ivis Ivana Simón

La delgada línea entre el deseo y el poder es muy frágil, así cómo también el equilibrio que es sostenido por la humildad y la arrogancia, quienes pelean constantemente tratando de superar a la otra. La magia y la hechicería conforman un equilibrio similar, vigilando cada movimiento de la otra, esperando superarla algún día. Al menos es lo que siempre nos han contado…


Fantasía Épico No para niños menores de 13. © Derechos de autor reservados

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Academia de magia y hechicería

—¿Sabes a qué aula tenemos que ir? —preguntaba nerviosa a su primo, mientras sacudía alegremente un folleto de bienvenida.

—¿Cómo quieres que sepa tú horario cuándo apenas conozco el mío? —contestó de mala gana.

—Pero dijiste que me ayudarías por ser mí primer día ¡Alan tú ya conoces el lugar hace un año! —replicó Randie con gesto de desaprobación, mientras cruzaba sus brazos contra su pecho.

—Está bien —soltó luego de un suspiro —: Vamos a ver tú horario —exclamó mientras examinaba el folleto y caminaba adentrándose en la Academia .

—¡Ay! —chilló tras caer al suelo cuándo intentaba seguirle el paso.

Levantó la vista pero no había nadie en frente, miró hacia el costado buscando a Alan, quien seguía inmerso pensando en el camino más rápido. Cuando Randie volvió a mirar al frente, una chica apareció de repente. Le extendió la mano para ayudarla, pero en ese instante Alan reaccionó y la sostuvo con fuerza para levantarla de un jalón.

—Perdone señorita Camdor—se disculpó agachando la cabeza, tratando de disimular el temblor en sus manos.

A su alrededor los estudiantes se frenaron, miraban asustados la escena. Mantenían una distancia y no se atrevían a pronunciar una palabra.

—No es nada, no te preocupes —respondió Vianney —: ¿Estás bien? —preguntó dirigiendo su mirada a la chica con la que había chocado.

—Sí, muchas gracias por preguntar. Por cierto, soy Randie ¿Cómo te llamas? —preguntó para luego quedar anonadada de los murmullos.

—Soy Vianney —se presentó con una sonrisa y todos callaron.

—¿Cómo fue que no te ví? ¡Perdón! Aún soy nueva y distraída —comentó mientras estiraba su mano para tocar el brazo de Vianney.

—No es tú culpa, estaba usando invisibilidad —respondió con calma y luego de una pausa continuó por despedirse y volver a desaparecer.

Alan estiró del brazo a Randie y corrió para llevarla lo más rápido y lejos de las miradas de quienes los rodeaban. Ella chillaba por el dolor que le estaba propiciando con su fuerte agarre, en ese momento frenó en seco para dedicarle un mirada que reflejaba enojo y miedo.

—Nunca, nunca de los nunca vuelvas a hacer eso ¿Entendiste? —le dijo mientras trataba de controlar su respiración y la soltaba gradualmente.

—Cálmate Alan, sólo vámonos…

Continuaron caminando hasta llegar a la entrada del aula, cuándo un sonido grave resonó en aulas y corredores, era cómo un rugido y al mismo tiempo un lamento. Randie se sobresaltó y apretó el brazo de su primo.

—Es el timbre de ogro, ahora tengo diez minutos para llegar a mí clase antes de toparme con una barrera —le comentó.

—¿Una barrera? ¿Dónde? —preguntó confundida.

—Ya lo verás, sólo entra y mantente alejada de los problemas —respondió para luego despedirse con un beso en la frente de Randie y correr a su aula.

Marie miró a su alrededor, algunos estudiantes aún la miraban. Sin embargo, ignoró aquella extraña actitud y entró a su aula para acomodarse en un pupitre liberado. Con ansias esperaba ver aquella barrera de la cual su primo le había hablado, pensaba que era cómo una puerta transparente para abochornar a quienes lleguen tarde o tal vez una reja de energía para que escuchen la clase desde el exterior del aula.

Al pasar el tiempo indicado, se sintió un zumbido y en ese momento una barrera se formó en la puerta, se la podía distinguir por sus tonos azulados, de la misma forma ocurrió con las ventanas, el aire podía circular pero parecía cristal el cual no se podría atravesar, Randie y sus compañeros pensaron en la misma posibilidad ¿Se podrá tocar?

Inmediatamente apareció un holograma y saludó con una reverencia. Los miró y les señaló un cartel en la pared.


Cuidado con las barreras, son el castigo.


