brighteyes sueñoskj

La vida siempre fue dificil para Taehyung. Tenia un corazon defectuoso que nunca lo habia dejado hacer lo que todo niño y adolescente quiere. Pero un día un nuevo corazon le dio la oportunidad de vivir por fin y de amar


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

#kooktae #kookv #vkook #taekook
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El flechazo

Micaela llego a Corea una mañana fría de invierno. Seúl la recibió regalándole la primera nevada del año. Era la primera vez que veía nevar pero a pesar de esto sus ánimos no eran los mejores y el manto blanco que cubría hermosamente todo a su paso no logro hacerla sentir mejor. Y es que con solo 12 años su familia la había alejado de todo lo que conocía. Su hogar, sus abuelos, su escuela y lo más terrible, de sus amigos. Entendía que la oportunidad que se le había ofrecido a su padre como gerente en una gran compañía de electrónicos era algo que no se podía rechazar, pero a pesar de que comprendía lo importante que esto era para el bien de su pequeña familia, no podía evitar estar terriblemente triste y porque negarlo, bastante enojada con sus progenitores.
Todavía tenía el rostro hinchado de tanto llorar en los brazos de Helena, su mejor amiga desde que tenían pañales y que había ido a despedirla al aeropuerto.
Ambas se prometieron, con meñique incluido que jamás dejarían de estar en contacto y que todos los días hablarían como siempre lo hacían desde que tenían uso de razón.

El contrato de su padre con la compañía era por 5 años, y supuestamente después de eso volverían a su tan amada ciudad natal. Pero Micaela conocía muy bien a su padre y sabía que no por nada muchas compañías habían peleado por él. Su eficiencia y mente progresista le habían dado una invalorable reputación, por lo que estaba casi segura que nunca volvería allí, por lo menos no hasta su mayoría de edad.
Al principio realmente pensó que no se adaptaría fácilmente a su nueva vida, ya que la cultura y la barrera idiomática eran demasiado grandes, por lo que creyó que nunca lograría sentirse a gusto. Pero se equivocó. Quizás fue el hecho que sus nuevos compañeros y profesores del colegio la hayan recibido tan bien, usando pacientemente el inglés como puente de comunicación, que a las pocas semanas ya se sentía cómoda. Pronto conoció a la que sería su nueva amiga, obvio jamás seria como Helena, ella era irremplazable pero Momo no solo era buena y talentosa, sino que era excelente escuchando y aconsejando a pesar de tener la misma edad.

Desde la distancia las charlas con Helena fueron de mucha ayuda. Mantenía rigurosamente cada día largas video llamadas con su amiga, donde la llenaba de consejos y buena onda cada vez que lo necesitaba.
Con el tiempo Micaela se sintió bastante bien con su nuevo hogar. Era muy apreciada por sus profesores, ya que según Momo era un cerebrito y además bastante popular. Quizás esto último era porque con los años se fue convirtiendo en toda una belleza, suena poco humilde pero no era ciega. Su cuerpo latino voluptuoso junto a su cabello castaño claro algo rizado y sus ojos color miel la habían convertido en una de las más solicitadas por cualquier chico que la conociera. Dos de ellos casi habían llegado a la categoría de novios. Pero nunca se animó a más de unas cuantas salidas y jamás se los presentó a sus padres. Aun no sentía estar lista para este tipo de relación. Era joven y tenía todo el tiempo del mundo.

El ingresar al equipo de atletismo también ayudo bastante a su popularidad. Había ganado varias medallas en campeonatos intercolegiales y en varias maratones muy prestigiosas. En la ciudad la consideraban casi como una heroína por esto.
Y es que a Micaela le encantaba correr, siempre había sido una chica deportista pero no fue hasta que llego a Seúl que le había tomado el gusto a las carreras, para finalmente dedicarse a pleno a las maratones. Todos los días salía muy temprano de su casa cuando aún el sol no terminaba de salir para correr los diez kilómetros diarios que tenía como entrenamiento habitual.

Tenía todo lo que cualquier chica quisiera, una familia amorosa, muchos amigos, un pasatiempo que le encantaba y muchos chicos detrás para elegir. Así que después de 5 años de vivir en Corea se sentía simplemente bendecida y feliz en su nuevo hogar. Creyó que tenía todo, pero a sus 17 años se dio cuenta que no.

Fue cuando lo conoció……..

