Cuento corto
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Abril y su deseo de soledad

Rafael llego a casa aun con el pensamiento refugiado en algún lugar legos de lo terrenal, esperando que el tiempo o su esposa pudieran dar respuesta a la cuestión que lo aquejaba.


- He vuelto. – Dijo, como si fuera su intención el ser consumido por sus palabras. – Su esposa ya lo esperaba desde hace horas con motivo de su cumpleaños 29. Se encontraba descalza no muy contenta en la cocina.


- Me he dado cuenta. – La joven, dos años menor que él, hacia notar su descontento. Lo observaba de forma inquieta, sentía gran necesidad de encararlo, de decirle todo aquello que la aquejaba. Espero a que colocara su abrigo en el perchero y caminara hasta sentarse en su sofá. Entonces pudo dar rienda suelta a sus sentimientos, decidió que era esta la noche que esperaba, no escaparía más, pues conocía las consecuencias perfectamente..


El hombre que en apariencia descansaba, escucho de pronto las palabras de su mujer.


- Tenemos que hablar. - Palabras que no solo rompían el carácter taciturno de la noche, rompían también, el silencio en el que se encontraban sus pensamientos. Resonando hasta el último rincón de su inconsciente, Rafael pudo recobrar el dominio sobre sus ojos. Con los que observo, o más bien contemplo, a Abril, su esposa.


Y aunque recobro un poco de energía en la suave y delineada figura de su mujer, no le fue suficiente para cuidar la forma de su respuesta.


- ¿Qué ocurre?... – Su voz contenía la textura de alguien con el pecho cargado en tensión.


- Hay algo importante que debemos discutir por el bien de los dos.


- Habla, te escucho. - Rafael entonces reacomodo su postura, preparándose para lo que podría decir su mujer.


Ella se había dado cuenta de que algo no estaba del todo bien con su esposo, <<¿Qué seria?>> pensó. <<Bueno, no es la primera vez que llega ebrio>> se dijo. Dedico un instante, tan solo un instante a juzgar por el pasado y paso del tema, presto más atención a las emociones que desde hace horas revoloteaban en su interior y tan solo se dejó llevar. Trago una bocanada de aire como exigiéndose valor, después de todo, era la primera vez que confrontaba a su pareja desde que lo conocía.


- Hace tiempo. – Su voz se quebró desde la primera palabra. Tuvo que obligarse internamente a continuar. Tenía que encontrar una razón que le diera coraje, y lo hizo, tan solo recordando las horas de espera que soporto por su culpa. – Hace tiempo. – Dijo entonces con más firmeza. - Que no me tratas igual y no creo poder seguir soportando esto. – Había dado luz verde a los demonios que habitaban dentro de su pensamiento para dejarse dirigir por ese talento innato tan característico de la mujer que no hace falta mencionar. – Todo el tiempo que paso sola, no hago más que tan solo pensar que tal vez conociste a alguien más y que estas perdiendo el interés en mí. Aun así sigo siendo demasiado estúpida como para preocuparme por nuevas formas de llamar tu atención. Se suponía que a tu lado me sentiría mejor, pero ahora me doy cuenta de que no es así. Has hecho que me hunda en una humillante situación y no pienso seguir soportándolo nunca más. Además, cada vez que llegas a casa por la noche lo único que haces es cenar y dormir como si solo soportaras el hecho de tener que vivir conmigo, me siento impotente ante el hecho de soportar tu trato injusto por temor a quedarme sola. En ocasiones creo que solo estás conmigo por compasión. Y es la hora que le haga frente a este problema, por el bien tuyo y mío. Creo que ambos tenemos la suficiente madurez como para...


-Antes de que prosigas. – Rafael la interrumpió abruptamente, mientas relajaba su postura. Parecía decepcionado, sabía perfectamente que este día llegaría, pero no en un día como hoy. – Lo mejor será que te tranquilices.


-¿Que me tranquilice dices...? Porque no te pones a pensar primero la razón por la cual te estoy diciendo todo esto. ¿Temes acaso que tu reputación con los vecinos se vea comprometida si levanto la voz y arme un escándalo? Antes mejor dime "¡vete!" y me iré.