—Soy la profesora de Runas elementales I, ésta clase la tendrán día por medio y durante tres horas. Ahora vamos a… —fue interrumpida por una voz que resonaba desde el exterior del aula —: Pasa, empuja hasta ganarle a la barrera. Ese es el castigo por llegar tarde, así aprenderás. Ahora sí vamos a empezar.

Luego de varios minutos de constante intento, el joven alumno logró entrar. Su rostro guardaba las lágrimas que había derramado y sus brazos temblaban. Randie miró con terror y se juró jamás llegar tarde.

Al terminar la clase Randie levantó la mano, al recibir la indicación del holograma se puso de pie y agradeció el espacio para poder hablar.

—Profesora ¿Acaso no es un castigo muy severo para un primer día de clases?

El holograma miró fijamente a la alumna que había hablado, la escaneó y se acercó a ella con lentitud.

—Señorita Randie Cadam, la academia fue condecorada cómo una de las instituciones más prestigiosas del imperio, aquí se han formado los mejores magos desde hace cuatro mil quinientos años. Nuestra historia es larga, es respetable y eso es por la tradición que mantenemos.

—Pero…

—Si no estás de acuerdo con nuestros métodos, puedes retirarte. Aunque no creo que tus padres estén de acuerdo con tú actitud rebelde ¿No es así?

—Perdón profesora —se disculpó avergonzada y agachando la cabeza.

—Ahora pueden retirarse.

Los demás alumnos se retiraron, pero Randie permaneció sentada, miraba con recelo al holograma. Antes de que pueda retirarse éste se interpuso y le dedicó una orden cómo últimas palabras.

—Vas a tener un tutor por unos meses, hasta que te acostumbres a tú entorno. La persona designada será un estudiante avanzado que te ayudará con dudas de tus clases y con las reglas de la institución. Puedes preguntar por un estudiante en particular o dejar que elijamos uno por tí —le indicó el protocolo a seguir.

—¿Puedo elegir a Vianney Camdor? —preguntó inocente y esperanzada, recordando la sonrisa que la muchacha de ojos caramelo le había dedicado.

—¿Acabas de decir… Vianney? —preguntó creyendo haber escuchado mal.

—Así es ¿Puede ser? —pronunció con timidez mientras se paraba en puntas de pie para mirar de más cerca al holograma, éste asintió y le permitió retirarse, asegurándose de completar el formulario de petición con su huella dactilar.

Al salir del aula su primo la estaba esperando, por lo que fueron a comer aprovechando el receso. Randie miraba hacia todas las direcciones y sin éxito lanzó un suspiro.

—¿Qué ocurre? —preguntó Alan sin mucho interés en la respuesta.

—Busco a Vianney —contestó inocentemente, causando que Alan se ahogue con la bebida.

—Shhh que no te escuchen ¿Que no entiendes cuándo intentan advertirte del peligro?

—¿Qué peligro?

—Se rumorea que envió a muchos estudiantes al centro de rehabilitación de heridas físicas y psicológicas. No te metas con ella, ya se graduará en unos meses y se irá. Sólo aguanta y no la verás de nuevo —le aconsejó.

—Está bien…—respondió resignada al entender que no podría contarle lo que había hablado con el holograma.



Mientras tanto Vianney caminaba por los techos de la academia, miraba sin fijar una dirección y se distraía con el cielo nublado. Tras girar varias veces se dirigió a una de las esquinas con vista al jardín de las rosas, dónde Tahel la esperaba con una cacerola llena de tentáculos de sirena con ajíes colorados y una porción de tubérculos asados.

—Si no tienes mi favorito me voy —dijo Vianney con picardía.

Tahel sonrió mientras le mostraba un envase lleno de helado y ojos caramelizados, ambos sonrieron y se dispusieron a comer mientras miraban al lago de almas cristalinas.

—Espero que sean ojos de humanos o elfos, sabes que detesto los ojos de ogro.

—Tranquila son orejas de elfo. Por cierto, por nuestra pronta graduación reservé una comida especial con suficiente antelación para dentro de ocho meses, con las nuevas leyes no se consiguen tantas partes humanas cómo solía ser antes —mencionó Tahel mientras se llevaba un tentáculo a la boca.

—Estamos muy lejos de los tiempos de gloria cuando nuestros abuelos iban a cazar y volvían con un gran botín.

—Claro que sí… pero también tenemos cosas buenas ahora. Podemos elegir con quién casarnos —comentó mientras acariciaba su mejilla con dulzura.

