luis-zil1613766323 Luis Zil

En el pueblo de Sira tras una serie de asesinatos ocurridos por lo que todos creen que es un asesino fantasma, unos agentes especiales son enviados para investigar. ¿Quién es el asesino? ¿Qué misterios oculta? ¿Los agentes podrán resolver el caso?


Cuento No para niños menores de 13.

#misterio #detectives #acción #historia-corta #búsqueda #investigación #sobrenatural #poderes
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Capítulo único

El sol se mostraba nuevamente en el horizonte, enunciando un nuevo amanecer en Sira. A las afueras del pueblo, dos guardianes custodiaban la entrada. El mayor de ellos platicaba los mismos temas de cada mañana: la relación con su esposa, el crecimiento de su hija y la preocupación de no poder pagarle su educación en una de las prestigiosas escuelas de la capital; su camarada más joven nunca le prestaba atención, y sacándole brillo a su lanza, comenta sobre el gran chisme de las últimas semanas.

—¿Has visto cómo los patrulleros aún no pueden dar con el culpable? ¡Van veintidós víctimas! Y esa bola de ineptos creen que un fantasma mató a toda esa gente, te digo yo que nosotros podríamos hacer un mejor trabajo.

—Calma amigo —respondió el guardián mayor —, que a nosotros nos pagan por músculo y no por cerebro, algo deben haber visto para pensar así, mejor será que te calles.

—¿Y esperas que me crea la existencia del "asesino fantasmal en serie"? Vamos, es una estupidez por donde lo mires, nos toca ver cuántas personas más se lleva este "fantasma". —Al terminar de hablar vio como se le encendía la mirada a su compañero.

Pasados unos la entrada se volvió un campo de guerra entre creyente y escéptico, y ambos hubieran seguido discutiendo un buen rato de no ser porque divisaron a la distancia dos siluetas acercándose.

Al estar lo suficientemente cerca, los guardianes notaron que estas personas venían tapadas por grandes capuchas que cubrían rostro y cuerpo; uno de los individuos tenía una altura promedio y el otro llegaba por las justas al 1,60. El guardián mayor notó algo raro en esta gente: no llevaban equipaje alguno y sus capuchas se veían en perfecto estado; esto era imposible de lograr debido a la situación geográfica de Sira. Al ser un pueblo rural alejado de la gran capital no cuenta con carreteras que conecten su gente con el resto de pueblos y ciudades. Por lo que es totalmente necesario contratar los servicios de guías oficiales que ayuden a viajar dentro del territorio.

—¡Alto ahí! —exclamaron. Se pararon firmemente frente a los encapuchados —¿Por qué vinieron aquí? Respondan ahora.

—Venimos a investigar —respondió el pequeño de ellos con una voz femenina —. No tenemos tiempo que perder, pasaremos ahora.

Los misteriosos sujetos siguieron avanzando hasta que las lanzas de los guardias les cerró el paso.

—Tranquilos, tranquilos... no se pongan así —dijo el otro encapuchado con una voz serena mientras se sacaba el gorro —, nos enviaron de la capital.

El ahora descubierto muchacho tenía una cicatriz que recorría de lado a lado su trigueña cara justo debajo de sus ojos. Esa cicatriz distaba completamente de la pacífica forma de hablar del hombre. Acompañando a su compañero, el otro también se quitó su gorro revelando una chica de tez clara y mirada seria.

Los dos guardias dieron un buen vistazo a la pareja, quienes sin hacer nada extraño emanaban un extraño ambiente a su alrededor.

—De cualquier manera, no pueden pasar —contestó el joven guardia —, el pueblo está cerrado para quienes no porten alguna autorización.

El par de extraños se miraron un instante y al unísono hicieron un gesto de como sea. El chico sacó de su bolsillo una brillante tarjeta: en el frente presentaba una ilustración de un búho y un cuervo posados en un reloj de arena. En el reverso se encontraba el nombre del propietario: Syrene.