Era un sábado, estos días no salía a correr tan temprano porque no tenía que ir al colegio por lo que se levantaba un poco más tarde. Volvía de su carrera matutina cuando observo frente a su casa un gran camión de mudanzas.
Varios trabajadores entraban y salían muy ajetreados, trasladando de un lado a otro diferente los muebles de los nuevos vecinos.
Se detuvo frente a su casa y usando la verja de la entrada aprovechó para estirar los músculos mientras, porque no, echaba una ojeada curiosa a la nueva familia.
Estaba tan absorta que tardo un poco en ver al chico sentado en el césped, quien se encontraba jugando con una pelota multicolor con un pequeño perro negro, que ladraba agudo.
Micaela, sintió un golpe en su pecho cuando sus miradas conectaron. Parecía más o menos de su edad, cabello negro azabache y ojos negros como la noche. Vestía pantalones con muchos bolsillos y cadenas, junto una remera negra con dibujos de rock metálico. El resto de su rostro estaba tapado por un barbijo haciendo juego, pero Micaela no necesitó más para saber que ese día iba a ser importante para ella.
El muchacho se levantó, limpiando sus pantalones del césped adherido y se dirigió en su dirección arrastrando a su mascota. Al llegar frente a ella la saludo con su mano libre amablemente.
- Hey, hola, mi nombre es Jungkook, parece que seremos vecinos.

Si bien no podía ver su boca, sabía que estaba sonriendo porque sus ojos se achicaron y se le formaron varias arruguitas a los lados.
Micaela parecía esos personajes de los juegos electrónicos cuando se tildan. No podía moverse, la voz del pelinegro, era hermosa y dulce. Ese breve saludo la había paralizado y sus piernas comenzaron a temblarle, mientras su corazón golpeaba fuerte contra su pecho.

Nunca había creído en el amor a primera vista, pero ahora cupido se había asegurado de convertirla en creyente. Y ni siquiera le había visto el rostro descubierto.
-Ho-ho-la. Logro decir titubeante. Poco común en ella, ya que siempre se había considerado bastante extrovertida.
- Me llamo Micaela. Saludo, después de lograr salir de la parálisis y alargar su mano. La cual fue aceptada por el joven. Él se sacó el barbijo y Micaela sintió temblar de nuevo sus piernas. Era el chico más guapo que había podido conocer en toda su vida. Su corazón retumbaba más rápidamente al ver su rostro completo por primera vez. Fue en ese momento en que la joven decidió que ya era hora de tener novio y el azabache era el candidato perfecto.

Pero uno no siempre obtiene lo que quiere y de eso la vida se aseguró de demostrárselo. Con el paso del tiempo Micaela puso en práctica todas las estratagemas que tenía y varias que le aconsejaron Momo y su querida Helena para lograr enamorar a su amor platónico. Pero después de meses de intentarlo tenía que aceptar que nunca, jamás, había visto reaccionar a Jungkook con ellas. Eran muy buenos amigos, pasaban mucho tiempo juntos, eran confidentes y tenían muchas cosas en común, pero hasta ahí llegaba la cosa. El chico la trataba como una amiga, como una hermana pequeña para su desgracia.
A veces tenía ganas de acercarse al mayor, porque Jungkook era 1 año y 6 meses mayor que ella, y estamparle un beso en esa hermosa boca que se cargaba el chico. Pero el solo hecho de imaginar que perdería su amistad se lo impidió.
Hasta ese día.
Ella volvía de su acostumbrado entrenamiento matutino. Jungkook solia acompañarla en bicicleta cuando lo hacía pero ese día había tenido que ayudar a su madre a preparar la habitación de huéspedes para unos familiares que vendrían de visita por lo que no pudo ir con ella. Al regresar a su casa vio a su amigo charlar muy animadamente con la vecinita coqueta de la otra cuadra. Ella había notado desde hace tiempo que la rubia platinada le había echado el ojo a su amor imposible y siempre encontraba la forma de comportarse como damisela en apuros para llamar la atención de su amigo. En ese preciso momento Kookie, como ella lo llamaba cariñosamente soplaba suavemente el ojo de la chica mientras la resbalosa simulaba una molestia inexistente tomándose el descaro de apoyar ambas manos en el pecho del azabache. La ira la desbordo en menos de unos pocos segundos.

