eliana-firpo1610837272 Eliana Firpo

Una joven estudiante de medicina se enamora de un extraño medico forense que la hará dudar hasta de su propia mente.


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Dr.Muerte

El limite entre la realidad y lo que sucumbe a los deseos de nuestra mente siempre me había parecido difuso, poco concordante. A veces me dejaba llevar por las nubes tormentosas y opacas de mi mente, que eclipsaban mis sentidos y me hacían entrar en un estado casi hipnótico, donde las cenizas del tiempo y las ambigüedades de la vida generaban un abanico espiralado de posibilidades. Nunca me había preocupado en entender ese limite borroso y desconcertante para muchos.

Todo cambio la noche en donde no lo vi mas. Mis sentidos eclipsados por las sombras mas oscuras producto de mi propio ser me cegaba, no parecía existir un camino coherente. Sentía la sangre caliente recorrer mi cuerpo con una frialdad en incremento. Y mi corazón... mi corazón late pero por inercia, aminorando poco a poco su sentir.

Dr. Muerte siempre logra su cometido.


9/9/18

Apretaba varias veces con nerviosismo el mismo botón del elevador. Baja lentamente, mientras del aparato sonaban ruidos metálicos. Un leve descenso y ya estaba en la morgue. Un olor a formol le invadió las fosas nasales, mientras caminaba a paso lento en el pasillo desolado.

Camillas de metal a ambos lados del camino, rozadas por livianas cortinas blancas se encontraban frente a ella. Una luz tenue parpadeo, frágil, dejándola por un minuto en oscuridad absoluta.

Al fin lo vio, al final del pasillo, con una luz muy tenue pero que dejaba entrever el rostro que la había cautivado, y que generaba en ella una mescla homogénea de miedo y admiración. Su rostro reverencial era un contraste perfecto entre sus cabellos de ébano, que se extendía hasta sus hombros, y su tez pálida que poco distaba a la frialdad de los muertos.

Manos tersas y delicadas, mentón firme y una sonrisa delgada que se extendía hacia un lado mas de la cuenta, lo que le daba un toque siniestro a aquel rostro cautivador. Sus ojos eran dos faros carbonizados, penetrantes y que parecía hipnotizar su alma, de tal forma que la hacia bajar todas las noches, al final de su turno tan solo para asegurarse de que lo que había visto la noche anterior era real.

Nunca se convenció del todo, aquel forense era para ella un enigma cautivador. Por lo que fueron numerosas las noches que la practicante de aquel hospital bajo hacia aquel lugar abandonado por la calidez, pálido y donde culminaban todos los sin retorno.

Poco tardo en emerger una amistad hermosa en su singularidad. Largas charlas en el piso con el café humeante, chistes de humor negro y anécdotas sobre las jornadas laborales. A veces lo ayudaba si le quedaba trabajo, y con música a alto volumen, sus pensamientos acoplados la hacían contemplar cada pálido cadaver como una historia única.

Ya cuando sus semejanzas y cariño no podía ser mas evidente, surgió el amor entre ellos, que danzaban en la vida a ritmo de la muerte.

Un día no lo encontró mas.

Varias noches lo buscaba en el mismo pasillo desolado, esperando oír su voz calma y sentir sus manos cálidas, mirar sus ojos penetrantemente oscuros y besar sus labios gélidos.

Nunca supo si era real, por lo que baja a buscarlo todas las noches para descubrirlo. Un pequeño brote de esperanza anostalgiada inundaba sus días al pensar que iba a estar esperándola, sonriente, al final del pasillo de la frialdad.

Hace cinco años hace lo mismo, cada noche.

El limite entre lo real y lo que sucumbe a los deseos de nuestra mente siempre me había parecido difuso, poco concordante. Pero su ausencia dejo mi ser en un estado catatónico y de lagrimas tormentosas, cuyo único consuelo es el vil recuerdo de unos ojos carbonizados, en lo mas profundo de una mente eclipsada por las caricias de lo absurdo.

14 de Febrero de 2021 a las 21:12 0 Reporte Insertar Seguir historia
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