—Perdónennos, pero somos parte de la AP y venimos a investigar los asesinatos. Si nos permiten, entraremos en seguida.

—Espera chico —el guardia viejo tomó del antebrazo al joven —, si son agentes lo mejor que podrían hacer ahora es ir con el alcalde, él tiene toda la información del caso. Yo los llevaré si me prometen algo.

—¿Y eso sería? —preguntó la chica.

—Que solucionarán esto...

—¡Prometido! Y estaríamos muy agradecidos que nos llevaras —dijo Syrene con una gran sonrisa.

Mientras caminaban rumbo al ayuntamiento, el guardia les comentó a los agentes que el caso tenía aterrorizado al pueblo. Si bien en el pasado Sira había sufrido de ladrones y asesinos, siempre se terminaban descubriendo a los culpables, pero este caso lleva meses sin alguna.

—Con todas las víctimas fue lo mismo, eran personas que vivían normalmente pero simplemente desaparecían... y para cuando los encontraban, solo quedaban sus cuerpos masacrados. Con todos siempre fue la misma historia.

—¿Todos tenían las mismas heridas? —preguntó ella.

—No, no, para nada. Cada asesinato fue más brutal, quienquiera que sea el responsable, está enloqueciendo cada día peor.

La chica levantó una ceja. Syrene animaba al guardián diciéndole que ya estaba solucionado el caso teniéndolos a ellos, sin embargo, la respuesta que recibió fue una severa mirada por parte del guardia y un golpe en el abdomen por parte de su compañera.

El resto del trayecto al ayuntamiento se resumió en el muchacho preguntando sobre lugares para turistear, y el guardia dando la misma respuesta.

—Sira al ser un pueblo rural no tiene mucho para ofrecer a ustedes, gente de ciudad. En vez de grandes hoteles y lujosos restaurantes nos contentamos con la posada y una cantina. Para nosotros solo existe el trabajo de campo y la feria.

Al llegar al ayuntamiento, los chicos le dieron las gracias al guardián y entraron al edificio. La joven se acercó al módulo de atención y mostró su tarjeta de inmediato a la secretaria, sabiendo que era la forma más rápida para hablar con el alcalde. La secretaría al ver la identificación de la señorita cerró rápidamente su juego de cartas y se comunicó con el despacho del alcalde, y tras un tecleo incesante, les dio la señal para ir a su oficina.

En el cuarto piso, los agentes se encontraron frente a la oficina de la máxima autoridad, en la puerta vieron una placa de oro grabada "Alcalde Ophio Meski". Tras tocar la puerta, desde el interior les dijeron que entrarán, al hacerlo vieron al alcalde ojeando unos documentos.

—Ustedes deben ser los agentes -dijo el señor Meski apoyándose en su escritorio —. Quisiera saber por qué Sira tiene el placer de recibir gente tan importante como ustedes. —Empezó a frotarse las manos.

Ellos se acercaron.

—Jaja, mucho gusto conocerlo señor Meski. ¡Yo soy Syrene y ella es Mónica, miembros de la Agencia de Preservación! ¡Venimos a investigar!

Los dos jóvenes se quitaron sus capuchas revelando sus verdaderas ropas. Ambos tenían cuerpos delgados y tonificados, capaces de grandes proezas físicas. Syrene vestía una camiseta morada sin mangas; acompañado de un arnés de pecho, pantalones ajustados y botas negras, aunque lo más resaltante era sin duda una espada larga colgada del lado izquierdo de su cintura. Mónica vestía un abrigo gigante que llegaba a sus muslos, un suéter y pantalón negros y botines claros. Su forma de vestir contrasta completamente de los habitantes del pueblo, quienes llevan ropas simples.

—¡Sin duda resaltan! Aunque me temo que han viajado tanto por nada. Mis muchachos están patrullando día y noche para atrapar al dichoso “fantasma”—sonrió falsamente —, nuestro hogar puede valerse por sí mismo, por favor no se entrometan… Y ya que están aquí, los puedo alojar en mi casa antes que partan.