-Lo digo porque si piensas resolver algo de esto, lo mejor sería que lo afrontaras con la cabeza fría o lo único que haremos será perder el tiempo.


Abril hizo mueca de disgusto, luego llevo sus manos a la cabeza y se ató una cola en el cabello. Vestía la pijama gris con lunares blancos que él le había regalado hace apenas unas semanas. Eran casi la 1 de la mañana por lo que muy buena cara no tenia, sin embargo, se necesitaban más de unas horas de desvelo para atenuar su belleza. Por la tarde su pensamiento estuvo únicamente centrado en la cara que pondría su esposo al encontrar lista su comida favorita y el hermoso pastel que desde hace días ella misma había ido perfeccionando. Pero a las 8:30 de la noche, la hora en la que usualmente llegaba su esposo, solo represento el inicio del largo tiempo de espera a la se sometería.


Camino hasta el sofá que estaba a la derecha del de Rafael, luego de sentarse continuo.


-¿Por qué no simplemente me dijiste que celebrarías tu cumpleaños fuera? Me hubieras evitado la molestia de hacer todo este sin sentido


Rafael dejo caer su cabeza hacia su espalda y soltó un fuerte suspiro. – Porque no dices simplemente lo que quieres decir y te evitas los rodeos. – Se reincorporo y la observo fijamente. - Habla de forma directa por primera vez en tu vida.


-Primero responde a mi pregunta. –Era quizás la forma en como la miraba, o el tono de su voz, o quizás simplemente fue víctima de su inexperiencia. El caso fue que en este punto las emociones de Abril comenzaron a mermar.


-¡Abril maldita sea! Ve al punto o me iré dejando todo como está.


-Solo quiero que me respondas. - Su voz poseía mucha menos fuerza.


Rafael solo mostro mueca de cansancio.


-No celebre mi cumpleaños fuera, si eso es lo que quieres saber


-Entonces, ¿dónde estuviste toda la noche?


-No es este el verdadero problema ¿verdad?, ve al punto por favor


-¿Por qué le restas importancia, que ocultas?


-Abril por favor...


-Solo contesta, ya estoy calmada


-No lo parece


¿Por qué lo dices? No estoy levantando la voz


-No haces más que desvariar


-¿Así tomas el que me preocupe por ti?...


El hombre de la corbata roja comenzaba a mostrarse inquieto por irse.


-Al menos dime porque no respondías mis llamadas


-Ya tuve suficiente, me marcho


-No puedes irte ahora


-Solo mírame. - Rafael se encamino con paso firme hacia la puerta de entrada. Tomo su abrigo, y cuando estaba por abrir la puerta, Abril de pronto inundo toda la habitación con sus palabras.


-¿Quieres que sea directa?... Lo seré entonces. Estoy dispuesta a terminar contigo de una buena maldita vez. Pero antes, te encarare como me he sentido todo este tiempo.


Abril misma quedo sorprendida ante la abrupta exaltación de su inconsciente, de ese yo que a lo largo de los años ella misma se encargara de enterrar en lo más profundo de su yo.


Ante tales palabras Rafael se detuvo en seco, y sin voltear a verla respondió tan quedamente, como si se hablase a si mismo.


-Ah, así que es eso...


- ¿Te parece poco?


Volteo y la miro. - No, por supuesto que no. – Dejo nuevamente su abrigo y camino hasta la cocina, donde saco una botella de Whisky.


– ¿Te apetece un trago?


No encontró respuesta de Abril.


- Bueno, da igual. – Tomo la botella y la llevo consigo.




***


Abril era la mas pequeña de su familia, razón por la cual, siempre había sido tratada como un princesa. Jamás se le negaba nada. Hasta el más necio de sus caprichos era satisfecho.


