arosales Alvaro Rosales Riffo

Amy, una inocente joven de Ciudad Cuadrada, descubre un misterioso portal de piedra que la transportará desde el mundo humano hasta un misterioso y enigmático bosque, donde los árboles se comunican y las almas perdidas que los circundan, manifiestan sus emociones al compás de la magia. Allí conocerá a un guerrero, a un ladrón y a una bruja blanca, además de otros personajes buenos y malos, con el fin de descubrir el significado del misterioso y oculto poder que posee en su interior. Un viaje sin precedentes en busca de respuestas sobre su origen, la extraña y misteriosa conexión entre su mundo y este mundo, y el porvenir de su prominente destino.


Fantasía No para niños menores de 13. © Derechos Reservados

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La Llegada

Amy era una hermosa joven proveniente de ciudad Cuadrada. Tenía 18 años, cabello castaño claro, ojos verdes, de contextura delgada, labios finos, ni tan alta ni tan baja de estatura y vestía lindos colores (verde, amarillo, azul, rosado).

A diferencia del resto de sus homogéneos, ella poseía un don muy particular: Podía sentir las energías de los árboles a su alrededor (el mana), y hasta lograba conectarse con ciertas energías alternas que ningún ser humano (sin alma) corriente podía percibir. Por ello el resto de sus homogéneos la encontraban media loca y la aislaban de todo, porque tenían miedo de su extraordinario don.

Por eso Amy se sentía triste. No entendía el porqué de tanto rechazo, si no hacía nada malo.

Pero eso no era lo que más la tenía así, sus padres estaban divorciados y vivían constantemente peleando por su hija, a veces con consecuencias algo desagradables.


— “Mi vida gira en torno a problemas y malos momentos, pero siempre sonrío y miro hacia delante. Miro a los árboles, tan imponentes, tan majestuosos, tan llenos de magia y misterio. Solo con ellos me siento tranquila, me siento en paz, lejos de los problemas tan constantes de las personas y el ajetreo diario que llevamos día a día. Siento que hay almas en vida en los árboles, a diferencia de nosotros, que somos cuerpos sin almas" —Pensaba para sí la joven.


Aquellos eran los pensamientos de Amy, un sentimiento que abarcaba cada vez más la necesidad de ser comprendida en un mundo que teme lo que no comprende y desprecia lo que teme, pero que al darse cuenta de todo, ya es demasiado tarde. Pero ese no era su caso.

Un día cualquiera, Amy caminaba por las calles de la zona residencial de Ciudad Cuadrada, cuando vio al horizonte un misterioso bosque a las afueras de la ciudad. Ella caminó hasta ese lugar, cuando fue sorprendida por un misterioso sujeto, que le advirtió sobre las consecuencias de ir hacia ese bosque.


— ¡Señorita, no vaya a ese bosque! —Exclamaba el sujeto.

— ¿Por qué me dice eso señor? —Preguntaba Amy.

— Ese lugar está maldito, se dice que la gente desaparece cada vez que alguien se adentra en lo más profundo de él. También se rumorea que se han escuchado sonidos extraños, como los de espíritus en pena que se oyen alrededor de los árboles y que maldicen a los vivos. Por lo que más quiera señorita, no vaya a ese bosque. Si valora su vida un poco, váyase a su casa mejor. —Dijo el sujeto, para acto seguido, irse.


Amy quedó sorprendida con los dichos de aquél individuo y no creyó mucho en lo que le dijo respecto al bosque, quedando algo atónita por sus palabras.


— "Eso es absurdo. Los árboles no lastimarían a las personas y no creo que los espíritus hagan daño a los vivos, a menos que estos hayan sufrido en vida por alguien en particular. Creo que es mejor que vaya de todos modos a ese bosque para comprobarlo." —Pensó.


Ignorando por completo los dichos de aquél sujeto, Amy salió de los límites de Ciudad Cuadrada y se adentró en lo más profundo del bosque.

Cuando llegó a la parte más frondosa, los árboles comenzaron a mecerse sin que hubiera viento alrededor de ellos, como si se hicieran a un lado ante la llegada de Amy. Ella, algo temerosa pero valiente, continuó su camino, mirando alegremente a los árboles mientras éstos seguían meciéndose como si nada.