Mónica frunció el ceño y se puso frente él.

—Señor Meski, antes de venir investigué sobre usted. Administrador público con doctorado en ciencias de la gestión, sin duda muy buenos títulos. Hace dieciséis años te confiaron tu cargo con la promesa de mejorar la administración del lugar y poder conectar Sira con el resto del país.

Syrene sabía lo que vendría, así que le pidió a su colega que parara… Fue ignorado completamente.

—Camino hacia acá no vi avance alguno, pero sí vi un ayuntamiento moderno y una oficina bien equipada. Esa placa en la puerta seguro que salió cara.

El alcalde escuchó atentamente cada palabra, y al terminar de oírla volvió a sonreír.

—Ptsé, muy buena esa señorita... ¿Matilda? Da lo mismo. ¿Crees de verdad que la gente aquí quiere su modernidad? Patrañas, todos son simples pueblerinos. Cuando llegaron las primeras computadoras al ayuntamiento tuve que pasar meses enseñándoles a mis trabajadoras. ¡Eso es más de lo que haría cualquiera! En Sira no les importa quién esté mientras sigan teniendo su vida de siempre. Afróntalo niña, aquí solo conocen el campo, tus ideales de ciudad no importan, lo que hayan investigado de mí tampoco.

—¿Y solo porque pienses eso de tu gente te da derecho a negarles un mejor futuro? ¡Eres un ladrón!

—¡¿Y ustedes qué más les da?! Nadie sabe qué mierda hacen, siempre es lo mismo con ustedes: ocurre un misterio que nadie puede resolver, llegan ustedes charlatanes y pam, todo resuelto. Nunca se sabe cómo hacen las cosas, para mí toda su asociación es fraude. ¡No lo quiero acá!

Mónica miraba al alcalde expulsando su odio hacia la agencia hasta no aguantó más y soltó una carcajada que frenó en seco a Meski.

—¡Qu-Qué es tan gracioso! —El hombre miró detrás suyo. Vio al chico sujetando los documentos de su estante.

—Vaya que deberías enseñarles mejor las contabilidades a tus trabajadores, señor Ophio —Syrene leyó el informe de gastos del pueblo —, vaya que está arruinada nuestra economía, juraba que la pintura no vale millones...

El rechoncho adulto saltó de su silla para quitarle los papeles, pero de un instante el joven no estaba ahí. Al volver la mirada a su escritorio lo vio cómodo en su asiento.

Mónica también tenía unos papeles, eran los que tenía el señor Meski en su mesa.

—Malversación de fondos, soborno, inversiones dudosas. Si esto llegara a saberse, créeme que la prisión sería un lujo para ti. —Mónica sonrió.

La cara de Ophio quedó roja como un tomate, al invadirle los nervios se tropieza y cae. En el suelo intentó reacomodar sus ideas, pero la situación lo superaba por completo.

—P-pero... Y-yo eeh... aahh... no s-sé... les diré t-todo.

—Bien, enton-. —Syrene tapa la boca de Mónica con su mano. Se agacha frente al derrotado Meski.

—Señor Ophio, no se preocupe. No me gustaría deberle un favor, pero tampoco puedo pasar por alto su corrupción. Mmm... le propongo un juego: si no resolvemos el caso antes de las doce de la noche nos haremos cargo de pagar la modernización del pueblo. Pero si logramos resolverlo a tiempo usted deberá donar todo su dinero y presentará su renuncia como alcalde. ¿Qué le parece?

Antes de que el viejo pudiera responder, Syrene estrechó su mano y le dijo que volverían pronto, que no cierre el ayuntamiento hasta que estuvieran de vuelta.

En el centro de Sira, ya era mediodía y Mónica harta de regañar a Syrene por su imprudencia piensa qué medidas deberían tomar. Por desgracia, ella sabe que la búsqueda de información no es el fuerte de su compañero.

—Nos separaremos por ahora, yo buscaré información por esta zona y tú Syrene, ve a hablar con los guardias de la entrada, seguro pueden aportar algo útil.