Su padre, el señor Roberto, hombre entendido y diestro en los negocios, contaba ya con un buen patrimonio incluso antes de que naciera su primer hijo, y su madre, la señora Cecilia, mujer culta dedicada al arte y que además impartía la materia en una respetable universidad, se encargaron de brindar la mejor educación a sus 3 hijos, siempre rodeándolos de buenos modales y los valores necesarios para una vida sobresaliente en sociedad; Abril era la cuarta. Con una diferencia de 10 años entre Rodolfo, el tercer hijo de la familia Andrade, una diferencia de 12 años entre Julieta, la primera niña del matrimonio y con una diferencia de 15 años con respecto a David, el primogénito, la pequeña princesa apenas y recibió el mismo trato que sus hermanos con respecto los valores y la cultura del esfuerzo, rasgo que resentiría en su adultez.


La pequeña consentida de la familia Andrade estudiaba su tercer año en la universidad cuando conoció a Rafael. Un chico que a pesar de sus limitaciones, siempre demostró ser el mejor.


El, a diferencia de Abril, labro por si solo los caminos del destino que lo condujeron a su "media naranja". Con esfuerzo y dedicación logro obtener un beca en la universidad que Abril costeaba sin problema alguno. Era como una de esas típicas historias en las que la niña rica se enamora del chico pobre. A ella le encantaba este nuevo mundo en el que nunca incursiono. Siempre acompañada de Rafael, aprendió lo que había fuera de la vida tan monótona y superficial de la que poco a poco se iba cansando.


A sus 22 decide que es buena idea irse a vivir con el hombre que la maravillaba, dejando atrás las comodidades que su familia le brindaba. Rafael, aunque se mostró escéptico ante esta idea, la acepto, pues estaba embriagado en los placeres que brinda el amor en sus primeras etapas. Luego de 3 años, y de una buena vida laboral que Rafael a pulso consiguió, deciden casarse.


Y entonces allí los tenías, una pareja que se mantenía a flote por el supremo placer que brinda el sexo y por la idea equívoca de que era su destino permanecer juntos, idea que Rafael siempre tuvo presente, pero que sofocaba en los carnosos y suaves labios de su mujer.


***


--¿Entonces, que es lo que planeas decirme? – Dijo mientras se servía un trago, ofreció lo mismo a su esposa pero esta lo rechazo.


Abril relajo su postura, cruzo sus piernas y dejo salir un fuerte suspiro. Entonces, comenzó.


-Cuando te conocí eras una persona completamente diferente, - Comenzó a decir de forma más calmada. - alguien que veía el mundo de manera optimista aun teniendo poco, pero ahora a raíz de todo lo que conseguiste te convertiste en un engreído, sin amor por nada que no involucre dinero.


-Lo que he conseguido siempre ha sido para beneficio de los dos.


-¿Para beneficio de los dos dices?... Tu bien sabes que perfectamente pudimos haber llevado un estilo de vida más austero.


-Así que el problema son las comodidades y el estilo de vida que he buscado para ti. ¿Por qué no te quejas entonces cuando vamos juntos a comprar esos costosos bolsos que para lo único que sirven es para llenarse de polvo en el armario?


-El problema es que pienses que son los bolsos o las cosas que me compras lo que me hace feliz, cuando en realidad, es pasar tiempo contigo lo que atesoro. Tiempo que lo único que haces es mostrar cara de no querer estar ahí.


-¿Qué planeas que responda a eso? ¿Esperas que me sienta culpable y que acepte que soy yo el del problema por regalarte cosas? – Rafael entonces saco un cigarrillo y lo encendió. Dio la primera calada y prosiguió. - Dices que no disfruto el tiempo que paso junto a ti... Eso es sencillamente por que no entiendes que hay problemas que no tienen una solución tan fácil como solo pasar el rato contigo. Te antepones siempre ante todo y ante todos, crees que nadie tiene problemas como los tuyos. No voy a tratarte como lo hace tu familia, aprende a llevar el peso por ti misma sin esperar la ayuda de nadie. Entiende que hay cosas que van más allá de una cena o una reunión con amigos. ¿Qué planeas terminar conmigo? Bueno, tal vez sea la decisión más sensata que has tomado desde nos conocemos.