—Me habría gustado vivir en esa época —dijo Vianney mientras desviaba la conversación disimulando su sonrisa.

—A mí también... un momento dorado de la historia cuando los humanos aún no sabían hacer magia… —susurró para luego besarla suavemente.

—¿Qué dijiste? —preguntó Vianney bruscamente.

—Hay humanos que están aprendiendo a adquirir habilidades mágicas usando antiguas runas y pactos con espíritus de la naturaleza.

—Son sólo rumores que usan para asustar a los niños… los humanos no pueden usar magia, para eso tendrían que tener una conexión con su mundo y la energía que fluye ahí.

—Se suponen demasiadas cosas, en unos meses nos tocará ir al mundo de los humanos por primera vez, no hay que bajar la guardia… Aunque ¿No te gustaría hablar de otras cosas en el poco tiempo libre que tenemos? —preguntó mientras la rodeaba con sus brazos.

—Sí… —respondió mientras correspondía el abrazo.

Después de una hora terminaron su comida, usaron un hechizo de teletransportación para aparecer en el patio delantero de la academia y se dirigieron al espacio abierto donde tendrían la práctica de magia avanzada y tácticas de supervivencia.

Los demás alumnos estaban llegando y el holograma no había aparecido aún. Tahel miró a Vianney y le jaló un mechón del rodete para molestarla. Al girarse ambos sonrieron y continuaron haciendo bromas suaves.

En la distracción no se habían percatado de la llegada del resto del grupo, quienes los miraban de reojo, pero sin mantener la mirada.

La incomodidad desapareció cuándo el holograma se hizo presente y Vianney se apartó un poco de Tahel para iniciar la clase sin distracciones.

—Posición primera, en un ataque normal de humanos, el grupo uno se encargará —dijo el holograma mientras hacía aparecer un portal para que el grupo uno empezara la simulación.

Prosiguió de la misma forma con los otros cinco grupos. Todos los portales eran de distinto color, y en cada uno de ellos se escuchaban distintos sonidos y se sentían distintos olores.

—Vianney Camdor, al portal azul y Tahel Delias al violeta.

Los alumnos asintieron y antes de entrar cada uno a su portal se miraron para dedicarse una sonrisa. Tahel le guiñó un ojo y desapareció en su portal.

El portal de Tahel lo trasladó a un pantano del planeta tierra, en él tuvo que luchar contra ogros y algunas sirenas saltarinas. Terminó rápidamente la misión al recoger lo que le habían encomendado; y tras haberse encargado de quienes lo atacaron, eliminó todo rastro de evidencia. La magia de un mundo paralelo era un secreto que había que guardar muy bien, ya que era un peligro que ese conocimiento caiga en las manos equivocadas.

—Estuvo muy bueno —dijo Tahel al salir, mirando para todos lados mientras estiraba sus brazos hacia arriba.

—Obtuviste la calificación máxima por desempeño y tiempo, muy bien joven pupilo —respondió el holograma.

—¿Vianney ya terminó? —preguntó sorprendido.

—Aún no ha salido… Ahora retírate —exclamó con firmeza, haciendo que Tahel se retirara cabizbajo.

Luego de casi tres horas, Vianney salió de su portal, estaba agitada y se notaba su desorientación. El holograma se acercó y le susurró algo al oído para luego hacerle una seña de que lo siguiera. La clase había terminado y todos ya habían salido de sus portales, sólo el holograma y ella estaban ahí.

—¿Qué fue lo que te pasó?

—No me podía concentrar muy bien, lo siento —respondió con suavidad, mientras acomodaba su cabello en un rodete firme —: voy a esforzarme más.

Al llegar al edificio de la institución de magia, entraron en una habitación por una puerta oculta detrás de un cuadro del Emperador. Una vez adentro el holograma se deshizo y apareció una persona de una puerta pequeña, quien abrazó a Vianney con ternura mientras ocultaba la lágrima que se le había escapado.

—Un poco más y habría llamado a alguien para que entrara a buscarte… —susurró Naoki chocando su frente con la de Vianney.

—No puedo salir tan lastimada y lo sabes…

—Mi querida Viny, aún no lo has completado ¿No es así?

—No… no pude —respondió con la mirada baja.

—Sólo te quedan diez años…

—Lo sé tía —respondió —: pero quisiera posponerlo un poco más, lo haré no te preocupes.