Tras irse por distintos caminos, Syrene emprendió en busca de los guardias, pero a mitad de camino lo asaltó el hambre y decidió posponer su tarea para después. Se dirigió a la cantina local, y tal como había dicho el guardia, no era para nada recomendable, aunque le dio igual. Al entrar tuvo la impresión de que debería haber más personas armando pleito, sin embargo, estaba casi vacía. Mientras caminaba hacia la barra vio a una mujer de aspecto demacrado bebiendo. "Mucha gente ahoga su malestar en alcohol", pensó Syrene. Se sentó en la barra y pidió el mejor plato, aunque siguió mirando a la mujer que bebía mirando a la nada.

—¿Te interesa esa muchacha? —dijo el barman mientras servía a Syrene —, ahora no está para citas.

—¿Qué le pasa?

—Su hija fue la primera víctima, eso pasa. Me da tristeza pensar en la pequeña, era una niña tan bondadosa… siempre iba a regalarles a los vagabundos las frutas que sobraban del puesto de su madre. Lamentablemente su madre quedó así como la vez, y no la culpo, aquí no hay muchas formas de poder sanar una pérdida así.

—¿Han asesinado a muchos niños? —preguntó Syrene.

—Al principio —respondió el hombre detrás de la barra —, según lo que escuché solo las primeras víctimas fueron niños, creo que cuatro o cinco.

“Muy extraño”, pensó Syrene. El barman le señaló que las primeras víctimas fueron niños, luego jóvenes, y ahora solo adultos.

"Conque así ocurrieron las cosas” pensó Syrene.

—Vale, creo que es momento de volver con Mónica. —Le pidió al barman que envolviera el resto de su comida y se dirigió a la puerta. Al pasar al lado de la madre pasó a chocar su hombro, pero siguió caminando. La mujer al levantar la mirada vio una servilleta volando hacia ella con algo escrito: "aunque no esté contigo fue hasta el final la gran persona que le enseñaste a ser. Descuida, lo que sucedió no le volverá a ocurrir a nadie nunca más", la mujer empezó a derramar lágrimas y al levantar la vista vio al muchacho sonriéndole.

Mónica iba de persona en persona buscando información... sin éxito alguno. Probablemente por su actitud directa, y el miedo a hablar sobre los asesinatos hacía que la gente no dijera ni pío. Solo pensar en la estúpida apuesta de su compañero lograba que Mónica tuviera una mirada asesina que no le ayudaba en nada para hablar con los habitantes.

—¡Ayuda! —Gritó un anciano persiguiendo a un hombre muy veloz, era un asaltante. —¡Ladrón!

Mónica se paró frente al asaltante, y asestó una patada baja derribándolo. El hombre se levantó al instante y se abalanzó contra ella, sacando un cuchillo de su manga. Ella exhaló y su cuerpo comenzó a emitir un aura brillante; tras un parpadeo el criminal nuevamente cayó, ahora con un fino corte en el torso. Ella vio que de la herida empezó a salir arena, y el sujeto se desintegró.

Mónica observó al cúmulo preguntándose si acaso se trataba de lo mismo que ella hizo.

—Muchas gracias, hijita. —El anciano llegó frente a ella —. Vaya que tienes muy buenos reflejos, ¡sí señor! y yo que pensé que te daría más pelea… —Se echó a reír.

—E-Espera un momento. ¿Acaso fue una farsa?

—Eeh, digamos que sí jaja… Quería probar el seni de la señorita.

—¿Cómo sabes del seni? ¿No serás un…?

—¿Un agente? pues sí, o lo fui... en todo caso estoy seguro de que tú igual lo eres.

Ante la duda de Mónica, el señor buscó por todos sus bolsillos hasta que la encontró, una tarjeta desgastada de la agencia. Un vistazo detallado confirmó la autenticidad del documento.

—Soy Laus, excapitán, ¿sabes? Me gustaron tus movimientos. ¡Sí señor!

