mlleirlah Mlle Irlah

La vida de Óscar, cantante y fotógrafo valenciano, cambiará por completo el día en el que conoce a Carmen, una joven actriz perteneciente a una compañía teatral poco conocida pero quien se enamorará rápidamente de él. La diferencia de edad entre ambos, la relación consolidada de Óscar con su novia Lucía desde hace cinco años y las diferentes adversidades del destino pondrá en juego ese amor puro y verdadero de ambos. Pero, ¿realmente existe ese amor verdadero? Y si es así, ¿será lo suficientemente fuerte para vencer todos los obstáculos? Sumérgete en esta bonita historia de amor.


Romance Romance adulto joven Todo público.

#romance #amor
3
661 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todas las semanas
tiempo de lectura
AA Compartir

COMPLETO CAOS

Carmen, mi Carmen. Aquella joven de tez pálida que se grabó en mis pensamientos como las fotografías lo hacían en mi cámara; aquella joven cuya mirada hacía que perdiera la cordura en segundos.

Numerosas veces he llegado a cuestionarme, delante del espejo de mi habitación, si alguna vez me he enamorado de verdad, quiero decir, si alguna vez he sentido más que atracción física por alguien o si tan solo he sentido cariño que simplemente se ha convertido en algo recíproco y pasajero. Pero… ¿Cuándo el individuo realmente llega a darse cuenta de que está enamorado de verdad? ¿En qué momento de su vida es consciente de que ha encontrado su media naranja y, lo que más nos produce incertidumbre, cómo la ha encontrado? Esas preguntas me taladraban la cabeza constantemente mientras desabrochaba el sujetador de Lucía, mi novia, quien me besaba con anhelo a la vez que se colocaba a horcajadas sobre mí para hacerme el amor. Al finalizar ambos, agotados y exhaustos por el placer y ganas acumuladas de toda la semana, nos tumbábamos en la cama de mi humilde morada mientras el silencio invadía el espacio, como de costumbre, hasta que ella se quedaba dormida. Entonces yo la observaba con cariño, miraba detenidamente su rostro relajado y sus cabellos rubios mientras mis dedos recorrían su suave piel perfecta para mí y después me vestía, abría la vieja ventana con vistas al centro de la ciudad (motivo por el cual decidí alquilar el piso) y me preparaba para inspirar una bocanada de oxígeno que portaba la suave brisa mientras mi mente comenzaba de nuevo a cuestionar esas interminables preguntas filosóficas acerca del amor. Más tarde, cogía la cámara de fotos, mi más fiel compañera y, comenzaba a fotografiar las insólitas calles de una madrugada cálida así como los primeros rayos de sol que se dejaban entrever por uno de los edificios altos que quedaban enfrente. Me gustaba fotografiar y, aunque normalmente tan solo era un hobby para mí, también se convertía en trabajo de vez en cuando gracias a cierta profesionalidad que fui adquiriendo tras años y años de aprendizaje en numerosas escuelas de cine y fotografía, algo con lo que siempre había soñado. Pero la fotografía no era mi única pasión; pues también lo era la música, desconocía aquella pasión hasta que un día a la salida del instituto, mis amigos y yo decidimos crear nuestra propia banda de rock donde yo tocaba la guitarra y cantaba. Esa era mi vida: fotografiar y cantar pero yo era feliz, ¿Quién no?.

- Tengo que irme – resopló Lucía mientras se subía los pantalones deprisa – hoy como con mi abuela

- De acuerdo – le respondí sonriente – nos veremos la semana que viene, entonces.- Me besó y acto seguido se marchó dejándome solo de nuevo. Aunque es cierto que me gustaba la tranquilidad y el silencio, también echaba de menos su compañía, especialmente por las noches cuando solíamos ver una película juntos acurrucados en el salón y comer pizzas hasta hartarnos. Pero últimamente Lucía no podía quedarse en mi apartamento porque tenía que cuidar de su abuela, quien padecía Alzheimer. A mí no me importaba que pasáramos semanas enteras sin vernos, de hecho yo era el que normalmente solía estar ocupado por el tema de la banda y las giras que hacíamos recientemente por España, pero sí que es cierto que conforme iba cumpliendo años, veía cómo la vida iba pasando deprisa y cómo anhelaba cada vez más la posibilidad de formar una familia; tema que todavía no lo habíamos hablado entre ella y yo.

Como todas las tardes, fui a ensayar al teatro Glorie’s con mis amigos entre risas y emociones hasta que mi garganta se resecaba por cantar durante tantas horas seguidas, pues solo hacíamos un pequeño descanso en toda la tarde porque teníamos mucho por hacer para poder grabar nuestro último disco: “Siempre contigo”. La letra de las canciones las escribíamos entre mi amigo Pablo y yo pero últimamente no estaba demasiado inspirado y eso se notaba cada vez que debíamos componer nuevos temas.

