kae_ghost Kae Ghost

Los ojos de Connor eran azules. Un azul tan cautivador y misterioso como la oscuridad que lo rodea. Connor es un psicópata. Y tiene ojos tan azules y cautivadores que la oscuridad que lo rodea se vuelve imperceptible. Lya puede ver lo que los demás parecen ignorar. Ella puede ver a Connor. ESTA HISTORIA NO BUSCA ROMANTIZAR NI PROMOVER CONDUCTAS VIOLENTAS, NI DE NINGÚN TIPO. ES MERAMENTE FICCIÓN. CUALQUIER SIMILITUD CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA.


Crimen Sólo para mayores de 18.

#policial #crimen #romance #misterio #378
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Desesperación; prefacio. Tercer acto.

Era una tarde oscura de invierno. Los restos de la nevada del día anterior aún decoraban el porche de la casa de Lya. Los tablones de madera estaban cubiertos por una gruesa capa de nieve que aún no había tenido la voluntad de quitar.

El invierno era su estación favorita. Odiaba el frío como ninguna otra persona lo hacía, pero la contradicción en sus pensamientos duraba poco cuando pasaba las noches junto a la chimenea leyendo relatos de Stephen King. Podía perderse en el calor de las llamas hasta que el reloj de la encimera marcara las tres.

El carbón encendido al otro lado del cristal se iba consumiendo en tonalidades anaranjadas, y el crujir de las chispas construía una ambientación perfecta para perderse en la lectura.

Esa misma tarde, no obstante, su plan cambió.

Fue una llamada. Una llamada que pretendía ser como cualquier otra en un día como cualquier otro.

—¿Hola? —contestó después del tercer tono.

—Encontraron otro cuerpo en la zona de Artigas y Sultán.

Hubo un silencio imponente al otro lado de la línea. Las manos de Lya amenazaron con dejar caer el móvil si no conseguía escapar de la parálisis momentánea que le regaló aquella fatídica y siniestra noticia. Negó con la cabeza y el libro "Cementerio de Animales" de Stephen King encontró la comodidad en la madera del suelo cuando se deslizó de su regazo ante el espasmo que, involuntariamente, el cuerpo de Lya realizó.

—¿Señorita Lya? ¿Se encuentra bien? —volvió a preguntar el oficial.

Lya no contestó; solo colgó la llamada.











[• • •]










Los trozos de carne que decoraban el cemento y la sangre que escurría de los pies de aquel hombre habían manchado la delicada alfombra azul que utilizaba para repeler los restos que escapan traviesos de su control cuando quebraba, desgarraba, arrancaba o cortaba lo que no veía necesario en un cuerpo humano tan deprimente como lo era el que poseía la persona que ahora mismo tenía en frente.

Lo que le molestaba más, era que a pesar de la sangre derramada, el tipo parecía querer luchar por su vida cada vez más, como si haber asesinado a su pequeña hija y a su esposa delante de él no hubiera sido suficiente para hacerle perder la fe en lo poco que le quedaba por vivir.

—¿Tienes sed? —preguntó de repente.

Se pasó el dorso de la mano por su frente sudorosa. Detestaba sentirse sucio, pero el lugar no ameritaba mucho más. Era un interior húmedo y apartado del que no valía la pena fijarse demasiado. Las paredes repletas de manchones, ahora también recibían las salpicaduras de aquel acto grotesco realizado por un simple ser humano de larga cabellera negruzca.

El ser humano. Probablemente la criatura más bruta y bestial de todos los tiempos. Con la codicia sobre los hombros, la hombría a la altura de la cabeza y una sofocante sensación de poder instalada en el pecho. Poder abrumador que parecía enloquecer a su especie.

Su padre se lo había enseñado. Un hombre consumido por la avaricia y descuartizado en el sótano de su propia casa vacacional sin poder disfrutar ni siquiera un centavo de toda aquella fortuna que tanto se había esmerado por preservar.

Una carcajada sonora le salió directo de la garganta. El cuerpo bañado en sangre que se mantenía tembloroso y maniatado sobre la silla, se escandalizó en presencia de su risa desbocada.

—Oh... No me has respondido... —habló de nuevo mientras fingía depurar una lágrima escurridiza producto del descontrol, en respuesta de un recuerdo ridículo—. ¿Tienes sed? Debes estar sediento. Todo el mundo lo está luego de una extensa y aburrida cirugía.