—¿Por qué me atacó ese hombre de arena?

—Ese pequeñajo fue obra mía, quería saber si realmente eras una agente. Hace rato mientras paseaba sentí un leve uso de aura en el ayuntamiento. —Laus se frota su calva —. Me quedé espiando un rato hasta que te vi salir con un muchacho.

—Y tu creación me atacó para probar si era un agente... bien jugado, pero de haberte equivocado pude haber salido herida.

—Lo sé. Le ordené detenerse antes de hacerte daño, aunque gracias a tu seni no fue necesario.

—Gracias, supongo... de todas formas hay algo más importante ahora. Soy Mónica, y estoy investigando los asesinatos del pueblo. —Extiende su mano —. ¿Me ayudarías?

El señor rio y lanzando su característico sí señor tomó la mano de la joven. Se sentaron a la sombra y Mónica le preguntó por qué se mudó a Sira desde la capital, a lo que Laus le contestó que luego de una larga vida de misiones peligrosas le apetecía disfrutar su vejez en paz trabajando la tierra.

—Ya que estamos, te hablaré de mi habilidad seni. Se llama "Imperio de las arenas": me permite crear soldados de arena y controlarlos a mi antojo, pero a esta edad ya no puedo producir tantos. —Laus crea del suelo un soldadito y lo manda a buscar una flor para la joven —. ¿Sabes?, hace muchos años cuando ingenié esta habilidad pensé también en la vida pacífica que quería lograr, eso me permite usar a mis muchachines para trabajar en el campo. Usar el aura solo para luchar trae miseria, no emplees tu habilidad solo para herir.

—Hace mucho decidí mi futuro… mi objetivo es ascender en la agencia, y para ello debo pelear. Mi habilidad se llama "Sieglinde": con ella puedo moldear mi cuerpo parcial o totalmente en casi cualquier arma, excepto armas de fuego o bombas. —Mónica apretó su puño mientras miraba fijamente a Laus.

El señor Laus suspiró, decepcionado.

—Ya va siendo hora de hablar del caso.

—Ah, cierto. Escucha Mónica, ya te dije que puedo crear soldados, ¿cierto? Bueno, también recibo la información de lo que escuchen o miren. Cuando las muertes pasaron de meras coincidencias a una desagradable realidad, me puse en acción.

Contó lo que sabía: Cuando los crímenes superaron las ocho víctimas, Laus produjo un escuadrón de soldados, quienes patrullarían cada día mientras él se mantenía a salvo de cualquier eventualidad. Debido a la mayor frecuencia de asesinatos y que todos fueron dentro de la misma zona del pueblo, le fue fácil localizar dónde estaba quienquiera que fuese el culpable.

—Una cosa más, hijita. Puedo saber lo que vean y escuchen mis soldados, incluso cuando son atacados. Pero una noche, hubo uno que simplemente desapareció, puede haya sido por-

—Por una habilidad. —respondió Mónica de inmediato. "Antes de venir supuse que nos enfrentaríamos a un usuario seni, no tengo problemas con eso. Pero lidiar con esto antes de medianoche...” —¡Aah! ¡Siempre lo arruinas Syrene!

—¿Estás bien?

—¡Sí...!, disculpe, solo pensaba en mi compañero, su nombre es Syrene. Es un maestro de armas y buen peleador en general, pero su maestría no compensa el hecho de que siempre dificulta todas nuestras misiones, es un tonto...

Mónica contó de su apuesta con Ophio.

—Ay madre... ¡Buajaja! ese chico Syrene es un caso perdido —sonrió Laus. —Bien, ya lo tengo decidido. ¡Los ayudaré!

La chica sonrió, pero antes de que pudiera agradecerle...

—¡Mónica! ¡Por aquí! —Syrene corría a toda velocidad hacia ellos—. Uff... puff... te busqué por todos lados... suerte que sentí tu aura, ¿por qué usaste la manifestaste?