- Tío, ¿Qué te pasa? - cuestionó Pablo, el bajista, mientras apoyaba el instrumento encima de la mesa al igual que yo hacía con la guitarra. - Últimamente me toca a mí componerlas y tío, tengo mucho trabajo que hacer. No es por nada, pero el disco lo sacamos en dos semanas en cuanto la productora nos diga de firmar y sabes perfectamente que ahora nos ha pedido algo original.

- Lo sé… la fotografía me quita tiempo, he currado mucho estos días pero mañana me pondré manos a la obra, te lo prometo.

- ¿No será por Lucía? Te conozco desde hace años y sé que cuando andas distraído es, o bien porque habéis discutido o bien porque la echas de menos. - Me limité a sonreír, pues a veces con no decir nada lo dices todo.

Guardé la guitarra en su funda, me despedí de todos a la salida del pequeño teatro y me dirigí al coche lo más rápido que pude para llegar a casa y ponerme a trabajar de una maldita vez. Cuando llegué, apoyé la guitarra en la pared del largo y estrecho pasillo y a continuación, me senté en la pequeña mesa de estudio de mi habitación cuyos papeles estaban esparcidos por ella de forma que parecía todo un completo desorden. Desorden, esa era la palabra que definía mi vida en ese momento, un completo y absoluto desorden emocional. ¿Pero, por qué? Saqué un cigarrillo del paquete de tabaco que acostumbraba a llevar en el bolsillo, lo encendí para darle numerosas caladas como solía hacer antes de ponerme a escribir, supongo que para inspirarme mejor y, comencé a escribir en un folio en blanco palabras sin sentido: deseo, orden y desastre. Intenté escribir algo más pero como nada salía de mi aturdida cabeza, me decidí por una copa de vino que guardaba en la cocina. Pero esa copa se convirtieron en dos, después en tres y así hasta beberme casi toda la botella yo solo y, como no acostumbraba a beber mucho, me subió tan rápido el alcohol que las tres míseras palabras escritas en ese folio blanco se veían completamente borrosas. <<¿Qué me está pasando últimamente? ¿Será la ausencia de Lucía la causante de todo esto?>> me pregunté. De pronto, el teléfono que tenía encima de la mesita de noche sonó; era el número de Vicent, el gerente del teatro donde realizábamos los ensayos de rock.

- Diga – contesté todavía aturdido por la bebida.

- ¿Óscar? Buenas tardes. Siento que te llamemos a estas horas pero una compañía teatral de aquí de Valencia estrena mañana una obra en el teatro pero el otro cámara desgraciadamente, no va a poder asistir. ¿Podrías suplantarlo? Un colega me ha comentado que eres bueno con el tema de las fotos así que nos harías un gran favor si vinieses… - Asentí. Total, podría ponerme a escribir la letra de las canciones a la vuelta y sabía que a Pablo no le importaría.

Como el teatro todavía no había abierto cuando llegué, me dispuse a fumar de nuevo en el capó del coche mientras veía infinitos rostros desconocidos pasar por delante de mí. Algunos de esos rostros sonreían tímidamente cuando las parejas que los acompañaban acariciaban sus manos o pasaban los brazos por entre sus hombros y otros se limitaban a mirar hacia el horizonte con una mirada despreocupada mientras hablaban por teléfono. Pero a mí me sucedía todo lo contrario: solía caminar por las calles de aquella preciosa ciudad con la mirada perdida en mi mundo lleno de cavilaciones, pensamientos y sentimientos por aquel entonces, indescifrables; deambulaba por el metro repleto de gente con la cabeza agachada sin atreverme a juzgar a nadie y sobre todo, llegaba a casa, una casa casi siempre desierta, con la sensación de ser un hombre solitario que busca tan solo cobijarse en la madriguera del amor.

Cuando terminé de exhalar la última calada de mi cigarro, cogí la cámara y fui directo a la puerta del teatro donde el taquillero estaba levantando la persiana con fuerza.

- Buenas tardes, soy Óscar el fotógrafo. Me llamó ayer por la noche Vicent, quería que viniera a hacer fotos a la obra que estrenan hoy.

- Adelante, pasa. Ve al escenario, allí encontrarás a Vicent. - Pasé por el hall como infinitas veces había hecho con mis amigos de la banda, solo que esta vez iba solo y crucé el patio de butacas para llegar hasta el amplio escenario donde el gerente estaba hablando con los técnicos de luz y sonido.

- Buenas tardes Óscar. ¡Qué bien que hayas venido! - me dijo cuando bajó del escenario – En media hora comenzará a entrar el público así que quiero que fotografíes en una panorámica todas las butacas para que se vea bien el aforo ocupado una vez se hayan sentado. Ah y también quiero fotos de mis colegas Joaquín y Víctor, técnicos y ayudantes míos -Asentí mientras desenfundaba la cámara colgada en mi pecho – En cuanto empiece la función, harás fotos y vídeos desde diferentes perspectivas a los actores y actrices que vayan saliendo así como al director cuando aparezca al final. Bien, creo que ya está todo dicho. Si tienes cualquier problema, acude a los técnicos que ellos te ayudarán.

