Cuento corto
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El nieto de Santa

—¿Qué quieres de navidad, bebé? —me dijo al desayuno.

—No creo en la navidad —respondí.

—Qué lástima, porque te iba a dar un buen regalo.

—No es necesario que sea "Navidad" para que me des un buen regalo —argumenté.

—Cierto... Pero para esta ocasión en particular, sí.

Lo miré con suspicacia. Tramaba algo. El año pasado se disfrazó de duendecito y me trajo carbón en un calcetín por haberme "portado mal".


Honestamente me daba pereza jugar a creer en Santa, pero de vez en cuando lograba hacer que le siguiera la corriente.


—A ver, ¿por qué debo creer en navidad para que me des un regalo? —pregunté, al tiempo que terminaba mi plato de avena.

—Eso no te lo puedo decir. —Acarició mi mejilla—. Es un secreto.

Puse los ojos en blanco y volteé la cara. Después me dirigí al lavaplatos para limpiar lo que había ensuciado, pero me alcanzó por la espalda y me tomó de la cintura.


—No te pongas así. —Usó los brazos para girarme en su dirección—. ¿Confías en mí?

Suspiré.


—Ajá.

—¿Entonces creerás en la navidad por mí? —Me hizo un puchero mientras usaba ese tono que me derretía un poquito el corazón.

—Como sea... —comenté—. ¿Qué se supone que debo hacer para que me des el regalo?

—Bueno, es muy sencillo. —Sonrió—. Sólo tienes que dejar leche y galletas junto al árbol de navidad.

Es lo más ridículo que me ha dicho en mucho tiempo; ya debería estar acostumbrado, pero no dejaba de sorprenderme. Aunque no puedo negar que me sacó una sonrisa de lo absurda que sonaba su propuesta.


—Ok, déjame ver si entendí. —Achiné mis ojos para observarlo, aún riéndome de su comentario—. ¿Quieres que le deje leche y galletas a "Santa"?

—Algo así —respondió—. ¿Lo harás?

—¿Tengo otra opción? —cuestioné.

—No. —Y antes de que pudiera decir otra cosa, acercó sus labios a los míos y me besó—. Por eso es que te amo.


—Lo sé.

Al terminar nuestra charla matutina, nos alistamos para ir a nuestros respectivos trabajos. Yo llegaría un poco más tarde de lo normal, así que esperaba encontrarlo en casa al llegar.


Ya llevábamos dos años viviendo juntos. Y aunque era un poco insufrible a veces, siempre me sacaba una sonrisa con sus ridículas bromas o comentarios.


La jornada laboral fue aburrida y larga. Ah, y de nuevo aburrida. Trabajaba como agente de servicio al cliente para una compañía en la que tenía como objetivo ayudar a las personas con sus problemas en las tarjetas de crédito.


Todas las llamadas que recibía eran referentes a la navidad. Navidad por aquí, navidad por allá. Qué pereza.


—¿Por qué mi tarjeta está bloqueada? —preguntó un señor al otro lado del teléfono.


—El registro dice que alguien utilizó la tarjeta para comprar productos de maquillaje en diferentes tiendas online —"Probablemente su esposa, señor. No se deje robar la tarjeta, no sea pendejo".

Al terminar mi horario, ya era de noche. Estaba fatigado mentalmente de lidiar con tantas personas. Ahora me tocaba lidiar con ese "coso" que se hacía llamar mi esposo —es mentira, lo amo—.


Cuando entré al apartamento, la oscuridad imbuía el panorama. Se supone que él estaría ahí antes que yo. ¿Le habría pasado algo? No... Seguramente estaba preparando alguna de sus fechorías navideñas.


Prendí la luz y me dirigí a nuestra habitación. Si pensaba asustarme de nuevo como esa vez que se disfrazó de fantasma, dormiría en el sofá esta noche.


Sin embargo, no había nadie. Sospechoso, pero no le di mucha importancia. Decidí ducharme antes de ir a buscarlo por toda la casa. Al salir, me vestí y fui a la cocina por algo de comer.


Abrí la nevera y observé la leche dispuesta justo en el lugar más visible del refrigerador. Era evidente que había sido obra suya. Me imagino que estaba esperando a que lo complaciera. ¿Qué estaría tramando?


Tomé la leche y busqué las galletas en un rincón; eran de chocolate. Cerré la nevera y aproveché la oportunidad para comerme una mientras caminaba hacia el árbol de navidad. Cuando llegué, puse todo en la mesita de noche que había al lado y me senté en uno de los sillones.


—¡¿Y ahora qué?! —grité—. ¡¿Tengo que esperar a Santa o me puedo ir a dormir?!

—Santa no vino —escuché una voz a mis espaldas.

Me levanté y viré hacia el epicentro de aquel sonido. Ahí estaba él, con una gorrita de navidad, pantalones rojos y sin camisa. Esos ojos marrones, esa piel bronceada, esos abdominales...


—Pero envió a su nieto —indicó, y empezó a acercarse lentamente hasta mi posición.


Sonreí y empecé a retroceder sólo porque me gustaba hacerlo pensar que estaba asechándome como una presa. Aunque puede que al final resultara siendo cierto... Sería su presa.


Cuando ya no quedaba a dónde ir, mi espalda impactó contra la pared. Estaba acorralado. Él no apartaba su vista de la mía. Le encantaban estos juegos, y yo sólo le seguía la corriente porque... Bueno, me convenía.


Lo primero que hizo al tenerme frente a frente fue poner sus manos en mi espalda baja y, apretándome hacia él, me obligó a besarlo.


—Este año has sido un niño bueno —murmuró mientras manoseaba mi espalda—, no recibirás carbón.

—¿Ah, no? —Recuperé el aliento—. ¿Cuál es mi presente de navidad entonces?

Sus besos se dirigieron a mi cuello y no pude evitar soltar un pequeño gemido. Lo agarré del cabello para mantener mi equilibrio; estaba seguro que si no me sostenía de algo, caería al suelo. Él conocía muy bien mi punto débil.


—¿Quieres abrir tu regalo? —preguntó con una sonrisa picarona.

Miré su entrepierna y vi cómo algo se levantaba. No necesitaba tocarlo para saber que aquello se estaba poniendo duro como una piedra, pero de igual forma puse mi mano sobre su pantalón.


—Creo que ahora sí estoy empezando a sentir el espíritu navideño —comenté entre risas.

—Pero aún te falta destapar el regalo.

Bajé el cierre del pantalón y..., sin dar muchos detalles, tan sólo diré que fue una buena navidad. Muy buena. Quizá la mejor de todas.


FIN.

27 de Enero de 2021 a las 18:10 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Cristhian Orozco 21 años. Me gusta el café y la pizza hawaiana. Amo cantar y escribir canciones. También me gusta escribir historias a veces D: Estoy en instagram y TikTok como @cristhian.orozco13 También en Wattpad (donde tengo muchas más historias) como @cristhianorozco13

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