuestas más simples, como la fe. Es más fácil tener una certeza que una incertidumbre. La explicación no existe, pero sí la sensación de que la vida tiene un sentido si se cree en algo. Cuando la razón no encuentra la explicación - porque nuestra limitada mente no es capaz de hacerlo – aparece la fe para resolverlo, y se puede entonces seguir adelante, saltando por encima la explicación. Nunca he podido realizar ese salto, sentir que un Dios es la explicación a lo que no podemos explicarnos, y por ende debemos asumir como verdad. La imposibilidad de explicar un Dios omnipotente y omnipresente es la misma que la de explicar lo eterno o infinito del tiempo, el antes del Bing Bang, y el antes de ese instante previo. El hombre ha creado muchas cosas para escapar de ese laberinto, entre ellas, la religión y la sociedad moderna. Ambas tienen la misma finalidad: no tener que pensar en lo infinito del tiempo y del universo. Una ofrece el infinito como un premio a una vida de Fe, la otra convida a distraerse para no pensar en nada.



3 de Marzo de 2021 a las 01:44 0 Reporte Insertar Seguir historia
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