El hombre solo pudo negar con la cabeza. Sabía que fuese lo que respondiera, nada podría satisfacer los oscuros deseos de su torturador. E incluso si lograba complacerlo, no había modo de saber qué era lo que sucedería a continuación. Sus muñecas ardían como si barrotes de hierro al rojo vivo estuvieran incinerando su piel desde fuera hacia adentro y las vendas oscuras que le cubrían el rostro apretaban lo suficiente como para impedirle el paso del aire correctamente.

—Así que tienes sed pero eres demasiado tímido para pedirlo. No te preocupes —murmuró falsamente y en voz baja—, puedo solucionarlo.

Sus pálidas manos eran ágiles, en consecuencia de la experiencia que con el tiempo había conseguido. Ya no temblaban inútilmente ante las hazañas depravadas que cambiaron su rutina en los últimos años. Comenzaba a adaptarse a los cambios bruscos que sufría su vida desde que se había dejado llevar por el falso demonio que le revolvía las entrañas. Tuvo como resultado un extenso aprendizaje siguiendo una secuencia obsesiva hasta que hubo encontrado su vocación.

El arte.

Plasmar los sentimientos que nunca había podido sentir en lienzos de papel y tintes de acuarela. Aprendió a aceptar quien era en verdad y dejó de buscar respuestas en el comportamiento de los demás. Porque ya tenía las respuestas que buscaba frente a él. Le acariciaban el cuello como el fino y sutil roce de una daga fría.

Y por un momento, deseó tener el cuerpo de Lya entre sus manos.

Kelvin sintió el aterrador sonido de un montón de cristales haciéndose pedazos contra el hormigón y descargó un grito ahogado detrás de la venda que le dominaba la boca.

Tiró sintiendo las cadenas desgarrar la piel maltratada de sus muñecas y azotándose violentamente contra el respaldo metálico. Sus pies desnudos se humedecieron con algún líquido helado que su nariz ayudó a identificar gracias al hedor que provino del hidrocarburo aromático.

Penetró en sus fosas nasales con más facilidad de la que incluso el oxígeno lo había hecho. Enseguida la habitación se contaminó con aquel olor dulzón y penetrante que en otras circunstancias habría disfrutado sin penas ni dolor.

Recordó los tiempos en los que su hija le rogaba mediante un infantil abrazo que la llevara a conocer el mar. Kelvin nunca imaginó que el olor de la Nafta a punto de incinerar la última fe de su hija, pudiera evocar un recuerdo tan aberrante para la situación que se sucedía ajena a sus ojos.

Su cuerpo se bañó en combustible y se le cortó la respiración. Su sacrilegio llenó de terror cada rincón inhóspito de su cuerpo maltrecho.

Gritó y se sacudió con desespero, importándole poco y nada como se le iba la vida entre espasmos de dolor y gritos de desesperación que morían ahogados en la humedad de sus vendas.

La silla se meció violentamente cuando el calor de una cerilla encendida le acarició la oreja.

No tenía voz para rogar ni lágrimas a quien llorar. Estaba solo en medio de la oscuridad. No era más que una presa desdichada bajo las garras de un depredador infame y perverso.

—¡Connor! —gritó Lya casi desgarrándose la garganta. Sus nueve milímetros le apuntaron con dolor, negándose a destruir lo que alguna vez había sido su salvación.

Las llamaradas anaranjadas se reflejaron en el azul de los ojos de Connor cuando se dio la vuelta, creando una combinación hermosa en la iluminación de su semblante y los gritos de agonía se volvieron completamente ajenos a él.

Había llegado tarde.

—Lya... Estás aquí. —habló con un tono demasiado sereno y dulce para sus ojos vacíos.

—Has ido demasiado lejos. —respondió intentando apaciguar su dolor—. ¡No te lo perdonaré!

El rostro de Lya se empañó con tristeza. Sus ojos le traicionaron con dureza y las lágrimas le abandonaron encontrando un mejor lugar en el que sustentarse.

El sonido de un disparo rompió el silencio.

1 de Febrero de 2021 a las 17:34 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Elizabeth Vázquez Elizabeth Vázquez
¡Wow! Quedé impactada con semejante lectura. Está intrigate la historia. 😱
February 26, 2021, 15:55
~

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