Syrene vio que a su compañera iba acompañaba un hombre mayor.

—¡Hola, me llamo Syrene! —Rápidamente le dio un buen apretón de manos a Laus.

—¡Jajaja! Mucho gusto hijito, soy un simple abuelo que quiere ayudar.

—Syrene, ¿ya fuiste con los guardias?

—Eh... no realmente, pero sí tengo información importante, lo juro.

—Bien, yo también tengo la información necesaria.

Luego de presentarse los dos hombres, todos analizaron la información reunida y trazaron un plan. Concluyeron que lo mejor sería ejecutar el plan en la noche, por lo que acordaron verse en el centro del pueblo a las diez. El señor Laus se fue a afinar unos detalles y los agentes se quedaron haciendo tiempo hasta la hora acordada.

Tras recorrer el pueblo entero por iniciativa de Syrene, los dos llegaron al punto de encuentro y esperaron a Laus.

—A buenas horas llegan, hijitos. ¿Están listos?

Ambos asintieron.

—¿Ya tienes listos a tus soldados? —Preguntó Mónica.

—Sí, ahora mismo hay decenas de ellos patrullando la zona. Lamentablemente manipular a tantos hace que esté quedándome sin aura.

—Hiciste por nosotros más de lo que deberías, realmente te lo agradecemos —. Syrene tomó el hombro de Laus. Pero desde ahora nosotros nos encargamos.

—Laus sonrió, pero solo un instante, ya que acaba de sentir algo.

—De-desapareció.

—¿Cómo? —Dijeron.

—Uno de mis soldados desapareció, ¡rápido! —Laus creó un pequeño soldado que se posó en la cabeza de Mónica —¡Él los guiará!

—¡Entendido!

Los dos agentes siguieron las indicaciones del pequeño soldado. Al seguir las señales llegaron a una calle oscura, rodeada de una niebla que no dejaba ver; no se escuchaba nada ni se veía el cielo estrellado, solo niebla espesa.

—Más vale ir con cuidado, Syrene.

—Sí, seguro.

Manifestaron su aura, preparados ante cualquier ataque. Dieron unos pasos más, y súbitamente, casi por instinto, se detuvieron.

Frente a ellos emergieron unos ojos penetrantes y una sonrisa perversa. Al instante, la niebla cubrió totalmente a los agentes, absorbiéndoles. La calle nuevamente estaba vacía.

—¿Mónica?... ¿Estás bien?

—Ay... ¿dónde estamos?

Mónica frotó sus ojos y vio que ya no se encontraban en esa oscura calle. Estaban rodeados de columnas doradas en lo que parecía el vestíbulo de un gran palacio.

—Bienvenidos sean a mi humilde hogar, quisiera invitarlos a un juego muy especial. —Emergió un hombre rubio vestido con harapos desde las sombras, se posó en la cima de unas gigantes escaleras.

—¿Tú eres el culpable de los crímenes? —preguntó Mónica

—Ptsé. ¿Y qué si lo fuera? —respondió burlonamente.

Para su sorpresa Syrene llegó al instante frente a él, acometiéndole con su espada. No pudo impactarle, como si un campo de fuerza rodeara al tipo. Syrene salió despedido contra el suelo.

—¡Syrene! ¿Estás bien?

—Kukuku... no sean tan impacientes mis invitados. Vamos, vamos ya tendrán tiempo para peleas. —Lo que los agentes habían buscado estaba allí parado en la cima de las escaleras, ese hombre era el asesino fantasma.

—Uff… Mónica, esto no es una simple habilidad, debe ser una...

—Una "Zona".

—¿Una zona? ¡Con que así se llama! ¡Bravo, muy bien! —dijo el hombre aplaudiendo —, tal como dices tú, esta es mi Zona de juego. Ustedes entran, yo salgo.

—¡¿Quién eres?! —gritó Syrene.

—Podrías haberme preguntado antes de atacar. —El hombre bajó por las escaleras mientras sus harapos se convertían en un traje lujoso —. Un chico tan maleducado tiene que recibir un buen castigo. Así les enseñaré yo, ¡Joseph Malvear!

