lunanuevamcr S.T. Moon (LunaNuevamcr)

El champagne, las luces, la música. Una noche como muchas, pero no una noche como todas. Todos los derechos reservados, registro 2102206980754


Erótico Sólo para mayores de 18.

#relato #erotico #tres
Cuento corto
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Capítulo Único

Las luces tenues de un recinto de paredes blancas y columnas doradas me reciben, mientras el suave murmullo de las conversaciones contrasta con la música que suena de fondo. Nadie se imaginaría que, entre todo el lujo y las burbujas del champagne, esa voz profunda y grave fuera la que amenizara este lugar, con el estruendo de guitarras eléctricas y una perfecta batería.

Los trajes negros, algunos ridículamente caros adornan la estancia, mientras las faldas largas se arrastran como serpientes en las frías y brillantes baldosas. Escotes profundos, espaldas descubiertas y caras ocultas tras antifaces igual de oscuros. Me encanta este lugar, siempre lo sostendré, no cambiaría el estar aquí, por divertirme en otro sitio. Sin embargo, por extraño que parezca, la de hoy parece una noche distinta. El magnetismo y la excitación que se respiran siempre están exacerbados y no sabría decir a ciencia cierta por qué.

Los gemidos suaves se confunden con la música, mientras me adentro más en la gigantesca sala y las columnas empiezan a verse cubiertas por gruesas cortinas rojas. Hay a quienes no les gusta que los vean, a mi no me molesta, pero es respetable, aquí todo lo es. Tomo una copa de champagne de una de las bandejas que parece que levitaran por el lugar, en manos de los silencios y distantes camareros. La acerco a mi nariz, cierro mis ojos y disfruto de ese magnífico olor con tintes afrutados, pero cuando intento llevármela a la boca, el tacto de una mano tremendamente caliente se desliza por mi brazo, llamando mi atención. Abro los ojos, pero me veo obligada a alzar la mirada, porque un hombre bastante alto es el culpable de aquella fugaz caricia. Al terminar de recorrer la distancia desde su pecho a su cara, me siento abrasada por una mirada tan dorada como el oro el fundido. Sonrío; me sonríe. Y con la misma habilidad con la que su caricia llama la atención, me roba la copa para dejarla de nuevo en otra bandeja levitante.

Arrugo el ceño indignada, pero su sonrisa se ensancha mientras niega con la cabeza y entonces, una voz suave se cuela en mi mente: «Las sensaciones son mejores sin nada de alcohol en la cabeza». Me enciendo. Sí, la noche de hoy promete ser diferente. Aunque todos sabemos a que venimos aquí, a veces es un poco más de lo mismo. Ves a alguien, te acercas, conversas un rato. Sí convence te dejas llevar y luego, si no es suficientemente satisfactorio, buscas a alguien más. En público o en privado, como lo desees y en donde lo desees. Pero esta vez parece que no va a hacer falta tanta palabrería y estoy tan segura porque ni siquiera ha hecho falta decir una sola palabra. Esta noche parece que nuestras miradas hablan.

El dueño de los ojos más extraños que he visto en mi vida se acerca más a mí y justo cuando creo que va a tocarme, solo toma mi mano, levanta mi brazo y como si estuviéramos bailando me gira. Sorprendida, ahora me veo con la espalda pegada a su torso, con su mano en mi abdomen, mientras siento el calor de esta colarse por debajo de la tela. Sus labios rozan el lóbulo de mi oreja mientras me produce un escalofrío que eriza toda mi piel. Es una sensación curiosa y deliciosa, pero cuando quiero abandonarme a esta, su mano libre sube hasta mi mentón y levanta un poco mi cara, llevándola hacia atrás, para que nuestras miradas se encuentren y esa voz se cuele de nuevo, pidiéndome que mire al frente.

Achico los ojos, pero la curiosidad me puede. Bajo la cabeza despacio, enfoco mi vista entre la gente y entonces lo veo. Mis ojos conectan con los suyos, mientras siento su voz traspasar cada fibra de mi cuerpo, aumentando las sensaciones que la boca del hombre de ojos dorados me está provocando ahora al recorrer mi cuello. El ambiente se vuelve aún más mágico, más electrizante y un jadeo se escapa de mi boca, cuando una mano acuna mi pecho. El cantante sonríe. Aun con el micrófono en la mano y su voz resonando por los altavoces, comienza a acercarse. El retumbar de la batería golpea mi cuerpo acompañado de las últimas frases de la canción; luego veo como aquel hombre deja caer el aparato y se come la poca distancia que queda entre nosotros.

Me pierdo en esos ojos negros, que se confunden con la noche detrás de ese antifaz. Es como si miraras el cielo en una noche estrellada, la inmensidad del universo. Siento que la mano en mi pecho comienza a descender y el calor abrasador que recorría mi cuello me abandona, para que luego el hombre que tengo a mi espalda me tome con fuerza de la cintura y me levante del piso. Es entonces cuando lo comprendo y entorno mis piernas en la cintura del cantante. Paso mi lengua suavemente por mis labios, saboreando el momento, concentrada en navegar en esos ojos negros, mientras las manos del propietario se deslizan por mis piernas, arremangándome el vestido y colando sus manos debajo, hasta tocar mi sexo desnudo. Jadeo, sonríe y la boca de mi primer acompañante se posa en mi cabeza, dándome un pequeño beso en el pelo.

