lisyoumber Lizzeth Ponce

Un pájaro es distinto por la intensidad de sus colores y la confiable imagen que logra proyectar junto a su singular canto y la fuerza que posee para volar, pero nunca podrá brillar si su mayor y única distinción es prohibirse ser un pájaro.


Cuento Todo público.

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El pájaro de la jaula dorada

Ver aquel pájaro era como observar los secretos del universo.


En la gran jaula dorada que destacaba del salón de una mujer refinada se resguardaba un pájaro magnífico. Popular por la variedad de colores que presumía de sus plumas, por la grandeza que imponía al extender sus alas y por lo magnífico que lucía al posar con la luz del sol, resaltando sus dotes.


Quienes le visitaban compartían una opinión: El pájaro era tan magnífico a la vista, que sentías cómo las respuestas a tus problemas se mostraban en sus alas. Con apreciarlo, eras capaz de curarte de todo mal. De realizar aquello de lo que dudabas. De cruzar obstáculos. Hacer lo prohibido. Todo, sólo apreciando la perfección que irradiaba el pájaro.


El pájaro era sereno, cálido y paciente. Se había acostumbrado a ser el protagonista del espectáculo cuando le pedían extender sus alas. No era algo que le disgustaba en absoluto, pero también, sabía que no era lo único que podía hacer.


“Un pájaro canta, y vuela libre por el cielo”, escuchó el pájaro alguna vez. “Él no ha mostrado su voz ni una sola vez, y el pobre sólo vive en su jaula”.


“Tal vez es distinto de los demás”, le respondieron.


El pájaro no comprendía aquella afirmación.


Cuando no había visitas, él cantaba. Cuando no había visitas, él aleteaba y se elevaba lo que su jaula dorada le permitía. Él sabía que era capaz de demostrar que era un pájaro común y corriente como los demás, pero su distintivo era su plumaje. ¿Cómo se atrevían a dudar de su naturaleza? El pájaro sabía que podía demostrarlo.


El gran detalle, es que él tenía que pedir permiso para ser un pájaro.


“Cantas de maravilla, mi pequeño pájaro”, le comentaba su dueña cuando él practicaba. “Por eso mismo, debes callar tu melodiosa voz y lucirla en su mejor momento”.


“¿Cuándo llegará ese momento?”


“Yo te avisaré”.


Los días pasaron. El pájaro seguía escuchando conversaciones sobre su diferencia de los otros. No podía cantar sin permiso de su dueña, pero podía aletear. Aunque, también necesitaba permiso para volar más allá de su jaula, la cual nunca le abrieron ni una vez.


“Al volar, tus colores brillarán y destacarás en el cielo como la estrella de la noche”, le comentaba su dueña. “Por eso mismo, debes quedarte quieto y volar en su momento”


“¿Cuándo llegará ese momento?”


“Yo te avisaré”.


Callado y sereno, el pájaro continuó sentándose, limitado a sólo extender sus alas y recibir aplausos por el brillo que sus colores creaban. Cuando notó las barras de su jaula dorada en su visión, la seguridad que le tenía a sus habilidades se iba apagando. También, comenzó a preguntarse de dónde las personas obtenían la confianza cuando le veían, pues sabía que él empezaba a carecer de ella.


En un mundo en el que los pájaros como él son conocidos por extender sus alas al cielo y recorrer incluso el universo entero, él sentía como iba olvidando aletear y cómo afinar su voz por tantos años privándolo del mundo.


Cuando llegó el día en que podía demostrar que era capaz de ser un pájaro normal y destacar por sus colores, él estaba muy cansado para lucir sus dotes que él ya no estaba seguro de poseer. Se había cansado de esperar por una autorización y de ponerlo en práctica para sí mismo. Poco a poco, volar se convirtió en una actividad que temía hacer sin tener su jaula como límite, y cantar le incomodaba si no estaba el eco presente y la oscuridad de la noche inundaba su habitación.


En ese momento, el pájaro entendió que era diferente pero no por su propio esfuerzo.


Era diferente porque le prohibieron ser un pájaro.

24 de Septiembre de 2021 a las 04:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Lizzeth Ponce Creo cosas para hacer realidad mi propio mundo.

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