Mónica supo de inmediato de quién se trataba.

—¿Joseph Malvear? Yo te conozco, eras un multimillonario que perdió su fortuna en las apuestas.

—Cállate…

—Sí, sí, recuerdo la noticia.

—Te hiciste multimillonario al ganar múltiples apuestas en el casino de la capital. Pero la codicia te impidió abandonar el juego, y tal cual hiciste todo ese dinero apostando, lo perdiste.

­—¡SILENCIO! No quiero escucharte más. Es cierto, hace un año lo perdí todo… intenté recuperarme, pero acabé con una deuda gigantesca y siendo perseguido… tuve que escapar y ser un vagabundo en esta mierda de pueblo. Todos los días acumulaba rencor viendo estos repugnantes pueblerinos, hasta que un día pasó.

“Una pequeña niña se acercó a mí, ofreciéndome una manzana. Esa sonrisa, esa ingenuidad me hizo sentir un odio como nunca antes, fue ahí cuando fuimos transportados a este salón. Yo estaba confundido y ella empezó a llorar, ahí una voz en mi cabeza me obligó a matarla… lo hice. Cuando volví en mí estaba de nuevo en la calle. Supe que tenía que dominar este nuevo poder si quería volver a recobrar mi fortuna. Y ahora ustedes son mi antes de abandonar este pueblo”.

—Maldito bastardo —dijo Mónica.

—¡¿Sabes cuántas vidas mataste?! ¡¿Cuántas familias destruiste?! —Syrene no podía ocultar su furia.

—Me da igual. Pero he hablado de más, y ya que los veo tan impacientes les propongo un juego: duelo a muerte.

—Aceptamos.

—¡Excelente! —sonrió Malvear.

En su mano se materializaron tres dados.

—Estas son mis herramientas de juego. Con cada dado puede poner una condición, y la cara que salga cuando lance el dado determinará la potencia de la condición dada. ¿Entendieron? Pues empecemos.

Primera condición: número de bestias sombrías que me ayudaran a luchar. Resultado: tres bestias.

Segunda condición: cuánto aumentará la gravedad alrededor de Syrene. Resultado: aumentará cinco veces.

“El tercer dado me lo guardo para después. Bien, ya pueden comenzar”.

De las sombras de los pilares emergieron tres bestias humanoides: con cuerpos grandes, afiladas garras y ojos totalmente verdes. Se abalanzaron contra los jóvenes.

Syrene al ser más pesado solo pude cubrirse de la embestida de dos bestias. La otra fue contra Mónica.

Syrene se defendía con dificultad, cada arremetida lo alejaba de su espada. Salto encima del ataque de una bestia, que dejó clavadas sus garras en el piso. Pateó a la otra y corrió hacia la espada.

La gravedad aumentada lo agotaba rápidamente mientras era perseguido. Agarró su arma y se la clavó en el pecho, pero el monstruo tomó al chico del cuello, lo elevó y empezó a estrangular. Syrene estaba perdiendo el conocimiento, así que concentró toda su aura en sus brazos y logró cortar a la bestia, destruyendo la cabeza y la espada en el acto.

La bestia que fue tras Mónica alargó sus brazos para atraparla. Mónica convirtió sus dedos en cuchillas y le arrancó las extremidades, pero estas volvieron a crecerle.

Ella brincó hacia atrás y vio que su compañero mató al enemigo cortando su cabeza, e ideó un plan. Corrió hacia el monstruo y pasó debajo de sus piernas, cortándolas. Al caer, Mónica saltó encima y convirtiendo sus piernas en cuchillas, cortó su cabeza como si fuera una tijera.

—No puede ser… ¡No deberían ser capaces de ganar!

—Jejeje. ¿Eso es todo? —dijo Mónica.

Por sorpresa, la bestia antes de morir sujetó con fuerza el brazo de la chica.