La muevo queriendo buscar de nuevo contacto con su mirada, mientras escucho el tintinear de la hebilla de un cinturón al caer y siento avanzar al hombre de enfrente. Su miembro caliente, envuelto en látex comienza a acariciar mi sexo y yo intento adelantar mis caderas para tener más contacto. Cierro mis ojos, mientras mi excitación sube todavía más y me abandono a las sensaciones de mi cuerpo, mientras lo siento avanzar dentro de mí, hasta unirnos completamente. Sus manos se aprietan en mis caderas y escucho su gemido a la vez que comienza a moverse despacio. Echo la cabeza atrás y el hombre que me sostiene asegura más su agarre. Siento sus labios acariciar mi frente, dejando efímeros besos mientras yo me dejo llevar. Comienzo a levantar uno de mis brazos para anclarlo en su cuello, pero me lo impide y me incorpora un poco hacia el frente, hasta que mi pecho toca el del hombre de ojos oscuros. Abro los ojos y el universo me espera, para preguntarme, con esa voz ronca que se cuela en mi cabeza, porque sus labios no pronuncian ni una sola palabra, si quiero más. Asiento. Entonces toma mis brazos para que lo abrace por el cuello y cuando está seguro de que estoy bien sujeta, baja sus manos por mi espalda y mete sus manos por debajo del vestido que cuelga laxo. El hombre de ojos dorados me suelta y el clic de otra hebilla se escucha. Suspiro. Unas manos abren mis glúteos, otras terminan de subir mi vestido y las voces en mi cabeza me dicen que hoy nadie va a ver mi cuerpo porque estoy reservada para ellos, así como nadie verá el suyo porque están reservados para mí.

Un caliente dedo me recorre dejando en contraste un rastro de gel frío entre la piel de mis nalgas y una oleada de placer mi recorre cuando uno de sus dedos se cuela dentro de mí. Los músculos de mi sexo se contraen, mientras los dedos que me mantienen abierta se entierran con gusto en mi piel. Quiero más, necesito más, por lo que intento moverme, pero aquellos brazos me inmovilizan. Entonces, aquel dedo es reemplazado y comienzo a sentir esa penetración dolorosa y placentera. Gimo y entierro mis uñas el cuello al que estoy aferrada, hasta que con gusto me veo completamente sostenida por cuatro brazos y miles de sublimes sensaciones. Es entonces cuando el universo explota. Aquellos ojos oscuros brillan cegadoramente cuando comienzan ambos a moverse, sincronizados y un placer indescriptible se apodera de todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo.

Escucho sus gemidos, mis gemidos, las guitarras y el retumbar de la batería recorrer mi cuerpo. Los extraño cuando retroceden y los recibo encantada cuando regresan, con embestidas cada vez más fuertes, más certeras, más placenteras. La tela del vestido rozando mi piel se convierte en una caricia más y los dientes marcando mi cuello a ambos lados me llenan de éxtasis. El sonido de las respiraciones entremezcladas y el sudor que comienza a pelar nuestras pieles solo es una muestra de lo maravilloso que puede ser el mundo en este instante, donde no existe nada más que sus cuerpos y el mío, bailando al ritmo de esas endiabladas notas que nos acercan al paraíso.

Me tenso deliciosamente entre esos brazos, dejándome embargar de todo el placer que quieran darme, mientras intento moverme para tenerlos más adentro, más cerca, más fuerte. Sus manos me marcan, mientras un hormigueo recorre mi cuerpo y soy lanzada a navegar por un infinito de agujeros negros y dijes de oro. Un gemido descomunal me desgarra la garganta, cuando siento que cada una de las células de mi cuerpo sucumben al placer más asombroso que he recibido.

Se borran de mi cuerpo todas las huellas de otros momentos y son sustituidas por recuerdos que no son míos. El calor del fuego y el frío del universo arrasan mi cuerpo, que se funde con el de estos dos seres que poseen en este momento cada rincón de mi alma, mientras sus propios gruñidos y maldiciones, se estrellan contra mis dos lugares más sensibles, deshaciéndose también en las sensaciones que nos provocamos, terminando la reacción en cadena que comencé yo.

La música cambia, mientras siento sus lenguas recorrer mi cuello, calmando mi piel. Luego se incorporan poco a poco y vuelvo a tener frente a mí esos ojos oscuros. Sonríe ladino y yo lo hago también, mientras subo mi brazo, llevándolo hacia atrás para asir el cuello de mi segundo hombre, a quien también escucho sonreír. No necesito verlo para saber que su gesto es el mismo de nosotros dos. Fue perfecto.

El murmullo de la gente poco a poco me regresa a la realidad, mientras el abrazo se deshace para dejarme en el suelo. Mi vestido cae acomodándose de nuevo en su lugar y las hebillas de los cinturones vuelven a sostener sus respectivos pantalones. Miro de nuevo el universo que se esconde en esos ojos oscuros, que ahora sonríen con diversión mientras en mechón de pelo oculta uno de ellos por encima del antifaz. En ese momento acerca su cara a la mía para dejar un beso en mi mejilla y luego toma mi mano para darme la vuelta, como lo hiciera hace un rato quien me robó la copa, dejándome de cara a éste, quien, con una sonrisa increíble enmarcada en ese rostro oculto, me asegura que esto aún no ha terminado. Una hora después aún se escuchan nuestros jadeos, pero esta vez nuestros cuerpos desnudos se rozan detrás de unas de las tantas gruesas cortinas rojas.

23 de Febrero de 2021 a las 16:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

S.T. Moon (LunaNuevamcr) Escribir es la mi forma de exorcizar mi alma. Mi manera de sacar de adentro todos aquellos sentimientos escondidos, replegados y que necesitan salir, es la forma en que mi corazón habla a través de las líneas y le dan sentido a todo lo que vivo a diario, es mi amor escondido, mi escondite clandestino, el descanso de mi alma, la pasión de mi mente.

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