—Estuve investigando, si lo haces antes del solsticio, él no recordará nada de lo que pasó luego de su muerte hasta ahora ¿Ese es el tiempo que te preocupa? —preguntó conociendo la respuesta.

Vianney levantó la cabeza, aún evitando mostrar cualquier rastro de angustia o frustración. Finalmente miró con curiosidad a su tía, quien le ofreció un libro bastante antiguo.

—Así es, me preocupa que recuerde todo antes de morir y me odie por lo que hice después de eso —respondió mientras recibía el libro —: gracias.

Luego de una breve charla para ponerse al día, Vianney abrazó a su tía y se despidió.

En unos minutos atravesó el corredor que conectaba toda la academia y llegó a su salón a tiempo, se sentó y comenzó a leer mientras los demás alumnos se acomodaban en sus respectivos lugares. No pasó mucho tiempo hasta que el timbre de ogro comenzó a sonar para dar inicio a las clases, entonces la puerta se bloqueó con brusquedad con un campo electromagnético y lo mismo pasó con las ventanas. Un holograma apareció, miró a los alumnos y volvió a girar para comenzar a realizar unos diagramas en la pizarra.

—¿A qué aluden estos hechizos? —preguntó el holograma y miró a los alumnos del fondo.

Vianney miró hacia el techo y suspiró, agachó su cabeza y miró hacia el costado para ver cómo un rayo era lanzado a los alumnos del fondo que no habían contestado.

—Vianney, ¿Nos harías el honor? Por favor…

Ella se paró y usó su dedo como marcador para dar unas indicaciones con los diagramas.

—El primero es un hechizo de viento, pero está incompleto, le faltan unas líneas en el centro —mencionó mientras las dibujaba.

Giró para mirar a los alumnos y cerró el puño con fuerza mientras sus ojos se tornaban color caramelo claro, entonces el hechizo se activó y fue envuelta en una ventisca poderosa que la elevó y la dejó sentada en su lugar.

—Los otros dos son hechizos relacionados a la naturaleza, uno es para hacerlas crecer y el otro es para absorber su energía y materializarla.

—Gracias Vianney —dijo el holograma —: ahora continuemos con la clase.

Luego de cinco horas la clase terminó, durante la cual, la mitad de la clase había recibido aunque sea un rayo, mientras que Vianney tuvo que contestar prácticamente todas las preguntas.

Al salir del aula se encontró con Tahel, éste estaba apoyado en una de las paredes de piedra, sosteniendo una flor de cristal en sus manos.

—No tenías que esperar, tú saliste de tu última clase hace cuatro horas —lo regañó mientras pellizcaba suavemente su mejilla.

—Claro que tenía que hacerlo, de lo contrario no habría podido darte éste regalo… ¿Sabes? Cuándo nos pidieron que hagamos una runa de creación, con el fin de generar un objeto hermoso pensé en ésta flor, porque sé lo mucho que te gustan —le contó mientras se acercaba más a ella.

—Nunca cambiarás ¿Verdad? —susurró mientras pegaba su nariz a la de Tahel y dirigía sus manos a su cintura para abrazarlo.

Vianney tomó la iniciativa para besarlo, le dio un abrazo y le agradeció el hermoso regalo.

—Me tengo que ir Tahel.

—Te puedo acompañar —le sugirió con una sonrisa.

Sin embargo, tras mirar la expresión de su compañera, entendió y le dio un último abrazo para despedirse.

—Te amo, siempre te amé —confesó de repente.

—Y yo a tí —respondió a su amada.

Vianney llegó caminando hasta el portal principal que llevaba a la academia y de ahí se teletransportó a un lago de aguas cristalinas.

Miró en todas las direcciones hasta que por fin encontró a una muchacha medio escondida entre los arbustos. Se teletransportó al lado de ella y se quedó sentada mirando el lago.

—Aquí es donde él me declaró sus sentimientos —dijo Aleín.

Ella era pequeña y delgada en comparación a Vianney, sus largos cabellos dorados caían sin orden por sus hombros hasta rozar casi el suelo, mientras ella estaba de cuclillas. Su vestimenta era sencilla, teniendo un vestido verde pastel sin pliegues y unos zapatos marrones. Llevaba una canasta con víveres y en su cabeza había algunas flores decorando.

Vianney se sentó al lado de ella, estiró sus piernas mirando las puntas de sus botas negras. De a ratos observaba a Aleín de reojo, recordando todas las ocasiones en las que la había observado, analizando cada detalle.