El monstruo que había quedado clavado se soltó y corrió hacia ella, impactando un poderoso golpe en su abdomen. Tosió sangre.

La tomó y lanzó con fuerza hacia su compañero, golpeándolo y estrellando a los dos contra una columna, partiéndola por la mitad.

—Vamos mi mascota ¡Mátalos!

La bestia arremetió. Syrene pudo verla acercarse.

—¡Ahora Mónica! —Lanzó a su compañera por los aires.

En el aire ella se posó en el pilar y se arrojó en contra del enemigo. La bestia extendió sus brazos para atacarla, pero ella se convirtió en una lanza y atravesó su cabeza.

—N-no es posible… no lo creo. —Malvear empezó a perder la compostura.

—Jaa… bien… terminemos de una vez. —Syrene estaba cansado.

—¡SILENCIO! ¡NO PUEDO PERDER, SOY JOSEPH MALVEAR!

Malvear sacó su último dado, su última esperanza.

Tercera condición: cuánto aumentará mi fuerza física.

Resultado: seis veces.

El cuerpo de Malvear creció inmensamente, sus músculos crecieron hasta el límite. Ahora era una criatura grotescamente poderosa.

—¡MUERAN!

Corrió hacia ellos para aplastarlos con su fuerza.

—Mónica… hagamos el ataque combinado.

—¡De acuerdo!

Mónica emitió un brillo, convirtiéndose en una espada mística. Syrene levantó la espada con una mano mientras atrapaba el filo con los dedos de la otra.

—¡Ven, asesino!

Estaban frente a frente. El monstruo se tiró con todo.

Maestro de armas: Danza vorpal

Habia silencio. Malvear no vio al chico frente a él, tuvo una impresión y se volteó, viéndolo ahí parado.

—¿Qu-? —Todo el cuerpo de Malvear se llenó de cortes. De los cortes empezaron a salir haces de luz —. O-oye… t-tú…

Empezó a perder la vista.

—A-ayuda…

—Hasta nunca.

Los haces de luz se intensificaron y destruyeron el cuerpo del asesino fantasma.

El lugar comenzó a temblar y resquebrajarse. Y como si fuera un vidrio, se rompió ese mundo devolviendo a los agentes a la calle del pueblo.

Mónica volvió a su forma humana y celebró como pocas veces se le ha visto. Vio a su compañero herido.

—Vaya que te dio problemas ese asesino. ¡Hasta usaste una de tus técnicas!

—Jaja… si hubiera sabido controlar esa zona a la perfección tal vez me hubiera hecho usar mi mejor técnica.

—Bah, eres un charlatán. Mi habilidad hizo todo el trabajo —ella rio —… a todo esto, ¿qué hora es? ­—Mónica sacó su celular —. ¡Las once cuarenta y siete! ¡Corramos al ayuntamiento!

—No puedo moverme…

—¡No hay tiempo, iré sola entonces! —Salió corriendo a toda prisa.

—Gracias por acompañarme… desde niños siempre has sido la mejor.

Syrene vio el cielo estrellado. Era una vista hermosa que no podía apreciarse en la capital. Él pensó en varias en cosas: pensó pedirle su número al señor Laus, también pensó que cuando vuelva a la gran ciudad se daría un pequeño descanso y saldría a divertirse con Mónica y el resto de los amigos de la agencia.

“Mi meta es divertirme con los que amo, y trabajo para que otros puedan tener la oportunidad de pasarla bien”, pensó. Poco a poco sus ojos se cerraron hasta que finalmente se durmió. Unos vagabundos que pasaban por ahí lo taparon con una sábana y se durmieron cerca suyo.

12 de Mayo de 2021 a las 16:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Luis Zil ¡Hola! mucho gusto que me leas y te hayas dado una vuelta por aquí, espero que mis historias te hagan pasar un buen rato. Hace un tiempo que escribo y ahora quisiera compartir mis habilidades con la comunidad. Espero mejorar mi escritura y divertir a la gente. ¡Saludos!

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