La chica de 27 años que vestía su adorada pijama con lunares blancos, sentía como se formaba un nudo en su garganta. Era ella la que había iniciado con todo, la que pretendía descargar toda un tanda de reproches a su esposo, pero no era capaz de pronunciar palabra alguna. Se sirvió entonces un trago, y con mano temblorosa, se lo tomo de un tajón. El solo la observo en silencio.


Rafael al medio media pensaba en llegar tempano a casa para celebrar su cumpleaños junto a su mujer, sin embargo, una llamada echo por la borda todos sus planes. Se trataba de su padre, quien le informaba el fallecimiento de la única mujer que él creía que lo comprendía y de la que toda su vida estuvo enamorado. La mujer por la que tanto se esforzó en trabajar y por la que se había convertido en una persona fuerte; su madre.


-¿Qué no dices nada?. – Abril había dejado caer una lagrima sobre su rostro de terciopelo. - Bueno... pues parece que no. Solo espero que de ahora en adelante puedas tener los pies sobre la tierra.


Rafael se sirvió otro trago un poco más cargado que los anteriores e igual que su esposa se lo tomo de una sola vez, termino su cigarrillo y se levantó. Camino hasta la entrada donde tomo su abrigo. De su bolsa saco un revolver que hace apenas unas horas había comprado, volteo a ver a su esposa.


Abril que estaba sentada de espaldas a la puerta, con la mirada desenfocada, dejando escapar lagrimas e intentando asimilar lo que su esposo le recrimino solo escucho un fuerte estruendo. Ella volteo al momento con el pánico dibujado en el rostro.




Rafael, su esposo, había salido de casa de manera brusca, como si quisiera que Abril despertara del trance en el que encontraba.


***


La bella chica de pelo y ojos negros, siempre había estado consciente de lo que pasaba fuera del mundo al que estaba acostumbrada. Sin embargo, temerosa por lo que pudiera encontrar si salía, se aferró a un mundo que poco a poco la enfermaba de asco.


Se pasaba los días convenciéndose de que la vida que llevaba hasta el momento era la ideal, de que nada podía alterar el hecho de que se sentía feliz y de que siempre lo había sido. Negaba toda idea que se opusiera a su actual estilo de vida, creyendo que debía enterrar en lo más profundo de su mente su personalidad original, que según ella, solo generaba problemas a los demás y a ella misma. Ya en el pasado se sorprendió, en más de una ocasión, de hasta dónde podía llegar cuando dejaba salir todos los impulsos que con cada vez más esfuerzo, reprimía. Escucho que lo mejor para su caso era liberar toda esa frustración que tenia de algún modo, irla drenando poco poco, o podía desbordarse en un solo acto que le costaría arrepentimiento..


La verdad era que Abril hacía tiempo que quería estar sola, y era el amor por Rafael lo que le hacia imposible manifestarlo. Ese deseo reprimido le cegó su sexto sentido la noche del cumpleaños de su esposo, quien esa noche necesitaba como ninguna otra del calor tan confortable que representaba Abril, ella, sin embargo, no pudo ver por qué creyó erróneamente que esa misma noche era la noche que esperaba para manifestar su deseo de soledad.


Despertando a la mañana siguiente por una llamada telefónica, se levantó con rostro cansado del sofá que le había servido como cama lo que restaba de la noche. Cuando escucho la voz áspera sin emoción aparente que le comunicaba la muerte de su esposo, solo pudo decir <<" le agradezco que me haya informado, iré inmediatamente">> y colgó el teléfono. Camino lentamente a su habitación para prepararse, doblo con delicadeza su preciada pijama y la guado en el armario. Sin emoción, con el rostro frió, cruzo su apartamento hasta situarse en la entrada donde descolgó su abrigo. Eran las 7:30 de la mañana, el clima era frio y el cielo estaba nublado, Abril cruzo la puerta e inexpresiva camino para encontrarse con el cuerpo de Rafael, su esposo.




Jose L. García D'Romero

27 de Enero de 2021 a las 07:03 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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