Cuando el camino del bosque terminó, Amy divisó un extraño portal hecho de piedra en el centro del bosque. Al acercarse, observó una extraña inscripción en la que decía:


“In hoc decreto lapis ostio
Relicta vacua saecula somniabunt
Ut perditus factus est ánima
Hoc novum domum meam
Ut saltus perdidit animas
Et vivet anima mea in sempiternum
Sancti ligna aeternum”

En ese momento, una energía misteriosa se apoderó de Amy, y la hizo decir la inscripción así:


“En esta puerta de piedra decreto
Abandono este mundo vacío y sin sueños
Para convertirme en una alma pérdida
De este mi nuevo hogar
Pues al bosque de las almas pérdidas iré
Y mi alma por siempre vivirá
Entre los árboles de la santa eternidad”


De pronto, un poderoso viento se percibió con fuerza dentro del bosque. Los árboles se mecieron esta vez con más violencia y la tierra comenzó a temblar, para susto de Amy. Y mientras esto ocurría, la inscripción brilló como la luz y el portal abrió una puerta hecha de luz mágica que arrastró a Amy hacia el interior, gritando aterrorizada mientras era arrastrada por aquellas misteriosas fuerzas.

Cuando ella despertó, se dio cuenta que estaba enfrente del mismo portal de piedra en el mismo bosque, pero había algo diferente, los árboles hablaban, reían, lloraban, tenían vida propia y había extraños espíritus rondando alrededor de los imponentes árboles, como si estos los protegieran. Eran almas que habían muerto y que se encontraban pérdidas en este bosque, buscando el descanso eterno. Lo que había dicho ese misterioso sujeto a Amy era cierto, que se escuchaban sonidos de espíritus en pena y árboles que tenían vida. Pero a diferencia del energúmeno, Amy sonreía felizmente al ver esto, como si ella realmente ansiara estar allí.

Sin embargo, cuando los árboles y las almas divisaron a Amy, se asustaron inmediatamente y se escondieron. Ella trató de convencerlos de que no era un peligro, pero los habitantes estaban asustados al ver a alguien vivo en aquél bosque.


— ¡Tengan cuidado! ¡Es una sin alma! ¡Los sin alma nos han invadido! —Exclamaban los árboles.

— ¿Qué cosa? —Se preguntaba Amy—. ¿A qué se refieren con eso de "los sin alma"?

— ¡Qué niña más ingenua eres! —Exclamó de pronto una voz.


En eso aparece una misteriosa mujer enfrente de Amy. No era un alma ni mucho menos un árbol, más bien tenía la apariencia de una bruja anciana, portaba un enorme bastón chueco de color verde y un caldero mágico. Parecía tener unos 70 años humanos y tenía una fea verruga en la nariz.


— ¡Mocosa! Se ve que no eres de por aquí —Dijo la anciana.

— Pues la verdad, no —Afirmó Amy.


Luego los árboles y las almas trataron de acercarse para escuchar la conversación de la recién llegada y la bruja, a lo que esta última los espantó con su bastón.


— ¡Atrás! —Exclamó la bruja—. ¡Atrás energúmenos, o los maldeciré a todos! —Y tanto árboles como almas se alejaron asustados.

— Vaya señora, se ve que usted no es como ellos. —Decía Amy.

— Pues claro que no, no me compares con esos ignorantes seres ¡y no me llames señora, que falta de educación tienes para ser una sin alma!

— ¡Ay no, discúlpeme, no era mi intención!

— ¡Para que sepas yo soy muy joven todavía, me quedan por lo menos unos 100 años todavía! —Exclamaba con ironía la bruja—. Pero en fin, que se le va a hacer, los jóvenes de hoy ya no respetan a sus mayores como antes.

— Por cierto, me llamo Amy, ¿y usted? —Le preguntó a la bruja.

— Soy Sanaél, y soy la hechicera guía y guardiana de los árboles y las almas de este bosque. —Respondió.

— Entonces... —Decía Amy—. Este bosque es...

— Así es pequeña. Bienvenida seas... Al Bosque de las Almas Perdidas... donde las almas se pierden en el limbo de los árboles y los sin alma como tú buscan un hogar... en la eternidad.

3 de Marzo de 2021 a las 23:14 0 Reporte Insertar Seguir historia
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