Ambas quedaron en silencio mientras miraban el precioso lago, donde distintas figuras se formaban y danzaban en la superficie, una suave música se podía escuchar. En el límite entre el mundo de los mungas y el bosque, existía una armonía peculiar.

Era un puente que conectaba lo eterno y lo transitorio. Aquel lago era el hogar de muchos espíritus, y desde la superficie hasta el fondo los peces se podían observar. Aquellos eran los espíritus de las aguas y los seres acuáticos que custodiaban su hábitat y festejaban por su prosperidad.

—Lo voy a hacer… —dijo Vianney.

—¿De verdad? ¿Cuándo? —preguntó ansiosa descubriendo parte de su rostro, mostrando sus ojos violetas llenos de esperanza.

—Aquí y ahora —respondió luego de un suspiro mientras sostenía la flor con firmeza —: Sostenla —le entregó la rosa.

Widney se arrodilló, colocó una mano sobre su pecho y otra en el agua, comenzó a murmurar un encantamiento, una fuerte ráfaga sopló. Los espíritus se refugiaron en el lago y Aleín cubría su rostro con sus manos.

Al terminar el viento cesó y los espíritus volvieron a salir. Uno de ellos trepó por la mano de Vianney, era tan pequeño como una falange, su color blanquecino brillante hacía que fuese fácil distinguirlo. Abrazó uno de sus dedos y le dio un beso en el dedo meñique. Ella le sonrió y luego de unos minutos el espíritu volvió al agua y ella se puso de pie.

—Muchas gracias —dijo Aleín entre lágrimas.

—Sean felices, es lo que más deseo —respondió Vianney para empezar a retirarse.

—Espera, te olvidas de la flor…

—¿Qué dijiste? —preguntó arrogante.

—Na… nada… sólo dije gracias —llegó a pronunciar antes de que Vianney desapareciera.





17 de Febrero de 2022 a las 04:15 7 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Ivana Simón Aquí Ivis, escritora y ardua lectora de ciencia ficción, misterio y romance. Me gusta indagar en distintos géneros literarios tanto para leer cómo para escribir. Mi Instagram: _ivi_simon_ Facebook: Ivana Simón (Ivis)

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M M M M
¡Me encantó este primer capitulo!❤
February 17, 2022, 18:51
Katya Enríquez Katya Enríquez
Me gustó cómo comenzó. Tienes un excelente propuesta.
September 23, 2021, 03:44

  • Ivana Simón Ivana Simón
    Muchas gracias por leer y comentar (人 •͈ᴗ•͈) September 24, 2021, 17:42
Joan Rose Quim Joan Rose Quim
Para ser el primer capítulo entendí la mayoría de las situaciones. Sé que varias se irán aclarando más adelante y al menos por ahora no creo que le falte nada. Lo que notado en todas las historias es que el primer capítulo siempre es más difícil de comprender porque estamos conociendo a los personajes y obviamente muchas cosas no se cuentan al inicio y se puede pensar que falta algo, pero la realidad es que no. Tu historia comenzó muy bien 👌
September 20, 2021, 13:43

  • Ivana Simón Ivana Simón
    Muchas gracias Rose (っ.❛ ᴗ ❛.)っ September 20, 2021, 13:51
Joan Rose Quim Joan Rose Quim
Nunca había leído algo de fantasía, (es de magia... si está definido en ese género, verdad??) Bueno, tengo un año sin leer historias, pero específicamente de este estilo no había leído antes y puedo decir honestamente que disfruté bastante la lectura. Me gusta y estaré al pendiente de su continuación. Felicidades y gracias por compartirla. ♥️♥️ Que tengas una bonita semana ♥️♥️
September 20, 2021, 04:39

  • Ivana Simón Ivana Simón
    Sip es de fantasía. Llevaba un tiempo ahí guardada y decidí sacarla a la luz XD Muchas gracias por tu comentario, si sientes que algo faltó aclarar o que sobra algún párrafo no dudes en decírmelo. Y pues muchas gracias por leerlo al primer capítulo, se actualiza todos los domingos ( ◜‿◝ )♡ September 20, 2021, 10:02
~
Werkinfer
Werkinfer

Werkinfer es un mundo igual a la tierra en su origen, con gran vegetación y cientos de espíritus de la naturaleza. Se trata de una realidad paralela donde habitan seres parecidos a los humanos llamados Munga, quienes son capaces de conectar con la energía del mundo y el cosmos para hacer magia o hechicería en su defecto. Leer más sobre Werkinfer.