Nunca supo cómo fue que llego tan rápido al lado de la pareja pero cuando se dio cuenta ya había cruzado la calle, tomado el brazo de Jungkook y plantado un beso en los labios de su amigo ante la mirada atónita de la intrusa.
Sintió la sorpresa de Jungkook, pero aun así no la rechazo pero tampoco le respondió.
Escucho a la pelirrubia bufar para después retirarse del lugar enojada, haciendo resonar sus zapatos de diseñador sobre el piso de la vereda. Fue allí que al fin lo soltó.
Jungkook la miraba serio, pero pudo ver en sus ojos que no estaba molesto mas bien sorprendido. Solo dio un paso atrás y le pregunto.
- Porque hiciste eso Mica?
Micaela recién cayo en cuenta de lo que había hecho y que los celos al ver a la belleza de la otra cuadra tan cerca del dueño de su corazón la había hecho reaccionar así.
- Yooo, no me gusto como te estaba hablando. Perdón, siento haberte molestado.
- No estoy molesto, pero me tomaste desprevenido. Un silencio incómodo los cubrió hasta que el azabache al fin volvió a hablar.
- Sabes que te quiero mucho pequeña, eres como la hermanita que nunca tuve.
Micaela recibió un golpe certero a su corazón con las palabras del chico. Ella sabía que él no le correspondía pero que se lo dijera de esa manera tan directa le dolió aún más.
- Kookie, yo te quiero, pero no como un hermano. Yo....te amo. Poniendo en esa confesión todas sus cartas sobre la mesa. Rogando un milagro.
Él la miro y levantando una mano acomodo unos mechones de su cabello que habían escapado de la coleta práctica que utilizaba al correr.
- Te quiero Mica, pero no puedo darte el amor que necesitas, lo siento. Y después de eso se alejó lentamente internándose en su casa.
Micaela se quedó unos minutos mirando la puerta cerrada sintiendo como el nudo en su garganta crecía poco a poco. Corrió a su casa y subió a toda prisa a la habitación para al fin llorar a mares recostada sobre su cama. Cuando se sintió lo suficientemente estable llamo a Momo para hablar con ella de su rechazo para al final agarrar su diario íntimo y escribir la multitud de sentimientos que la arrasaban. Desde que su madre se lo había regalado, cada hoja estaba dedicada al azabache y al amor que le tenía. Hoy se llenó de palabras de dolor por el amor no correspondido. Con el paso de las horas y ya más recompuesta decidió que lo mejor sería alejarse un poco. Ahora al evaluar sus actos de ese dia, una nueva sensación la embargo. La vergüenza se hizo irremediablemente presente, lo suficiente para replantearse sus pasos a partir ese momento.

Debía dejar pasar un tiempo antes de volver a verlo, para lograr que las cosas se enfriaran y poder pensar que podría tener de nuevo su amistad luego de lo que había pasado.
Se mantuvo alejada de Jungkook por más de una semana. Se centró en su entrenamiento ya que se acercaba una gran maratón por la cual había estado practicando durante muchas semanas. Eso la tenía entretenida. La maratón era al día siguiente cuando Jungkook llego al fin a su puerta.
Al principio se avergonzó al verlo de nuevo, pero después de hablar un poco la conversación volvió a ser como la de antes. Entonces ella entendió que el muchacho no tenía la culpa de no sentir lo mismo que ella, pero que era mejor tenerlo de amigo que no tenerlo cerca nunca más.
Al día siguiente se preparó para el gran evento. Era un desafío, ya que era más extensa que otras en las que había participado, cerca de 30 kilómetros, pero se sentía preparada. Varios compañeros y amigos se habían puesto de acuerdo para vigilarla en diferentes puestos de la maratón, para ofrecerle agua o asistirla en lo que necesitara. Kookie, la llevo en el auto de su mama. La dejo en la largada. Sin antes dejar de decirle.
- Te espero en la llegada. Dándole un suave beso en la frente.- Tu puedes campeona!!!.
- Gracias Kookie, si gano me debes una pizza con todo incluido. Promesa?.
-Promesa. Dijo el azabache uniendo sus meñiques.
Llevaba ya 12 kilómetros cuando sintió que algo no andaba bien. Se sentía algo mareada, nada habitual. Ella corría eso y mucho más, por lo que primeramente opto por no darle importancia, dándose fuerzas pensando en la rica pizza que le daría Jungkook como recompensa al finalizar. Quizás se sentía así por el día caluroso poco común para el clima normal de la región.
Se dio valor y siguió adelante. Pasaron dos kilómetros más cuando se dio cuenta que no iba a terminar la carrera, la vista se le nublo completamente, sus piernas le fallaron y cayó al piso presa de convulsiones. Lo último que pensó fue en que Kookie no tendría con quien comer la pizza esa noche.

21 de Enero de 2021 a las 22:02 0 Reporte Insertar Seguir historia
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