- De acuerdo, gracias – contesté mientras el hombre se marchaba por el patio de butacas – Vicent, una pregunta: ¿De qué compañía teatral se trata?

- Se llama La Máscara. Viene de Quart de Poblet…

El público se fue sentando hasta ocupar toda la platea y gran parte del anfiteatro para mi asombro, pues jamás pensé que se llenaría tanto el aforo en un teatro como lo era aquel, un teatro desconocido para muchos valencianos. Fui haciendo numerosas fotos como el gerente me había pedido, recorriendo el patio de butacas varias veces y donde se situaban los técnicos de luz y sonido, quienes estaban listos para que comenzase la función. Apagaron las luces y yo me adentré con mi cámara hacia el mundo del espectáculo, un mundo apasionante para mí. De pronto, el telón se recorrió y de él aparecieron dos actrices ancianas vestidas de época en un escenario semidesnudo, pues tan solo un par de sillas y una mesa con un jarrón de flores lo ocupaban. La dos primeras escenas fueron cómicas, tanto que me permitieron sonreír en un par de ocasiones al igual que el público, quien se desternillaba a carcajadas (eso también lo fotografié), pero las otras escenas contiguas se iban desarrollando cada vez en un ambiente más lúgubre y oscuro acompañadas de focos que emitían una iluminación menos cálida que en las anteriores. Yo fotografiaba a todos y cada uno de los actores, vestidos tanto del siglo pasado como de la actualidad, que iban saliendo a escena para representar la conmovedora historia de un matrimonio cuyo destino se vio truncado el día en el que la hija menor fue ingresada en un psiquiátrico por trastorno compulsivo de la personalidad que derivaba a alucinaciones y delirios. El matrimonio iba narrando la historia entre lamentos y auxilio mientras el psiquiatra los acompañaba a la salida del supuesto hospital y cuando los tres desaparecieron de escena, apareció por fin la hija menor vestida con tan solo un camisón vintage blanco. Descalza, se aproximó hasta situarse en medio del escenario donde comenzó a decir frases carentes de sentido mientras se acurrucaba en posición fetal dejando al espectador intrigado al igual que a mí. Me acerqué más al escenario aprovechando que no se me apreciaba por la oscuridad del ambiente y comencé a fotografiar a aquella joven inmóvil tumbada en el suelo del escenario hasta que de pronto, sonó la canción “Chandelier” de Sia y la actriz empezó a mover su pequeño y delgado cuerpo al son de la música.

One, two, three,

One, two, three, drink

One, two, three,

one, two, three, drink

Throw 'em back 'til I lose count

I'm gonna swing from the chandelier
From the chandelier
I'm gonna live like tomorrow doesn't exist
Like it doesn't exist

Aquella joven movía la cabeza, alzaba las piernas y contorneaba las caderas en su ajustado camisón de tal forma que inmediatamente solté la cámara para fijar toda mi atención en ella; en aquellos ligeros movimientos, en aquel cuerpo elástico como una gimnasta ,<<quizás lo era>> pensé, en aquel cabello largo y rizado que colgaba por la cintura y sobre todo, en aquel rostro expresivo fruto del disfrute como cuando tocaba las cuerdas de la guitarra al mismo tiempo que cantaba. Toda esa perfección de movimientos que realizaba la actriz me dejaban atónito pero lo que más me impactó fue su mirada clavada en mí por unos segundos al finalizar la música y por tanto, el baile, cuando esta volvió a posicionarse en el suelo y los focos se apagaron por completo. Aquella mirada de seguridad, de satisfacción y de emoción hizo que se desvanecieran todos mis pensamientos, incluso hizo que me olvidara de todo lo demás, incluso de que tenía la cámara apoyada en el suelo. <<¡Mierda, la cámara! No he fotografiado el final de la función>> me reproché a mí mismo. Una vez encendieron las luces, la cogí de nuevo para grabar el saludo de todos los actores y actrices, inclusive el del director, quien saludaba alegre y expectante así como a todos los espectadores aplaudiendo emocionados. Busqué rápidamente con la mirada a la joven, quien saludaba al igual que sus compañeros mientras decidí fotografiarlos hasta que ella volvió a clavar esos ojos negros penetrantes en mí. Dejé caer la cámara colgada de una cinta que rodeaba mi cuello para observarla unos instantes pero aquel cruce de miradas no duró demasiado, enseguida agaché la cabeza y no volví a alzar la vista hasta llegar al hall donde Vicent me esperaba orgulloso.

24 de Enero de 2021 a las 00:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
3
Leer el siguiente capítulo LA PROPUESTA

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 3 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas